En el transporte público de pasajeros, es una práctica común y necesaria la existencia de asientos preferenciales destinados a la tercera edad, personas con discapacidades y mujeres embarazadas. Estas medidas de acción afirmativa se fundamentan en tratados internacionales de derechos humanos suscritos por países como Chile, tanto los generales como los específicos, que buscan asegurar la igualdad de condiciones y la movilidad independiente para todos. Sin embargo, a pesar de su propósito, ha sido una constante la proliferación de denuncias que señalan que los pasajeros con frecuencia no ceden estos asientos a quienes están destinados.
Asientos Preferenciales: Un Derecho Consagrado, No Siempre Respetado
La normativa que establece el uso preferente de ciertos asientos en el transporte público busca garantizar la dignidad y el bienestar de los grupos más vulnerables. Esta disposición, aunque clara en su intención, a menudo se enfrenta a la realidad de su incumplimiento en el día a día.
El Marco Legal y la Ausencia de Multas
Como manifestó Joaquín Lavín, quien fuera Ministro de Desarrollo Social, en enero de 2012, "en el caso de los asientos no hay multas, porque la ley establece que es un uso preferente para personas con discapacidad, para mujeres embarazadas y para adultos mayores." A raíz de esta situación, Lavín hizo un llamado a las personas sin discapacidad a no esperar a que se les pida el asiento. Explicó que los asientos preferenciales pueden ser usados si están desocupados, "pero si llega alguien con movilidad reducida, tenemos que pararnos de inmediato y ceder el asiento. En Chile nos falta esa política de inclusión. Tenemos que tomar la iniciativa."
Este principio se alinea con los tratados internacionales de derechos humanos. Por ejemplo, el Artículo 19 establece que los Estados Partes adoptarán medidas para asegurar el acceso de las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones, al entorno físico y al transporte. De manera similar, el Artículo 20 insta a los Estados Partes a adoptar medidas efectivas para asegurar que las personas con discapacidad "gocen de movilidad con la mayor independencia posible", incluyendo la facilitación de la movilidad personal. A pesar de estos fundamentos, la legislación pertinente confirma que no existe una sanción específica para quienes no ceden el asiento.

La Importancia de la Cortesía y la Inclusión Social
Ceder un asiento es más que una simple norma; es un reflejo de civismo, empatía y respeto hacia los demás, elementos cruciales para una convivencia armónica en la sociedad.
Un Gesto de Buena Educación y Solidaridad
La buena educación nos enseña a ceder un asiento siempre que sea posible. No es una cuestión de moda, sino un gesto de atención y cortesía hacia otra persona. Ceder un asiento es una regla general que contempla cualquier libro de urbanidad, buenas maneras o manual de contenido similar.
En este sentido, Errázuriz expresó que "para tener una vida mejor, principalmente en calidad de vida, dar espacio y ayudar. Creo que no hay nada más atractivo para cada uno de nosotros que poder ayudar y poder participar con otras personas." Por ello, reiteró el llamado en el transporte público: "cedan el asiento a las personas que lo necesitan, apoyen en el despliegue de las rampas cuando se necesita para las sillas de ruedas."
#NoEsDeHombres: el experimento del asiento │ Elige Red
El Olvido de las Buenas Maneras en la Vida Urbana
Sin embargo, ¿qué ocurre realmente en el día a día? La ajetreada vida en las grandes ciudades, las prisas, las aglomeraciones, etcétera, nos han llevado de forma progresiva al "olvido" de muchos de los buenos gestos de cortesía para con los demás. Entre ellos, está el de ceder un asiento. Da realmente mucha pena e, incluso coraje, ver a un jovencito o jovencita, o bien a personas de mediana edad, sentados tranquilamente en el autobús, en el tren, en el metro, o en otros medios de transporte, mientras una señora mayor, una mujer embarazada o bien un señor mayor con grandes dificultades para caminar permanece en pie durante un trayecto. Esto nos lleva a cuestionarnos: ¿qué educación han recibido? Cabe aclarar que, por suerte, no todo el mundo actúa de esta manera.
Deberíamos preguntarnos: ¿qué le parecería a uno de estos jóvenes que fuera su madre con un bebé en sus brazos, su abuela o abuelo, los que permanecieran en pie en un transporte público mientras un jovencito está cómodamente sentado escuchando música, leyendo o simplemente mirando a los demás pasajeros?
La Empatía y la Convivencia
No hay excusas. Aislarse colocándose unos auriculares o mirando el teléfono móvil/celular para ignorar lo que ocurre a su alrededor no es una excusa. Vivimos en el mundo real y como tal hay que saber convivir con los demás.
Hay ocasiones en las que uno debe ponerse en la piel de los demás para tratar de comprender lo que pueden sentir. Ceder un asiento -y otras muchas acciones- es un gesto de cortesía, un gesto de generosidad; no cuesta nada y hace que la convivencia sea más grata, cordial y agradable. Desde luego, no se puede obligar a nadie a tener este tipo de gestos, pero la educación debería enseñar a tenerlos de forma espontánea.
Como decía una antigua campaña publicitaria, una frase que sigue siendo válida para muchas situaciones de nuestra vida: "Hoy por ti..."