La crisis del Servicio Nacional de Menores (SENAME) ha sido abordada por distintas disciplinas y voces expertas que desde la historia, la psicología, la sociología y la economía buscan comprender sus raíces y proponer salidas. La académica Ximena Illanes y el doctorante Miguel Morales, ambos vinculados a la UC, propusieron en El Mercurio una columna que enfatiza la necesidad de otorgar una perspectiva histórica a la crisis para situar las políticas de protección en su contexto temporal y social. Este enfoque busca entender cómo la infancia vulnerable ha sido tratada a lo largo de la historia y qué lecciones pueden servir para las estrategias actuales.
Una lectura histórica de la infancia vulnerable y de las instituciones de acogida
Illanes y Morales enumeran una serie de hechos históricos que permiten vislumbrar la temática de la infancia vulnerable, desde la Edad Media hasta contextos modernos, para reflexionar sobre la realidad actual del SENAME. Explican que, “a fines de la Edad Media, diferentes instituciones de asistencia se especializaron en acoger a miles de criaturas abandonadas en los espacios urbanos; uno de los casos estudiados es la Barcelona del siglo XV”. “Las pequeñas cartas, ropas y abrigos, medallas partidas por la mitad y señales de identificación, reflectaron un doloroso proceso de separación momentánea o definitiva”, señalan los historiadores. Abordan también el caso de Chile y señalan que la historia institucional dificulta la creación de lazos afectivos y la integración a la comunidad, con registros que mencionan historias de maltratos y abusos.
Por ello, para estos autores, las investigaciones históricas permiten reflexionar sobre la realidad actual del SENAME y el lugar que estas instituciones han tenido en las sociedades que las han construido. Recalcan que el uso del concepto de abandono en casos históricos podría promover “la invisibilización de la precariedad y desigualdad social de los niños, niñas y sus familias, que son usuarios de este sistema”. Más allá de las evidencias concretas, sugieren que las estrategias futuras deben relacionarse con “la conservación de los vínculos existentes, ya sea haciendo partícipes a sus familias cuando sea posible, o a través del diverso personal que convive diariamente con los niños y niñas”.
La autonomía, la protección y la mirada de derechos en el siglo XXI
Illanes y Morales plantean dos objetivos de los hospitales bajomedievales que acogían a menores abandonados como marco de reflexión: sobrevivir en sus primeros años y comprender la vulnerabilidad como espejo de la sociedad. Preguntan, entonces, “¿Cuáles son las estrategias del siglo XXI? ¿En qué ha cambiado la relación de la sociedad con la infancia del ayer y la de nuestro presente?” y sostienen que, si bien existen estudios históricos sobre la infancia que permiten situar al SENAME en un marco temporal, las instituciones deberían desempeñar un papel que vaya más allá de la simple protección de derechos, ofreciendo una mirada de la infancia como parte integrante de la construcción social.
Abandono, vigilancia y respuestas institucionales: la crónica de la crisis
Diversos medios y expertos señalan que el término “Niños del SENAME” a veces se usa para describir una prestación recibida de la institucionalidad estatal que puede coartar la autonomía de los menores. Este fenómeno se analiza como una cuestión de fondo: la lógica del sistema tutelar y su relación con la cultura de infancia vulnerable. En este marco, el artículo de Illanes y Morales se ubica en la discusión sobre autonomía y responsabilidad compartida entre familias, comunidades y servicios sociales, destacando que la autonomía no reside solo en normas, sino en la capacidad real de las familias para afrontar problemáticas mediante recursos adecuados.
La columna sitúa el objetivo de entender la protección de la infancia vulnerada en una dinámica de 25 años desde la ratificación de la Convención, subrayando que la autonomía y la corresponsabilidad requieren creer efectivamente en los recursos de las familias y en su capacidad de cambio. Señala que “todos los días vemos casos de niños, niñas y adolescentes junto a sus familias que, con apoyo de nuestros programas, han podido transformar sus vidas”.
Casos, cifras y verdades que exigen acción
La información y los testimonios recogidos en distintos informes señalan una realidad inquietante: el Estado de Chile viola sistemáticamente los derechos de los niños bajo tutela. Un lapidario informe de la PDI, solicitado en 2017 y que abarcó 240 hogares de menores, concluyó que en el 100% de los centros administrados directamente por el SENAME y en el 88% de los gestionados por particulares se constataron abusos y vulneraciones, con 2.071 casos en total y 310 con connotación sexual. Este informe, que culminó en 257 páginas, se vincula a una investigación de la PDI iniciada tras la muerte de Lissette Villa y a un contexto de denuncias y discusiones parlamentarias sobre la magnitud de la violencia institucional.
El informe de la PDI, que superpone el trabajo de una Fuerza de Tarea especial para indagar las 1.313 muertes registradas entre 2005 y 2016, revela que la mayoría de maltratos ocurrieron en CIP y CRC, y que un porcentaje significativo de centros no contaba con protocolos mínimos, ni con personal capacitado para salud mental, manejo de crisis o administración de fármacos. En ese marco, surgen críticas sobre la supervisión estatal y la efectividad de las intervenciones, así como llamados a reformas estructurales y a la finalización del SENAME para avanzar hacia un nuevo modelo de protección infantil con mayor enfoque en la familia y los derechos de la infancia.
La muerte de Lissette Villa en 2016, ocurrida en el Centro Galvarino y ampliamente discutida por medios y expertos, ejemplifica las deficiencias del sistema: contención inadecuada, falta de atención médica oportuna y protocolos desalineados con estándares internacionales. Diversos actores -abogados, psiquiatras, jueces y autoridades- han señalado que el abordaje actual debe centrarse en una tríada de pilares: manejo psiquiátrico y sanitario adecuado, apoyo a la familia para la reinserción y vigilancia estricta de los centros por parte de las autoridades judiciales y administrativas.
Desafíos de salud y medidas urgentes
Entre los hallazgos destacan altas fragilidades en salud mental: un 37,3% de residentes con trastornos psiquiátricos, y un conjunto de patologías médicas y discapacidades. Se detectó que en muchos centros el personal encargado de salud no tenía la formación necesaria, y que la administración de fármacos se realizaba sin controles adecuados. La evidencia sugiere que el sistema requiere unidades polivalentes, con personal capacitado, coordinación con familias y salvaguarda de derechos para evitar abusos, negligencias y sobre medicación.
La conversación pública ha pedido transiciones institucionales, mayor defensa jurídica para los menores y un plan de acción que priorice la reunificación familiar cuando sea posible, sin perder la necesidad de proteger a los menores de entornos dañinos. En ese sentido, se plantea que el objetivo de mediano plazo es el cierre del SENAME y la implementación de un servicio nuevo con una mirada integral de infancia, que mantenga intactos los derechos de los niños y facilite su desarrollo y participación en la sociedad.
Experiencias y testimonios como motor de cambio
La cobertura de casos como el de Guillermina, una joven de 16 años fallecida en un centro del SENAME, subraya la necesidad de una mejora urgente en protocolos, atención médica, primeros auxilios y calidad de los informes para las decisiones judiciales. El testimonio de trabajadores sociales, psiquiatras y juristas ha sido clave para evidenciar que, sin una mejora estructural, la proteja de la infancia vulnerada seguirá siendo insuficiente. En una experiencia de transformación social ligada a la BEF, talleres de oralidad, escritura e ilustración han permitido a jóvenes compartir sus historias y entregar una mirada crítica sobre el sistema, lo que se percibe como un aporte para entender y cambiar la realidad descrita en los informes.
Miradas de esperanza y responsabilidades compartidas
Diversos actores señalan la necesidad de unidades polivalentes, con intervención psico-social y acompañamiento a familias; una defensa jurídica adecuada que proteja a los menores ante eventuales abusos; y una revisión de las prácticas institucionales para que las decisiones sobre internamiento no se conviertan en soluciones simplistas ante problemáticas complejas. Además, se propone un tránsito controlado hacia un nuevo servicio que priorice derechos, protección y reintegración familiar, además de garantizar la atención especializada y continua necesaria para cada caso.

Reportajes 24: Sename, el infierno infantil | 24 Horas TVN Chile
- Abusos y vulneraciones documentados en residencias del SENAME (PDI, 2017)
- 1.313 muertes en centros del SENAME entre 2005 y 2016
- Necesidad de protocolos mínimos y personal capacitado en salud mental
- Debate público y político sobre cierre del SENAME y creación de un nuevo servicio
En síntesis, la discusión actual sobre los “Niños del SENAME” debe combinar una lectura histórica con una revisión crítica de las prácticas actuales, para diseñar una protección infantil que sea efectiva, digna y orientada a la reintegración familiar, sin perder de vista las necesidades de salud, seguridad y derechos de cada niño o niña.