El 1 de enero de 1994 marcó un hito en la historia de México con la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Este alzamiento armado dio voz a las demandas históricas de los pueblos indígenas mexicanos, resonando en luchas a nivel global. A lo largo de más de dos décadas, el EZLN, a través de comunicados del Subcomandante Marcos, reveló que sus raíces eran anteriores a 1994, gestándose en la selva Lacandona a partir de un grupo de militantes maoístas de izquierda que, durante casi diez años, se transformaron hasta convertirse en la fuerza conocida en aquel levantamiento.

La Voz de Esther: Identidad y Opresión
En medio de este contexto, emerge la voz de Esther, quien se define no por su nombre o su afiliación zapatista, sino por su identidad como indígena y mujer: "Soy indígena, soy mujer, y eso es lo único que importa ahora." Su testimonio expone la cruda realidad de los pueblos indígenas en un México fragmentado, condenados a la vergüenza por su etnia, idioma, vestimenta y cultura. De manera particular, Esther denuncia la profunda desigualdad que enfrentan las mujeres indígenas: "Nosotras las mujeres indígenas no tenemos las mismas oportunidades que los hombres, los que tienen todo el derecho de decidir de todo. Sólo ellos tienen el derecho a la tierra, la mujer no tiene derecho como que no podemos trabajar también la tierra, y como que no somos seres humanos. Las mujeres indígenas no tenemos buena alimentación, no tenemos vivienda digna, no tenemos un servicio de salud ni estudios." Esta situación, marcada por la falta de acceso a necesidades básicas y la negación de derechos fundamentales, impulsaba la necesidad imperante de un cambio profundo.
Las Leyes Revolucionarias: Un Compromiso Transformador
En 1994, el EZLN presentó al mundo un conjunto de leyes revolucionarias que asumían como un compromiso transformador, garantizando derechos específicos para las mujeres de las comunidades zapatistas. Estas leyes incluían el derecho a participar en la lucha revolucionaria y en los asuntos comunales, la posibilidad de ocupar cargos si eran elegidas, el derecho a trabajar y recibir un salario justo, a decidir sobre la planificación familiar, a recibir atención primaria de salud, una alimentación adecuada y educación. Además, se consagraba el derecho a elegir libremente a su pareja. Como se señala, "Es como una construcción de humanidad lo que se quiere… es lo que estamos tratando de cambiar, otro mundo es lo que se quiere… es la lucha de todo lo que estamos haciendo, hombres y mujeres, porque no es una lucha de mujeres ni es una lucha de hombres. Cuando se quiere hablar de una revolución, es que van juntos, va para todos entre hombre y mujeres, así es la lucha."

Impacto y Recepción de las Leyes Revolucionarias
Estas leyes revolucionarias no solo fueron declaraciones de principios hacia el exterior, sino que también sentaron las bases para la construcción de una nueva realidad dentro de Chiapas. Para muchas feministas mexicanas, la presentación de una organización revolucionaria con una herramienta exclusivamente de género en los años noventa significó un hecho de gran importancia, equiparando la lucha por la igualdad de género a otras luchas sociales, como la agraria. La ley, en su carácter revolucionario, pretendió cimentar las bases para el desarrollo posterior en las comunidades. Las mujeres zapatistas desempeñaron un papel crucial en la difusión y explicación de la urgencia y necesidad de cambios en las relaciones de género dentro de sus comunidades. El texto relata la reacción ante la lectura de estas leyes: "Los varones se miraban unos a otros, nerviosos, inquietos. De pronto, casi simultáneamente, las traductoras acabaron y en un movimiento que se fue agregando, las compañeras empezaron a aplaudir y hablar entre ellas. Ni que decir que las leyes de mujeres fueron aprobadas por unanimidad." La respuesta de un responsable tzeltal, "lo bueno es que mi mujer no entiende español, que sino…", fue rápidamente contrarrestada por una oficial insurgente tzotzil: "te chingaste, porque lo vamos a traducir en todos los dialectos."
Participación Femenina en la Autonomía Zapatista
La participación de las mujeres fue fundamental en la construcción de las Juntas de Buen Gobierno, como lo explicó Ramona: "Las Juntas de Buen Gobierno nunca hubieran sido sin las mujeres. Sin la participación de las mujeres no sería la lucha del pueblo." En la edificación de autonomías, donde la lucha se concibe como "un paso cotidiano", la participación femenina se promueve en todos los ámbitos de la vida comunitaria. Desafiando la división sexual del trabajo que relegaba a las mujeres a labores domésticas, se crearon espacios de trabajo colectivo donde priman la cooperación y la enseñanza mutua. Las ganancias generadas se destinan a proyectos comunitarios o al sostenimiento de la estructura organizativa, como los gastos de quienes desempeñan cargos y deben asistir a reuniones.

La Doble Opresión y la Visión Mesoamericana de la Lucha
Las mujeres indígenas zapatistas enfrentan una doble opresión, pero esto no les impide emprender una lucha conjunta que se complementa y se desarrolla de manera simultánea. La cosmovisión de los pueblos mesoamericanos no jerarquiza las luchas, reconociendo la interconexión entre las reivindicaciones raciales, de clase y patriarcales. Raquel Gutiérrez Aguilar introduce el concepto de "política en femenino" para analizar la acción zapatista, destacando que esta política no busca la gestión del capital, sino su limitación, y no persigue la toma del Estado, sino la defensa de lo común.
Encuentros y Memoria: El Legado de Comandantas y Abuelas
Hace diez años, las mujeres zapatistas convocaron el primer Encuentro de Mujeres, nombrado en honor a "La Comandanta Ramona". A este encuentro acudieron mujeres de todos los caracoles, quienes compartieron sus experiencias y luchas. Las abuelas narraron sus vidas antes y después del levantamiento de 1994, describiendo cómo los patrones las trataban como animales y cómo la lucha zapatista liberó a los campesinos de condiciones de esclavitud y servidumbre. A pesar de no tener acceso a la educación formal, las palabras de las abuelas guardan una memoria viva y poderosa. Relataron la falta de respeto hacia las mujeres, la negación de sus derechos por parte de sus propias familias y la profunda desigualdad de género arraigada en las creencias comunitarias. La educación autónoma zapatista promueve el respeto, la igualdad y la participación de todas las niñas y niños, asegurando que sean tomadas en cuenta y conozcan sus derechos.

"Cuentan nuestras mamás, nuestras ancianas, nuestras hermanas que la vida de una niña antes del 94 era muy difícil porque no nos tomaban en cuenta, si tenemos dignidad como niñas, desde cuando nacemos ya somos despreciadas y maltratadas. Gracias a la lucha zapatista, estoy presente con vida aquí en este encuentro, sino fuera tal vez estaría yo muerta por hambre o por enfermedad curable. Culpable al mal gobierno ya su sistema capitalista, como niñas tenemos el derecho de vivir dignamente como cualquier otra persona".
Procesos Históricos y la Reivindicación de Derechos
El movimiento de mujeres indígenas zapatistas en Chiapas se ha visto influenciado por tres procesos clave en la reivindicación de sus derechos: la colonización, que implicó compartir trabajos con los hombres; la incorporación a cooperativas agrícolas, programas de salud y ONGs; y, de manera definitiva, la creación del EZLN. A pesar de los avances, la división sexual del trabajo que asigna a las mujeres las labores de cuidado sigue siendo una realidad, y la corresponsabilidad en los roles de género representa un acto revolucionario.
La antropóloga Aída Hernández Castillo señala que la participación de las mujeres en la dirigencia guerrillera contrasta con otras experiencias revolucionarias en América Latina. El Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas (CDMCH) documenta la discriminación y subordinación que padecen las mujeres indígenas y campesinas debido a la intersección de diversas formas de discriminación (género, posición económica y social), lo que dificulta su participación en espacios públicos y el acceso a recursos productivos. Las normas comunitarias a menudo restringen el acceso a la tierra a los hombres, considerándolos los proveedores principales, mientras que las mujeres, al casarse, pasan a formar parte de otros grupos. Aunque esto pueda parecer funcional a las necesidades económicas del mundo campesino, la complementariedad familiar es a menudo una ficción, prevaleciendo un acceso diferencial a los bienes y servicios colectivos.

Desafíos y Realidades: Salud Reproductiva y Control Natal
En cuanto a las posibilidades laborales, Jules Falquet indica que las costumbres limitan a las mujeres indígenas a permanecer dentro de sus comunidades. Un estudio de Barrios y Pons revela que un porcentaje significativo de mujeres tseltales y tsotsiles desconocen métodos anticonceptivos. La Mayor Ana María aclara que el control natal no es una práctica común y los embarazos ocurren con poca frecuencia debido a la vigilancia de los padres y el miedo de las jóvenes a hablar con hombres. Los abortos son difíciles de practicar y a menudo fatales. Mercedes Olivera señala que los periodos reproductivos son más largos, con partos en la adolescencia y hasta la menopausia, lo que repercute negativamente en la salud femenina ante la ausencia de control natal.
El "Feminismo Indígena" y la Participación en el Movimiento
El proceso de empoderamiento de las mujeres, al que ellas mismas se refieren como "el despertar de mujeres", ha sido denominado "feminismo indígena" por algunas autoras. Este término resalta la importancia de la participación e integración de las mujeres no solo en el EZLN, sino también en organizaciones como el Congreso Nacional Indígena y redes de apoyo al zapatismo. Inicialmente minoritarias, para 2004 las mujeres zapatistas constituían un tercio de las fuerzas armadas y el 50% de las "bases de apoyo".
Se distinguen dos formas de participación: mujeres militares y mujeres que funcionan como bases de apoyo. Las mujeres militares, jóvenes en su mayoría, ingresan al EZLN en la adolescencia o poco después. Las bases de apoyo, por su parte, cumplen un rol central en la alimentación de los combatientes en la Selva Lacandona. La Mayor Ana María relata su experiencia: "Al EZLN llegué desde muy jovencia, tenía 14 años cuando entré a la lucha. Al principio éramos solo dos mujeres de las 8 o 10 personas que hace más de 10 años empezamos el movimiento." Muchas mujeres se integraron sin informar a sus familias, aprendiendo a leer, escribir, tácticas de combate y política.
De las abuelas a las niñas: La lucha de las mujeres zapatistas
Subdivisiones y Roles dentro de las Mujeres Militares
Sarri Vuorisalo describe las subdivisiones dentro del grupo de mujeres militares:
- Milicianas: Acudían por temporadas a los campamentos sin abandonar a sus familias y podían tener hijos.
- Insurgentes: Se dedicaban a tiempo completo a la lucha, aceptaban no tener hijos y recibían capacitación integral. Se comunicaban con el exterior a través de los canales del EZLN.
- Capitanas y Tenientes: Comandaban grupos de hombres y mujeres, daban órdenes y eran obedecidas. Muchas tuvieron roles de liderazgo el 1 de enero de 1994.
- Mayoras: Mujeres excepcionales capaces de dirigir a hombres y mujeres de diversas comunidades y regiones.
- Comandantas: Formaban parte del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI) y decidían, consultando con sus pueblos, el avance del movimiento. Poseían un profundo conocimiento de cómo movilizar a la gente.
La Lucha de las Bases de Apoyo y las Leyes Revolucionarias
La forma de combate de las "bases de apoyo" difiere de la de las militares. Convencidas de la importancia del movimiento, participaron desde sus lugares de residencia formando "colectivos para beneficio de la comunidad", como tiendas cooperativas, producción de animales o cooperativas de artesanía. Las demandas del movimiento de mujeres zapatistas se plasman en las dos Leyes Revolucionarias de Mujeres. Estas leyes fueron elaboradas colectivamente, como señala la socióloga Sylvia Marcos, quien destaca que la primera Ley fue votada por consenso meses antes de su difusión pública y su aceptación tuvo que ser defendida con ahínco. La Comandanta Ramona y la Comandanta Susana recorrieron las comunidades zapatistas durante más de cuatro meses para su aprobación.
"Esta acción colectiva, por lo tanto, fue una 'manera en la que 'las mujeres indígenas se abrieron un espacio material y simbólico de participación y transformación de su papel social'." El discurso del movimiento zapatista ofrece a las mujeres indígenas la posibilidad de cambiar sus condiciones de miseria y luchar por mejores condiciones de vida. El ingreso al movimiento representa una oportunidad para adquirir saberes valiosos (español, promotoría de salud, liderazgo) y escapar de las rígidas estructuras familiares que imponen opciones de vida no deseadas.

La Relación entre Hombres y Mujeres en el Ejército Zapatista
La Capitana Elisa, en una entrevista de 1994, describe la relación entre hombres y mujeres en el ejército zapatista: "Bueno, en el ejército zapatista los hombres y las mujeres nos llevamos bien. Allí hay democracia, allí hay justicia, allí hay todo pues, todo lo que hay. Pues no es igual como estar en un pueblo, que aparte los hombres, aparte las mujeres. Allí no, allí convivimos juntos, con los hombres, y hacemos el trabajo igual. Se reparte igual los trabajos, y allí pues no puedes hacer lo que tú quieres, siempre el hombre manda. Es por eso, ya estaba yo cansada pues de hacer esas cosas, pero ya cuando llegué en el ejército pues se cambió, se cambió la cosa, pues no, ya no estuvo igual. Eso es lo que estamos buscando ahorita. Porque como mujer campesina el gobierno no nos reconoce. Siempre la mujer es..., siempre está abajo pues, siempre el hombre siempre tiene que..., siempre es el que manda, pero ahorita pues nosotras vemos que no es cierto lo que dice el gobierno."
Demandas Comunes y Diferencias con el Feminismo Urbano
El movimiento de mujeres del EZLN comparte elementos con el feminismo en sus demandas, como la participación, la no violencia contra las mujeres y la defensa de los derechos reproductivos. Sin embargo, presenta diferencias significativas. Mientras el feminismo nacional enfatiza el disfrute individual de los derechos, las mujeres zapatistas insisten en el disfrute colectivo. Sus iniciativas organizativas, el trabajo colectivo y la distribución de recursos se orientan hacia un comunitarismo donde el bien general prima sobre el individualismo. Las mujeres indígenas reivindican sus derechos como mujeres indígenas, solicitando ser incluidas en la ley nacional como integrantes de pueblos originarios y no solo como mujeres. Reconocen la pertenencia étnica como un factor diferenciador clave, con una gramática social distinta a la del feminismo urbano liberal.
Jules Falquet, si bien reconoce la voluntad de cambio y las demandas revolucionarias de las mujeres zapatistas, también señala ambigüedades y contradicciones, indicando que algunas demandas amenazan la reproducción de las culturas indígenas, mientras otras reafirman valores familiares tradicionales.
Encuentros Internacionales de Mujeres que Luchan
El primer Encuentro Internacional Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan se celebró en marzo de 2018 en la Selva Lacandona. En este encuentro, las referentes zapatistas criticaron el sistema capitalista global y el rol de la dirigencia política actual en México. En diciembre de 2019, el "Segundo encuentro internacional de mujeres que luchan" reunió en El Caracol de Morelia a casi 4000 mujeres de 50 países.
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