Nutrición Esencial para la Salud en la Vejez

La Importancia Vital de la Nutrición en la Tercera Edad

Con el incremento de la esperanza de vida, el deseo de mantener una buena salud, funcionalidad y una máxima calidad de vida en edades avanzadas constituye una prioridad para las personas mayores. Aunque la genética es un determinante de esta expectativa de vida, existen otros factores extrínsecos directamente implicados en la calidad de vida del anciano, entre los que cabe destacar la alimentación.

La dieta y el estado nutricional tienen gran influencia, particularmente en la prevención o tratamiento de diversas enfermedades que afectan a este grupo, uno de los más heterogéneos y vulnerables de la población de los países desarrollados con un mayor riesgo de sufrir desequilibrios, carencias y problemas nutricionales.

La mejora de las condiciones socioeconómicas en la mayor parte de los países europeos ha contribuido a una mejor calidad de vida y, como consecuencia, a mayor esperanza de vida en su población. En España, las personas de 65 años o más suman millones, y se proyecta un aumento considerable. En Chile, según el Censo del año 2017, el 16,2% de la población tiene 60 años o más, de los cuales el 55,7% son mujeres y el 44,3% hombres. Estas cifras demuestran la importancia de las investigaciones sobre el envejecimiento desde el punto de vista de la salud y de la economía.

El cuidado de la salud de los ancianos no consiste sólo en un eficaz tratamiento de sus enfermedades sino que incluye también la prevención de aquellas en cuya base radica la alimentación, ya que una nutrición adecuada es eficaz, no sólo para prolongar la vida, sino también la calidad de la misma.

Esquema de la pirámide alimenticia adaptada para personas mayores

Factores que Condicionan el Estado Nutricional del Anciano

El colectivo de personas ancianas está considerado como uno de los grupos más heterogéneos y vulnerables de la población con un mayor riesgo de sufrir desequilibrios, carencias y problemas nutricionales. Las mermas o alteraciones biológicas, psíquicas y sociales repercuten en gran manera en las actividades de la vida diaria y en la capacidad para alimentarse y nutrirse; a la vez, estas mermas se potencian unas a otras con suma facilidad. Por este motivo, ante un posible riesgo de malnutrición, es fundamental un análisis global de los distintos factores.

Cambios en la Composición Corporal

Uno de los cambios más importantes que acompañan a la edad es la disminución en la masa magra metabólicamente activa, causada especialmente por pérdida de masa muscular (sarcopenia) y de células de diferentes órganos y tejidos. Esto genera un menor gasto metabólico basal y, en consecuencia, menores necesidades de energía, comprometiendo la ingesta de alimentos y, por tanto, la de energía y nutrientes. La reducción de la masa muscular afecta a la movilidad, aumenta el riesgo de caídas y modifica negativamente la capacidad funcional, además de indicar una pérdida de reservas de proteína, con mayor riesgo de malnutrición y de disfunción del sistema inmune.

La reducción de la masa magra se acompaña de un incremento de la grasa corporal que puede aumentar el riesgo de diabetes. La distribución de la grasa también cambia, el tejido adiposo tiende a acumularse en la región abdominal y se reduce la grasa subcutánea. Los huesos también se ven afectados, produciéndose una disminución de la densidad ósea, en mayor medida en las mujeres, aumentando el riesgo de fracturas.

Implicaciones de la Composición Corporal en la Supervivencia

La composición corporal en la supervivencia del anciano debe contemplarse desde dos vertientes. Por un lado, existe una clara evidencia de la relación entre obesidad y enfermedad cardiovascular (ECV) y cáncer, que son las principales causas de mortalidad en los países industrializados. Es conveniente controlar la alimentación de los ancianos con objeto de evitar el sobrepeso y la obesidad, pero las restricciones calóricas para la pérdida de peso deben ser cuidadosas para no comprometer la ingestión adecuada de nutrientes. Por otro lado, la pérdida de masa magra, tanto del tejido muscular como del tejido óseo, conlleva otra serie de riesgos para la salud.

La pérdida de masa muscular parece inevitable en el proceso de envejecimiento, lo que conlleva un cambio en los requerimientos de aminoácidos y una reducción de la concentración de seroalbúmina. La pérdida de masa ósea es una consecuencia universal e inevitable del proceso de envejecimiento, aunque en las mujeres se acelera con la menopausia. La consecuencia más directa es la aparición de osteoporosis, principal causa de fractura de cadera, que impacta significativamente en la calidad de vida.

Las implicaciones nutricionales relacionadas con la modificación de la composición corporal en el anciano son principalmente dos:

  • Las recomendaciones deben ir dirigidas a un control sobre el consumo excesivo de energía que, unido al menor gasto energético debido a la disminución de la tasa metabólica basal y de la actividad física, podrían conducir a situaciones de sobrepeso y obesidad.
  • La insistencia sobre el consumo adecuado de calcio y la realización de deporte como únicas medidas de prevención de la pérdida de masa ósea desde la juventud.

Condicionantes Biológicos y Fisiológicos

En el proceso de envejecimiento coexisten una serie de factores que pueden favorecer las alteraciones en la apetencia por los alimentos y en el proceso de digestión, dificultando la capacidad de nutrirse adecuadamente:

  • Disminución sensorial: Paulatinamente se produce una disminución de la percepción sensorial que puede afectar al olfato, a la vista y al gusto, sentidos que intervienen como estímulos de la apetencia. Se observa una mayor apetencia por los sabores dulces o salados y una disminución de la capacidad para identificar olores agradables.
  • Modificaciones buco-dentales: Con la edad, la integridad de las piezas dentales y su inserción en los alvéolos maxilares se dañan. El envejecimiento conlleva una disminución en la secreción de los jugos digestivos y de la saliva, provocando a menudo la sensación de sequedad de boca. La pérdida progresiva de piezas dentales o prótesis mal ajustadas también generan molestias y dificultan la masticación.
  • Alteraciones digestivas: El tránsito intestinal y las digestiones se ralentizan con los años, haciendo frecuentes los problemas de estreñimiento o de diarrea.

Otros Factores Psicosociales y de Estilo de Vida

Diversos estudios han puesto de manifiesto el riesgo de ingestas inadecuadas y de malnutrición proteico-energética, aumentando la vulnerabilidad a otras enfermedades. Especialmente, el 30% de las personas mayores ve muy mermado su apetito y el deseo de comer, fenómeno conocido como anorexia del anciano. Esta disminución del apetito contribuye a intensificar la sarcopenia. Además, las patologías de mayor incidencia en la edad avanzada son las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las enfermedades del sistema respiratorio, acompañadas de otras como la osteoporosis, la depresión o las enfermedades neurodegenerativas.

Muchos ancianos tienen problemas de movilidad y ese es uno de los motivos por los cuales no desean comer. Moverse es doloroso, no se encuentran cómodos y, en algunos casos, no permiten que se les suministre el alimento. La fatiga de comer solo o la dificultad para cocinar también pueden ser barreras para una nutrición adecuada.

Envejecimiento alteracion estado nutricional

Recomendaciones Dietéticas y Necesidades Nutricionales Específicas

A medida que envejecemos, nuestro cuerpo experimenta cambios que afectan la forma en que procesamos y utilizamos los nutrientes. Aunque cada ser es un mundo, los expertos sostienen que, a partir de los 65 años, y fruto del menor gasto energético, se requiere un menor aporte calórico, pero con la misma cantidad de nutrientes. Es decir, los menús deben ser más densos nutricionalmente para cubrir las necesidades con menos calorías. Por ello, conviene revisar los hábitos alimentarios para adaptarlos a las nuevas necesidades biológicas y a los hábitos de vida de cada cual, partiendo de la premisa de que hay que tomar una gran variedad y no una gran cantidad de alimentos.

Adaptación de la Dieta al Envejecimiento

Para una distribución adecuada de energía y nutrientes, el 55%-60% de la energía debe proporcionarse por los hidratos de carbono (cereales, pasta, arroz…), menos del 30% por las grasas y el 15% por las proteínas. La nutrición adecuada puede preservar la masa muscular, el sistema inmunológico y la función cognitiva, además de revertir o retrasar muchos de los cambios asociados al proceso de envejecimiento.

Nutrientes Clave para el Adulto Mayor

  • Proteínas: La masa muscular tiende a disminuir con la edad, por lo que una ingesta adecuada de proteínas es crucial para prevenir la debilidad y las caídas. Las personas mayores deberían consumir fuentes de proteína magra como pollo, pescado, huevos, legumbres y tofu. Se considera que cada comida importante (almuerzo o cena) puede incluir 20-30 g de proteína.
  • Calcio y Vitamina D: Estos nutrientes contribuyen a la salud ósea y reducen el riesgo de fracturas. Diversas investigaciones han constatado que los ancianos españoles tienen menos concentración de vitamina D que los de los países nórdicos. Con la edad, la piel sintetiza hasta un 25% menos de vitamina D, por lo que hay más necesidad de exponerse al sol, de comer pescado azul o de tomar suplementos, ya que la falta de esta vitamina afecta a la absorción del calcio.
  • Vitamina B12: El envejecimiento puede reducir la capacidad del cuerpo para absorber vitamina B12, que contribuye a la energía y la salud nerviosa.
  • Fibra: La fibra favorece una digestión regular y ayuda a prevenir el estreñimiento y las enfermedades cardíacas. Geriatras y nutricionistas aconsejan tomar entre 25 y 30 gramos de fibra al día combinando fibra insoluble (cereales integrales) y soluble (la de frutas y verduras). Con los años también hay que incorporar a la dieta más alimentos con fibra y más líquidos.
  • Líquidos: La deshidratación es un problema común en las personas mayores debido a la disminución de la sensación de sed. Se recomienda entre 30 y 35 mililitros de líquido por kilo de peso (una media de dos litros y medio de líquido, preferentemente agua) diariamente. Algunas personas pierden la capacidad de sentir sed a medida que envejecen.
  • Grasas saludables: Preferir alimentos bajos en colesterol y grasas, evitando especialmente las saturadas (origen animal) y trans (procesadas). Esto ayuda a controlar la presión arterial y favorece la salud cardíaca.
Tabla con el contenido nutricional de alimentos ricos en proteínas y fibra

Estrategias Prácticas para una Alimentación Saludable

Satisfacer estas necesidades nutricionales no tiene por qué ser complicado. Es importante prestar atención a cuándo el cuerpo indica saciedad o hambre. Algunas técnicas culinarias como el marinado, el adobado o el encurtido pueden ayudar a diversificar la dieta porque reblandecen las fibras de los alimentos, facilitan la masticación y además incrementan el sabor, lo que puede ayudar a estimular el apetito.

  • Elija alimentos repletos de nutrientes sin añadir calorías innecesarias.
  • Cada comida debe incluir una variedad de grupos de alimentos.
  • Cocinar comidas en grandes cantidades y congelar porciones facilita una alimentación saludable.
  • Se debe tomar una gran variedad y no una gran cantidad de alimentos.
  • Repartir la comida en cinco o más ingestas (desayuno, sobredesayuno ligero, comida, merienda, cena y recena ligera) para no tomar grandes cantidades en las comidas principales y facilitar la digestión. Lo ideal es tomar el 25% de la ración diaria en el desayuno, el 5% en el sobredesayuno, el 35-40% en la comida, 5-10% en la merienda, un 20-25% en la cena y un máximo del 5% si hay recena.
  • Incluir 2-3 piezas de fruta al día por sus vitaminas y contenido en agua.
  • Incluir 1-2 raciones de verduras en el almuerzo y cena por sus minerales y agua.
  • Reemplace las carnes rojas por legumbres, carne vegetal, huevos, jurel, atún o salmón en conserva. Al comprar carne, elija la que tiene menos grasa.
  • Aumente el consumo de alimentos ricos en fibra, como legumbres, frutas y verduras crudas, pan y cereales integrales.
  • Si toma bebidas alcohólicas, disminuya su consumo a no más de una copa de vino tinto al día.
  • Coma lento, mastique bien.
  • Cuidar la ingesta de sal y azúcar.
  • Moderar el consumo de café, alcohol y bebidas estimulantes.
  • Acostumbrarle a beber líquidos entre comidas.
  • Las comidas deben ser ligeras.
  • El ambiente a la hora de las comidas debe ser agradable y armonioso.

Consideraciones para el Anciano Postrado o con Dificultades

Cuando la persona no puede masticar o tragar adecuadamente, es necesario procesar los alimentos que contienen los nutrientes que necesita: proteínas, vitaminas, minerales. Si tiene problemas para masticar, coma la carne molida y las verduras y frutas ralladas o cocidas. En muchas residencias de ancianos se apuesta por los alimentos texturizados para facilitar la deglución. La desnutrición es muy peligrosa en la tercera edad, por lo que es vital que, si el paciente no puede comer solo o tiene dificultad, se le asista adecuadamente. Es importante que, si hay enfermeras, controlen el peso del paciente mayor de forma regular. Si una enfermedad le dificulta cocinar o alimentarse, consulte a su profesional de la salud. Si está cansado de comer solo, intente organizar algunas comidas caseras o cocinar con un amigo.

La Malnutrición en la Tercera Edad: Un Riesgo Latente

Pocas personas saben que la desnutrición en la tercera edad es muy peligrosa, y que las estadísticas muestran datos alarmantes. En la práctica, uno de cada 12 adultos mayores de 60 años padece malnutrición crónica y uno de cada dos pacientes mayores de 75 años que ingresa en un hospital, por diversas causas, se encuentra desnutrido. Un estado nutricional alterado constituye un factor de riesgo, que se asocia a numerosas enfermedades crónicas y deteriora el pronóstico en patologías agudas. Paralelamente, en Chile, más de la mitad de las personas mayores de 60 años que se controlan en consultorios del sistema público de salud, tienen problemas de sobrepeso u obesidad, lo que demuestra que la malnutrición puede ser tanto por deficiencia como por exceso.

Estilo de Vida Activo y Apoyo Profesional

Aunque cada ser es un mundo, la sugerencia médica es siempre realizar actividad física. Cualquier ejercicio es mejor que nada, siempre adaptado a las capacidades de la persona. Una nutrición adecuada es fundamental para un envejecimiento saludable, y no tiene por qué gestionarse solo. Los profesionales de la salud, como geriatras y nutricionistas, pueden formular una dieta balanceada según las condiciones particulares de cada persona, teniendo en consideración su actividad física, edad, peso y sexo. No dude en ponerse en contacto con ellos si existen dificultades en el manejo de condiciones de salud o movilidad reducida.

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