Mujeres Cuidadoras: Un Pilar Esencial en el Apoyo a Personas Dependientes

Un punto de encuentro al examinar las tendencias sociodemográficas mundiales es el proceso de envejecimiento paulatino y progresivo que se torna cada vez más evidente en los distintos grupos poblacionales. Esta tendencia, que hasta hace pocos años se consideraba una condición típica de la estructura poblacional de los países desarrollados, comienza a aparecer en la configuración etaria de países latinoamericanos, quienes se distinguían por una estructura piramidal con una base amplia y con elevadas perspectivas de crecimiento en los grupos más jóvenes.

De acuerdo con cifras de las Naciones Unidas, se prevé un aumento de la edad promedio de la población a nivel global, y esta condición se mantiene en ambos géneros y en las regiones más y menos desarrolladas. Las personas mayores de 60 años, que hoy suman aproximadamente 700 millones, se convertirán en dos mil millones, superando a los grupos etarios menores de catorce años. Este evento constituirá una primicia genuinamente global para la humanidad, ya que se prevé que será compartida por todos los países sin distinción de su condición de desarrollo.

Gráfico ilustrativo de la pirámide poblacional mundial y su evolución hacia el envejecimiento

Un aspecto que deriva de este reto es el aumento de personas mayores con alguna discapacidad. Más de la mitad de las personas mayores de 65 años tienen alguna discapacidad, cifra que merece especial atención porque excluye a personas con discapacidades mentales, con lo que podríamos estar subestimando la dimensión de este sector de la población. Un aspecto que surge asociado a la vejez, y en especial cuando se padece alguna discapacidad, es la necesidad de dependencia, entendida como consecuencia del deterioro psicológico, biológico y social que exige la ayuda de otras personas para llevar a cabo las tareas habituales de la vida cotidiana.

En este sentido, el panorama se torna menos alentador, pues la demanda de personas que requieren ser ayudadas por otros aumenta, y como producto de la misma dinámica de cambio demográfico, la oferta de personas que asuman la tarea de cuidar también se reduce. Esto sin contar los costos económicos, sociales e individuales que acompañan la decisión de asumir el rol de cuidador. Por ello, el presente trabajo describe el fenómeno de la dependencia en personas adultas mayores, con especial atención al rol que juega la mujer, a fin de reflexionar sobre los retos que deberemos enfrentar como sociedad en los próximos años.

El Rol Central de las Mujeres en el Cuidado

Definición y Realidad Actual

Las personas cuidadoras son aquellas mayores de 18 años que dedican su tiempo a labores de cuidado no remunerado, es decir, que entregan asistencia permanente sin remuneración a personas con discapacidad, dependencia funcional moderada o severa, también a personas con necesidades educativas especiales permanentes que forman parte del Programa de Integración Escolar (PIE), o personas que están matriculadas en un establecimiento de educación especial.

En una región de Chile, hay 4.455 personas cuidadoras acreditadas en el Registro Social de Hogares hasta marzo, de un potencial estimado de 25 mil. Las anteriores cifras demuestran la escasa participación de los varones en este ámbito, indicador que prácticamente se repite a nivel nacional.

Es importante mencionar que muchas mujeres trabajan y además cumplen la labor de cuidadoras, sin tener descanso ni días feriados, siendo el desgaste físico, mental y emocional los principales problemas que afectan a estas personas. El cuidado no tiene un gen femenino. Muchos hombres se encargan del cuidado de sus padres, pero no es lo habitual. Cuando una persona de la familia enferma, hay un pacto no escrito en el que la mujer suele desempeñar el rol de cuidadora. Aunque en estos últimos años su papel ha ganado visibilidad en la sociedad, son ellas las que se encargan del cuidado de las personas dependientes.

Foto de una mujer adulta mayor cuidando a un familiar en casa, reflejando el esfuerzo y la dedicación

Consecuencias del Cuidado No Remunerado

Acompañar a una persona dependiente, sobre todo si tiene una enfermedad neurodegenerativa, lleva a invertir hasta una década de la vida de muchas mujeres. Eso implica renunciar a sus propias necesidades y a invertir los roles. Una dirigenta manifestó que lo más complejo es “lograr un bienestar propio, ya que uno se da por entero por la persona que cuida. Uno va quedando invisibilizado, no puede compartir en sociedad. La opción de ser cuidador tiene un antes y después, pero cuando se hace cargo de una persona dependiente, a uno le cambia la vida completamente”.

Otra cuidadora comentó que “lo más difícil de ser cuidadora es tener tiempo para hacer vida social, por bienestar propio, he aprendido a soltar un poco mi rol de ser sola la que cuida de mi hijo con discapacidad. Tengo que dar tiempo a mi otro hijo, pareja y también cuidarme, porque ahora entiendo que para cuidar a alguien, primero tenemos que cuidarnos nosotros mismos”. Por todas esas cargas emocionales y físicas, es importante que las cuidadoras no solo vean reconocido su trabajo, sino que encuentren lugares donde puedan tomar un respiro y tiempo para no renunciar a sus vidas.

Los que también necesitan cuidados | Autocuidado y salud emocional del equipo de salud

En Chile, el 85,6% de los casos, el cuidado es asumido por una mujer, esposa, hija o nuera. Lo hacen por más de 12 horas diarias, y 2 de cada 3 no han tomado vacaciones hace más de 5 años, no comparten el cuidado, se sienten solas, sobrecargadas y sobrepasadas. Entre las mujeres inactivas del país, se estima que 63.832 mujeres dejaron su último empleo por cuidar un adulto mayor. También, tienen graves consecuencias en la salud física y mental, en las relaciones interpersonales, en la previsión y proyección de vida de la mujer cuidadora.

Contexto Demográfico y Envejecimiento Poblacional

Tendencias Globales y Regionales

Chile tiene altos indicadores de Envejecimiento Poblacional, con el 17.6% de la población mayor de 60 años. La esperanza de vida de una persona al nacer es de 78.9 años, siendo de 75.8 años para los hombres y 82 años para las mujeres. Cuando se superan los 80 años, implica mayor probabilidad de dependencia física y/o mental; el 24.1% de la población adulta mayor presenta dependencia, de estos un 6.7% presenta dependencia leve, 5% presenta dependencia moderada y un 12.4% dependencia severa, de este total un 66,4% corresponde a mujeres adultas mayores.

De la población con dependencia, un 19.4% no recibe apoyo de terceros para la realización de las actividades de la vida diaria (AVD). La socióloga María Ángeles Durán, Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política 2018 y una de las principales estudiosas del cuidado en España, señala que el tiempo dedicado por los hogares a la atención no remunerada es un 30% mayor a todo el trabajo remunerado, reglado o no. Con una sociedad más envejecida y con menos nacimientos, la probabilidad de que una persona mayor necesite ayuda para sus tareas cotidianas aumenta. Las mujeres lo saben bien.

Infografía sobre las estadísticas de envejecimiento poblacional y dependencia

La Realidad Latinoamericana y el Cuidado Familiar

En América Latina, vivir solo a medida que aumenta el envejecimiento no es una tendencia generalizada; por el contrario, residir en solitario es una condición poco habitual en la región. Lo común en los países Latinoamericanos y del Caribe es envejecer en casa, y específicamente hacerlo en familia, evidenciándose una correlación alta y positiva entre el aumento de personas mayores y de hogares con personas que superen los 60 años.

Gráfico de correlación entre hogares con personas mayores y porcentaje de personas mayores en América Latina

Cuando se pregunta a las personas mayores en Chile quién quiere que los cuide, uno de cada tres cree que es deber de los hijos hacerse cargo de ellos y llevarlos a vivir a su casa cuando no pueden vivir solos.

Las razones por las cuales los latinos y caribeños pasan los últimos años de vida en casa y en familia son diversas, siendo el aumento de la pobreza y el predominio de realidades en las que privan las restricciones económicas y respuestas eficientes por parte del estado, el factor que mejor describe esta tendencia regional. Al respecto, Guzmán y Sosa (2002) afirman que «el envejecimiento en América Latina y el Caribe se está dando en un contexto de pobreza, aguda desigualdad del ingreso, escaso desarrollo institucional y persistente inequidad social».

Prueba de ello es la escasa cobertura que poseen los pocos sistemas de jubilaciones y pensiones de la región para los adultos mayores, situación que coexiste en familias de ingresos restringidos y precariedad para sufragar los gastos básicos. Para muchas familias, como las venezolanas, cuidar a sus familiares adultos dependientes no es algo que deban decidir, pues ante la escasa ayuda del estado y la disminuida capacidad de costear cualquier otra forma de atención, resolver el problema en casa converge en la mejor decisión.

Aunado a ello, cuidar en la familia involucra al menos otros dos aspectos: moral y afectivo, ya que cuidar permite expresar amor entre los miembros de familia, sirviendo como una suerte de retribución hacia los adultos mayores por el esfuerzo que han brindado en el pasado al resto de la familia. Esta situación se desenvuelve en un contexto cargado por el peso del deber, la responsabilidad y la mirada de los otros que esperan que sean las generaciones más jóvenes quienes asuman el rol de cuidadores, lo que implicará luego asumir la tarea de cuidar bien como un deber o como una carga u obligación.

López y Crespo (2007) señalan que aunque las instituciones y servicios formales de cuidado han crecido, los cuidadores informales, tales como la familia, siguen siendo mayoría. Lo que ocurre realmente es que aunque todos los miembros cooperen, es predominante solo un miembro de la familia y no esta en pleno quien asume o carga con la tarea del cuidado.

Las familias de hoy no son las mismas de hace algunos años, pues los cambios en las estructuras demográficas han tenido un impacto profundo en el tamaño, la dinámica y modelo familiar, evidenciando una tendencia a la disminución del tamaño de las familias, lo que restringe el espectro de opciones para elegir quien cuidará al adulto dependiente.

Reconocimiento y Apoyo a las Mujeres Cuidadoras

La Importancia del Autocuidado y la Formación

Como mujer cuidadora debes evitar la sobrecarga de trabajo. Las personas dependientes necesitan buenos cuidados, y cuando una mujer cuidadora acumula: falta de sueño, ansiedad, depresión, dolores físicos, resulta imposible que esos cuidados sean de calidad. Un paso para mejorar la calidad de vida de las mujeres cuidadoras es aprender sobre las áreas específicas que afectan a la persona que atienden.

Para que la cuidadora dé ese paso, es lógico que la experiencia que vive no sea tan agotadora que prefiera no dedicarse a ello como profesional. Cuando el cuidado se transforma en una profesión, la experiencia es más gratificante. El autocuidado y la valoración por parte de su entorno es fundamental.

Esquema o diagrama de los beneficios del autocuidado para cuidadores

Iniciativas y Programas de Apoyo en Chile

El 1 de septiembre de 2017, la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, promulgó el proyecto de acuerdo que ratifica la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Uno de los principios que se destacan (letra f) es el Bienestar y Cuidado.

En Chile se están implementando programas de cuidado. El Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) cuenta con el programa de Cuidados Domiciliarios, el cual entrega un conjunto de servicios de apoyo sociosanitarios a los adultos mayores en situación de dependencia moderada a severa en su domicilio, otorgados por un asistente domiciliario capacitado para tal efecto.

En este contexto, el seremi de Desarrollo Social y Familia, Mauricio Zamorano, describió que ser cuidador o cuidadora constituye “un acto de amor”, ya que la persona posterga muchas veces sus propias necesidades, metas o aspiraciones personales en favor de quienes más lo necesitan. Para ser reconocida como persona cuidadora y obtener tu credencial, debes ingresar a tu Registro Social de Hogares a través de la Ventanilla Única Social (VUS) y completar el módulo de Cuidados. Esta información apoyará el diseño e implementación del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados “Chile Cuida”.

Requisitos y Beneficios de la Credencial de Cuidador/a

Una vez disponible la credencial de persona cuidadora, puedes descargarla en su versión digital o solicitar la credencial física accediendo a tu Registro Social de Hogares en www.ventanillaunicasocial.gob.cl.

Tipos de Cuidadores:

  • Persona cuidadora principal: quienes destinan el mayor número de horas al día a entregar asistencia de cuidados o apoyo permanente a personas que requieren cuidados.
  • Persona cuidadora secundaria: quienes destinan menos horas al día, en relación con la cuidadora principal, a entregar asistencia de cuidados o apoyo permanente a personas que requieren cuidados.

Proceso de Registro:

La información que ingreses al Registro Social de Hogares a través del trámite de complemento por cuidados es autorreportada y se validará con los registros administrativos disponibles para comprobar que eres una persona cuidadora. No es necesario ir a una notaría para acreditar la calidad de persona cuidadora. Para registrarte como persona cuidadora debes ingresar al Registro Social de Hogares a través del sitio web www.ventanillaunicasocial.gob.cl y en tus datos complementarios ingresar al módulo de Cuidados y realizar el trámite.

Requisitos Clave:

  • El primer requisito es que la persona cuidadora y quien requiera cuidados tengan Registro Social de Hogares (RSH).
  • Se requiere dependencia moderada, severa o profunda en el módulo de salud del Registro Social de Hogares de la persona cuidada.
  • Si la persona cuidadora tiene ingresos asociados a pensión o por actividades distintas a la labor de cuidados, puede acceder a la credencial. En cambio, si recibe ingresos por las labores de cuidados no puede acceder a la credencial, ya que su objetivo es identificar y visibilizar a las personas cuidadoras que no reciben un pago por ello.
  • Se debe realizar una solicitud por cada persona que se cuida; actualmente, se pueden ingresar tres personas por cada persona cuidadora.
  • No es necesario tener vínculo familiar ni de consanguinidad con la persona que requiere cuidados.
  • Es necesario que la persona que requiere cuidados se encuentre en algunos de estos registros administrativos: Registro Nacional de Discapacidad, Programa de Integración Escolar (PIE) permanente, matrícula en establecimiento educacional especial, o dependencia modera o severa en el módulo de salud del Registro Social de Hogares.

Actualización de Información:

Si la persona no está en los registros administrativos que reconocen discapacidad, dependencia moderada o severa o necesidades educativas especiales, debes actualizar el módulo salud de tu Registro Social de Hogares en el sitio de la www.ventanillaunicasocial.gob.cl, donde puedes consultar la guía paso a paso que te indica cómo realizarlo. Si no existe registro, no se podrá validar la situación de dependencia o discapacidad y no podrás acceder a la credencial. La evaluación para determinar las necesidades educativas especiales es realizada por los centros educativos y la información es entregada por el Ministerio de Educación al Ministerio de Desarrollo Social y Familia.

Beneficios de la Credencial:

La credencial entrega acceso preferente a sucursales y oficinas de diversas instituciones públicas como:

  • FONASA (Fondo Nacional de Salud)
  • BancoEstado
  • SERVIU (Servicio de Vivienda y Urbanismo)
  • SENAMA (Servicio Nacional del Adulto Mayor)
  • ChileAtiende - IPS
  • Registro Civil e Identificación
  • SENADIS (Servicio Nacional de la Discapacidad)
  • DICREP (Dirección General del Crédito Prendario)
  • Correos de Chile
  • Oficinas del Registro Social de Hogares en Municipalidades
  • SENCE (Servicio Nacional de Capacitación y Empleo)
  • SERNAC (Servicio Nacional del Consumidor)
  • Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento
  • Tesorería General de la República
  • FOSIS

Una vez que esté disponible la credencial digital de persona cuidadora, ingresa al sitio web www.ventanillaunicasocial.gob.cl y estará habilitada la opción para solicitar tu credencial física. El botón de solicitud de credencial física estará junto al botón de descarga de cartola RSH y de credencial digital de persona cuidadora.

Representación visual de la credencial de cuidador/a y los logotipos de las instituciones con acceso preferente

Si estás registrada como persona cuidadora principal y secundaria de personas distintas, en la plataforma encontrarás solo una credencial que te reconocerá como cuidadora principal. No se considera el tramo del Registro Social de Hogares para ser reconocida como persona cuidadora y obtener la credencial. La actualización de esta información en el Registro tampoco afecta la calificación socioeconómica o tramo. Una vez ingresada la solicitud con la documentación correspondiente, se derivará al municipio de la comuna donde reside la persona que requiere cuidados y se tramitará la solicitud. Se podrá solicitar la Cartola Hogar a través de un ejecutor (Municipio u oficinas ChileAtiende), presentando un poder legalizado ante notario. En este documento debe quedar explícita la voluntad de la persona mandante para que otro en su nombre y representación pueda realizar la solicitud. El documento notarial tiene una vigencia máxima de 6 meses desde la fecha de emisión.

Desafíos y Reflexiones Futuras

La Necesidad de Corresponsabilidad y Valoración Social

Queda claro que los cuidados de las personas dependientes recaen todavía sobre los hombros de las mujeres. Urge que, desde la Administración y la sociedad, se valore y respete un trabajo tan necesario como complicado cuando la cuidadora ni siquiera ha elegido ese rol dentro de la familia. Es importante compartir la labor de cuidado, cuando esta recae en una sola persona puede ser muy agotadora y puede ocasionar situaciones de maltrato.

Ciertos comportamientos no se han superado y la mujer debe tomar las riendas para que el cuidado no recaiga por completo sobre sus hombros. Son ellas las que piden jornadas reducidas en sus trabajos para cuidar. ¿Cómo podrían continuar con sus vidas laborales el resto de familiares si la cuidadora no se encargara de atender a la persona dependiente? La respuesta es sencilla y fácil: su mundo se pararía. En particular, se plantean los riesgos que enfrentan las mujeres de hoy ante la multiplicidad de roles que deben asumir en el plano físico, personal-social, psicológico y económico-laboral, a fin de crear un espacio de discusión que permita sincerar y conciliar los roles tradicionales y actuales, en igualdad de oportunidades respecto a otros grupos sociales y miembros de la familia. Por esta razón, tanto la formación en el ámbito del cuidado como el reparto de tareas es indispensable.

Los que también necesitan cuidados | Autocuidado y salud emocional del equipo de salud

Protección de Derechos y Bienestar

Para realizar el cuidado de una persona mayor se requiere tener conocimientos básicos que permitan apoyar sus actividades de la vida diaria, en el marco de un buen trato. Se deben prevenir acciones que puedan causar daño en la persona mayor o agravar la situación actual. La dependencia que pueda afectar a las personas mayores no implica que no pueda tomar decisiones. Debemos respetar la intimidad de la persona que se cuida. Siempre se debe proteger la seguridad personal, el ejercicio de la libertad y movilidad de la persona mayor. Respecto a las personas que requieren cuidados, los varones agrupan un 56%, mientras que las mujeres llegan a un 44% en la región.

tags: #mujeres #personas #mayores #cuidadoras