En la actualidad, las personas mayores son más activas e independientes que en épocas anteriores, y disfrutan de una vida más larga y de mejor salud. Sin embargo, cada día son más numerosos los ancianos que sufren malos tratos. Según los expertos, por cada caso de maltrato o negligencia denunciado ante las autoridades, diez pasan inadvertidos. Este tipo de violencia constituye una lacra personal y social casi oculta que alcanza a todas las capas sociales y se manifiesta en las instituciones y, sobre todo, en el ámbito familiar.

La Evolución del Rol del Adulto Mayor y el Entorno Propicio para el Maltrato
Se cree que los ancianos han pasado de una posición de respeto en la sociedad humana, desde la cual concentraban la sabiduría y el poder económico y político, hacia otra versión menos favorable en la sociedad industrializada. Estas circunstancias, sumadas a los avances en medicina que pueden prolongar la vida hasta altos niveles de dependencia, han creado un ambiente propicio para que el maltrato al anciano se haya convertido en un problema de salud pública que debe ser investigado y comprendido en el ámbito de cada país, cada cultura y cada clase social.
A medida que se consolidaron las instituciones científicas de geriatría y gerontología, el interés por su estudio fue cobrando más fuerza, abarcando el medio donde ocurra (familiar, comunidad e instituciones). El maltrato posiciona al anciano no solamente dentro de la dinámica familiar, sino también como parte de la comunidad.
Prevalencia y Manifestaciones del Maltrato a Personas Mayores
Según una revisión sistemática reciente, la prevalencia mundial del maltrato a personas mayores es del 15,7%, y uno de cada seis experimentó alguna forma de maltrato en el último año. En Colombia, en 2017, el Centro de Referencia Nacional sobre Violencia destacó un ascenso de las lesiones no fatales contra el adulto mayor del 17,6%. La Encuesta Nacional de Salud Bienestar y Envejecimiento (SABE Colombia) reportó que el 12,9% de las personas mayores informó haber sufrido maltrato.

La mayor proporción de maltrato psicológico se ubicó en los estratos socioeconómicos más bajos, evidenciando situaciones de pobreza como factor de riesgo en la población colombiana. El maltrato psicológico es el más frecuente, con origen en una relación potencialmente dañina entre el anciano y el cuidador, generando sentimientos de inseguridad, angustia y baja autoestima en el primero. Estudios realizados en Antioquia y Pasto (Colombia) también señalan el maltrato psicológico como el más frecuente.
Tipos de Maltrato a Personas Mayores
- Maltrato Físico: Se caracteriza por el uso de la fuerza física que deteriora la integridad corporal mediante golpes, quemaduras, empujones, inmovilización, sujeción mecánica o administración forzada de medicación inapropiada. Se evidencia por la presencia de abrasiones, laceraciones, hematomas, fracturas y quemaduras. En Colombia, Medicina Legal informa que los más perjudicados son personas de entre 60 y 64 años, siendo los hijos los principales victimarios y la intolerancia el factor desencadenante.
- Violencia Sexual: Se define de igual manera para cualquier grupo de edad. La legislación colombiana la regula, incluyendo a poblaciones vulnerables como las personas mayores. Estos actos se manifiestan expresamente o encubiertos mediante gestos, palabras o insinuaciones. En el caso de pacientes con demencia, pueden experimentar una reacción traumática aguda y confusión que imita un empeoramiento cognitivo.
- Negligencia: Es el incumplimiento de las funciones propias del cuidador, reconociéndose la activa y la pasiva. Quienes cometen este tipo de maltrato pueden incurrir en el abandono, desamparando de manera voluntaria al anciano, generalmente dependiente.
- Maltrato Económico: Incluye el uso o abuso financiero, la explotación de recursos económicos y la manipulación financiera.
- Violencia Medicamentosa: Se refiere al uso indebido o excesivo de medicamentos.

Factores de Riesgo y Vulnerabilidad
En Colombia, en 2016, los hogares más pobres correspondían al 69,8% de aquellos donde viven adultos mayores, y el 58,7% de los ancianos vivía en un hogar donde los ingresos familiares no superaban el medio salario mínimo al mes. Las condiciones de adversidad durante el curso de la vida, como el conflicto armado, han forjado una representación social y una interpretación de la realidad que influyen en la percepción del maltrato. Estas condiciones de vulnerabilidad son particulares de sectores poblacionales como los estratos más bajos, atribuyendo mayor riesgo de maltrato.
Existe una brecha de género en los adultos mayores de América Latina; la violencia contra las mujeres es mayor y se reproduce intergeneracionalmente, estando más marcada en aquellas que crecieron en ambientes machistas y fueron subordinadas en su niñez. En estudios realizados en Pasto (Colombia), los principales factores asociados al maltrato fueron la dependencia, la disfunción familiar, los malos tratos entre miembros de la familia y el escaso apoyo social.
Muchos de los factores de riesgo para el abuso y la negligencia son semejantes para el autoabandono. El edadismo, la discriminación por edad, es una de las principales razones por las que el maltrato a los mayores pasa desapercibido. Mientras que a los niños se les asocia con "esperanza" y "futuro", a los mayores se les ve como "débiles" y "dependientes".

Consecuencias y Detección del Maltrato
El maltrato tiene muchas consecuencias, incluyendo problemas de autoestima, aumento de la inseguridad, condiciones que propician la generación de estereotipos negativos del envejecimiento. A nivel psicológico, puede causar tristeza, sufrimiento, trastornos emocionales, depresión, comportamientos o ideas suicidas, y sentimientos de infelicidad, vergüenza o culpabilidad. Este problema se ha encontrado asociado con el aumento de la morbilidad, hospitalización y muerte.
El maltrato a la población adulta mayor, aunque frecuente, es un problema de difícil identificación. Entre las dificultades para la detección se encuentran: la poca información acerca del problema; la incredulidad; los pensamientos negativos y el desagrado hacia la vejez; el aislamiento de las personas mayores; el miedo a denunciar; la vergüenza; la dependencia, que obstaculiza informar el caso; y el desconocimiento de procedimientos para denunciar. Con frecuencia, las personas mayores no se reconocen como víctimas de maltrato por temor a represalias o a ser institucionalizados.
Instrumentos de Evaluación y Detección
Se han desarrollado escalas estandarizadas para detectar maltrato, como la Elder Abuse Suspicion Index (EASI), desarrollada en Montreal, compuesta por seis preguntas dirigidas a personas mayores sin deterioro cognitivo. La Indicators of Abuse (IOA) es un instrumento de 15 ítems sobre la persona mayor y 12 ítems sobre el cuidador. La Hwalek Sengstock Elder Abuse Screening Test (HS-EAST) está diseñada para identificar maltrato en personas con demencia. La Vulnerability Abuse Screening Scale (VASS), con 12 ítems, es una adaptación de la anterior.
Las escalas EASI y la IOA detectan en mejor medida a los ancianos maltratados sin deterioro cognitivo, y la CASE, en el caso de aquellos con deterioro cognitivo. En esta revisión se proponen rutas de atención en caso de sospecha de maltrato a la persona mayor en la comunidad, abordado en atención primaria o en el servicio de urgencias. Todo caso se considera prioritario para recibir la atención.
Para detectar oportunamente situaciones de maltrato y activar los recursos judiciales pertinentes, es necesario reconocer los signos de alarma de todos los tipos de maltrato contra el adulto mayor. La negligencia se hace evidente con el aumento de la dependencia, por lo que es necesario evaluar si el cuidador ha cumplido con las necesidades del anciano según su funcionalidad.

Intervención y Prevención del Maltrato
Es importante el manejo integral y multidisciplinario, a través del equipo de salud tratante y los grupos establecidos en cada institución, para el abordaje puntual de la situación de maltrato y sus factores psicosociales. El diagnóstico incluye la evaluación inicial, la detección de problemas y necesidades, hipótesis sobre el caso, diseño de objetivos, recolección de datos y conclusiones.
En la evaluación inicial, el médico debe diligenciar el consentimiento informado del paciente y verificar que no esté en riesgo inminente su vida. Los sospechosos de ser víctimas o victimarios deben ser entrevistados por separado en un ambiente comprensivo y exento de prejuicios. Preguntas indirectas como "¿se siente seguro en su hogar?" o "¿alguien maneja sus cuentas bancarias?" pueden ser menos amenazantes.
Teniendo en cuenta el efecto negativo que genera el maltrato en los adultos mayores y las personas que las rodean, se considera de vital importancia brindar atención psicosocial oportuna para amortiguar la crisis desencadenada.
Colombia, como sociedad envejecida con antecedentes históricos importantes y contexto cultural particular, promulgó en 1975 la Ley 29 para la protección a la ancianidad desprotegida. El seguimiento permite conocer en qué medida se han producido cambios en el paciente en la dirección de los objetivos marcados y en las diferentes áreas de intervención, obteniendo información sobre la continuidad del tratamiento médico-terapéutico, el impacto psicosocial del evento en la víctima y la oportunidad del acceso a mecanismos legales y de justicia.
Las políticas públicas, aunque tienen un componente en la legislación y protección del Estado, deben comprometer la acción principal de la familia hacia sus deberes con el anciano y el reconocimiento de su rol fundamental en la sociedad humana. La mayoría de los casos de maltrato son perpetrados por familiares.
Marco Legal y Recursos de Protección
Existe una ley de protección de la infancia y una ley contra la violencia de género, pero no hay una ley específica de protección a las personas mayores en España, aunque en Andalucía ya existe. Cuando se produce un maltrato o abuso a una persona mayor, es imprescindible acortar los plazos judiciales y priorizar este tema cuando sea necesario. Las leyes específicas marcarían parámetros y mínimos para cubrir necesidades, pero deben ir acompañadas de recursos presupuestarios.
Los procedimientos judiciales deben ser más ágiles. Una persona con deterioro cognitivo considerado un procedimiento de urgencia no puede esperar meses para obtener medidas cautelares. Los procedimientos judiciales, aunque colapsados, deberían priorizarse, al igual que se hace con la violencia de género.
En cuanto a recursos de protección, existen varios protocolos, guías y servicios, aunque estos últimos son precarios. Para niños y mujeres hay muchos recursos de apoyo, pero para personas mayores no existen casas de acogida o hogares alternativos para personas en riesgo o maltratadas. Se deben buscar alternativas para que la persona tenga un sustitutivo de su hogar o reciba apoyo dentro del mismo para evitar el maltrato.
La sociedad cada vez habla más y toma conciencia de conductas abusivas y maltratadoras como el bullying, el mobbing o los abusos a menores. El maltrato a las personas mayores se habla poco debido al edadismo y la falta de conciencia social. A menudo, el maltrato es más sutil, de "pequeñas cosas" silenciadas en las relaciones personales, y es necesario aflorar estas situaciones.
La concienciación se logra mediante campañas de sensibilización y, sobre todo, empezando desde la infancia. El 15 de junio es el Día Mundial de Toma de Conciencia sobre el Abuso y el Maltrato en la Vejez, un día que afecta a un porcentaje importante de la población y está totalmente silenciado, con escasa repercusión mediática.
Cambio Generacional y Percepciones Futuras
Con los cambios generacionales, es posible que las personas mayores futuras se hagan respetar más o tengan mayor tendencia a reivindicar cuando no sean bien tratadas. Las generaciones venideras han tenido una formación social y cultural diferente, y es posible que pongan más límites o pidan apoyo profesional. Muchas personas mayores actuales han vivido la cultura de la obligación y no del derecho, lo que dificulta la reivindicación a edades avanzadas.
La labor de profesionales como abogados con experiencia en el estudio de esta problemática es fundamental para visibilizar y potenciar los derechos de las personas mayores, buscando un futuro sin maltratos.