El presente estudio se enmarca en el contexto sociocultural de la vulnerabilidad que afecta a la población infantil de la región de la Araucanía, una de las zonas más pobres de Chile y con los indicadores educativos más bajos. El propósito principal de esta investigación es explorar el nivel de desarrollo de las competencias socioemocionales y su relación con el rendimiento escolar en este grupo de estudiantes.
Metodología de la Investigación
La muestra para este estudio estuvo conformada por 718 niños y niñas cursando entre 5º y 8º años de educación básica, provenientes de escuelas municipales vulnerables en la provincia de Malleco. La recolección de datos se llevó a cabo mediante la aplicación de dos instrumentos validados:
- La Escala de Resiliencia Escolar (ERE) de Saavedra y Castro (2008).
- El Cuestionario de Adaptación Socioemocional en Escolares, validado en Chile por Mathiesen, Merino, Castro, Mora y Navarro (2011).

Contexto de la Vulnerabilidad y Eficacia Escolar
La investigación desarrollada en ambientes educativos tradicionalmente se ha dirigido a la estimación del impacto que tienen algunas variables en el rendimiento escolar de la población infantil. Específicamente, se ha orientado a la identificación de “factores asociados al aprendizaje escolar”, existiendo tres grandes tradiciones: estudios de los procesos de enseñanza y aprendizaje escolares basados en teorías constructivistas, investigaciones focalizadas en comprender las dinámicas de las escuelas y estudios orientados a la eficacia escolar. La investigación sobre eficacia escolar es la que ha tenido mayor difusión e influencia en la toma de decisiones de políticas educativas en América Latina. Su propósito ha sido identificar los factores o variables que hacen a una escuela eficaz, identificándose dos vertientes: variables de la escuela y variables de origen de los estudiantes (Brunner y Elacqua, 2004).
En la década de 1990, se comenzaron a realizar en Chile investigaciones sobre eficacia escolar en escuelas vulnerables. Entre estas, destaca el estudio regional realizado por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación de la UNESCO (LLECE, 2002) en educación básica. Una de sus conclusiones fue la estimación del peso que adquieren las variables escolares de carácter psicosocial en la explicación de los resultados de los estudiantes. El ambiente socioafectivo de las instituciones escolares es una de estas variables e incorpora el contexto de convivencia escolar y las diferentes dimensiones que lo conforman. Según Cornejo y Redondo (2007), variables como esta podrían denominarse "mediacionales", dado que potencian y facilitan el desarrollo de otras variables.
Uno de los objetivos de los países de Latinoamérica ha sido procurar resolver la inequidad y desigualdad del sistema educativo, dado que entre las escuelas más acomodadas y aquellas de sectores social y económicamente más vulnerables existe una brecha importante. Las condiciones de los contextos más vulnerables exponen a los niños a factores de riesgo que pueden afectar su calidad de vida y funcionamiento psicológico; no obstante, el riesgo potencial relacionado con la pobreza no es inevitable ni irreversible (Morales, 2014).
Chile, al igual que la mayoría de los países de Latinoamérica, ha impulsado diversas políticas públicas orientadas al logro de un desarrollo integral; sin embargo, no existe una clara evidencia de cómo estas han aportado en el desarrollo infantil. La vulnerabilidad es definida en Chile como “una condición dinámica que resulta de la interacción de una multiplicidad de factores de riesgo y protectores, que ocurren en el ciclo vital de un sujeto y que se manifiestan en conductas o hechos de mayor o menor riesgo social, económico, psicológico, cultural, ambiental y/o biológico, produciendo una desventaja comparativa entre sujetos, familias y/o comunidades” (JUNAEB, 2005, p. 14). Una mayor vulnerabilidad implica mayor riesgo.
La vulnerabilidad escolar se mide a través del Índice de Vulnerabilidad Escolar (IVE), el que permite focalizar las políticas gubernamentales. Sin embargo, esta categorización es discutible, dado que se ha verificado una correlación inversa entre el IVE y el rendimiento escolar de los estudiantes (Ganga et al., 2016). No obstante, la investigación de Dueñas et al. (2019) en niños colombianos muestra que un 31.7% de niños de bajo nivel socioeconómico logran un buen desempeño escolar, verificando que no siempre el nivel socioeconómico se relaciona con un cierto nivel de rendimiento.
El Papel de las Habilidades Socioemocionales
Existe evidencia empírica que señala que las emociones positivas pueden frenar o prevenir los efectos negativos derivados de las vivencias de pobreza, actuando como factores protectores (Seligman, 2017). Los factores de protección favorecen el desarrollo de individuos o grupos y, en muchos casos, reducen los efectos de circunstancias desfavorables (González-Arratia, 2016). La vulnerabilidad afecta el rendimiento académico por diferentes factores: contextuales, de salud mental de los padres, la estimulación sensorial y de lenguaje, y características del ambiente físico (Morales, 2014). Según Sameroff et al. (2003), la exposición a factores de riesgo en los primeros años de vida menoscaba el desarrollo emocional, aumentando la probabilidad de desajustes psicológicos. Mientras mayor es el número de factores de riesgo, peor es el desarrollo.
Teniendo presente esta evidencia científica, se diseña este estudio cuyo énfasis está en explorar el impacto de variables no cognitivas o de personalidad en el rendimiento académico. El desafío es abordar factores socioemocionales asociados al aprendizaje. Las variables que se investigan son el potencial de adaptación socioemocional y la capacidad de resiliencia infantil de los estudiantes. La finalidad del estudio es identificar el nivel de desarrollo de ambas variables y su relación con el rendimiento escolar en un grupo de estudiantes vulnerables.
Tradicionalmente, el rendimiento académico ha estado asociado a la capacidad intelectual previa de los alumnos, la cual permite obtener buenas calificaciones. Sin embargo, la evidencia empírica ha demostrado que ser cognitivamente inteligente no es suficiente para garantizar el éxito académico (Fernández-Berrocal et al., 2017). Así lo ha constatado la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en su informe “Competencias para el progreso social”, afirmando que los niños necesitan una dotación equilibrada de habilidades cognitivas, sociales y emocionales para lograr resultados de vida positivos, y, por consiguiente, políticas públicas orientadas a este fin (OECD, 2015).

En los últimos años, se ha desarrollado en Estados Unidos una potente línea de investigación en el área emocional que revela diversos beneficios para los niños. Quienes poseen aspectos positivos de personalidad cuentan con un mejor rendimiento escolar (Berkowitz y Bier, 2005); existe evidencia de que la inteligencia emocional está relacionada con el ajuste socio-escolar del alumnado (Jiménez y López, 2009); el bajo desarrollo de las habilidades de inteligencia emocional afecta a los estudiantes dentro y fuera del contexto escolar (Fernández-Berrocal et al., 2003).
Las investigaciones explican esta influencia desde varias perspectivas: a partir de las características de los alumnos, desde la influencia del sistema educativo, desde la familia y el entorno, entre otros. Según Cartagena (2008), en la medida que el alumno demuestre esfuerzo con guía del profesor, es influenciado por variables individuales, pedagógicas y ambientales de diversa índole que podrían explicar su rendimiento académico. Las acciones del docente impactan los hábitos de estudio de los alumnos. La variable “clima del aula” explica, por sí sola, más variabilidad en los resultados de los alumnos que el conjunto de las demás variables escolares estudiadas (LLECE, 2002).
El impacto de los factores socioafectivos es constante durante el proceso de enseñanza y aprendizaje. Las emociones y relaciones afectan cómo y qué se aprende; la educación resulta de las relaciones que se dan y las relaciones son, por definición, emocionales (Casassus, 2015). Un estrés no manejado, una pobre regulación de los impulsos o la incapacidad para regular emociones pueden interferir en la atención y en la memoria, contribuyendo a comportamientos que perjudican el aprendizaje (Mena et al., 2009).
Definición y Componentes de las Habilidades Socioemocionales
Las habilidades socioemocionales son una serie de herramientas intrapersonales e interpersonales que tienen como función la adaptación al entorno y que facilitan el desarrollo personal, la relación social adecuada, el aprendizaje y el bienestar. Estas habilidades son esenciales para la adaptación escolar y conforman el potencial de adaptación socioemocional que se evalúa en este estudio. Se opta por este concepto dado que existe un instrumento normativizado que lo evalúa, ya que, como lo han señalado Vieira-Santos et al. (2018), son pocos los instrumentos de habilidades socioemocionales validados en cada país.
En este instrumento, la dimensión afectiva se relaciona con las representaciones que la persona hace de sí misma. Las habilidades emocionales guardan una relación importante con el rendimiento académico y el clima escolar (Ros-Morente et al., 2017). El segundo componente, la dimensión social, tiene influencia en las nociones que cada persona tiene de los otros, influyendo en la relación interpersonal que establezca. Se consideran como un factor de protección y promoción de la salud (Carrillo, 2015); son consideradas como herramientas para resolver conflictos, situaciones o tareas de tipo social (Trianes et al., 2007).
Betina (2010) considera a las habilidades sociales importantes para el desarrollo de las fortalezas psíquicas del niño, la construcción de su autoestima, la adopción de roles sociales, la autorregulación y el rendimiento académico. Betina et al. (2009) señalan que en contextos de pobreza se vivencian estímulos estresantes (sociales y económicos), generando que el sistema de reproducción de las habilidades sociales se desarrolle inadecuadamente respecto al resto de la sociedad. Delgado et al. (2012) reconocen que la pertenencia a un determinado contexto, por ejemplo, el de pobreza, predispone a las personas a adquirir y desarrollar habilidades sociales válidas solo en ese contexto, pero inadecuadas para otros. Sin embargo, el estudio de Reyna y Brussino (2015) en niños de primaria no comprueba un impacto de condiciones económicas adversas sobre el comportamiento social. La evidencia científica al respecto es variada.
Las habilidades socioemocionales presentan relaciones significativas con medidas de inteligencia.
Componentes Clave de las Habilidades Socioemocionales
Las habilidades socioemocionales son definidas como aquellas conductas aprendidas que llevamos a cabo cuando interactuamos con otras personas y que nos son útiles para expresar nuestros sentimientos, actitudes, opiniones y defender nuestros derechos. Las habilidades básicas son relativamente simples, pero fundamentales para poder adquirir habilidades más complejas. Entre ellas se pueden destacar:
- Escuchar: Prestar atención activa a lo que otra persona dice.
- Mantener una conversación: Participar de forma fluida y coherente en un diálogo.
- Asertividad: Expresar opiniones y necesidades de forma clara y respetuosa.
- Dar las gracias: Mostrar gratitud y aprecio.
- Presentarse: Saber cómo iniciar una interacción social.
Se pueden trabajar a cualquier edad, sin embargo, es durante la infancia que resulta más productivo adquirirlas, ya que resulta más sencillo automatizar conductas y adquirir nuevos conocimientos. Además del entorno familiar, la escuela ejerce un gran peso en la conducta y personalidad del individuo, siendo un lugar donde se pueden poner en práctica estas habilidades, especialmente interactuando con otros compañeros.
No adquirir habilidades socioemocionales como el autocontrol, la comunicación asertiva, la resolución de conflictos o la empatía puede ser un problema para el individuo en su vida adulta.
Enumeración de Habilidades Socioemocionales Fundamentales:
- Autoconocimiento: Capacidad de conocerse a uno mismo, tanto en lo cognitivo como en lo emocional.
- Tenacidad o perseverancia: Capacidad para seguir trabajando en la consecución de una meta a medio o largo plazo.
- Conciencia social: Comprensión de que los demás también sienten y capacidad para adoptar perspectivas diferentes al interactuar con ellos.
- Colaboración: Capacidad de coordinarse con los demás para conseguir un objetivo en común, beneficioso para todos.
- Empatía: Capacidad para ponerse en el lugar de los demás y sincronizarse con sus emociones.
- Autogestión emocional: Capacidad de identificar nuestras emociones y utilizarlas como impulsores para llegar a un objetivo.
- Toma de decisiones: Habilidad para elegir el camino correcto, considerando riesgos y beneficios.
- Comunicación asertiva: Aprender a comunicar lo que queremos decir sin tapujos.
- Relacionabilidad: Habilidad para presentarse, hablar con los demás e interactuar de forma amistosa, siendo un individuo socialmente ajustado.
Comunicación ASERTIVA para niños 😠🗣️ RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS para niños 🤝
Resultados del Estudio
Los resultados obtenidos en este estudio revelan un buen nivel de desarrollo del potencial de adaptación socioemocional y de resiliencia en los niños evaluados. Se observó una correlación positiva entre estas variables y el rendimiento escolar. El buen nivel de las variables socioemocionales en los estudiantes denota un factor protector de la salud mental, un recurso para compensar los efectos de la vulnerabilidad y un potencial a ser utilizado para mejorar el rendimiento académico.
Históricamente, las habilidades duras (conocimiento amplio) eran consideradas las únicas funcionales tanto en áreas académicas como laborales. Sin embargo, las habilidades socioemocionales son también un factor protector de la salud mental, pues mejoran la autoestima, promueven la empatía y el buen trato con los demás.
La construcción de las habilidades socioemocionales comienza desde la infancia, siendo el colegio y la familia los primeros escenarios donde las personas deben entrar en contacto con las herramientas para desarrollarlas. La relevancia de la enseñanza de estas habilidades en la etapa escolar es crucial, ya que definen aspectos clave de la vida como el desempeño en entrevistas de trabajo, la puntualidad y la capacidad de mantener relaciones sanas.
La cognición y la emoción no son mundos aparte; lograr que los niños y niñas tengan una carga afectiva o emocional positiva frente a determinado aprendizaje hace que este sea mucho más efectivo. Las habilidades socioemocionales no solo tienen efectos positivos en la etapa escolar, sino que también son determinantes para mitigar barreras en las trayectorias educativas y profesionales de las personas.
La infancia y la adolescencia son periodos trascendentales para el aprendizaje y desarrollo de las habilidades socioemocionales. En la familia, las acciones cotidianas se convierten en prácticas formativas; el ejemplo es una forma poderosa de educación. Programas enfocados en el desarrollo psicoactivo, la educación emocional y la promoción de la resiliencia en la infancia y adolescencia han demostrado ser efectivos en el cambio de conductas, abriendo paso al diálogo y a una mejor comunicación familiar.
Las habilidades blandas son altamente valoradas en el mundo laboral, aportando un carácter diferencial en los equipos de trabajo y favoreciendo no solo el ingreso sino también el sostenimiento y crecimiento en los puestos de trabajo. En personas con discapacidad, el impacto y las posibilidades de desarrollar estas competencias son las mismas que en el resto de la población.
El mundo laboral, con sus características de competitividad, transformación y digitalización, requiere cada vez más personas con altas competencias socioemocionales. En Colombia, a pesar de un déficit en estas habilidades, se trabaja en potenciarlas de manera integral, involucrando a la persona, la familia, la escuela y la sociedad en general.
Es importante centrarse en potenciar las habilidades socioemocionales durante la infancia. La educación debe enfocarse en la adaptación social del individuo, fomentando su integración en la sociedad, la interacción con los demás, y el desarrollo de diversas maneras de sentir, pensar y actuar. Habilidades como la empatía y la colaboración deben tener cierta prioridad, especialmente en preescolar y los primeros años de primaria.
La educación socioemocional en la escuela no solo mejora el ambiente en el aula, sino que también genera niños más felices, con más ganas de aprender, con mejores actitudes y expectativas más altas para sus vidas. Un estudio sobre la mentalidad de crecimiento atenúa los efectos de la pobreza en el logro académico, indicando que un niño en contexto vulnerable tiene el doble de posibilidades de tener pensamientos de mentalidad fija.
El desarrollo de la educación socioemocional puede ser explícito, a través de clases específicas, o implícito, mediante metodologías como el aprendizaje basado en proyectos. Si bien es más fácil y proactivo intervenir en edades tempranas, la educación socioemocional no tiene límite de edad y puede ser aprendida por adultos.
La implementación de la educación socioemocional en la escuela, especialmente en aquellas en contexto de vulnerabilidad, es cada vez más relevante. Esto no solo genera cambios positivos para los estudiantes, sino que también construye un espacio de amor y apoyo para los docentes, permitiéndoles aplicar una docencia cariñosa y basada en el vínculo.

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