Cada persona envejece a su manera y a su propio ritmo. Reflexionar sobre la personalidad de los mayores no solo nos permite vivir mejor, sino que nos ayuda a apreciar los grandes beneficios de adoptar actitudes positivas ante la vida, ante los demás y ante las consecuencias inevitables del envejecimiento. Comprender estos rasgos es fundamental para establecer relaciones empáticas, provechosas y certeras al convivir o cuidar a personas de edad avanzada.
De acuerdo con la División de Población de la ONU, cada vez es más común alcanzar los 100 años: si en 1990 apenas hubo 92.000 personas que lograron este hito, en 2021 la cifra aumentó a 621.000. Si bien la genética y el estilo de vida son claves, la psicología juega un rol determinante. Investigaciones, como las realizadas por la psicóloga María Dolores Merino de la Universidad Complutense de Madrid, han identificado 19 recursos psicológicos agrupados en 8 categorías fundamentales que comparten los centenarios.

Los 8 pilares de la personalidad centenaria
1. Vitalidad
La vitalidad se entiende como el deseo de sentirse vivo, alerta y lleno de energía. Los entrevistados suelen transmitir una edad percibida mucho más joven que la cronológica. Muchos mantienen actividades físicas e intelectuales constantes, desde subir escaleras hasta jugar a las cartas o realizar sudokus, mostrando una clara voluntad de seguir vivos y disfrutando de cada día.
2. Deseo de interactuar
Las personas mayores de 100 años son, por lo general, sociables y extrovertidas. Mantienen vínculos cálidos con familiares y amigos, y poseen una apertura natural para conocer gente nueva. Esta capacidad de establecer nuevas conexiones es vital para mantener un apoyo social sólido, especialmente ante la pérdida inevitable de amigos y familiares de su misma generación.
3. Compromiso y propósito
El compromiso se manifiesta a través de una trayectoria de vida responsable y trabajadora. Los centenarios suelen haber tenido un propósito elevado, lo que en Japón se conoce como Ikigai: un motivo para levantarse cada mañana. Tener metas y sentir que cada día tiene un sentido es un factor común en quienes alcanzan esta edad.
4. Resiliencia
La resiliencia es la capacidad de superar la adversidad y fortalecerse tras experiencias difíciles, como guerras, pandemias o pérdidas personales. Los centenarios reconocen la tristeza, pero poseen la habilidad de dejarla atrás y seguir avanzando, lo cual es un recurso psicológico altamente protector.

5. Control y autonomía
Existe una tendencia marcada a tomar sus propias decisiones. Los centenarios han sido los guías de sus propias vidas, mostrando independencia de criterio y una capacidad notable para encontrar oportunidades a pesar de los desafíos.
6. Motivación intelectual
Comparten el placer de mantener una "mente activa". Esto incluye la curiosidad, el amor por el aprendizaje y el hábito de ser autodidactas. Muchos son grandes lectores y mantienen un interés constante por los acontecimientos del mundo, independientemente de su clase social.
7. Actitud positiva
No se trata de una alegría constante, sino de la capacidad de saber disfrutar de las pequeñas cosas del día a día. Es raro escuchar a un centenario expresar deseos de no estar vivo; por el contrario, suelen valorar su existencia con entusiasmo y optimismo.
8. Inteligencia
Esta es una habilidad transversal que permea otros aspectos. Incluye la capacidad cognitiva de pensar, razonar, resolver problemas con éxito y aprender rápidamente. Los centenarios suelen ser resolutivos, curiosos y poseen una conversación ágil, lo que facilita su adaptación a nuevos retos incluso en edades muy avanzadas.
Salud mental en personas mayores
Como señala Margarita Flores, de 107 años: "Cuando la mente está ocupada, entonces uno está bien". Esta máxima resume la esencia de un perfil que, más allá de la biología, se construye día a día a través de la ocupación, el aprendizaje y la conexión con el entorno.