Los fenómenos de movilidad y desplazamiento son características significativas de nuestras sociedades contemporáneas. Sin embargo, lejos de tratarse de procesos fluidos, homogéneos o lineales, estos desplazamientos están puntuados por tiempos de espera y poseen una traducción espacial, más allá de las razones que indujeron su surgimiento y moldean los lugares donde esta espera se instala (Vidal & Musset, 2011). La traducción espacial de la espera configura territorios que acogen "sociedades en espera", los cuales adoptan múltiples formas, adquieren diferentes dimensiones y estatus jurídicos, y se articulan de distinta manera con el entorno en el cual se insertan (Vidal & Musset 2015a). En este contexto, los "territorios de la espera" pueden ser considerados como espacios destinados, voluntaria o involuntariamente, a que poblaciones desplazadas o en proceso de desplazamiento se dispongan a esperar (Vidal, Musset & Vidal, 2011). Los territorios de la espera nacen de la movilidad y en la movilidad (Vidal et al., 2011).
Un ejemplo paradigmático de ello es la Población El Castillo, constituida como caso de estudio para esta investigación. Esta condición implica una expectativa insatisfecha en relación con el lugar donde se habita (Álvarez & Sánchez, 2015), un territorio de tránsito hacia otro mejor, lo que supone para el residente una relación particular con el espacio.
Orígenes de La Pintana y El Castillo: Un Territorio de Erradicación Forzada
Las erradicaciones que tuvieron lugar en Chile en la década de los ochenta y que dieron origen a este conjunto son un ejemplo de movilidad forzada. La comuna de La Pintana, situada en la zona sur del Área Metropolitana de Santiago y donde se localiza El Castillo, fue creada el año 1981 por un decreto con fuerza de ley de la dictadura militar (DFL 1-3260), en el contexto de formación de nuevas comunas destinadas a acoger población erradicada de distintas zonas de la ciudad.
En el caso específico de las comunas del área sur, estas fueron receptoras del 53% del total de erradicados provenientes de otras comunas, con La Pintana como "el lugar de destino de la mayoría de las familias erradicadas a dicha zona" (Morales & Rojas, 1986, p. 37). La población de las nuevas comunas se reconfiguró a partir de quienes vivían en campamentos de radicación o nuevos campamentos y de población residente en poblaciones de erradicación trasladada desde su propia comuna o de otra. La Pintana fue no solo la comuna que recibió los mayores contingentes de población erradicada, sino también la que mostraba la tasa más alta de población erradicada de campamentos y que residía en poblaciones de erradicación (Morales & Rojas, 1986).

La erradicación concretizó en el territorio la lógica de expulsión bajo la doble determinación del Estado, que proporcionó una base legal a dichas erradicaciones (a lo que habría que agregar la represión política de la época), y del mercado, convertido desde entonces en el principal agente en la asignación de vivienda social (Cornejo, 2012). El Castillo, propiedad agrícola reconocida por la gran calidad de sus terrenos, fue adquirida por el Municipio de Santiago para instalar allí población erradicada principalmente desde las zonas centro y oriente, reconocidas como espacios de alta renta y de urbanidades consolidadas (Rodríguez & Icaza, 1993). Esta acción encontró respaldo legal en el Decreto 2552 de febrero de 1979, titulado "Programas de Viviendas Básicas o Programas de erradicación de campamentos" (De Ramón, 2000), y tuvo, entre sus fundamentos, la necesidad de proporcionar a las familias una vivienda sólida y en propiedad.
Los pobladores que allí fueron radicados habían accedido a espacios centrales mediante tomas de terreno (ocupaciones ilegales) realizadas principalmente entre los años sesenta a setenta y tres. Las erradicaciones de campamentos fueron una de las medidas tomadas por la dictadura militar en el marco de las reformas neoliberales de fines de la década de los setenta, que obligó a los pobladores a dejar sus lugares de habitación e instalarse en comunas periféricas con problemas de equipamiento, infraestructura y pobreza crítica.
Los desplazamientos de población significaron un explosivo crecimiento poblacional para la comuna, que pasó de 73.932 habitantes en 1982 a 169.640 en 1992 (I. Municipalidad de La Pintana, 2012). Esto repercutiría negativamente sobre sus equipamientos y servicios, ya que no existían o rápidamente se sobresaturaron por el aumento de la población. Además, la localización de La Pintana dificultaba el acceso a servicios básicos como salud y educación para los pobladores erradicados, en razón del aumento de las distancias en comparación con sus antiguos lugares de residencia. "La opción por asentarlos y mejorar sus condiciones de vida mediante la urbanización de sus sitios y construcción de una caseta sanitaria" significó "postergar indefinidamente una solución real, puesto que esta alternativa supone una alta participación de los usuarios en la expansión o autoconstrucción de su vivienda" (Morales y Rojas, 1986, p. 39).
Al mismo tiempo, se veían disminuidas las confianzas, elemento central para el surgimiento de agrupaciones solidarias, puesto que los pobladores ya no se reconocían como parte de un conjunto social con historia común y una cierta homogeneidad, en la medida en que fueron sometidos a aceptar una convivencia con gente de distinta procedencia: "Experiencia y participación comunitarias, desarrollos desiguales de participación en las expresiones del movimiento poblacional, factores que sumados a una mínima permanencia en los nuevos entornos territoriales dificultan aún más las vías de una mayor integración" (Morales y Rojas, 1986, p. 53).
Un informante clave de la Corporación IDECO/Instituto para el Desarrollo Comunitario señaló: "Entonces ahí, obviamente estos pobres que viven ahí, son pobres que molestan, porque le quitan la plusvalía a los terrenos (...) Entonces dentro de la lógica neoliberal hay que sacarlos; entonces los toman y los echan arriba de camiones los militares de la época de la dictadura y toman gente que estaban en esos campamentos y van y los dejan en El Castillo, digamos, y le asignan un sitio de 12x18." Por su parte, una entrevistada de 60 años comentó: "Sí, se cumple el sueño de la casa., pero lo que nos molestó mucho es que fue demasiado lejos. De Renca a acá, mucha distancia, porque nosotros de Renca hacia el centro. estábamos en 20 minutos. Entonces nos costaba mucho desplazarnos hacia el centro. Entonces creo que fue ese el gran problema que tuvimos nosotros al comienzo acá." Otro informante clave de IDECO añadió: "Bueno, la convivencia era muy extraña, porque era gente que no se conocía o se conocía parcialmente por grupo ¿ah?, por grupo de destino digamos. De donde vienen, esos se conocen, pero... ni tanto. Entre ellos también la vida estaba en ese minuto muy atomizada producto de los temores; entonces tú no pasabas a hablar con nadie." Finalmente, un informante clave de I. Municipalidad de La Pintana indicó: "La migración que hubo al sector de acá... no fue tal... Fue venir a botarlos. Ese sentimiento yo creo que queda para siempre fíjate. Entonces se quedan amarrados a un hecho que no logra generar historia, aun cuando han pasado ya varias generaciones."
En síntesis, El Castillo es un territorio creado por la voluntad de fuerzas políticas, económicas y decretos jurídicos.

Evolución Socioeconómica y "Moratoria Social y Espacial"
Primera Etapa (1983-1987): Desempleo y Estrategias de Supervivencia
En el marco de la política de vivienda social del gobierno militar, se facultó a los municipios para que construyeran viviendas económicas y casetas sanitarias, soluciones habitacionales que debían tener una superficie construida de 18 metros cuadrados y un costo inferior a 220 UF. La unidad sanitaria (baño y cocina) debía tener una superficie mínima de seis metros cuadrados y un costo máximo de 110 UF (MINVU, 1990). La mayoría de los habitantes de El Castillo, con excepción de algunos de los entrevistados que llegaron a casas "terminadas", rechazadas como opción residencial por militares a quienes les estaban destinadas, se encontraron con un sitio demarcado con cal donde solo se había construido la unidad sanitaria, lo que implicaría procesos de autoconstrucción en vistas a la ampliación de esta unidad básica. Los primeros esfuerzos de autoridades y habitantes se orientaron entonces a dotar de materialidad este territorio vacío.
Una habitante recuerda: "Y que la gente tampoco se adaptaba, porque había mucha rencilla de los otros pobladores, que venían de otras comunas. Muchas peleas entre sí, porque habían fiestas aquí... yo me recuerdo que habían fiestas, se metía por ejemplo uno de otra comuna. se armaban tremendas peleas." Esta fase, que podríamos situar entre los años 1983 y 1987, se caracterizó por la existencia de desempleo generalizado y problemas sociales de todo tipo, lo que daría origen, según refieren informantes clave y habitantes, a un conjunto de estrategias de sobrevivencia, entre las cuales destacan la prostitución femenina y la proliferación de pequeños comercios de barrio. Para fines de la década de los ochenta, las estadísticas señalaban que un 45,1% de la población en Chile vivía bajo la línea de la pobreza, siendo una de las principales causas la crisis económica que vivió el país entre 1981 y 1986, identificada por Barandiarán y Hernández (1999) como una de las mayores del siglo pasado.
Segunda Etapa (Advenimiento de la Democracia): Mejoras Limitadas y Persistencia de la Pobreza
Según el fundador de la Corporación IDECO, organización con más de treinta años de presencia activa en El Castillo, el advenimiento de la democracia significó un mejoramiento general de las condiciones de urbanización y conectividad de la zona. Sin embargo, este avance no resolvió las problemáticas estructurales. La Pintana fue constituida en comuna urbana con una escasa población, con alrededor del 80% de su territorio sin urbanizar, sin comercio ni servicios, y sin actividades productivas salvo aquellas propias de las zonas rurales. Debido al efecto combinado de las radicaciones forzosas y al valor extraordinariamente bajo del suelo comunal, la comuna más que duplicó su población original en un lapso de 10 años, produciéndose una extrema concentración de pobreza urbana acompañada de carencias igualmente extremas en materia de infraestructura, equipamientos, servicios y actividades generadoras de empleo en general.
Hasta el día de hoy, la comuna no ha sido capaz de generar una base económica para producir empleos, y en sus más de treinta años de existencia tampoco ha podido atraer la inversión inmobiliaria necesaria para dotar de mixtura sociocultural al espacio. Cabe señalar que más del 90% de las viviendas allí instaladas son viviendas sociales y que sigue siendo, desde su fundación, una de las comunas más pobres del país. Estos antecedentes permitieron formular el supuesto de que en La Pintana, territorio y habitantes vivirían una suerte de "moratoria social y espacial", donde el lugar estaría en un tránsito permanente hacia un estado "distinto" que no se termina nunca de adquirir. El espacio no es lo que "debería ser" y no dejará nunca de "ser lo que es", tanto en términos materiales como simbólicos.
Demografía de El Castillo y Estigma Territorial
Según el Censo 2002, El Castillo poseía a la fecha 37.985 habitantes, correspondientes al 20% de la población comunal (191.743 habitantes). De ellos, un 50,45% eran hombres y un 49,55%, mujeres, concentrándose los mayores porcentajes de población entre los 6 y los 13 años (17,33%), los 31 y los 40 (13,61%), y los 41 y los 50 (13,82%). Cornejo (2012) señala que El Castillo constituye uno de los tres sectores administrativos (junto con El Roble y Santo Tomás) que son producto mayormente de la erradicación de campamentos; si bien se trata de un sector más que de una población en particular, "donde se instalaron 31 mil personas (5.969 familias) en el período 1979-1987" (p. 187), la denominación El Castillo se superpone sobre el nombre de las poblaciones y villas.
A este respecto, se hizo una distinción entre los que han vivido en el territorio desde su fundación hasta el momento presente (quienes eran niños durante las erradicaciones y han hecho su vida en el lugar) y quienes son ahora jóvenes, principales portadores del estigma territorial y "responsables", ante la propia comunidad y la sociedad, de los problemas de violencia y narcotráfico que vive la población (Cornejo, 2012).
Índice de Prioridad Social (IPS) y Vulnerabilidad Comunal
La Pintana es una de las 52 comunas que conforman la Región Metropolitana, capital de Chile, y presenta los índices más altos de Santiago en pobreza multidimensional (42,5% de la población). Los adultos mayores representan el 14% de la población, con 24.830 personas, subdivididas en 11.172 hombres y 13.658 mujeres.
El Índice de Prioridad Social (IPS) es un indicador compuesto que integra aspectos relevantes del desarrollo social comunal, esto es, las dimensiones de: ingresos, educación y salud. Se trata de un índice sintético cuyo valor numérico permite dimensionar el nivel de desarrollo relativo alcanzado por la población de una comuna.

En relación con el IPS 2022, la autoridad regional señaló: «Hemos presentado el IPS 2022, que nos entrega un ranking de las comunas, de acuerdo a su nivel de vulnerabilidad, pero además como Gobierno tomamos la decisión de iniciar con los Alcaldes que nos acompañan un piloto que les permita mejorar y hacer crecer su cartera de proyectos, a fin de avanzar en enfrentar la desigualdad territorial.» En ese contexto, gracias a un proyecto impulsado por la propia Seremi Metropolitana de Desarrollo Social y Familia, siete comunas de la RM recibirán apoyo técnico para mejorar su cartera de proyectos. Este Plan Piloto de Acompañamiento y Orientación Técnica (PAOT) beneficiará a los municipios de:
- La Pintana
- Lo Espejo
- María Pinto
- El Monte
- San Ramón
- Cerro Navia
- Conchalí
La Alcaldesa de Lo Espejo, Javiera Reyes, señaló: «Estamos junto a 7 municipios, que de acuerdo a este estudio, deberían ser priorizadas en cuanto a inversión pública.» Por su parte, Claudia Pizarro, Alcaldesa de La Pintana, comuna que aparece como la de más alta prioridad social, afirmó: «Hay comunas que estuvieron como prioritarias en la versión anterior de este estudio, y que son las mismas en esta oportunidad, y eso es decepcionante, no podemos seguir administrando pobreza, estos índices deben conocerlos quienes tienen la posibilidad de direccionar recursos a las comunas.» Finalmente, el Alcalde de Conchalí, René de la Vega, complementó: «Agradecemos este piloto, y aprovechamos de hacer un llamado a nuestros legisladores: mientras no cambiemos las leyes, donde el per cápita sea el mismo en cada comuna, no vamos a tener grandes cambios.»
Seguridad Ciudadana y Cohesión Comunitaria
El problema de la Seguridad Ciudadana es uno de los más importantes para la ciudadanía, relevante para todos los sectores sociales. Un estudio reciente tuvo como objetivo principal identificar los factores de riesgo y seguridad relevantes para las personas, tomando al barrio como elemento de estudio. Se parte del supuesto que mientras más pequeña es la unidad, más homogénea es su población y sus necesidades, por lo que las políticas que se implementen podrían ser más efectivas. En el trabajo de terreno, para encontrar los factores de riesgo, se escogieron ocho barrios de la comuna, cuatro seguros y cuatro inseguros, dos de cada tipo en los cuatro sectores de La Pintana.
Una de las conclusiones más importantes es que, si bien los barrios fueron clasificados como seguros o inseguros a partir de las denuncias de delitos, la percepción de sus habitantes no siempre coincide con este indicador. Un aspecto común que tienen los barrios en donde la percepción es de seguridad, es que sus vecinos tienen una historia común, se conocen desde antes o a principios de la llegada al barrio. Esto ayuda a la unión y confianza entre ellos, lo que produce un sentimiento de seguridad dentro del barrio y ayuda a tener mayor control sobre este. Los factores de riesgo encontrados se agruparon en cinco dimensiones:
- Psicosocial
- Institucional
- Económica
- Cultural
- Físico-espacial
Las propuestas se enfocan en la dimensión físico-espacial, ya que son medidas menos complejas y de mediano plazo, a diferencia de otras dimensiones donde factores como desempleo, drogadicción y educación son más complejos de resolver. En barrios inseguros, las áreas verdes y canchas tienen que estar cerradas, bien iluminadas y tener elementos que sean atractivos para fomentar su uso. Asimismo, es necesario asegurar que la inversión esté ligada a una organización comunitaria responsable, que se encargue de la mantención e incentive su utilización.

Inversión Privada y Desarrollo Local: El Caso Papa John's
En julio de 2019, la cadena de comida rápida Papa John's inauguró un local en avenida Santa Rosa 13100 en La Pintana, un hito relevante al ser la primera cadena de este tipo en operar en la comuna. Esta inversión impactó positivamente al contribuir a disminuir la segregación social de una comuna donde la mayor parte de la población se encuentra en situación de vulnerabilidad. Esta alianza con el municipio se ha materializado a través de diversas iniciativas:
- Contratación local: Por medio de la Oficina Municipal de Información Laboral (OMIL) se gestionó la contratación del 100% de la dotación del local con vacantes de trabajo para los vecinos de la comuna. Esta iniciativa busca potenciar el desarrollo económico local y ofrecer oportunidades laborales.
- Liga de fútbol para los niños de La Pintana “Copa de la Municipalidad de La Pintana by Papa John´s”: Una iniciativa deportiva diseñada para fomentar el bienestar de los residentes a través de una instancia recreativa familiar, comunitaria y saludable entorno al deporte. Aunque planificada para abril de 2020, se suspendió debido a la pandemia mundial.
La alcaldesa de La Pintana, Claudia Pizarro, agradeció públicamente la inversión, señalando: “Lo que para muchos es habitual, para la gente de La Pintana es toda una novedad. Gracias, a Papa John's Chile por atreverse a invertir en esta comuna. De a poquito venceremos la segregación.” En relación a la alianza para potenciar el empleo local, la alcaldesa enfatizó: “Para nosotros es muy importante porque dejamos de sentirnos discriminados. Es todo un hito, esperamos que otros privados comiencen a invertir aquí. Imagínense que tenemos sólo dos supermercados y un banco en la comuna.” La inversión inicial se tradujo en 15 puestos laborales ocupados por residentes de la comuna y la donación de 224 cajas de alimentos para familias vulnerables.
El éxito de este trabajo en La Pintana inspiró a Papa John's a replicar el modelo y desarrollar alianzas comunitarias en otros sectores de gran vulnerabilidad en Chile, como La Chimba y Alto Hospicio, donde se han instalado locales siguiendo los aprendizajes obtenidos. La empresa se ha comprometido con el desarrollo local, impulsando el emprendimiento, generando oportunidades y mejorando la calidad de vida en su entorno, promoviendo iniciativas que nacen del diálogo, transparencia y cercanía con las comunidades.

Voz de los Residentes: Abandono y Búsqueda de Dignidad
Un residente expresó: "A quienes nos destinaron a vivir aquí, porque nuestras viviendas se construyeron aquí para arrancar la pobreza de otros lugares, simplemente, nos relegaron a un lugar sin oportunidades, a un lugar en que se nos destinó a ser siempre pobres. Ante este abandono hemos pedido dignidad, desgraciadamente sin ser escuchados, porque el Estado se ha hecho el sordo por años." Este abandono ha permitido que lo que hoy se llama la Narcocultura se haya instalado desde la raíz en este vecindario, llevando a sus habitantes a vivir "en medio del fuego y la venta de drogas". Es impresionante cómo ya se acostumbran a que no hay soluciones concretas a sus problemas.
Un testimonio conmovedor proviene de una estudiante de quinto año de Derecho de la Universidad de Los Andes, quien, al optar por "el camino más largo y complejo, pero al final satisfactorio", relata: "Cuando le hablo del abandono y el destino a ser pobres, es que sólo como ejemplo debo decir que llevo 5 años saliendo a las 5.50 de mi casa, junto muchos otros vecinos que eligieron el mismo camino de mi familia y yo, para poder llegar a la universidad, en mi caso a las 08.30 hrs. Y cada uno a sus trabajos." Esta realidad subraya la enorme brecha y el esfuerzo diario que enfrentan los residentes de El Castillo y La Pintana en su búsqueda de oportunidades y dignidad.