Parálisis facial en adultos mayores: diagnóstico, causas y opciones de tratamiento

La parálisis facial es una condición que ocurre debido a un trastorno del nervio facial, donde los músculos encargados de la movilidad y expresión de la cara se paralizan. Existen diferentes causas de por qué se produce, entre ellas: traumáticas, tumorales, infecciosas e idiopática. Su manejo requiere un enfoque integral que combine medidas oftalmológicas, terapias farmacológicas y, cuando corresponde, intervenciones quirúrgicas. A continuación se detallan los aspectos clave para entender y tratar la parálisis facial en la población de edad avanzada, utilizando la información contenida en el material de referencia.

¿Qué es la parálisis facial y cuáles son sus manifestaciones principales?

La parálisis facial periférica es una neuropatía que cursa con denervación del tronco del nervio facial en su trayecto desde la salida del tronco cerebral hasta sus ramas en la cara. En reposo, el surco nasogeniano suele borrarse en el lado afectado y la boca se desvía hacia el lado sano. Hay dificultad para cerrar el ojo del lado paralizado, con migración del globo ocular hacia arriba y ligeramente hacia dentro (signo de Bell); el párpado inferior puede caer y evertirse (lagofalmos). La afectación motora puede acompañarse de alteraciones de secreción lagrimal y salival, y de la sensibilidad gustativa. La parálisis puede ser total o parcial, con diferente afectación de ramas faciales.

Principales causas y criterios diagnósticos

  • Parálisis de Bell (idiopática) como la forma más frecuente de parálisis facial periférica.
  • Otras causas: secuelas del tratamiento del neurinoma del VIII par, cáncer de cabeza y cuello, iatrogenias, zóster ótico y traumatismos.
  • Parálisis central vs. periférica: la central afecta principalmente la musculatura de la mímica facial inferior y suele conservar frontales y párpados; la periférica afecta todas las ramas del nervio.
  • La progresión, la distribución de la afectación y la presencia de dolor, fiebre, antecedentes y hallazgos oftalmológicos orientan el diagnóstico y la necesidad de pruebas de imagen o de neurofisiología.

Abordaje en urgencias y valoración inicial

La anamnesis debe orientar sobre el modo de inicio (brusco o progresivo) y la presencia de episodios previos, infecciones recientes, antecedentes oncológicos, vasculares o de coagulación. La exploración evalúa el grado de parálisis, el cierre ocular, la sensibilidad corneal y la presencia de signos de Bell. Si hay signos de afectación central, se requieren pruebas de imagen y evaluación de otros pares craneales.

Tratamiento de la parálisis de Bell (idiopática) en adultos mayores

El tratamiento se apoya principalmente en corticoides, con pautas que recomiendan iniciar en las primeras 72 h desde el inicio de la parálisis. Dos pautas comunes son:

  1. Prednisona 50 mg durante 10 días, o
  2. Prednisola 60 mg durante 5 días con descenso de 10 mg/día durante los 5 días siguientes, comenzando dentro de las 72 h.

Una pauta práctica es 1 mg/kg/día durante 5 días, con reducción progresiva hasta cero. Se recomienda protección gástrica durante el tratamiento. Los corticoides deben usarse con precaución en pacientes con diabetes, úlcera gástrica/duodenal, hipertensión mal controlada, insuficiencia renal, enfermedad hepática, glaucoma, embarazo, traumatismo craneal reciente o enfermedad psiquiátrica.

Antivirales y otros enfoques terapéuticos

El uso de antivirales en la parálisis de Bell es controvertido y no se recomienda de forma rutinaria. En casos de parálisis por herpes zóster pueden emplearse antiviral y corticoides, especialmente cuando hay dolor intenso o cuando la clínica sugiere herpes zóster, incluso sin vesículas (zóster sine herpete). En todos los casos debe acompañarse de corticoides.

Cuidados oculares y rehabilitación

Los cuidados del ojo son esenciales para prevenir queratopatía por exposición: lágrimas artificiales, oclusión nocturna y, en algunos casos, blefaroplastía o suturas palpebrales en casos graves. El cierre ocular debe proteger la córnea; el párpado inferior puede requerir medidas especiales como cintas adhesivas o dispositivos para mantener la humectación.

Cuándo consultar con oftalmología

La oftalmología es especialmente necesaria en parálisis completas o definitivas, para evitar complicaciones oculares graves. La supervisión oftalmológica se recomienda inmediatamente ante dolor ocular, cambios de sensibilidad o signos de queratopatía.

Cuándo considerar parálisis central y necesidad de pruebas de imagen

La parálisis central suele afectar la musculatura inferior de la cara y no suele involucrar frontal o párpados de manera significativa. Si la parálisis facial es progresiva, bilateral, o no presenta recuperación en meses, o hay dolor persistente facial con antecedentes oncológicos, se deben realizar pruebas de imagen para descartar tumores.

Reparación y opciones quirúrgicas cuando corresponde

Más de 2 años de evolución de la parálisis: suele haber atrofia irreversible del músculo, por lo que se evalúa una nueva unidad muscular para restituir el movimiento. Opciones dinámicas incluyen transferencia de nervios (si la parálisis no ha pasado de 2 años) o trasplante muscular (p. ej., gracilis) para restaurar la sonrisa. En menos de 2 años la reinnervación puede ser posible si la musculatura está viable.

Tecnologías y técnicas estáticas vs. dinámicas

  • Técnicas estáticas: pexia de la ceja, lifting frontal, pesa de oro para ayudar al cierre ocular y blefaroplastía.
  • Técnicas dinámicas: rehabilitación facial para recuperar movimiento, y uso de transferencias nerviosas o injertos musculares para restaurar la sonrisa.

Prognóstico general

Los resultados tras una reanimación facial suelen ser buenos y predecibles, especialmente cuando se realizan dentro de las ventanas adecuadas de tiempo y con planificación individualizada. En la parálisis de Bell idiopática, la resolución completa es común dentro de semanas a meses; en casos con parálisis total, el pronóstico depende de la recuperación y posibles intervenciones reconstructivas.

Resumen y consideraciones prácticas

La parálisis de Bell es la forma más común de parálisis facial, pero no todas las parálisis faciales son Bell. Las causas varían y requieren abordajes específicos. La guía de manejo enfatiza recomendaciones prácticas para tratamiento y seguimiento, con énfasis en el cuidado ocular y la protección de la función facial. La evolución y el manejo dependen de la edad, la evolución temporal y las comorbilidades del paciente, especialmente en adultos mayores.

Infografía: Diferencias entre parálisis facial periférica y central

La parálisis facial en adultos mayores puede requerir abordajes combinados: farmacológicos, quirúrgicos y rehabilitadores, con especial atención a la protección ocular y a la reinervación muscular cuando sea posible. En casos complejos, la consulta multidisciplinaria y la evaluación por otorrinolaringología, oftalmología y neurofisiología facilitan un manejo adecuado y personalizado.

Parálisis Facial - Dr. Alejandro Calvo, Neurólogo

Enfoques complementarios deben ser discutidos con el equipo médico, ya que la evidencia de terapias alternativas, como acupuntura o vitaminas, es limitada. El seguimiento debe incluir revisión a las 3 semanas para evaluar evolución y ajustar el plan de tratamiento. Las palabras clave relevantes para este tema abarcan parálisis facial, Bell, parálisis de Bell, nervio facial, rehabilitación facial, protección ocular, tratamiento con corticoides, antiviral, cirugía reconstructiva, transferencia nerviosa, injerto muscular, rehabilitación, oftalmología, otorrinolaringología, diagnóstico, etiología.

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