Quienes buscamos con pasión aquellas amarronadas imágenes de nuestro pasado, sabemos perfectamente que “coleccionar es rescatar”. Este principio se aplica a la recuperación de la historia y las experiencias de las mujeres negras ancianas, cuyas vidas y legados a menudo han sido subrepresentados o silenciados. A través del análisis de registros fotográficos históricos y la exploración de desafíos contemporáneos, podemos construir una saga visual y social de gran riqueza sobre esta comunidad.
Representación Histórica de las Mujeres Afrodescendientes en el Siglo XIX
El Daguerrotipo como Testimonio Social
La llegada de africanos a Buenos Aires se remonta a los primeros años de su fundación. El historiador Romualdo Lafuente afirma: “con Pedro de Mendoza vino a Buenos Aires un negro esclavo a su servicio de nombre Juan Galán”. Este hecho marca el inicio de una compleja historia de la población afrodescendiente en la región del Río de la Plata. El daguerrotipo, fruto de los franceses Niépce y Daguerre, se dio a conocer en París en 1839 y, después de algunos inconvenientes, el genial invento arribó a Buenos Aires a mediados de 1843. Su alto precio funcionó como un imán para muchas familias ricas que podían costearse este verdadero lujo, acudiendo a los talleres de aquellos “profesores en el arte del daguerrotipo” engalanadas con sus mejores ropas.

Imágenes Emblemáticas de Mujeres Negras
Una de las imágenes más emblemáticas de la época es un espléndido daguerrotipo de un cuarto de placa, que se conserva en el Complejo Museográfico “Enrique Udaondo” de Luján. La obra, catalogada como “Negra esclava de la época de Rosas”, nos muestra a una anciana cuyo rostro es la viva expresión de una existencia demasiado difícil. Esta imagen, junto a otras escasas obras sobrevivientes de daguerrotipos, ambrotipos y albúminas, ha permitido conformar una saga visual de gran riqueza sobre este pueblo descendiente de aquellos esclavos africanos.
Durante la vigencia del daguerrotipo y su sucedáneo el ambrotipo (entre 1843 y 1870), algunos miembros destacados de esta comunidad estuvieron en condiciones económicas para solventar sus propios retratos. Sin embargo, la fotografía de negritud en Buenos Aires y Argentina es un tema complejo, pues mientras la fotografía se expandía a todos los estratos sociales, se observaba la declinación inexorable de la raza negra, reflejada en los cada vez más escasos retratos de negros.
Roles de las Mujeres Negras y Mulatas en el Ámbito Doméstico y Social
Para ciertas familias de prestigio, la visita al retratista no se concebía sin la inclusión del negrito o la negrita “de compañía”. En la exposición de daguerrotipos realizada en Witcomb en 1944, se expuso una de estas obras perteneciente a una dama de apellido Ochoa y Olleros, quien posa junto a “la negrita Pancha”. Otro ejemplo magnífico se encuentra en la colección Vertanessian, de Buenos Aires, donde una elegante mulata acompaña al amito blanco. El traslado de sirvientes negros a los estudios daguerrianos fue constante en este período por variados motivos: unas veces por gratitud de sus amos, pero en muchos casos, su presencia en la imagen fotográfica marcaba la posición social y económica del grupo familiar en la competitiva sociedad de la época. Se conocen otros casos de negras y mulatas como acompañantes infantiles, amas de leche, nanás o negras ancianas en su papel de nodrizas. La excelente colección de M. & M. Cuarterolo posee un daguerrotipo donde una mulata sostiene de la mano a su niña blanca, y llama la atención el retrato de cuerpo entero de una mujer afro con su amplio vestido blanco.
Estudiando colecciones fotográficas públicas y privadas, se ha observado que el “negrito” -y aun adultos- ofreciendo el mate a un blanco, se convierte en una figura recurrente, recreando inconscientemente los cuadros costumbristas realizados por pintores y grabadores rioplatenses de la primera mitad del siglo XIX.

Negociación de Espacios y Desafíos para las Mujeres Negras en La Habana
Las mujeres negras y mulatas de La Habana de las décadas de 1830 y 1840 “negociaron” su lugar en la sociedad habanera. Ellas negociaron su inserción en todos los espacios de la ciudad, desde los públicos, como los espacios de la ley, hasta los más íntimos, como los espacios que forjaron con su propia sexualidad. En gran parte, estas negociaciones estuvieron enmarcadas dentro de su papel decisivo como agentes mediadoras entre negros y blancos: como esposas, amantes, maestras, nodrizas, cuidanderas y sirvientas, pero también como dueñas de propiedad, empresarias y perseguidoras de sus propias causas legales. Negociaron su participación social y económica en la ciudad a través de sus prácticas diarias, a menudo al margen de reglas urbanas y de tradiciones sociales.
Estas prácticas estuvieron en tenso y continuo diálogo con los discursos de las élites modernizadoras, tanto criollas como peninsulares. Tales reformadores, que consideraron la creciente participación de estas mujeres en la vida diaria como uno de los aspectos más desordenados de la ciudad, desarrollaron fuertes discursos de orden social y reformas urbanas con el propósito de disciplinar la ciudad en crecimiento. Muchos de estos discursos estuvieron orientados a establecer límites sociales y raciales más claramente delineados que trataran de contener, si no las actividades mismas de estas mujeres, por lo menos su influencia en la población capitalina. Fue en este diálogo, siempre desigual y muchas veces violento, que se fue dibujando la geografía moderna de La Habana.
Para las mujeres esclavas, la vida estaba marcada por la opresión. La demanda de fuerza de trabajo femenina era alta, y sus cuerpos eran tratados como una mercancía valiosa. Eran usadas sexualmente, lo que dio origen al mulataje y a la bastardía de muchos hijos, ya que rara vez eran reconocidos por el padre. La situación en que nacían los hijos de las esclavas era que legalmente pertenecían a su amo, lo que llevó a muchas a realizar fugas para protegerlos. Algunas esclavas lograron que se las reconociera como productoras y reproductoras de fuerza de trabajo, contribuyendo al peculio familiar.
Las enfermedades, muchas veces adquiriendo proporciones epidémicas, eran un problema alarmante entre las esclavas. La salud precaria incidía directamente en el precio de venta; se reportaban casos como el de una esclava que "botaba sangre por la boca" o que una "enfermedad del pecho le vino después de cargar unas petacas". La discriminación y la violencia también se manifestaban en el ámbito personal, con casos de amos que golpeaban a sus esclavas "de manera despiadada, como cosa suya al fin", o esclavas que debían acudir al Tribunal de La Real Audiencia acusando a su amo de ser su corruptor.
Njinga Mbandi: Liderazgo y Resistencia de una Reina Africana Anciana
Reina Nzinga de Ndongo Y Matamba
La Reina Guerrera de Angola
La reina Njinga de Angola (también conocida como Ginga o Nzinga) es reconocida como una de las mujeres más importantes en la historia del continente africano por su lucha contra la conquista europea y la esclavitud de su pueblo. Nació en 1583, ocho años después de la invasión portuguesa de Ndongo, y vivió desde su infancia la resistencia junto a su padre, el rey Mbandi Ngola Kiluanji. Los libros la definen como una valiente e inteligente guerrera, una de las figuras clave en la resistencia de África frente al colonialismo en el siglo XVII.
Su título real en kimbundu, la lengua local, era 'Ngola', término que los portugueses utilizaron para nombrar la región como la conocemos hoy: Angola. Cuando el rey murió en 1617, fue su hermano, Ngola Mbandi, quien asumió el poder, pero ante su incapacidad para hacer frente a los europeos, delegó en Njinga la tarea de negociar un acuerdo de paz.
Estrategia y Dignidad en la Negociación
En 1622, cuando Njinga llegó a Luanda para iniciar las conversaciones con el gobernador portugués João Correia de Sousa, observó cómo la ciudad se había convertido en uno de los mayores puntos de venta y salida de esclavos de toda África. En el palacio del gobernador, al ver que no le habían preparado más que una alfombra en el suelo para sentarse, mientras el portugués estaba en una butaca, Njinga protagonizó una escena cargada de simbolismo. Sin mediar palabra, una de sus sirvientas se arrodilló y reclinó frente al gobernador, y Njinga se sentó sobre su espalda, quedando a la misma altura. Era su manera clara y directa de expresar que no había acudido a negociar de manera sumisa o en un nivel inferior, sino en igualdad de condiciones.

Tras arduas negociaciones, se acordó la retirada de las tropas portuguesas de Ndongo y el reconocimiento de su soberanía, a cambio de abrir el territorio para rutas comerciales. En un intento por mejorar las relaciones, Njinga incluso aceptó convertirse al cristianismo, siendo bautizada como Ana De Souza a los 40 años.
Un Reinado Extenso y un Legado Duradero
A pesar de la oposición, Njinga consiguió algo impensable en aquella época: convertirse en la nueva reina de Ndongo en 1624. Su historia "sirve para contrarrestar el discurso de sumisión de la mujer en África a lo largo de los tiempos", según João Pedro Lourenço, director de la Biblioteca Nacional de Angola. Njinga no fue solo una gran guerrera, sino también una estratega y diplomática, aliándose con holandeses o portugueses según sus intereses para defender sus territorios. Su reinado fue largo; durante 40 años dirigió una firme oposición contra los intentos de conquista portugueses a través de operaciones militares que lideraba personalmente.
La fascinación por Njinga llegó incluso al Marqués de Sade, quien la consideraba un modelo de lujuria salvaje, basándose en relatos del misionero italiano Giovanni Cavazzi. Sin embargo, historiadores como Lourenço señalan que estos relatos anteriores a la llegada de Cavazzi a Angola se basan en testimonios de enemigos de Njinga, formando parte de una "guerra psicológica". Otras versiones sugieren que sus "amantes" eran simbólicos.
Tras asumir que nada podían hacer contra la fuerza de una reina ya anciana, el Reino de Portugal acabó renunciando a su deseo de conquistar Ndongo en un tratado ratificado en Lisboa en 1657, aunque Njinga cedió buena parte de su poder. La reina murió el 17 de diciembre de 1663, a los 82 años, habiendo pasado la mitad de su vida al frente de la resistencia ante los diseños coloniales. Es considerada una personalidad única en la historia de África y una figura eminente en la Angola actual, dando nombre a calles y escuelas, y apareciendo en la moneda de 20 kwanzas. Su ejemplo, como dice Lourenço, "sirve para promover la dignidad del pueblo angoleño, el compromiso con la Nación y la defensa de la integridad territorial."
Desafíos Actuales de las Mujeres Negras Ancianas en España
Racismo Estructural y Desigualdades Acumuladas
Envejecer es un proceso que implica desafíos para todas las personas. Para quienes son afrodescendientes en España, estos desafíos se intensifican debido al racismo estructural y las desigualdades sociales acumuladas a lo largo de la vida. Las personas negras en España enfrentan mayores obstáculos para acceder a servicios básicos. Las barreras en el acceso a servicios como salud, empleo y vivienda se traducen en peores condiciones de vida durante la vejez.

Precariedad Económica y Barreras Sanitarias
La precariedad laboral mantenida a lo largo de décadas significa pensiones bajas, dificultando el acceso a medicamentos, vivienda o servicios de cuidado. Además, el sistema sanitario español no siempre garantiza una atención culturalmente adecuada ni libre de racismo. Un informe de Médicos del Mundo (2024) constata que “el Sistema Nacional de Salud no dispone de servicios adaptados a las situaciones y necesidades de las personas migrantes y racializadas, lo que hace que los servicios se conviertan en espacios estigmatizantes”. La investigación recoge valiosos testimonios de esta realidad, como: “Yo llevo 5 años aquí, he ido una sola vez, me recetaron ibuprofeno y paracetamol y no he vuelto más. (…) No me sentí bien.” Este alejamiento del sistema sanitario, provocado por el racismo y la falta de empatía profesional, tiene efectos muy graves. El estrés acumulado por experiencias de discriminación influye negativamente en la salud física y mental.
Aislamiento Social y Doble Discriminación
El envejecimiento también se ve afectado por el aislamiento social. Según la Fundación Secretariado Gitano (2022), las personas racializadas mayores, incluidas las afrodescendientes, tienen mayor riesgo de exclusión y soledad. En residencias y servicios para mayores, suelen sufrir “falta de reconocimiento cultural” y discriminación por su origen, religión o color de piel.
Las mujeres negras mayores sufren una doble discriminación por género y raza. El informe de la Asociación de Mujeres Africanas en España (AMAE, 2021) pone el foco en cómo estas mujeres a menudo no son consideradas en los planes sociales para la tercera edad, teniendo así poco acceso a servicios especializados, lo que agrava su ya difícil situación económica.
Un Llamado a la Responsabilidad Social
Como sociedad, tenemos la responsabilidad de reconocer y atender las necesidades específicas de la población afrodescendiente mayor. En España, hacerse mayor siendo negro no tendría que implicar soportar privaciones, aislamiento o marginación. Si has sufrido racismo, o conoces a alguien que lo haya sufrido, contáctanos.