La disfagia se define como la dificultad para tragar adecuadamente sólidos o líquidos, alterando el proceso de la deglución que consiste en hacer pasar cualquier sustancia desde la boca hasta el estómago. Aunque no se considera una enfermedad en sí misma, es un padecimiento frecuente en ancianos derivado de condiciones como el párkinson, el Alzheimer, secuelas de un ictus o debilidad muscular.

Fisiología y tipos de disfagia
Durante la deglución, la lengua recoge el bolo alimenticio y lo envía a la faringe. En este punto, el bolo debe atravesar la encrucijada aerodigestiva. Existe un mecanismo de seguridad denominado triple cierre glótico (cierre de cuerdas vocales, cuerdas vocales falsas y basculación de la epiglotis) que impide que el alimento se introduzca en la vía aérea.
Dependiendo de la localización de la alteración, se distinguen dos tipos:
- Disfagia orofaríngea: La dificultad se localiza en la zona oral y faríngea, complicando el inicio de la deglución.
- Disfagia esofágica: El paciente logra pasar el alimento más allá de la faringe, pero presenta dificultades para transportarlo a través del esófago hasta el estómago.
Impacto en la calidad de vida y riesgos asociados
La disfagia afecta todos los aspectos del día a día, pudiendo causar molestias, limitaciones nutricionales y problemas de salud. Entre las consecuencias más graves destacan:
- Desnutrición y pérdida de peso: Debido a la evitación de alimentos por miedo a atragantarse.
- Deshidratación: Especialmente por la dificultad de gestionar líquidos finos como el agua.
- Problemas respiratorios: Riesgo de neumonía por aspiración de alimentos a la vía aérea.
Deglución
Medidas preventivas y rehabilitación
Puesto que se trata de una patología con altos índices de recuperación, es recomendable seguir una rehabilitación especializada. Algunas prácticas preventivas incluyen:
- Ejercicios de elongación y estiramiento: Mejoran la respiración y los movimientos deglutorios.
- Fortalecimiento muscular: Ejercicios específicos para los músculos de la garganta y la boca.
- Técnicas de relajación: El control de la ansiedad y la respiración facilita el proceso de tragar.
Guía práctica para la alimentación segura
Postura y entorno
La forma de comer es clave para evitar infecciones por aspiración. La persona debe estar sentada con la espalda recta. Es fundamental que la cabeza esté inclinada hacia delante, con la barbilla pegada al pecho en el momento de tragar. Tras comer, se debe permanecer incorporado entre 30 y 60 minutos para evitar el reflujo. Además, se debe evitar comer en ambientes ruidosos para mantener la concentración.
Recomendaciones para el cuidador
- Informar a la persona sobre lo que va a comer y mostrarlo visualmente.
- Mantener la calma y seguridad; no conversar durante la ingesta para reducir el riesgo de atragantamiento.
- Limpiar la boca antes y después de las comidas (usar enjuague sin alcohol si no es posible el cepillado).
- Administrar alimentos y líquidos en pequeñas cantidades mediante cuchara.
Modificación de texturas
Para pacientes con riesgo de atragantamiento, los líquidos deben ser espesados. Se recomienda el uso de espesantes según la textura deseada (néctar, miel o pudín), variando la cantidad según sea agua o zumo. No se debe dejar el líquido espesado en reposo durante más de una hora.
| Tipo de líquido | Textura Néctar | Textura Miel | Textura Pudín |
|---|---|---|---|
| Agua / Leche / Infusión (150g) | 2 cucharadas | 3 cucharadas | 4 cucharadas |
| Zumos (150g) | 1 cucharada | 2 cucharadas | 3 cucharadas |
Alimentos de riesgo y dieta recomendada
Se debe procurar una dieta de fácil masticación con alimentos bien cocidos y húmedos. Se deben evitar estrictamente los alimentos de riesgo:
- Alimentos con doble textura (ej. caldo con pasta).
- Texturas fibrosas (apio, espárragos, carnes duras).
- Alimentos secos (pan tostado, frutos secos).
- Alimentos ácidos, muy calientes o picantes.
- Frutas que sueltan jugo al masticar.