Durante décadas, miles de niños chilenos fueron separados ilegalmente de sus familias biológicas bajo el pretexto de adopciones. Este fenómeno, especialmente prevalente durante el régimen militar de Augusto Pinochet, ha dejado un profundo legado de dolor y búsqueda. Las historias de víctimas como María Diemar y su hermano Daniel revelan la cruda realidad de estos procesos irregulares, en los que instituciones como el Servicio Nacional de Menores (Sename) jugaron un papel ambiguo.
Un Legado de Dolor: Adopciones Irregulares en Chile
La práctica del robo de bebés en Chile fue una triste realidad que afectó a miles de familias, a menudo las más vulnerables. Estas irregularidades marcaron la vida de muchos niños que crecieron en el extranjero, ajenos a la verdad de su origen.
El Contexto de la Dictadura de Pinochet
En 1973, dos años antes del nacimiento de María, un golpe de Estado había derrocado al gobierno democrático de Salvador Allende, y Augusto Pinochet estableció un régimen militar que se prolongó hasta 1990. Este régimen cometió graves violaciones a los derechos humanos.
Danny Monsálvez, profesor de Historia e investigador de la Universidad de Concepción, explica que "la violencia comenzó con la represión y desaparición de la izquierda y de los opositores, y luego fue adquiriendo distintas formas". El historiador experto en el régimen de Pinochet afirma que el robo de bebés fue "parte de una política". No fueron casos aislados; en el proceso de adopciones hubo instituciones estatales vinculadas, como el Registro Civil. A las familias "vulnerables", es decir, pobres, les quitaban los niños a través de engaños. En ese contexto, miles de niños fueron dados en adopción a familias en toda Europa: María y Daniel fueron dos de las muchas víctimas de esa práctica.

La Magnitud de los Casos
A principios de 2018, el exministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Mario Carroza, comenzó a investigar cerca de 500 casos de adopciones irregulares que tuvieron lugar entre 1970 y 1990. Para finales de ese año, la Corte de Apelaciones de Chile ya había estimado que cerca de 7.500 adopciones concretadas en esa época pudieron haber sido ilegales.
En septiembre de 2018, tras la presión de diversos grupos, la cámara baja del Congreso de Chile creó una comisión para investigar las múltiples acusaciones. En julio de 2019, la comisión especial publicó un reporte de 144 páginas que habla de unos 20.000 casos de niños chilenos que fueron adoptados por parejas extranjeras durante el gobierno de Augusto Pinochet. La modalidad consistía en engañar a las madres, generalmente diciéndoles que sus bebés habían muerto. En algunos casos, se contó con el apoyo de jueces, autoridades migratorias, notarios, figuras religiosas e instituciones gubernamentales, según el mismo informe. La mayoría de los niños acabaron en Suecia, Italia, Estados Unidos, Holanda, Francia y Alemania.
La Búsqueda de Orígenes: La Historia de María Diemar
La historia de María Diemar es un testimonio conmovedor de la tenacidad en la búsqueda de la verdad sobre su identidad y familia biológica, revelando las profundas irregularidades en su adopción.
Una Infancia en Suecia y el Inicio de la Búsqueda
María, que ahora tiene 46 años, recuerda que en la Suecia poco diversa de los años 70, tanto ella como su hermano, ambos de piel morena, destacaban en una escuela llena de niños blancos y rubios. Pese a ello, asegura que tuvo una infancia feliz. Sus padres adoptivos siempre les dijeron que eran adoptados, y que su madre y padre biológicos eran rubios con ojos azules, por lo que su apariencia diferente era "demasiado obvia". También siempre le dijeron que tenía una madre en Chile. En ese entonces, María ignoraba las irregularidades que se dieron durante su adopción y que su mamá nunca quiso abandonarla, sino que tanto ella como su hermano fueron robados al nacer.
La niñez de María transcurrió sin mucha novedad, pero cuando tenía 11 años, una noticia le dio un vuelco a su vida. "Mis padres siempre me dijeron que tenía una mamá chilena y que ella no pudo ocuparse de mí. Pero un día me mostraron los documentos (de adopción) y me enteré de que tenía un hermano mayor en Chile y eso significó mucho para mí". "Fue duro asimilar que tenía un hermano que se había criado con mi mamá, mientras que yo había sido enviada a Suecia. No lo entendía", añade. Desde ese día, se obsesionó con encontrarlos.

Aunque por su corta edad todavía no podía hacer gran cosa, comenzó a leer la prensa chilena y a investigar sobre la cultura y la historia de su país natal. También tomó clases de español tan pronto como pudo.
Los Obstáculos en Chile y la Intervención del Sename
A los 19 años, María se puso en contacto con Adoptionscentrum, la organización gubernamental sueca que había facilitado su adopción. Tras meses de búsqueda, le informaron que no habían encontrado rastros de su madre, pero le recomendaron que escribiera una carta en español que ellos enviarían al Servicio Nacional de Menores de Chile (Sename). María redactó una carta en la que se describió, puso allí todo lo que sabía de sí misma y precisó que quería encontrar a su mamá. Un año después, el Sename le respondió asegurándole que no podía hacer nada por ella. Le sugirieron viajar a Chile y presentarse en el Tribunal de familia que había aprobado su adopción en 1975. Así que ahorró dinero, y partió.
María aterrizó en Chile durante el invierno austral de 1998. "Desde el instante en que salí del avión, me dije: 'Esta es mi casa'. Fue genial estar rodeada de gente que se parecía a mí. Aún recuerdo incluso el olor. No sé cómo explicarlo. Ir a Chile fue lo mejor que he hecho en mi vida", relata. Alquiló por unas semanas un apartamento en el centro de Santiago, mientras asistía a clases de español para extranjeros en una universidad local.

Cuando estuvo lista, viajó a Temuco, la capital de la región de la Araucanía, en el sur de Chile, se presentó en el tribunal de familia local y pidió ver sus documentos. Para su sorpresa, le informaron que no estaban autorizados para dárselos. "Estaba frente a una secretaria que, sosteniendo los papeles que contenían la información que buscaba, me decía: 'Estos son tus documentos, pero no te los puedo mostrar'".
María tardó varios años en dar con el paradero de su madre y sus hermanos. Después de Temuco, viajó a su natal Lautaro para visitar el hospital en el que nació y el orfanato en el que sospechaba había estado de bebé. En ninguno había registros de su pasado. Regresó a Santiago con una extraña sensación: "Visité todos esos lugares y ninguno me dio ninguna información sobre mi adopción ni sobre mi familia biológica". En la capital, sin embargo, recibió una nueva pista: la agencia de adopción sueca le dijo que, tras su nacimiento, había sido acogida por una cuidadora, parte de una decena de mujeres que hospedaban a niños en proceso de adopción. "Esperaba encontrarme con una señora cálida, acogedora y dispuesta a ayudarme. Pero resultó ser una mujer fría que me dijo que no recordaba nada de las niñas que se habían quedado con ella. Me explicó que fueron alrededor 400 y que no tenían documentación de ellas", rememora sobre ese encuentro.
Poco antes de regresar a Suecia, logró por fin dar con un dato concreto. "Una señora del Registro Civil que claramente quería ayudarme, me condujo a un espacio detrás de su oficina y me dijo que no podía darme la dirección de mi mamá, pero me aseguró que todavía vivía en el sur de Chile, que se había casado y tenía otros hijos". María le entregó entonces al Sename el nombre de su madre, a quien ella prefiere mantener en secreto y a quien se refiere como "Aguadulce", la traducción de su apellido de origen indígena.
"Sentía que realmente necesitaba encontrar a mi familia. Ya habían pasado tres años desde que había comenzado a buscarla. Fui a Chile como me aconsejaron, hice todo lo que pude y no lo logré", detalla. "Sabía que mi madre me había dado en adopción, pero sentía la necesidad de mostrarle en qué me había convertido".
Descubriendo la Verdad: El Robo de María
Un año después de su viaje a Chile, María recibió una nueva llamada de la agencia de adopción en Suecia en la que le informaron que las autoridades chilenas finalmente habían encontrado la dirección de "Aguadulce". Pero por distintos motivos, entre ellos la remota ubicación de la vivienda, no fue sino hasta 2003 que alguien tocó a su puerta. El contacto se hizo gracias a la gestión de Ana María Olivares, una periodista chilena que trabajó en un documental sueco que ayudaba a personas a reencontrarse con sus familias biológicas. María le había escrito una carta contándole su caso.
Olivares recuerda que cuando se enteró de la gran cantidad de jóvenes chilenos adoptados que buscaban sus orígenes no pudo negarse. "Todos tenían historias muy conmovedoras y tenían mi edad, o un poco menos, por tanto fue fácil ponerme en su lugar", le dice a BBC Mundo. María le dio la dirección de su mamá y la periodista viajó al sur de Chile, pero tras varios días buscando de casa en casa, en una zona donde las viviendas no tenían numeración exacta, no logró encontrarla.
Finalmente, fue Francisco Rivas, un tío de Olivares que vivía en la región, quien dio con "Aguadulce". "La madre se puso muy contenta, pero muy nerviosa porque no quería que su marido actual se enterara de la existencia de esa hija. Allí comentó que le habían quitado a su hija apenas nació, en el hospital, y nunca más supo de ella", cuenta Olivares. Agrega que "era una mujer pobre y prácticamente analfabeta".
En el correo, María descubrió su verdadera historia. "Así me enteré de que mi mamá no me dio en adopción como siempre pensé. Fue forzada a aceptar que yo sería arrebatada de sus brazos". También se enteró de que tenía tres hermanos más; algunos sabían de su existencia, pero su hermano mayor no. A María le costaba digerir la información y a medida que leía le surgían cientos de preguntas, ya que esta nueva versión no coincidía con los papeles de adopción que su madre había firmado.
Luego supo que "Aguadulce" no sabía leer ni escribir. Entonces, ¿cómo pudo haber entendido y firmado los documentos de adopción?, se interrogó María. "Aguadulce" le explicó a Francisco Rivas que su jefe de entonces y unos trabajadores sociales estuvieron involucrados en la decisión, y que ella no tuvo voz ni voto. Además, "mi mamá tampoco estaba en edad para hacerlo. Tenía solo 19 años". Hasta 1978, las niñas menores de 21 años debían contar en Chile con la firma de sus padres para dar a un bebé en adopción. Esto no ocurrió en el caso de María.
Poco a poco, María comenzó a atar cabos. "Aguadulce" era trabajadora doméstica en la casa de una familia pudiente. Su hijo mayor vivía con sus abuelos en el campo y el plan de esta madre soltera era enviar a María con ellos. Como muchas mujeres en su situación, ella continuaría trabajando de lunes a viernes y visitaría a sus hijos los fines de semana. Pero nunca volvió a ver a su hija.
El Reencuentro Familiar y sus Consecuencias
"Aguadulce" se casó y tuvo otros hijos. Sin embargo, aún no le ha dicho a su marido que tuvo una hija hace 46 años, que se crio en Suecia y desde 2011 vive en Estados Unidos. María regresó a Chile en 2005 con su bebé y su esposo por tres semanas. Desde 2003, estaba en contacto con su hermana menor, Gabriela, y en ese viaje se conocieron en su casa de Lautaro. "Tuvimos una conexión inmediata", recuerda María. Se suponía que en esa cita también conocería a "Aguadulce", pero no llegó. Después supo que aún no se sentía preparada. Gabriela murió de cáncer en 2007, dos años después de aquel encuentro, cuando apenas tenía 28 años.
Chile investiga miles de adopciones irregulares en dictadura
La Experiencia de Daniel: Un Hermano También Robado
María y Daniel lucían tan diferentes a sus padres adoptivos que era "demasiado obvio" que eran adoptados. Daniel cuenta que se enfrentó a comentarios, burlas y apodos por su color de piel y por ser adoptado. "Me llamaban 'Daniel, el marrón', para marcar la diferencia con otro Daniel en la escuela", le dice a BBC Mundo. "Fui muy infeliz y siempre me sentí como un intruso en la primaria. No sólo los niños me hacían bullying, sino también los adultos. Creo que mucho de eso fue producto del racismo que nos rodeaba. Fuimos por mucho tiempo los únicos niños de color en la escuela".
A diferencia de María, Daniel nunca hizo ningún esfuerzo por reconectarse con su familia en Chile. "Él no quería buscarla porque sentía que su mamá lo había abandonado cuando apenas tenía dos días de nacido", cuenta su hermana. "No sé cómo aceptarlo y me duele muchísimo. No sólo me robaron del hospital, también robaron mi identidad y todavía la estoy buscando", reflexiona Daniel.
Investigaciones y Reacciones Internacionales
Las revelaciones sobre las adopciones irregulares han provocado investigaciones tanto en Chile como en otros países.
El Rol de Suecia en las Adopciones
Suecia tiene uno de los mayores números de niños adoptados per cápita en todo el mundo. En febrero de 2021, el país europeo anunció que iniciaría una investigación sobre las adopciones internacionales que ocurrieron entre los años 70 y 90, en medio de las numerosas acusaciones de que muchos niños podrían haber sido tomados ilegalmente de sus padres biológicos. Chile se encuentra actualmente investigando unas 100 adopciones vinculadas a Suecia.
Contactada por BBC Mundo, la agencia Adoptionscentrum desestimó las acusaciones de que estuvo "involucrada en un negocio criminal para lucrar", alegando que siendo una ONG "no hay lugar para ganar dinero" y que por cada proceso cobraban aproximadamente US$1.100 en los años 70 y US$3.500 en los 80, montos que representaban "los costos reales de adopción".
La Investigación Chilena y el Futuro
Las investigaciones chilenas continúan tratando de esclarecer la verdad detrás de estas adopciones. El rol de diversas instituciones, incluyendo el Sename, es objeto de escrutinio para determinar responsabilidades y ofrecer justicia a las víctimas y sus familias.
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