La Paternidad Afectiva en el Contexto del Sename y el Sistema Penitenciario Chileno

La protección de la infancia en Chile ha sido un tema de profunda preocupación nacional, especialmente tras la indignación generada por la muerte de más de mil niños bajo la custodia del Servicio Nacional de Menores (Sename) entre 2005 y 2016. Este drama, que ha abarcado a gobiernos de diversas coaliciones políticas, pone de manifiesto una crisis sistémica que va más allá de la asignación de responsabilidades puntuales y exige una revisión exhaustiva de las políticas públicas.

La cuestión central no es solo la intervención del Sename, sino cómo proteger a los niños en situación de marginalidad y vulnerabilidad. Es imperativo trascender la mera asignación de recursos, que a menudo resultan insuficientes, y abordar las causas estructurales que llevan a estos niños a ser institucionalizados, tales como la pobreza, la indefensión y el consumo de drogas en sus entornos familiares. Esto implica un análisis profundo que priorice la lucha contra la pobreza y la exclusión social, prestando atención a los problemas adyacentes que inciden directamente en que los niños lleguen al Sename y, lo que es aún más preocupante, salgan de allí a la calle o a la cárcel.

El Sistema de Protección de la Infancia en Chile y sus Desafíos

Actualmente, aproximadamente 10.000 niños y niñas se encuentran internados en centros de administración directa del Sename o en organismos colaboradores. El sistema chileno, contraviniendo los mandatos de los acuerdos internacionales, tiende a proteger a los menores mediante la separación familiar y la institucionalización. A pesar del consenso entre los operadores sobre las graves falencias del sistema residencial -que van desde la precariedad de la infraestructura y la falta de personal adecuado hasta un mecanismo de financiamiento perverso-, la internación no se cuestiona mayormente. El pago por niño/día atendido no se alinea con el objetivo de que el menor regrese lo antes posible con su familia.

Esquema de las causas y consecuencias de la institucionalización infantil

La Institucionalización por Pobreza

Los diagnósticos que determinan el daño que un niño sufre en su entorno no suelen considerar el impacto de ingresar a un sistema con alto nivel de hacinamiento, abusos y maltrato. Existe un consenso tácito entre los especialistas de que el tránsito por estas instituciones debe ser breve, nunca más de dos años, aunque la realidad dista mucho de ello. La separación de la familia, incluso en residencias sin abusos, genera un dolor profundo en los niños, y las huellas de estas estadías no se borran.

Un hecho que se interpreta con cierta tolerancia en personas de nivel social acomodado se cataloga como "negligencia parental" para personas de sectores más vulnerables. Este enfoque lleva a preguntarse si existe una institucionalización por pobreza, una práctica que, aunque el discurso institucional difiera, parece real. Testimonios como el de una mujer de 27 años que fue "rescatada de la pobreza" e internada a los dos años, sin que hubiera violencia ni maltrato en su hogar, sino solo pobreza, ilustran este problema. El psicólogo Camilo Morales ha señalado que gran parte de los niños en el sistema de protección no fueron maltratados ni abusados por sus padres y podrían regresar a sus hogares si sus familias recibieran la ayuda adecuada, ya que la mayoría mantiene un lazo con su familia de origen.

Alternativas a la Internación: El Acogimiento Familiar

La adopción, consagrada en la Ley 19.620, debe ser la última opción, procediendo solo cuando la familia de origen es incapaz de satisfacer las necesidades espirituales y materiales del niño y una vez agotados los esfuerzos para habilitar a los padres y la familia extensa. La ley obliga al juez a verificar la inhabilidad real de los padres y que la adopción represente ventajas concretas y objetivas para el niño.

Una alternativa vital es el acogimiento familiar, que permite a una comunidad solidaria brindar apoyo temporal a niños y niñas que no pueden permanecer con su familia de origen o extensa. Una mayor cantidad de familias de acogida externas permitiría que las residencias se enfocaran en niños que requieren atenciones especializadas, como aquellos con patologías de salud severa o postrados. Esto impulsaría cambios en la política de infancia, poniendo a la comunidad en el centro del diseño de protección.

Familias de Acogida

Impacto de la Prisión Parental en la Infancia

La prisión parental, especialmente la de la madre, es un factor de riesgo significativo para una amplia gama de problemas en niños y adolescentes, incluyendo problemas de salud mental, abuso de drogas, fracaso y deserción escolar, desempleo y comportamiento delictivo. En Chile, dos tercios de los niños vivían bajo el cuidado exclusivo de la madre cuando esta fue detenida, y el porcentaje que vivía con el padre es muy menor, lo que plantea la interrogante sobre qué sucede con estos niños entre la prisión de la madre y su eventual llegada a los hogares del Sename.

La evidencia empírica internacional ha demostrado el nulo efecto reparador de la cárcel, lo que lleva a cuestionar el sentido de la prisión para quienes cuidan a los niños y los dejan a la deriva al ser encarcelados. Mantener a una persona en prisión cuesta al Estado aproximadamente tres veces lo que se asigna por niño al Sename.

Estudios sobre la Maternidad y Paternidad en Prisión en Chile

A pesar de que la población total de hombres y mujeres privados de libertad en Chile asciende a 45.413 (Gendarmería de Chile 2022), los estudios sobre cómo asumen la maternidad y paternidad durante su reclusión son escasos. En 2016, 166 mujeres privadas de libertad estaban embarazadas o tenían hijos menores de dos años en secciones materno-infantiles, lo que representaba el 4,8% del total de mujeres encarceladas. Los estudios en población femenina privada de libertad han sido limitados, lo que ha llevado a inferir soluciones a partir de la información de los hombres, a pesar de que las mujeres en prisión tienen características distintas y sufren una doble vulneración al vivenciar violencia de género y estar insertas en un contexto de patrones machistas.

Para las mujeres privadas de libertad, la pérdida o el distanciamiento de sus hijos es uno de los aspectos más dolorosos, y la preocupación por ellos es una inquietud permanente. Las mujeres son significativamente más responsables del cuidado de los hijos antes del encarcelamiento, lo que explica sus mayores dificultades para adaptarse a la separación. El contacto limitado con los hijos durante la prisión contribuye a estados de estrés y comportamiento problemático, mientras que el contacto mantiene y reduce la tasa de reincidencia.

La familia de las mujeres privadas de libertad sufre pérdidas por el deterioro de los lazos familiares y el riesgo de que la mujer pierda su estatus dentro de la familia. Esto fragiliza las relaciones de dependencia emocional, de crianza e incluso económicas. La prisión parental es un factor de riesgo para los Niños, Niñas y Adolescentes (NNA), ya que la ausencia de los padres, especialmente de la madre, puede exponerlos a un ambiente más hostil, con disciplina severa, castigo físico y mayor riesgo de abuso sexual. Los estrictos protocolos carcelarios limitan el contacto de los NNA con su familia extensa, a pesar de que esta puede ser fundamental en su desarrollo infantil. El apoyo familiar y social, en particular la presencia de los hijos, es primordial en el bienestar y en los procesos de rehabilitación de las mujeres recluidas.

En América Latina, son escasos los recintos penitenciarios que permiten a las mujeres vivir con sus hijos debido a la infraestructura y el hacinamiento. Cuando sí es posible, los funcionarios a menudo usan la maternidad como mecanismo de control social, obligando a las internas a tener una conducta sumisa, lo que dificulta y angustia la maternidad en prisión.

La Paternidad en Prisión y sus Consecuencias

En los sectores más empobrecidos, los hombres suelen asumir el rol de proveedores. Su encarcelamiento impacta negativamente en su autoestima, en la relación con su pareja e hijos, y genera sentimientos de culpa por no poder cumplir con el rol socialmente impuesto. El encarcelamiento paterno separa a los padres de sus hijos, repercutiendo negativamente en la conducta de los NNA, asociándose con un comportamiento más agresivo en preescolares y aumentando las posibilidades de que manifiesten comportamientos delictivos. También produce efectos psicosociales negativos, como el debilitamiento de las relaciones con pares. La privación de libertad paterna afecta el bienestar económico de la familia y puede llevar a cambios en la crianza materna y en la salud de la madre.

El rol parental es relevante para la identidad de los padres, y el encarcelamiento produce una reestructuración en la forma de relación establecida con sus hijos. En contextos carcelarios, el ejercicio de este rol se limita al contexto de visitas, generando angustia por la imposibilidad de dar una respuesta coherente a sus hijos, lo que se traduce en roles parentales ineficaces y escasez de límites. A pesar de esto, los padres valoran especialmente las visitas, aunque autores señalan que pueden generar frustración debido a la falta de tiempo y constancia.

La reclusión de padres y madres tiene un importante impacto en la estructura y dinámica familiar, particularmente en los hijos. Desde el rol clásico de los padres como "proveedores" y de las madres como "cuidadoras", el incumplimiento de estos roles vulnera a los hijos. Sin embargo, la creciente participación de las mujeres en el mercado laboral y su rol como jefas de hogar motiva a indagar cómo perciben tanto madres como padres su rol parental en la crianza.

Infografía: Efectos del encarcelamiento parental en los niños

Un Estudio sobre la Percepción del Rol Parental en Prisión

Una investigación descriptiva y exploratoria, que utiliza metodologías mixtas, buscó identificar cómo mujeres y hombres privados de libertad perciben su rol parental. Se seleccionó una muestra de 155 mujeres madres y 139 hombres padres privados de libertad de una población total de 4476, con un nivel de confianza del 95% y un margen de error del 5.5. Para la recopilación de información, se realizaron entrevistas semiestructuradas con preguntas abiertas y cerradas, permitiendo recoger nuevos hallazgos y variables observadas en estudios previos. El análisis estadístico se llevó a cabo con SPSS 22, generando variables unidimensionales estandarizadas para comparar grupos de interés.

El análisis de contenido de las preguntas abiertas se realizó en dos etapas, siguiendo las pautas de Creswell (2007) y Paillé (2006), para identificar conceptos comunes y comparar temas emergentes. La participación de los internos fue voluntaria y anónima, con la autorización del Comité Ético Científico en Artes y Ciencias Sociales. La muestra se caracterizó por una edad promedio de 34 años (rango de 20 a 71 años) y un nivel educativo similar entre ambos grupos, predominantemente educación básica incompleta (24% de las madres y 21% de los padres).

Familias de Acogida

La Paternidad Afectiva y el Rol del "Padre Social" en Chile

La campaña “Más familia, más amor” del Servicio Nacional de Menores busca captar familias que puedan cuidar transitoriamente a NNA vulnerados, trabajando con sus familias de origen o buscando adopción. Las familias seleccionadas reciben formación en reparación del daño, pautas de crianza y manejo conductual, entre otros. La Seremi de Justicia y Derechos Humanos, Paula García, destaca que el programa FAE permite a los niños permanecer en un ambiente familiar, fundamental para su estimulación y cuidados personalizados, ofreciendo a los tribunales más opciones para evitar la internación en centros del Sename.

La posesión notoria de calidad de hijo es una figura jurídica en el derecho de familia chileno que permite reconocer legalmente a un "padre social" (o madre social) como el padre legal, basándose en el vínculo socioafectivo, el trato, el cuidado y el amor brindado a lo largo de los años, por encima de la verdad biológica. Este reconocimiento se logra mediante una demanda de impugnación y reclamación de paternidad ante los tribunales de familia. Ante las demoras legislativas para modernizar la ley de adopción, esta herramienta procesal se ha convertido en una vía rápida para consolidar familias ensambladas, garantizando al menor derechos como la herencia, el uso del apellido y el cuidado personal.

Requisitos de la Posesión Notoria de Calidad de Hijo

Según el artículo 200 del Código Civil chileno, para que un juez declare la paternidad basándose en la verdad social y afectiva, debe probarse que la relación ha durado al menos 5 años continuos. La ley exige demostrar tres elementos fundamentales: "nombre, trato y fama".

  • Trato: Es el elemento más importante. Se debe probar que el padre social ha tratado al menor como su propio hijo, proveyendo a su educación, salud, alimentación y entregándole afecto y cuidado diario.
  • Fama: Consiste en que el entorno social (vecinos, profesores, familiares, amigos e instituciones médicas) reconoce públicamente a este hombre como el verdadero padre del menor.
  • Nombre: Se refiere a que el menor utilice el apellido del padre social. La jurisprudencia moderna ha flexibilizado este punto, permitiendo que si el "trato y la fama" son suficientemente fuertes, la falta de uso formal del apellido no impida ganar el juicio.

Proceso: Demanda de Impugnación y Reclamación de Paternidad

Para materializar este derecho, se debe interponer una demanda de impugnación y reclamación de paternidad por posesión notoria de calidad de hijo. En este juicio, primero se anula la paternidad del padre biológico ausente en la vida del menor, y luego se reclama la paternidad a favor del padre social. Lo más relevante es que, si se prueba sólidamente la posesión notoria, la verdad social prevalece sobre la prueba de ADN, y el juez fallará a favor del padre social aunque la prueba genética demuestre que el padre ausente es el biológico (Artículo 201 del Código Civil chileno).

Criterio a evaluar Posesión notoria de calidad de hijo Adopción regular (Mejor Niñez / SENAME)
Vínculo previo exigido Exige probar 5 años de crianza y convivencia continua. No exige vínculo previo (generalmente para niños sin familia).
Enfoque del proceso Busca legalizar un vínculo socioafectivo que ya existe en la realidad. Busca crear un vínculo nuevo para un menor susceptible de adopción.
Duración del trámite Vía judicial directa ante Juzgados de Familia (meses). Trámite administrativo y judicial muy extenso (puede tardar años).
Fuerza contra el ADN La posesión notoria probada derrota a la prueba biológica (ADN). No hay conflicto de ADN; se extinguen los vínculos biológicos previos.

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