En un mundo cada vez más materialista, consumista y superficial, a menudo se percibe una carencia de sabiduría, especialmente aquella relacionada con los grandes valores y la visión a largo plazo. La vida actual, marcada por la rapidez y la superficialidad, puede llevarnos a cometer los mismos errores del pasado, tanto propios como ajenos. Para contrarrestar esto, es fundamental no solo conocer sino también practicar los medios que preservan la salud física, mental y social, y buscar el sentido trascendente de la vida.
Establecer una escala de valores prioritarios es un ejercicio personal y significativo. Para algunos, esta escala podría incluir la salud, el dinero y el amor; para otros, la familia, el amor y el trabajo; y para otros más, la independencia y el triunfo personal. Incluso, para algunos, la prioridad podría ser el acúmulo de riquezas a cualquier precio. Desde una perspectiva cristiana, la escala de valores se centra en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Es igualmente importante establecer una alianza positiva con los demás, fomentando el sentimiento de "nosotros", al tiempo que se evitan las personas conflictivas, tóxicas o perturbadoras.

La Sabiduría en la Vejez: Más Allá de la Formación Académica
La sabiduría en la vejez no está reservada exclusivamente a quienes la elaboran a través de procesos reflexivos explícitos y complejos, que a menudo requieren un cierto nivel de formación académica. Si bien este grupo de personas mayores cultiva activamente la sabiduría, vivirla trasciende esta esfera. La sabiduría también se nutre de reflexiones vitales espontáneas y no estructuradas, arraigadas en una intuición psico-moral certera. Esta capacidad de maduración de la experiencia personal y la percepción de la realidad se manifiesta en conductas acordes, y el testimonio de personas mayores de toda condición lo demuestra.
Estas reflexiones buscan ofrecer un marco argumental, motivación y orientación a la rica realidad de la sabiduría vivida en la vejez, reconociendo la pluralidad de enfoques y la diversidad de experiencias.
Definiendo la Sabiduría Vivenciada
La sabiduría, en este contexto, se concibe como el saber vivenciado. Este saber se forja a partir de la experiencia vital personal en sus múltiples dimensiones, se interioriza mediante procesos meditativos, afecta a la persona en su integralidad y se proyecta hacia nuevas experiencias como motivación y orientación, retroalimentándose constantemente.
- Implica saberes cognitivos, afectivos y prácticos sobre la realidad, presuponiendo una reflexión, al menos implícita.
- Es un saber singularizado pero no cerrado, abierto a la comunicación y al aprendizaje continuo.
- No cuaja sin las actitudes vitales propicias, creando una circularidad virtuosa donde las actitudes facilitan el saber y este, a su vez, las plasma.
- Entra en crisis ante la imposibilidad de integrar experiencias o ante la fragilización de las capacidades.

La Vejez como Etapa Propicia para la Sabiduría
Si la sabiduría es saber de experiencia, la vejez se presenta como la etapa más propicia para su desarrollo, un saber al que convocan los años y que estos facilitan. Sin embargo, los años por sí solos no la garantizan; se puede ser mayor y contradecir los principios de la sabiduría. La sabiduría, aunque necesaria en todas las edades, se vuelve imprescindible en la vejez.
En edades previas, las carencias de sabiduría pueden ser paliadas por otros saberes o por la vitalidad de las iniciativas. En la vejez, en cambio, el abanico de iniciativas potenciales se reduce, y las marginaciones sociales pueden percibirse como definitivas. Desde la perspectiva del sujeto, la sabiduría se construye a partir de las experiencias pasadas y presentes, orientándose hacia el futuro.
Sabiduría y la Mirada al Pasado
La sabiduría en la vejez a menudo implica una meditación sobre lo globalmente vivido, abarcando experiencias interiores, intersubjetivas, sociales y cívicas. Esta meditación aporta sabiduría para la plenitud de la vida, la justicia y las relaciones. Al enriquecerse con la mirada al pasado, la sabiduría se mantiene abierta a la iniciativa presente, siempre que las capacidades lo permitan.
Sabiduría y la Asunción del Decrecimiento
La vejez se caracteriza por el decrecimiento en capacidades corporales, mnemónicas, cognitivas y afectivas. Sentirse viejo implica experimentar este decrecimiento en algo vital, saber que es irrecuperable y que irá en aumento. Afortunadamente, si la capacidad de pensar se mantiene, alimentar y acrecentar la sabiduría sigue siendo posible. Esta sabiduría se enfoca en el modo de ser y comportarse, en la acogida de lo que adviene y en los horizontes restantes, pudiendo incluso prepararnos para la demencia.

Reconciliación y Sabiduría ante el Pasado
Al reflexionar sobre el pasado, la persona mayor puede encontrarse con aspectos no deseados o dolorosos. La sabiduría se construye asumiendo y acogiendo positivamente esta realidad, lo que puede expresarse como reconciliación consigo mismo. Esta reconciliación, para ser auténtica, debe ir acompañada de la búsqueda de reconciliación con otros y de la reparación o transformación de lo posible.
La Sabiduría ante la Dependencia y el Decrecimiento
El decrecimiento en capacidades propio de la vejez acarrea dependencia de los otros. Aunque nunca somos completamente independientes, la vejez evidencia estas dependencias de manera más acentuada. La sabiduría debe manifestarse en la gestión de estas dependencias, buscando que las ayudas recibidas sean apoyos para el ejercicio de la libertad, y no dominación.
La Dependencia como Amenaza y Oportunidad
La disminución del poder personal ante quienes dependemos puede generar la amenaza de experimentar la dependencia como dominación. Esta dominación puede ser explícita o sutil, incluso bienintencionada. La sabiduría, en estos casos, debe ser también sabiduría de la justicia, enfrentándose a maltratos o a la ausencia de buenos tratos, como el abandono en la soledad no querida.
La Sabiduría y la Dominación Ejercida por la Persona Mayor
Es crucial reconocer también la dominación que la persona mayor puede ejercer, ya sea por poder económico o a través de chantaje emocional o moral. El anciano que se convierte en déspota de quienes le sirven, volcando en ellos su frustración, pierde su sabiduría. En tales casos, cualquier atisbo de sabiduría queda contaminado por este proceder.

La Sabiduría ante el Sufrimiento y la Corporalidad
Experimentar el decrecimiento y la dependencia, con el horizonte de la mortalidad, implica sufrimiento. La sabiduría en la vejez está llamada a modelarse desde el impacto del sufrir, orientando para afrontarlo o asumirlo positivamente.
La Corporalidad como Fuente de Sabiduría
El decrecimiento y la dependencia en la vejez conllevan una relación intensa y específica con nuestra corporalidad. Somos cuerpo, y nuestra historia es la historia de esta corporalidad animada. Cuando el cuerpo fragiliza sus capacidades, pasamos a tener la experiencia de que debemos obedecerle. Es en esta corporalidad fragilizada y dependiente donde se revela decisivamente la corporalidad que somos. La sabiduría se manifiesta en la aceptación de este cuerpo herido, no como un extraño, sino como parte integral de nuestro ser.
Trabajar esta corporalidad para que sea fuente de sabiduría implica:
- Una dimensión preventiva: contención de la desesperanza y la depresión, acogida realista de las posibilidades.
- Una dimensión positiva: agradecimiento por las capacidades pasadas y presentes, entrelazado con ternura por nuestra corporalidad ante las fragilidades que resentimos.
La importancia del conocimiento y la experiencia de las personas mayores
La Ciencia Respalda la Sabiduría en la Vejez
Contrario a los estereotipos del declive cognitivo asociado a la vejez, investigaciones recientes presentan una perspectiva más alentadora. El paso del tiempo no solo acumula años, sino también experiencia y sabiduría, ofreciendo una faceta más enriquecedora del envejecimiento.
La Vejez como Edad de Sabios
Psicólogas como Laura Carstensen, del Stanford Center on Longevity, enfatizan que los 80 años pueden ser la edad de los más sabios del planeta. Si bien las diferencias cognitivas pueden notarse después de los 60, a los 80 años el envejecimiento se manifiesta en toda su diversidad, demostrando que no hay un único camino hacia la vejez.
El Envejecimiento Exitoso y el Control Personal
Estudios a largo plazo muestran que el envejecimiento no afecta a todas las personas de la misma manera. Un gran porcentaje de adultos mayores no experimenta un declive cognitivo significativo. Esto sugiere que las personas tienen control sobre su vejez, y factores como un estilo de vida saludable y una buena autoestima son esenciales para un envejecimiento exitoso. La genética juega un papel, pero las decisiones de vida tienen un peso considerable.

Mejoras Cognitivas y Adaptación Cerebral
A medida que las personas envejecen, ciertos aspectos del funcionamiento cognitivo, como la capacidad para resolver conflictos, la estabilidad emocional y la regulación de las emociones, tienden a mejorar. Aunque el cerebro experimenta cambios, como la contracción de los lóbulos frontales, sigue siendo funcional. Los adultos mayores activan nuevas áreas cerebrales para realizar tareas, forjando vías adicionales que, aunque no siempre tan eficientes como las de los jóvenes, funcionan adecuadamente.
El Conocimiento Acumulado: La Fortaleza de la Vejez
Los adultos mayores sobresalen en el conocimiento acumulado a lo largo de su vida. Este vasto conocimiento les permite encontrar soluciones más efectivas a los problemas, dándoles una ventaja frente a los más jóvenes. Su capacidad para tomar decisiones más acertadas en situaciones complejas se debe a que consideran problemas desde diversas perspectivas y evalúan más factores.