Guía básica de oxigenoterapia para el cuidador

Definición y principios de la oxigenoterapia

La oxigenoterapia consiste en aportar aire enriquecido en oxígeno al organismo a través de la ventilación, consiguiendo concentraciones mayores que la del aire ambiental (21%). Se debe valorar la forma de proceder según el estado del paciente y el factor causante.

En casos de hipoxia sin hipoxemia, la oxigenoterapia es necesaria, pero sus beneficios serán limitados hasta la corrección de la patología subyacente que la provoca. En pacientes con patología respiratoria crónica, la terapia de oxígeno debe ser cautelosa, iniciándose con FiO2 bajas e incrementándose hasta alcanzar saturaciones aproximadas al 90%; con ello se pretende evitar la retención de CO2 y la consecuente hipercapnia.

Esquema de los niveles de saturación de oxígeno y dispositivos recomendados según la patología

Riesgos y precauciones

El manejo del oxígeno conlleva riesgos físicos y clínicos que todo cuidador debe conocer:

  • Efectos físicos: El oxígeno puede producir sequedad en la mucosa oral u ocular. Los puntos de apoyo de los dispositivos pueden provocar úlceras de presión.
  • Seguridad: El oxígeno es un gas inflamable, por lo que se debe prohibir fumar cerca de cualquier fuente de suministro.
  • Complicaciones: Existe riesgo de retención de CO2, depresión respiratoria, atelectasias e infecciones. Niveles de FiO2 superiores al 50% pueden disminuir la concentración de nitrógeno en el aire inspirado.

Fuentes de suministro y monitorización

El oxígeno se almacena y distribuye mediante diversos dispositivos:

  • Central de O2: Habitual en hospitales, utiliza tanques centrales conectados mediante tuberías.
  • Bombonas de O2: Cilindros de acero con gas comprimido a altas presiones.
  • Concentradores de O2: Equipos eléctricos que filtran el aire ambiente mediante un tamiz molecular. No se recomiendan para terapias superiores a 3 litros/minuto.
  • Oxígeno líquido: Utilizado frecuentemente para pacientes domiciliarios.

Para asegurar una terapia efectiva, se utilizan el manómetro, el manorreductor y el flujómetro. Dado que el oxígeno administrado es frío y seco, es necesaria su humidificación para evitar lesiones en la mucosa respiratoria. Asimismo, se emplea la pulsioximetría mediante un espectrofotómetro que mide la saturación de oxihemoglobina a través de la piel.

Infografía: Funcionamiento del pulsioxímetro y lectura de niveles de saturación

Dispositivos de administración

Cánula o gafas nasales

Consiste en tubos plásticos flexibles con dos puntas cilíndricas que se adaptan a las fosas nasales. Está indicada para pacientes con necesidades de oxígeno a bajas concentraciones (hipoxemia leve o recuperación anestésica). Aumenta la concentración de O2 inspirado entre un 3-4% por cada litro administrado. Es fundamental vigilar los puntos de apoyo para prevenir úlceras por presión y mantener las fosas nasales libres de secreciones.

Mascarillas de alta y baja concentración

Estos dispositivos cubren boca, nariz y mentón. Las mascarillas de alta concentración permiten niveles de FiO2 entre el 90-100% con flujos de 10-15 litros/minuto. Se debe vigilar la correcta colocación para evitar fugas hacia los ojos.

Mascarillas tipo Venturi

Es el dispositivo más utilizado de alto flujo. Su efecto se basa en el Principio de Bernoulli: al pasar por un orificio estrecho, el oxígeno aumenta su velocidad y arrastra aire ambiente por presión negativa, logrando una concentración de FiO2 estable.

Terapia de alto flujo y resucitador manual

La terapia nasal de alto flujo permite suministrar hasta 60 L/min y 100% de FiO2, con gases acondicionados (37°C y 100% de humedad relativa). Por otro lado, el resucitador manual (o balón autoinflable) se utiliza para ventilación de emergencia y requiere un control estricto de las conexiones y el inflado del reservorio.

CLASES VIRTUALES / ADMINISTRACIÓN DE OXÍGENO POR CÁNULA NASAL

Protocolo de actuación para el cuidador

  1. Realizar higiene de manos antes y después de manipular el equipo.
  2. Identificar al paciente e informar sobre el procedimiento.
  3. Conectar el humidificador al manómetro, manteniendo siempre el nivel de agua adecuado.
  4. Ajustar el sistema evitando presiones excesivas sobre la cara, orejas o nariz.
  5. Cambiar la mascarilla por gafas nasales durante las comidas para garantizar un aporte mínimo constante.
  6. En caso de traqueotomía, comprobar siempre la permeabilidad de la vía aérea.
  7. Lubricar las mucosas nasales exclusivamente con soluciones acuosas, nunca con aceites o vaselina.

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