Desde los tiempos de Aristóteles, la percepción del tiempo ha sido un tema de debate y estudio. Sin duda, sabemos ahora, varía según muchos factores, como las emociones, las enfermedades, la edad o lo placenteras o tediosas que sean las actividades diarias. Por eso, algunos días parecen escurrirse de los dedos y otros no pasan nunca. La sensación de que el tiempo se acelera también aumenta a medida que envejecemos, una experiencia común que ha sido objeto de diversas investigaciones.
Albert Einstein popularizó el concepto de que el tiempo es relativo: una hora pasada con alguien que te gusta termina en un momento, y un instante pasado con la mano sobre una plancha ardiente se alarga interminablemente. Las investigaciones demuestran sistemáticamente que nuestra percepción de lo rápido que pasa el tiempo realmente se acelera a medida que nos hacemos mayores.

Factores Neurobiológicos que Afectan la Percepción del Tiempo
El papel de la dopamina
Uno de los principales mecanismos que regula el sentido del tiempo es la dopamina, un neurotransmisor clave en los circuitos que controlan el ritmo interno del cerebro. Con el envejecimiento, los niveles de dopamina disminuyen y esto afecta nuestra capacidad para medir con precisión el paso del tiempo.
Desdiferenciación neuronal relacionada con la edad
Recientemente, una investigación realizada en Inglaterra, cuyos resultados fueron publicados en la revista Communications Biology, extrajo datos del Centro de Cambridge para el Envejecimiento y la Neurociencia. Los científicos llegaron a la conclusión de que los adultos mayores muestran menos transiciones entre estados neuronales debido al fenómeno conocido como desdiferenciación neuronal relacionada con la edad.
En ese proceso, la actividad de diferentes áreas del cerebro se vuelve menos específica con la edad. Por ejemplo, en los jóvenes, los grupos de neuronas en regiones selectivas para rostros responden de manera más selectiva a las caras, pero en las personas mayores, estos grupos de neuronas se iluminan con mayor frecuencia para objetos que no son rostros.
En el estudio de Cambridge, los investigadores analizaron las reacciones de jóvenes y adultos mayores frente a un capítulo de Alfred Hitchcock Presenta denominado ¡Bang! Estás Muerto, mientras se les realizaban resonancias magnéticas funcionales (fMRI). Los autores del estudio detectaron que los cerebros de las personas mayores cambiaron a nuevos estados de actividad con menos frecuencia que los más jóvenes. "Esto sugiere que estados neuronales más largos dentro del mismo período podrían contribuir a que los adultos mayores experimenten el paso del tiempo más rápido", escribieron los investigadores en su informe.
El procesamiento visual y los "fotogramas por segundo"
Otra parte de la ecuación para explicar este fenómeno es fisiológica. Según Adrian Bejan, profesor de ingeniería mecánica y autor, "El cerebro recibe menos imágenes de las que estaba entrenado para recibir cuando era joven". Su teoría sugiere que la velocidad a la que procesamos la información visual disminuye con la edad. A medida que aumentan el tamaño y la complejidad de las redes de neuronas de nuestro cerebro, las señales eléctricas deben recorrer mayores distancias, lo que ralentiza el procesamiento de las señales. ¿El resultado? Percibimos menos "fotogramas por segundo" a medida que envejecemos y, por tanto, tenemos la sensación de que el tiempo pasa más deprisa. Es como un libro animado: cuantas menos imágenes, más rápido se llega al final. "No es que sus experiencias fueran mucho más profundas o significativas, es que se procesaban con mucha mayor rapidez", añade Bejan.
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Ritmos biológicos
Por otro lado, los ritmos biológicos también se ven afectados por el envejecimiento. El sistema endógeno que interactúa con la geofísica, como los ciclos de luz-oscuridad, hace su parte en la percepción temporal. Un estudio de la Universidad de Cambridge expresa que «la mente humana percibe la realidad a través de imágenes que se producen cuando las entradas visuales llegan a la corteza. La mente siente el ‘cambio de tiempo’ cuando cambia la imagen percibida».
Factores Psicológicos y la Influencia de las Experiencias
La proporción del tiempo vivido
Mientras menos tiempo hayamos vivido, un periodo determinado representará una mayor proporción de nuestras vidas. Por ejemplo, para un niño de cuatro años, un año representa un porcentaje mucho mayor de su vida que para una persona de 40 años, por lo que no es de extrañar que le parezca más largo y significativo. En contraste, cuando somos adolescentes, somos tan abiertos y receptivos al mundo que lo sentimos constantemente nuevo y fresco.
Novedad y memoria
Cuando somos jóvenes, el cerebro está programado para fijar nuevas experiencias, y estamos teniendo nuevas experiencias todo el tiempo. Un niño tiene mucho que absorber y digerir cada día, en un mundo que para él es nuevo. Al fin y al cabo, al principio, estamos haciendo todo por primera vez. Cuanto más envejecemos, más probable es que vayamos acumulando cada vez menos experiencias nuevas con cada año que pasa. Si hacemos las mismas cosas semana tras semana, no estamos ofreciendo a nuestros cerebros nada interesante o destacable para recordar. Con pocos recuerdos frescos, las semanas se funden en meses, y los meses se funden en años, con poco para diferenciarlos. El tiempo, a todos los efectos, se ha acelerado. Por el contrario, cuando recordamos un periodo repleto de acontecimientos, "parece que el tiempo se alarga, y se siente muy largo", según Cindy Lustig, profesora de psicología de la Universidad de Michigan.
Percepción subjetiva vs. recuerdo de la duración
El profesor de psicología John Wearden de la Universidad de Keele en el Reino Unido explica que hay que distinguir entre "cómo sentimos que pasa el tiempo" y "cómo se recuerda que ha durado un determinado lapso temporal".
- Sobre cómo sentimos que pasa el tiempo: Parece que cuando uno se lo pasa bien pasa rápido y cuando uno lo pasa mal parece que pasa lento. Las descripciones del tiempo rápido suelen ocurrir cuando, después de un evento divertido, miramos un marcador externo (un reloj, el cierre de un lugar) y concluimos que el tiempo ha pasado muy rápido, sin darnos cuenta mientras el evento ocurría. En cambio, el tiempo lento se experimenta mientras está ocurriendo, por ejemplo, cuando nos aburrimos.
- Sobre cómo se recuerda que ha durado un determinado lapso temporal: Cuanto mejor se ha pasado, más largo parece haber sido. Es decir, si vivimos con pocas experiencias y novedades el tiempo "se siente pasar lentamente" pero lo recordaremos como fugaz; en cambio, si vivimos con muchas experiencias lo "sentiremos pasar rápidamente" pero lo recordaremos como lento. Lo nuevo y lo asombroso importan, ya que "las experiencias que nos dejan impresionados o boquiabiertos nos hacen creer que pasan lentamente."
La Ley de Weber y la Aceleración del Tiempo
Nuestra percepción del tiempo también se ve alterada por la Ley de Weber, desarrollada por Ernst Heinrich Weber y mejorada por Gustav Theodor Fechner. Esta ley explica que cuando se comparan dos estímulos pequeños, basta una diferencia mínima para distinguirlos perfectamente. Ahora, si son grandes, deben ser muy distintos entre uno y otro para poder darnos cuenta. Nuestra percepción cambia y nos resulta más difícil hallar diferencias en masas o unidades mayores.
Esta ley también explica por qué el tiempo se acelera cuando nos hacemos mayores. "Aunque un año tiene siempre la misma duración, la relación entre lo que dura uno y el tiempo que llevas vivido es cada vez más pequeña", explica la divulgadora matemática Hannah Fry. Cada año que pasa añade perceptualmente menos al total de nuestra vida que un año cuando somos niños de corta edad, de ahí que al hacernos mayores nos dé la sensación de que el tiempo pasa más rápido. Un período de seis meses entre rejas se siente mucho más que un plazo de tres, pero una pena de 20 años y tres meses no se percibe mucho más que otra de 20 años.
Estrategias para "Alargar" la Percepción del Tiempo
Aunque el paso del tiempo es imposible de detener y no hay mucho que podamos hacer sobre los elementos fisiológicos, existen otros factores importantes sobre los que tenemos cierto control y que pueden influir en cómo percibimos el tiempo. Aquí algunas recomendaciones:
- Hacer cosas nuevas: Exponerse a nuevas experiencias hará que la percepción del tiempo se ralentice y evitará caer en la rutina. Cambiar las cosas, ya sea simplemente recorrer un nuevo camino hasta la tienda, iniciarse en una nueva afición o escuchar un tipo de música diferente, podría ser clave para alargar cada año. "Frena un poco, oblígate a hacer cosas nuevas para salir de la rutina. Regálate sorpresas. Haz cosas inusuales. Crea algo. Expresa algo", aconseja Adrian Bejan.
- Practicar la atención plena (mindfulness): Prestar atención a una actividad en particular ayuda a anclar la atención en el presente y evitar que el tiempo se escape. Sumérgete en tu cuerpo y en el momento presente. Concéntrate en quién está a tu alrededor, en la naturaleza que te rodea y más. Solo existe este momento en el tiempo.
- Reducir el multitasking: Trabajar con relación a la atención, tomando conciencia de lo que se hace, reduce la dispersión y las tareas en paralelo.
- Crear recuerdos intencionalmente: Observa a los miembros de tu familia e intenta capturar cada detalle de cómo se ven a esta edad específica, cómo se siente estar con ellos y más, sabiendo que este momento pasará.
- Agradecer la coherencia: La edad adulta es menos una montaña rusa que los primeros años, y eso puede ser algo hermoso. La coherencia es menos estresante y somos más capaces de apreciar las pequeñas cosas precisamente porque nuestra experiencia cotidiana es menos intensa.
Es muy común lamentarse por lo rápido que pasa el tiempo. Si el paso del tiempo te genera ansiedad o pensamientos negativos, ¡no estás solo! Conforme vamos cumpliendo años, la sensación es totalmente diferente: el tiempo vuela. La vida adulta es menos una montaña rusa que los primeros años, y eso puede ser algo hermoso. Tenemos más conocimiento y control sobre cómo hacer que nuestros cuerpos, emociones y mentes funcionen bien.