El Llanto de los Ancianos y la Alegría del Pueblo en la Reconstrucción del Templo

La historia de la reconstrucción del Templo de Jerusalén, después del exilio babilónico, es un relato profundamente emotivo que se encuentra en el libro de Esdras. Este evento, cargado de simbolismo y esperanza, fue recibido con una mezcla de emociones contrastantes por el pueblo judío: mientras los jóvenes gritaban de alegría, los ancianos lloraban a voz en cuello. Este clamor dual, que se escuchaba desde lejos, es un testimonio de la compleja relación entre el pasado, el presente y el futuro para una nación que anhelaba restaurar su identidad y su fe.

El Contexto Histórico: Cautiverio y Retorno

La negativa de Israel a abandonar sus ídolos y adorar al único Dios verdadero provocó su castigo divino y el cautiverio por los babilonios, un período que duraría 70 años (Jeremías 25:11-12). Este exilio comenzó en el año 605 a. C. con la invasión de Nabucodonosor y culminó en el 586 a. C. con la completa destrucción de Jerusalén y el primer Templo. Durante siete décadas, Israel vivió sin su santuario, sin fiestas ni sacrificios prescritos por la Ley.

En el año 539 a. C., Ciro el persa derrocó a los babilonios y, en el 538 a. C., emitió un decreto que permitía a los judíos regresar a su tierra natal. Aproximadamente 50.000 judíos emprendieron el primer viaje de retorno a Jerusalén, liderados por Zorobabel, descendiente de la casa real de David y antepasado de Jesucristo, y Jesúa (o Josué), el sumo sacerdote levítico (Esdras 2:2; Hageo 1:1). Tres años más tarde, en el 535 a. C., se colocaron los cimientos del nuevo Templo.

mapa del exilio babilónico y el retorno a Jerusalén

Las Dos Caras de la Emoción: Llanto y Júbilo

El libro de Esdras 3:12-13 describe vívidamente la escena de la colocación de los cimientos del nuevo Templo, un momento que suscitó reacciones opuestas:

  • Nueva Versión Internacional (NVI): "Muchos de los sacerdotes, levitas y jefes de familia, que eran ya ancianos y habían conocido el primer templo, prorrumpieron en llanto cuando vieron los cimientos del nuevo templo, mientras muchos otros gritaban de alegría. Y no se podía distinguir entre los gritos de alegría y las voces de llanto, pues la gente gritaba a voz en cuello y el ruido se escuchaba desde muy lejos."
  • Traducción en Lenguaje Actual (TLA): "Al ver que se había comenzado a reconstruir el templo, todo el pueblo gritaba de alegría y alababa a Dios. Los gritos de alegría se mezclaban con el llanto de la gente, y desde lejos se escuchaba el alboroto. Unos cantaban alabanzas y daban gracias a Dios, y otros decían: «¡Dios es bueno! Era tan fuerte el rumor que se escuchaba desde lejos, que la gente no podía distinguir el llanto de los gritos de alegría."
  • Biblia Dios Habla Hoy (DHH94I): "Y muchos de los sacerdotes, levitas y jefes de familia, que eran ya ancianos y que habían visto el primer templo, lloraban en alta voz porque veían que se comenzaba a construir este nuevo templo. Al mismo tiempo, muchos otros gritaban de alegría. Nadie podía distinguir entre los gritos de alegría y el llanto de la gente, pues gritaban tanto que desde muy lejos se oía el alboroto."
  • Reina Valera 1960 (RVR1960): "Y muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría. Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos."
  • La Biblia de las Américas (LBLA): "Pero muchos de los sacerdotes y levitas y jefes de casas paternas, los ancianos que habían visto el primer templo, cuando se echaban los cimientos de este templo delante de sus ojos, lloraban en alta voz mientras muchos daban gritos de alegría; y el pueblo no podía distinguir entre el clamor de los gritos de alegría y el clamor del llanto del pueblo, porque el pueblo gritaba en voz alta, y se oía el clamor desde lejos."
  • Nueva Traducción Viviente (NTV): "Sin embargo, muchos de los sacerdotes, levitas y otros líderes de edad avanzada que habían visto el primer templo lloraron en voz alta al ver los cimientos del nuevo templo. Los demás, en cambio, gritaban de alegría."

Los Ancianos: El Llanto por el Pasado

Los ancianos que lloraban eran aquellos que habían tenido el privilegio de ver el primer Templo, el Templo de Salomón, en todo su esplendor. Para ellos, la construcción de este nuevo Templo, más modesto debido a la pobreza de los exiliados que habían regresado, evocaba una profunda nostalgia. Josefo explicó que el recuerdo del Templo de Salomón, hermoso y suntuosamente adornado, hizo que los sacerdotes más viejos se sintieran desconsolados al ver que el segundo Templo era inferior. Recordaban la grandeza, el oro y la gloria de una estructura que, si se construyera hoy, costaría miles de millones de dólares. Recordaban un Templo que albergaba el Arca de la Alianza y el propiciatorio, con las tablas de la Ley de Dios dadas a Moisés, y la nube de gloria que lo llenaba (1 Reyes 8:10-11). Comprendían que este nuevo Templo nunca sería igual (Hageo 2:3).

ilustración del Templo de Salomón en su apogeo

Los Jóvenes: Los Gritos de Alegría por el Presente

Por otro lado, los jóvenes y aquellos que no habían conocido el primer Templo gritaban de alegría. Para ellos, la colocación de los cimientos representaba un nuevo comienzo, una esperanza renovada y la promesa de un futuro donde la adoración a Dios sería restaurada en su tierra. Estaban celebrando el don del presente, las oportunidades que Dios les ofrecía en ese momento para reconstruir su nación y su fe.

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La Paradoja de las Emociones y la Provisión Divina

La yuxtaposición de estas emociones resalta una paradoja. Tanto los que miraban con nostalgia el pasado como los que se regocijaban en el presente corrieron el riesgo de perder de vista la voluntad de Dios. La obra del Templo se detuvo durante 15 años después de la colocación de los cimientos, porque el pueblo se distrajo construyendo sus propias casas y persiguiendo sus propios intereses (Hageo 1:1-5; 12-15). Dios levantó a los profetas Hageo y Zacarías para incitar al pueblo a retomar la obra y aprovechar las oportunidades que Él les estaba dando.

A través de estos profetas, Dios ofreció promesas que abordaban las preocupaciones de ambos grupos:

  • La promesa de Su presencia (Hageo 2:4): Dios aseguró que, aunque el nuevo Templo no fuera tan grande como el primero, Él todavía estaba con ellos. Esta misma promesa de Su presencia se mantiene hoy (Hebreos 13:5; Mateo 28:20; Mateo 18:20).
  • La promesa de Su paz (Hageo 2:5): Dios los animó a "no temer", prometiendo que Su paz los guardaría mientras le sirvieran en medio de sus pruebas y aflicciones.
  • La promesa de Su poder (Hageo 2:6): Dios les recordó que Él mantenía el control, independientemente de las circunstancias, y que a Su tiempo demostraría Su soberanía.
  • La promesa de Sus provisiones (Hageo 2:8): A quienes les preocupaban los gastos o la falta de opulencia del nuevo Templo, Dios les recordó que Él tenía todo lo que necesitaban (Filipenses 4:19).
  • La promesa de Su potencial (Hageo 2:7, 9): Estos versículos hablaban de un día en que vendría "el Deseado de todas las naciones" y que "la gloria postrera de esta casa será mayor que la primera". Esto se refería a la venida de Jesús, quien caminaría en el Templo remodelado por Herodes, cumpliendo así las palabras de Hageo.
ilustracion de Hageo y Zacarías predicando al pueblo

El Mensaje para Hoy

La historia de Esdras 3:12-13 nos insta a evitar caer en los extremos de la nostalgia excesiva por el pasado o la adopción acrítica de las tendencias modernas. Dios sigue obrando de la misma manera fundamental que lo hizo en el pasado. La sociedad, la iglesia y el mundo cambian, pero Dios no cambia (Malaquías 3:6). El verdadero desafío es reconocer lo que Dios está haciendo en el presente y unirnos a Él en Su obra para Su gloria (Juan 5:19-20).

No podemos vivir en los avivamientos del pasado, ni debemos aceptar todo lo que se promueve hoy en nombre de la religión. En cambio, debemos inclinarnos ante el Señor, entregarle nuestra vida, pedirle que nos muestre Su voluntad y ponernos a trabajar en ella hoy. Es una invitación a aprovechar las oportunidades que Dios nos ha dado para Su gloria, mientras todavía tenemos tiempo.

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