La discusión sobre el rol de los adultos mayores en la sociedad y la necesidad de que continúen trabajando hasta el final de sus vidas es un tema de profunda relevancia, que abarca aspectos económicos, éticos y de derechos humanos. Este debate se ilustra a menudo con historias personales que revelan la compleja realidad de muchas personas mayores.
La Realidad de Trabajar en la Vejez: El Caso de Mario Cortés

Mario Enrique Cortés, de 81 años, disfrutaba las sopas que su hija Maritza le preparaba casi todos los días para su vianda laboral. La rutina de Mario no variaba: pasadas las 5.30 horas, el hombre tomaba su chaqueta y su termo sopero, algunos panes, un postre, y partía en micro desde la comuna de El Bosque hasta la Plaza de la Constitución. Allí trabajaba regando y barriendo hojas para la empresa Núcleo Paisajismo, contratada por la Municipalidad de Santiago.
"Era muy puntual y siempre empezaba su pega a las 6.00; de verdad, le gustaba mucho", subraya Maritza. Sin embargo, el de ayer fue su último viaje. Carabineros de la 1ª Comisaría constataron su deceso a las 6.45 horas, tras hallarlo sentado en un banco de la misma plaza que lo vio trabajar durante más de 20 años. La policía informó que "no hubo lesiones atribuibles a terceros". En ese momento, con termómetros marcando poco más de cuatro grados Celsius, Mario Cortés, el "Tata", habría fallecido producto de un paro cardiorrespiratorio.
Necesidad Laboral y Condiciones de Trabajo de los Adultos Mayores
Este trágico suceso puso en alerta al Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) en Chile. Rayen Inglés, directora de la entidad, destacó: "Revisamos los antecedentes del caso y creemos que, legalmente, todo está en orden. Se trataría de una situación lamentable y fortuita, pero que también deja en evidencia las necesidades laborales de nuestra población mayor".
Según datos de Senama, la población adulta mayor de Chile (hombres y mujeres de más de 60 años) asciende a 2 millones 600 mil personas, de las cuales el 24,5% se encuentra trabajando, es decir, 646.680 personas. La entidad, sin embargo, aclara que "no es posible establecer si los trabajos u oficios que ellos desempeñan implican esfuerzo físico, ya que los datos que tenemos agrupan sus empleos según categoría ocupacional y rama de actividad, y no considerando el despliegue físico de cada labor".
Para Rayen Inglés, "el caso del señor Cortés debe abrir el debate en torno a que a los adultos mayores, si tienen la capacidad y el deseo de trabajar, hay que respetarles ese espacio. Porque la gran mayoría de ellos necesita complementar sus pensiones y rentas para poder vivir".
La Visión de la Sociedad y las Políticas Públicas
El debate sobre la vejez y el trabajo a menudo choca con una visión social que tiende a devaluar a los adultos mayores. Como señala Ethel Krauze en su artículo “Boleto de ida para la vejez”, la sociedad actual privilegia la juventud, la fuerza física, la velocidad y la imparabilidad. Esto lleva a que "el viejo no se estorba a sí mismo, es la sociedad la que no le da cabida". Esta perspectiva se refleja en la falta de campañas de apoyo y ejemplos que brinden aliento a las familias en circunstancias de dolor y prueba, situaciones por las que todos tendrán que pasar.
Envejecimiento y sostenibilidad | María-Angeles Durán y David Reher
Lamentablemente, en ocasiones, estas concepciones se traducen en discursos y políticas que perciben a los ancianos como una carga. Por ejemplo, se ha atribuido al expresidente de Argentina, Alberto Fernández, la frase: "El mayor problema de la economía son los viejos. Antes vivían hasta los setenta y ahora quieren vivir hasta los 85 y tenemos, encima, que mantenerlos sin que hagan nada". En la misma línea, la exdirectora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, declaró en 2017: "Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo y ya".
Durante la pandemia de COVID-19, esta visión instrumental de la vejez alcanzó un punto crítico. En España, se reportó que la mayoría de las muertes por COVID-19 fueron de ancianos y personas discapacitadas, y se filtró a la prensa un borrador gubernamental que sugería "dejar morir" a estas poblaciones en las residencias. Esto puso de manifiesto cómo, en momentos de crisis, la dignidad de las personas mayores puede ser gravemente menoscabada.
Dignidad, Igualdad y No Discriminación en la Vejez
Frente a estas perspectivas, es fundamental recordar que la dignidad de las personas mayores es un derecho inalienable. El filósofo Emmanuel Lévinas argumenta que la compasión es una forma de intuición, una responsabilidad que asumimos sobre el otro, donde la Ética es la filosofía primera, no la Ontología. Su propuesta ética invita a "amar al otro más que a mí mismo", a trascender el egoísmo y tender puentes hacia los demás, en una sociabilidad sin intereses particulares.
La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores subraya la importancia de la dignidad, la igualdad y la no discriminación. El artículo 6 de esta Convención reafirma el derecho a la vida y sienta las bases para una comprensión amplia de la dignidad. La Convención establece derechos para las personas mayores y obligaciones para el Estado, que deben ser comprendidos y analizados en su totalidad.
Aunque se ha trabajado para introducir nuevos datos y conceptos que cambien la noción de que las personas mayores son una carga, la idea aún persiste. Es por ello que la salud o el cuidado son percibidos como un costo, cuando en realidad se ha comprobado que una sociedad saludable y cuidada conduce a un mayor desarrollo económico. Es hora de desafiar estas formas convencionales de pensar y de entender a las personas mayores, incorporando este enfoque en cada interacción, en la familia, en el trabajo y en la comunidad.
Según Xabier Etxeberría (2022), la dignidad remite a lo que una persona vale en sí misma y por sí misma, por el solo hecho de ser humana. La dignidad es atropellada cuando una persona es tratada como un mero medio, un valor instrumental, o percibida como carente de valor, una carga o un costo. La igualdad implica que todas las personas tienen los mismos derechos y libertades, sin caer en la trampa de asimilar a los mayores a otros adultos, sino valorando sus diferencias.
La discriminación se relaciona con la exclusión, las diferencias y la restricción de derechos, con el fin de anular y menoscabar la dignidad. La pandemia de COVID-19 fue un claro ejemplo de discriminación, donde personas mayores eran desatendidas en urgencias a pesar de tener las mismas probabilidades de sobrevivir que los jóvenes. Estas prácticas discriminatorias no se manifiestan solo en crisis, sino también en la vida cotidiana.
El Derecho a una Muerte Digna y los Cuidados Paliativos

Cuando se reflexiona sobre la vida y la muerte, es crucial tener en mente la dignidad, la igualdad y la no discriminación. La muerte digna está estrechamente ligada al derecho a la vida y la dignidad no se manifiesta solo en los momentos previos a la muerte, sino que se construye a lo largo de toda la vida.
Simplificando, son tres las medidas clave que promueven el derecho a la vida y a vivir con dignidad en la vejez:
- Garantizar la accesibilidad y la disponibilidad de los cuidados paliativos.
- Prestar atención a la tríada de la ansiedad (miedo, dolor y sufrimiento).
- Asegurar el consentimiento informado.
La Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE, 2023) define los cuidados al final de la vida como aquellos que se ofrecen a personas que se encuentran en los últimos 12 meses de vida y que reciben cuidados paliativos y curativos. La Comisión Lancet sobre el Acceso a los Cuidados Paliativos y el Alivio del Dolor (Knaul y otros, 2018) los conceptualiza como aquellos que se brindan desde el momento en que la persona desarrolla la enfermedad o lesión que limita su vida hasta la muerte y el duelo de quienes quedan atrás.
A raíz del envejecimiento de la población, el incremento de personas mayores en situación de dependencia y el aumento de las enfermedades no transmisibles, se prevé que la necesidad de cuidados paliativos aumentará. Por ejemplo, en la región de las Américas, la distribución por edades de las personas que experimentaron una muerte con sufrimiento por motivos de salud en 2016 se concentró principalmente en individuos de 70 años y más (52,3%), esperando un aumento al 65,8% para 2030.
El acceso a la atención al final de la vida es desigual y depende de la capacidad de pago de las familias. El desarrollo de los cuidados paliativos es un ámbito que requiere mayor atención en Latinoamérica; en 2020, solo el 58,8% de 17 países analizados tenía legislación sobre el tema, y la provisión de servicios es muy dispar.
El consentimiento informado, establecido en el artículo 11 de la Convención Interamericana, es un componente integral del ejercicio de la autonomía, abarcando la autonomía actual y prospectiva. Este concepto, que puede instrumentarse a través de la voluntad anticipada, permite a la persona en fase terminal tener control sobre cómo morirá, un desafío complejo para muchos.
El Debate sobre el Suicidio Asistido y la Edad
El debate sobre la dignidad en la vejez también se extiende al tema del suicidio asistido. Organizaciones como Exit en Suiza, uno de los pocos países que no prohíbe esta práctica, buscan ampliar su acción para acompañar a ancianos que, aunque no padecen enfermedades incurables, soportan "polipatologías" -una suma de síntomas que restringen la calidad de vida. Para Bernhard Sutter, vicepresidente de Exit, "una persona de noventa años no cuenta con la misma tolerancia que una de cuarenta frente a este tipo de pruebas".
Exit propone el concepto de Freitod (muerte autodeterminada ligada a la edad) para mejorar el control al que se someten las personas para que el médico autorice el uso del medicamento letal. Sin embargo, esto genera controversia. Mientras que Jürg Schlup, presidente de la Federación de Médicos Suizos (FMH), teme una liberalización excesiva y que ciertos ancianos opten por Exit sintiéndose una carga para su entorno, la Academia Suiza de Ciencias Médicas (ASSM) subraya que "el aumento de los casos de suicidios asistidos forma parte de la responsabilidad del conjunto de la sociedad y que esta responsabilidad no puede ser delegada al cuerpo médico".
En este contexto, es imperativo garantizar que nadie afronte el fin de su vida en medio del dolor y el sufrimiento, y que el Estado asuma la responsabilidad de proporcionar las condiciones óptimas de los cuidados al final de la vida. La "nueva normalidad" debería impulsar un cambio en el egoísmo social y promover una mayor humanidad, donde la fe y los valores cristianos, centrados en el amor y la responsabilidad hacia el prójimo, vuelvan a guiar nuestras acciones.
Si hay un instante de la existencia en el cual la dignidad se vuelve absolutamente vital, cuando la humanidad se torna más delicada, es en las circunstancias que rodean al último suspiro. En efecto, la muerte lleva a reflexionar sobre lo valioso de lo vivido, no sobre lo perdido.