La población adulta mayor está en aumento rápido y progresivo a nivel mundial, lo cual asocia del mismo modo un incremento progresivo de abuso y maltrato en la vejez, incluso en formas silentes, con fuertes implicaciones en la calidad de vida de esta población. Esta problemática se manifiesta tanto en países ricos como en pobres, y en cualquier nivel social. El maltrato a una persona de edad consiste en un acto o varios actos repetidos que le causan daño o sufrimiento, o también la no adopción de medidas apropiadas para evitar otros daños, cuando se tiene con dicha persona una relación de confianza. Este tipo de violencia constituye una violación de los derechos humanos y puede manifestarse en forma de maltrato físico, sexual, psicológico o emocional; maltrato por razones económicas o materiales; abandono; desatención; y del menoscabo grave de la dignidad y el respeto.
Definición y Evolución del Abuso en Adultos Mayores
La definición de abuso del adulto mayor ha cambiado y evolucionado considerablemente en el tiempo. Inicialmente, entre 1970 y el 2000, pasó de llamarse “vapuleando a la abuelita” a “maltrato del anciano” o “abuso del anciano”. El término “vapuleando a la abuelita” (o “granny battering”) era un eufemismo para los malos tratos a las personas mayores, centrándose solo en el abuso físico y considerándolo un fenómeno doméstico donde las víctimas ancianas eran vistas como destinatarios pasivos y una carga para la familia.
Más adelante, bajo la denominación “Síndrome de la abuelita vapuleada”, se incluyeron tres grandes categorías: físico, psicológico y financiero o material. El abuso físico abarcaba golpes, falta de supervisión y cuidado inadecuado que condujera a lesiones. La categoría de abuso psicológico consideraba las amenazas y el aislamiento, mientras que el abuso material o financiero incluía engaños y robos de posesiones. A pesar de esto, el nombre aún tenía una connotación física y excluía a los hombres, además de implicar debilidad y vulnerabilidad.
Posteriormente, evolucionó a “abuso en la vejez”, definido como “el maltrato sistémico, físico, emocional o financiero de un adulto mayor por parte de su familiar cuidador”. Esta definición amplió el alcance para incluir a ambos sexos y diversas formas de abuso. Sin embargo, aunque los miembros de la familia (cónyuges, hijos, nietos) están implicados en el 90% de los casos, esta problemática no se limita al contexto familiar.
Tomando en cuenta las diversas circunstancias, se propuso el término “maltrato del anciano”, definido como “todos los actos contra las personas mayores de 65 años, por aquellos que tienen una relación personal o profesional con el adulto mayor, llevando a daño físico, psicológico o material repetitivo”. Esta definición, sin embargo, es un tanto arbitraria respecto al corte de edad, ya que la edad cronológica de 65 años no se adapta universalmente como inicio de la vejez.
Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define el maltrato del anciano como “cualquier acto aislado o repetitivo o la falta de acción apropiada, ocurrida en cualquier relación de la que se espera confianza, que causa daño o malestar a la persona mayor”. Es importante notar que esta definición excluye actos de violencia o conducta criminal contra los adultos mayores que no estén en una relación de confianza. A menudo, profesionales de la salud ignoran esta situación y no se toman acciones suficientes para proteger a las víctimas.

Tipos de Maltrato en la Vejez
El maltrato de ancianos es un problema complejo que se manifiesta de diversas maneras, pudiendo ser intencional o no intencional. La polivictimización, o la coexistencia de múltiples tipos de abuso, es común.
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Abuso Psicológico o Emocional
Este tipo de abuso ocurre cuando el guardián causa estrés o dolor emocional al adulto mayor. El cuidador podría insultar, amenazar, humillar o acosar al adulto mayor a través de palabras o acciones. Es probable también que lo ignore o lo aísle de sus familiares, amigos o sus actividades cotidianas. Si la persona mayor no es capaz de actuar o pensar por sí misma, el guardián podría ignorar, limitar o quitarle sus derechos.
El abuso psicológico es la práctica de infligir angustia mental y sufrimiento mediante agresiones verbales, insultos, amenazas, infantilización y humillación, así como el irrespeto a la privacidad o a sus pertenencias. Puede incluir amenazas (por ejemplo, de institucionalización), órdenes de mal modo, o el simple acto de permanecer en silencio e ignorar al anciano. También se considera la infantilización, una forma de discriminación que trata a la persona mayor como un niño, estimulándola a depender del abusador. El anciano psicológicamente agredido se siente con miedo, apatía y se le dificulta la toma de decisiones, experimentando cuadros depresivos, reclusión y alteraciones inusuales en el estado de ánimo.
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Abuso Físico
Se define como el daño o coerción física que causa lesión física o psicológica. Puede incluir infligir dolor físico o privar de forma intencionada, por parte del cuidador, de los servicios necesarios para mantener la salud física y mental. Ejemplos específicos son escoriaciones, laceraciones y cicatrices sin explicación en cara, cuello o tronco, así como dolor sin explicación, fracturas o múltiples traumatismos. También comprende la agresión contundente o golpes con la mano abierta o cerrada o con un objeto, patadas, empujones, sacudidas, palizas, inmovilización, alimentación forzada y administración injustificada de medicamentos.
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Abuso Económico o Financiero
La OMS lo define como la explotación o uso ilegal o indebido de los fondos u otros recursos de la persona anciana. Incluye estafas, presión para que un individuo distribuya sus posesiones, gestión irresponsable del dinero de otra persona, así como desatención a las posesiones o fondos de una persona dependiente. Los adultos mayores resultan especialmente vulnerables a este tipo de abuso por un proceso denominado influencia indebida, que consiste en una dinámica donde una parte dominante aprovecha su posición de poder sobre una parte débil con fines económicos. Los fraudes digitales dirigidos específicamente a ancianos también representan abuso financiero, explotando posibles limitaciones tecnológicas o fallas de memoria.
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Negligencia
Es el fallo del cuidador al brindar alimentación, agua, vestimenta, confort, seguridad, acceso a los servicios de salud y protección contra el abuso o explotación. Puede ser evidente en aquellos que carezcan de dispositivos de asistencia necesarios para mantenerse alerta de su alrededor, como andaderas, anteojos, dentaduras o audífonos. La negligencia que genera un daño físico o psicológico se considera un abuso.
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Abuso Sexual
Todo contacto sexual impuesto, coaccionado, no deseado o sin consentimiento representa abuso sexual. Incluye manoseo, penetración sexual, forzar al anciano a participar en una conversación de naturaleza sexual o a ver pornografía. Los indicios pueden ser sutiles o difíciles de detectar, especialmente si la persona no puede o no quiere comunicar lo sucedido. Signos incluyen sangrado inexplicado en zonas íntimas, contusiones en genitales o cara interna de los muslos, enfermedades de transmisión sexual, molestias genitales, ropa interior dañada o traumatismos en la región pélvica.
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Abandono
Implica dejar deliberadamente a un adulto mayor que no tiene capacidad para valerse por sí mismo. Quienes sufren abandono suelen experimentar desconcierto, pánico, desorientación, estados depresivos y anestesia emocional.
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Autonegligencia
Aunque no involucra agresión externa, la autonegligencia constituye una preocupación grave cuando los ancianos enfrentan dificultades para mantener su cuidado personal básico, como la administración de medicamentos, el aseo personal o la asistencia a consultas médicas necesarias.
Magnitud del Problema y Consecuencias
El maltrato a las personas de edad es un problema importante de salud pública. De acuerdo con una revisión de 52 estudios realizada en 28 países en 2017, una de cada seis personas de 60 años o más (el 15,7% de este grupo de edad) sufrieron alguna forma de maltrato. Se dispone de pocos datos sobre el alcance del problema en las instituciones, pero una revisión de estudios recientes indica que el 64,2% del personal refirió haber cometido alguna forma de maltrato en el año del examen.
La siguiente tabla muestra la prevalencia de los distintos tipos de maltrato:
| Tipo de maltrato | Notificado por personas de edad | Notificado por personas de edad y sus representantes | Notificado por trabajadores |
|---|---|---|---|
| Prevalencia general | 15,7% | No hay suficientes datos | 64,2%, o dos de cada tres trabajadores |
| Maltrato psicológico | 11,6% | 33,4% | 32,5% |
| Maltrato físico | 2,6% | 14,1% | 9,3% |
| Maltrato económico | 6,8% | 13,8% | No hay suficientes datos |
| Desatención | 4,2% | 11,6% | 12,0% |
| Abusos sexuales | 0,9% | 1,9% | 0,7% |
Cada vez son más los datos que indican que la prevalencia del maltrato ha aumentado durante la pandemia de COVID-19. Un estudio estadounidense, por ejemplo, sugiere que las tasas en la comunidad pudieron haber crecido hasta en un 84%. Se prevé que el maltrato a personas de edad aumente, ya que la población está envejeciendo rápidamente; para 2050, se estima que la cifra de víctimas habrá aumentado hasta 320 millones.
Las consecuencias del maltrato pueden ser graves, incluyendo lesiones corporales, defunción prematura, depresión, deterioro cognitivo, ruina económica y necesidad de ingreso en una residencia. Para las personas mayores, las consecuencias pueden ser especialmente graves y la recuperación puede llevar más tiempo que para otros grupos de edad. El riesgo de muerte en estos sujetos es tres veces mayor, además de que asocia mayores tasas de hospitalización, lo que subraya la urgencia de su manejo.
Violencia hacia las personas adultas mayores | Patricia Kelly
Factores de Riesgo para la Víctima
Existen factores individuales que aumentan la vulnerabilidad de las personas mayores al maltrato:
- Dependencia y fragilidad: La dependencia funcional o la discapacidad, la mala salud física o mental, el deterioro cognitivo y la escasez de ingresos aumentan el riesgo.
- Características demográficas: Estudios sugieren que el perfil de la víctima suele ser femenina entre 65 y 75 años, pensionada, residente en áreas urbanas y socialmente aislada.
- Condiciones médicas: El deterioro debido a trastornos crónicos, el compromiso funcional, el deterioro cognitivo y la dificultad para comunicar son factores clave. Los adultos mayores con discapacidad física o mental tienen aún más riesgo, especialmente si tienen limitaciones inherentes en las actividades básicas de la vida diaria que los hagan dependientes parcial o totalmente.
- Aislamiento social: La falta de apoyo social o vivir en aislamiento aumenta la probabilidad de ser maltratado.
Se estima que hasta el 55% de los adultos mayores con demencia han sido abusados por un cuidador, siendo el abuso emocional la forma más común cometida contra ellos.
Perfil y Factores de Riesgo del Agresor
Comprender el perfil y los factores de riesgo del agresor es crucial para la prevención e intervención del maltrato en la vejez. Los abusadores, con frecuencia, son hijos adultos, aunque también pueden ser otros miembros de la familia o cuidadores contratados o informales. En el 90% de los casos, los perpetradores son familiares de la víctima, como hijos adultos o cónyuges, seguidos por amigos y vecinos, y luego por asistentes de cuidado en el hogar.
Características Comunes del Agresor
Estudios demográficos sobre el abuso en el adulto mayor describen un perfil del agresor que, según la evidencia, corresponde típicamente al esposo o hijo hombre entre 35 y 45 años, que vive en condiciones de estrés. Los factores que predisponen al cuidador a maltratar a un anciano incluyen:
- Estrés y salud mental: La presencia de estrés significativo, una pobre salud mental y psicopatologías son factores determinantes.
- Abuso de sustancias: El abuso de alcohol y drogas no solo pone al anciano en riesgo de abuso financiero, sino que también afecta la capacidad del cuidador para controlar sus propias emociones, aumentando el riesgo de otros tipos de abuso.
- Historia de violencia: Un historial de violencia del agresor, ya sea contra otros o incluso contra sí mismo.
- Dependencia: Una historia de dependencia económica del abusador hacia la víctima es un factor de riesgo. Además, la dependencia del agresor hacia la víctima (incluyendo arreglos de vivienda compartida) aumenta la vulnerabilidad.
- Falta de apoyo: La falta de apoyo para el cuidado del anciano puede generar una carga que derive en maltrato.
- Aislamiento social: El aislamiento social tanto del anciano como del cuidador puede resultar en la falta de recursos para aliviar la carga del cuidado.
- Género y edad: Los agresores son más a menudo hombres que mujeres. La edad media de los agresores es de 52.53 años.
- Situación socioeconómica: Suelen estar desempleados, experimentar problemas financieros o estar bajo un estrés importante. No hubo relación estadísticamente significativa entre el sexo de la víctima y el agresor en algunos estudios.
- Antecedentes legales: Más propensos a tener un historial negativo con la policía y otras figuras de autoridad.
La mayor prevalencia de abuso de este grupo etáreo en el ámbito domiciliar podría explicarse parcialmente por los altos niveles de estrés, el burnout y los problemas financieros que afectan a los cuidadores, que pueden incluso llevar a consecuencias fatales.
Es importante destacar que el maltrato en personas con deterioro cognitivo y demencia que viven en su hogar no es infrecuente. Cuidar de estas personas es una tarea pesada y estresante para la familia. Se ha observado que la severidad de la enfermedad del anciano puede reflejar la prevalencia del grado de conflicto de abuso. Además, los síntomas neuropsiquiátricos del adulto mayor, como la agitación en la demencia, contribuyen de manera significativa a comportamientos agresivos por parte del cuidador y pueden ser causa de abuso.

Contexto del Abuso: Ámbito Domiciliar e Institucional
El abuso a este grupo etario no se limita a la casa o a la comunidad; también puede ocurrir en residencias, casas de cuidado y hospitales. Por ello, se clasifica en intradomiciliar y extradomiciliar.
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Abuso Intradomiciliar
Se estima que es en el ámbito doméstico donde estas situaciones se producen con mayor frecuencia, y es aquí donde se considera más difícil de combatir. Los agresores son, en su mayoría, miembros de la familia del anciano, siendo los hijos de las víctimas los principales agresores, y los compañeros sentimentales en el caso de víctimas casadas. La violencia doméstica que sufren las adultas mayores es considerada un problema de salud pública, pero a menudo no es reportada por la víctima, lo que genera un fenómeno de invisibilización.
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Abuso en Entornos Institucionales
La dimensión institucional ha recibido más atención debido al aumento significativo del acceso a hogares o centros de cuidado. El abuso en estos casos es usualmente practicado por personas contratadas para proveer cuidado y servicios a los adultos mayores, como enfermeras, asistentes de pacientes, guardas, médicos y otros. Las formas de maltrato pueden incluir agresión verbal, restricciones excesivas, sobre o submedicación, explotación financiera, infantilización, despersonalización, deshumanización y victimización.
Desafíos en la Detección y Notificación del Abuso
El abuso de adultos mayores es difícil de detectar porque muchos de los signos son sutiles, y la víctima no suele estar dispuesta o es incapaz de hablar sobre el tema. Las víctimas pueden esconder este hecho debido a vergüenza, miedo a la venganza o deseo de proteger al abusador. A veces, cuando una víctima solicita ayuda, encuentra respuestas discriminatorias en relación con la edad por parte del profesional de la salud, que puede restar importancia a las denuncias adjudicándolas a confusión, paranoia o demencia. El aislamiento social de la víctima a menudo complica la detección del abuso, ya que el abusador limita el acceso de la víctima al mundo exterior.
Razones por las que las Víctimas No Reportan
- Incapacidad de comunicación: Debido a declives físicos o cognitivos, los adultos mayores pueden tener dificultades para comunicarse eficazmente.
- Dependencia: Miedo a que, al hablar sobre el abuso, se queden sin cuidado, ya que dependen del abusador para sus necesidades básicas.
- Miedo a represalias: Temor a más abuso o a ser institucionalizado si denuncian.
- Protección del abusador: Miedo a que hablar sobre el abuso cause problemas al abusador, especialmente si es un hijo, nieto o cónyuge.
- Aislamiento social: Falta de personas de confianza con quienes compartir la información, especialmente en centros de cuidado a largo plazo.
- Vergüenza y auto-culpa: Sentimientos de vergüenza o culpa por el abuso sufrido.
- Desconocimiento: Falta de comprensión sobre cómo reportar el abuso.
Razones por las que los Profesionales de la Salud No Detectan o Reportan
En muchos estados, los profesionales de la salud están obligados por ley a reportar sospechas de abuso. Sin embargo, muchos no detectan las señales o no reportan por diversas razones:
- Temor: A dañar la relación con un hospital o centro de cuidado, o a confrontar al agresor.
- Falta de capacitación: En cómo identificar el maltrato y el procedimiento adecuado para reportarlo.
- Atribución errónea: Renuencia a clasificar el abuso como maltrato, atribuyendo las señales al declive cognitivo o de salud relacionado con la edad.
- Sutilidad de las señales: Signos como la mala hidratación a menudo no se detectan durante exámenes rutinarios.
- Respeto a la autonomía del paciente: Decisión de respetar la solicitud del paciente de no reportar el maltrato.
- Dudas sobre la evidencia: Renuencia a reportar abuso basado solo en sospechas o la sensación de no tener suficiente información.
- Aislamiento de la víctima: Si el médico tiene poco contacto con la víctima aislada.

Prevención e Intervención
Resulta fundamental un enfoque de equipo interdisciplinario que incluya médicos, enfermeras, trabajadores sociales, abogados, oficiales de justicia, psiquiatras y otros profesionales. Deben investigarse las intervenciones previas y la razón de su incumplimiento para evitar la repetición de errores. La investigación indica que el apoyo social y la educación pueden ayudar a reducir la prevalencia del abuso a personas mayores.
- Asistencia médica: Para abordar lesiones y problemas de salud.
- Educación culturalmente sensible: Enseñar a las víctimas sobre el abuso y las opciones disponibles, ayudándolas a diseñar planes de seguridad.
- Apoyo psicológico relacionado con el trauma: Psicoterapia a corto o largo plazo, como la terapia centrada en el trauma, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) adaptada para adultos mayores y la terapia narrativa.
- Terapia familiar: Puede abordar dinámicas tóxicas, mejorar la comunicación entre miembros de la familia y establecer límites saludables.
- Intervención inmediata: Si el paciente se encuentra en peligro inmediato, el médico debe considerar con el paciente su hospitalización, la intervención policial o la mudanza a un hogar seguro, asegurándose de que el paciente conozca los riesgos y consecuencias de todas las opciones.
- Programas de apoyo: Para los cuidadores, para aliviar su carga y prevenir el estrés y el burnout que pueden desencadenar el abuso.
La OMS y sus asociados han establecido cinco prioridades para el Decenio de las Naciones Unidas del Envejecimiento Saludable (2021-2030) para combatir el abuso de las personas mayores:
- Combatir el edadismo, que es una de las principales razones de la poca atención al maltrato.
- Generar más y mejores datos para concienciar sobre este problema.
- Concebir soluciones rentables para poner fin a este tipo de maltrato y ampliar su uso.
- Elaborar un argumentario a favor de la inversión en este tema.
- Recaudar fondos, ya que se necesitan más recursos para abordar este problema.
Es importante buscar ayuda inmediatamente si hay síntomas de depresión, ansiedad, pensamientos de autolesión, o si el maltrato continúa. La terapia en línea ofrece privacidad y seguridad, especialmente importante cuando el maltrato ocurre en el hogar.