Los pisos vegetacionales, fundamentales para la estabilidad ecológica y la vida en el planeta, enfrentan una creciente vulnerabilidad. El aumento de la temperatura media y la disminución de las lluvias asociadas al fenómeno del cambio climático contribuyen a la generación de incendios forestales y a una reducción de su biodiversidad. En verano y con altas temperaturas, los incendios forestales representan el principal riesgo, si de catástrofes se trata. Por si esto fuera poco, el cambio climático podría tener más efectos en esta misma área, proyectándose una pérdida importante de biodiversidad.
El Impacto del Cambio Climático en los Ecosistemas Boscosos
Bernardo Reyes, director de Ética en los Bosques, socio de AdC Circular y formador de la Academia Circular, explica que “los extremos climáticos que caracterizan al cambio climático, junto a una elevación de temperatura media, imponen un alto estrés en los componentes de los ecosistemas boscosos, deteriorando y disminuyendo su biodiversidad y las funciones del bosque. La adaptación de estos a los cambios climáticos repentinos, de solo algunas décadas, es lenta y errática por la alta variabilidad entre extremos climáticos”. Algunas de las funciones que cumplen los bosques incluyen evitar la erosión, capturar carbono, ayudar a la mantención de los ciclos del agua y actuar como refugio para distintos ecosistemas.
Incendios Forestales y Condiciones Extremas
Según estadísticas de la Corporación Nacional Forestal, en el periodo 2017-2018 se han producido 1.445 incendios, que han afectado una superficie de 7.898,32 hectáreas. Reyes detalla cómo “comienza con primaveras más cortas con menos lluvias y más calurosas junto con veranos más calientes con temperaturas superiores a 30°C, que durante semanas crean condiciones óptimas para incendios. Fuertes vientos y tormentas eléctricas secas pueden iniciar incendios voraces difíciles de controlar, como ocurrió este verano pasado con humedad relativa en torno al 30%, o sea muy seco, con temperaturas sobre 30°C durante varias semanas y vientos sobre 30 kilómetros por hora. Un escenario de fuego de efectos impredecibles”.

Adaptación y Vulnerabilidad de los Ecosistemas
El proyecto de 7 meses de duración, denominado “Plan de Acción para la Protección y Conservación de la Biodiversidad, en un contexto de adaptación al Cambio Climático”, fue encargado por el Ministerio del Medio Ambiente al Centro de Agricultura y Medio Ambiente (AGRIMED) de la Facultad de Cs. Agronómicas. Las conclusiones que arrojó el estudio, desarrollado por docentes de dicha Facultad, como el Prof. Fernando Santibáñez, señalan que el Cambio Climático podría tener profundas consecuencias sobre la agricultura y la biota, al punto que podría gatillar un proceso natural de cambios que, para la mayor parte de los ecosistemas, sería imposible de sobrellevar en los cortos tiempos en que ellos están ocurriendo. La adaptación a un nuevo escenario climático para un ecosistema templado requiere de cientos de años para que aparezcan cambios en la composición genómica, asociados a un proceso adaptativo. Como los cambios climáticos previstos podrían ocurrir solo en décadas, su velocidad difícilmente podría ser absorbida por los ecosistemas, dejando a muchos de ellos fuera de toda posibilidad de adaptación.
Implicaciones para la Agricultura
Según el Prof. Fernando Santibáñez, la agricultura deberá adaptarse a un nuevo contexto climático mediante cambios tecnológicos que permitan atenuar los impactos negativos de un clima algo más adverso e inestable. Santibáñez aclara que “con esto no estamos diciendo que la agricultura no será posible seguir haciéndola tal como se hace en la actualidad, estas adaptaciones vienen a prevenir una caída en la calidad y cantidad de lo producido, en la medida necesaria como para que esta actividad mantenga su viabilidad económica. Una agricultura que no incorpore algunas de estas variantes quizás podrá seguir produciendo fruta, pero sin garantía de que ella sustentable y rentable en el largo plazo”. De cualquier forma, las estrategias de adaptación dependerán de la localidad, la especie y el mercado de destino de los productos. “Ellas deberán irse adoptando gradualmente en la medida que los citados síntomas vayan pasando por sobre el umbral razonable como para reaccionar”, añade el Prof. Santibáñez.
Desafíos Comerciales y Ambientales
Aparte de estas estrategias que dicen relación con el sistema de producción, la agricultura enfrentará una adversidad comercial que viene de la reacción mundial frente al Cambio Climático. Santibáñez destaca que “esto traerá exigencias no asociadas al producto mismo, sino a la forma como se obtiene el producto. Nos referimos a la huella de carbono, la huella del agua y más tarde podría venir la huella ecológica, en la medida que el mundo se sienta agobiado por el deterioro del ambiente mundial”. Estos hechos que se avizoran en el horizonte, requieren ir repensando desde ya cómo adaptamos los sistemas de producción de modo de cumplir con los estándares ambientales, cualesquiera que ellos sean en el futuro. “La tarea es compleja pero abordable - añade el investigador - los países que comiencen antes a hacerla llegarán a tiempo y serán compensados con el reconocimiento de un trabajo serio y bien hecho”.
Huella de carbono, huella hídrica y huella ecológica ☁️💧🌳 | YouTube Sostenible
La Vulnerabilidad Específica de los Ecosistemas Montañosos
Las montañas presentan una serie de características que las hacen relevantes para la sociedad y los ecosistemas, además de una serie de vulnerabilidades y amenazas que vale la pena mencionar.
Características y Vulnerabilidades de las Montañas
- La mitad de la población humana depende, de una u otra manera, de los recursos de las montañas.
- Además de proveer agua a cerca de la mitad de la población humana, la agricultura de montaña brinda subsistencia a muchas personas.
- Las montañas se caracterizan por su alta biodiversidad.
- Las montañas son excepcionalmente frágiles.
- Estos ambientes están sujetos a cambios naturales y antropogénicos, los que van desde eventos volcánicos y sísmicos hasta el cambio climático y deterioro de vegetación y suelo, debido a prácticas productivas inapropiadas.
- El fortalecimiento de los vínculos entre las tierras altas y las tierras bajas sustenta el desarrollo de poblaciones aguas arriba y aguas abajo.
Los Sistemas Montañosos en la Región Metropolitana de Santiago
Las regiones montañosas en Chile acogen una gran riqueza de culturas. Éstas se ven influenciadas por el entorno, tanto en sus tradiciones y costumbres, como en sus comportamientos y creencias. Su manera de adaptación al medio natural tiene implicancias directas sobre el territorio, por lo que el manejo de las áreas en las que se desenvuelven juega un papel clave en la comprensión de la historia de estos lugares. En la Región Metropolitana de Santiago un 65% del territorio corresponde a sistemas montañosos, cuyo accidentado relieve junto con sus diversos mecanismos de génesis han formado suelos tanto de origen volcánico, marino, coluvial como aluvial. Estos suelos, si bien presentan orígenes distintos, han evolucionado de acuerdo con las diferencias de los gradientes climáticos. La biodiversidad presente, al igual que para el resto del país, se estructura principalmente por su latitud y altitud, razón por la cual se identifican ambientes con condiciones muy contrastantes. En la zona de montaña de la Región Metropolitana de Santiago se encuentran cuatro pisos altitudinales con vegetación leñosa. Los cuatro pisos vegetacionales estudiados se encuentran dentro de la comuna de San José de Maipo.
La intervención antrópica en estas zonas ha derivado en la pérdida de las características propias de los ecosistemas naturales, traduciéndose en altos niveles de alteración y degradación. La degradación de la zona andina central se debe en gran medida a la explotación minera sin resguardo, a la extracción de tierra de hojas, al sobrepastoreo, a la deforestación (tala rasa), incendios, vertederos ilegales y descarga de residuos al río, caza y extracción de especies nativas, expansión urbana (caminos y carreteras) y turismo sin resguardo. Este deterioro en las cuencas resulta alarmante, dada la estrecha relación que existe entre bosque-agua en la zona central del país, y al considerar que la cuenca del Río Maipo aporta aproximadamente un 80% del agua potable de Santiago.

Estrategias de Mitigación y Recuperación
Ante esta pérdida de bosques, las acciones deben apuntar directamente a aumentarlos para contrarrestar los efectos secundarios tras su disminución. La meta forestal planteada en el Plan de Acción Nacional de cambio climático 2017-2022, contempla un manejo sustentable de recursos vegetacionales, reduciendo y capturando emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y recuperación de 100 mil hectáreas de bosque, principalmente nativo, que representará una captura y reducción de GEI en alrededor de 600.000 t CO2 eq/año. Las medidas de mitigación aparecen como primordiales, siendo una de las conclusiones más importantes que arrojó el proyecto. De no aplicarse estas medidas, además de vivir en un país más cálido, menos lluvioso, más propenso a tormentas y con días más nublados; se observará que muchos paisajes se modificarán debido a la menor disponibilidad de agua y el avance de las zonas áridas.
tags: #pisos #vegetacionales #vulnerabilidad