La necesidad urgente en la actualidad es poner en práctica la "nueva manera" con diligencia. Los ancianos, los hermanos que sirven de tiempo completo y los colaboradores deberían ser los primeros en adoptar esta nueva forma de servicio. Todos los ancianos deben tomar la delantera en salvar a nuevos creyentes y en tener dos o tres bajo su cuidado.
Ocuparse meramente de los asuntos internos de la iglesia no es lo adecuado, ya que el Señor desea que los pecadores sean salvos, regenerados, santificados y transformados para convertirse en Sus miembros vivos. No es suficiente tener un gran número de personas reunidas en una iglesia local si solo se congregan una vez a la semana sin un crecimiento espiritual profundo. Debemos cuestionarnos si los asistentes son bien nutridos, santificados, renovados día a día y transformados. No podremos excusarnos ante el Señor diciendo que la nueva manera era demasiado difícil.
La Urgente Necesidad de un Nuevo Comienzo en la Evangelización
Hoy en día, en todas partes, hay una urgente necesidad de un nuevo comienzo. Los ancianos no deben esperar a los jóvenes, y los jóvenes no deben esperar a los ancianos; todos debemos empezar a practicar esta manera de evangelización. Hacer que las personas sean salvas no es fácil, pero tampoco es demasiado difícil. Podemos visitar a las personas tocando a sus puertas, haciendo llamadas telefónicas o pidiendo a los santos que nos presenten a sus familiares. Debemos hacer todo lo posible por hallar a alguien a quien visitar para llevarle el evangelio.
Unidos en la vida cristiana – Dr. Charles Stanley
Después de bautizar a las personas, debemos valorarlas mucho, considerándolas como nuestro tesoro y nuestros "bebés" espirituales. Luego tendremos que encargarnos de ellos, cuidarlos con ternura y nutrirlos, no solo por unos pocos días, sino por un periodo considerable de tiempo. Algunos nuevos necesitarán cuidado durante medio año, mientras que otros requerirán un año entero, con la meta de alimentarlos para que puedan crecer. No es necesario cuidarlos todos los días; es suficiente hacerlo una vez a la semana por dos o tres horas.
Las Tres Reuniones Básicas de la Iglesia y el Tiempo para el Evangelio
Las tres reuniones básicas de la iglesia son esenciales para la edificación y el compañerismo:
- En el Día del Señor, debemos reunirnos por unas dos horas en la mañana para participar en la mesa del Señor y hablar la palabra de Dios unos a otros. Todos los santos, nuevos y viejos, deben asistir para disfrutarle corporativamente y aprender a hablar por Él, escuchando y siendo edificados.
- Una noche a la semana debemos asistir a la reunión de oración. Al orar solo una vez en la reunión de oración, se puede recibir más edificación, iluminación y ser expuesto para beneficio propio.
- Una noche por semana debemos asistir a una reunión de grupo para tener comunión, recibir perfeccionamiento y perfeccionar a otros.
Esta organización nos deja cinco noches libres, las dos tardes de fin de semana y una mañana del fin de semana. Incluso si usamos todo el sábado para diferentes asuntos, todavía tendremos cinco noches y una tarde libres. Debemos usar una de estas seis oportunidades para salir a predicar el evangelio, ya sea visitando a personas al tocar sus puertas, haciendo llamadas telefónicas o yendo a las casas de los nuevos para alimentarlos.
Es posible que algunos digan que esto es difícil de llevar a cabo en la práctica, pero la práctica es clave. Debemos practicar el salir una o dos veces por semana para llevar el evangelio. Aun si no sabemos cómo hacerlo, sencillamente debemos intentarlo. No importa si nunca hemos sido entrenados para tocar puertas; después de salir durante un mes, la tarea parecerá fácil. No podremos excusarnos ante el Señor diciendo que la nueva manera era demasiado difícil.
El Hábito de Cuidar a los Nuevos Creyentes
Es fundamental adquirir el hábito de cuidar de los nuevos. No es una tarea compleja como aprender hebreo o griego; simplemente consiste en acercarse a un nuevo creyente, presentarse e invitarle a comer. No necesitamos saber exactamente cómo alimentar a alguien después de que se le bautiza; simplemente debemos ir y hacerlo. La mayoría de los nuevos aprecian ser visitados. Al hacerlo, aprenderemos gradualmente, incluso si las primeras visitas resultan inciertas.
Nuestro servicio en los asuntos prácticos de la iglesia puede ser piadoso y fervoroso, pero quizás no sea tan agradable al Señor como salir a tocar puertas para ganar personas. Es mejor salvar y bautizar pecadores y traerlos a la reunión de la iglesia. A menudo, vemos las mismas caras en las reuniones, incluso en las de grupo, donde los mismos ocho o diez santos se reúnen repetidamente sin nuevos creyentes. Necesitamos nuevos hermanos y "corderos" a los cuales alimentar.

El Significado Histórico y Bíblico de los Ancianos
Las palabras hebrea za·qén y griega pre·sbý·te·ros significan "hombre mayor" o "anciano". Su uso no se limita a la acepción literal de personas de edad avanzada, sino que también aplica de manera especial a quienes ocupan una posición de autoridad y responsabilidad en una comunidad o nación. Desde tiempos antiguos, los ancianos han sido tenidos en alta estima y respetados por su experiencia, conocimiento, sabiduría y buen juicio. En muchas naciones, la gente se ha sometido a la dirección de sus ancianos, ya fueran los miembros de más edad de algunos linajes o aquellos que se destacaban por su conocimiento y sabiduría.
La expresión "anciano" tenía un doble significado: podía referirse a la edad física o designar un puesto o cargo. Por ejemplo, los "ancianos de la tierra de Egipto" o los "ancianos de Moab y Madián" no incluían a todos los varones de edad avanzada, sino a aquellos que servían como consejo para dirigir y guiar los asuntos nacionales. De manera similar, las expresiones "ancianos de Israel", "ancianos de la asamblea", "ancianos de mi pueblo" y "ancianos del país" se utilizan en este sentido oficial, y no para cada hombre de edad avanzada de la nación de Israel.
Los Ancianos en el Antiguo Israel
Ya antes del éxodo, los israelitas tuvieron "ancianos" que presentaban ante el pueblo los asuntos, actuaban como sus voceros y tomaban decisiones. Moisés fue instruido a presentar su comisión a estos ancianos, quienes lo acompañaron ante Faraón. Cuando Moisés presentó el pacto de la Ley, los "ancianos" oficiales representaron al pueblo al entrar en esa relación de pacto con Jehová. Cuando Moisés confesó que la carga administrativa del pueblo era demasiado pesada, Jehová le respondió: "Reúneme setenta hombres de los ancianos de Israel, de quienes de veras conozcas que son ancianos del pueblo y oficiales suyos [...] y tendré que quitar parte del espíritu que está sobre ti y colocarlo sobre ellos, y ellos tendrán que ayudarte a llevar la carga." Estos "ancianos" fueron nombrados teocráticamente para ese puesto de servicio.
Al establecerse en pueblos y ciudades, los ancianos asumieron la responsabilidad de atender a la gente dentro de cada comunidad. Actuaron como un cuerpo de superintendentes, designando jueces y funcionarios para la administración de justicia, la conservación de la paz, el buen orden y el bienestar espiritual. Las referencias a "todo Israel, a sus ancianos y sus cabezas y sus jueces y sus oficiales" y a "los ancianos de Israel y a todos los cabezas de las tribus, los principales de las casas paternas" indican que aquellos denominados de esa manera específica desempeñaban cargos especiales en su función de ancianos.
Los "ancianos" que tenían jurisdicción nacional eran designados como "ancianos de Israel", "ancianos del país", "ancianos de la asamblea" o, en el reino meridional, "ancianos de Judá y de Jerusalén". Lamentablemente, al igual que muchos reyes y sacerdotes de Israel, los "ancianos" en general resultaron ser infieles en el cumplimiento de su responsabilidad. Las Escrituras Hebreas recalcan que la edad por sí sola no basta, y que la "canicie es corona de hermosura" solo cuando se halla en el camino de la justicia. La sabiduría no proviene solo de la edad, sino de permitir que el espíritu de Dios guíe y de adquirir entendimiento de Su Palabra.
Los Ancianos en la Congregación Cristiana
La dirección por parte de un cuerpo de "ancianos" continuó a lo largo de la historia de la nación, incluso durante el exilio en Babilonia y después del regreso a Judá. En el tiempo de Jesús, había "ancianos" (griego: pre·sbý·te·roi) que atendían asuntos públicos, tanto en la comunidad como a escala nacional. La "asamblea de ancianos" (griego: pre·sby·té·ri·on) de Jerusalén constituyó una importante fuente de oposición a Jesús y sus discípulos.
Partiendo de esta base, no es difícil entender las referencias a los "ancianos" (pre·sbý·te·roi) de la congregación cristiana. En el día del Pentecostés, los apóstoles actuaron como un cuerpo, siendo "ancianos" en sentido espiritual debido a su asociación íntima con Jesús y su comisión personal para enseñar. Los creyentes reconocieron su autoridad para gobernar bajo la autoridad de Cristo y hacer nombramientos para puestos de servicio. Cuando surgió la controversia sobre la circuncisión, algunos "ancianos" se reunieron en asamblea junto con los apóstoles para tratar el asunto, y su decisión fue aceptada como definitiva.
Estos "ancianos" formaron junto con los apóstoles un cuerpo gobernante para toda la congregación cristiana internacional. Pablo se reunió con Santiago y "todos los ancianos" en Jerusalén para relatar los resultados de su obra y recibir consejo. En algunos casos, el término "ancianos" se utiliza en contraste con hombres más jóvenes o en paralelo con mujeres de edad avanzada, refiriéndose simplemente a hombres de edad madura, sin implicar un puesto de responsabilidad. También se usa para referirse a "hombres de tiempos antiguos".
Sin embargo, en la mayor parte de las Escrituras Griegas Cristianas, se usa con referencia a los "ancianos" responsables de la dirección de la congregación. En algunos textos, a los "ancianos" se les llama e·pí·sko·poi o "superintendentes" ("obispos"). Pablo utilizó este término al hablar a los "ancianos" de la congregación de Éfeso, y en su carta a Tito. Aunque la edad física era un factor, no era el único y principal, como se ve por los otros requisitos enunciados. Por ejemplo, Timoteo, a pesar de ser relativamente joven, participó en el nombramiento de "ancianos" y fue reconocido como tal.
Los requisitos para la responsabilidad de "anciano" estipulaban una alta norma de conducta y espiritualidad. La aptitud para enseñar, exhortar y censurar desempeñaba un papel determinante. Como "pastores", los "ancianos" son responsables de la alimentación espiritual del rebaño, de cuidar a los enfermos espiritualmente y de proteger al rebaño de los "lobos". Cada congregación tenía su cuerpo de "ancianos" o "superintendentes", mencionados por lo general en plural. Pablo asignó a Timoteo y a Tito para que actuaran en representación suya en ciertos lugares, y Pablo, Bernabé, Tito y Timoteo nombraron "ancianos" en las congregaciones.
Pablo escribió: "Que los ancianos que presiden excelentemente sean tenidos por dignos de doble honra, especialmente los que trabajan duro en hablar y enseñar." En el libro de Revelación, el término pre·sbý·te·roi se aplica a criaturas espíritus, específicamente a veinticuatro ancianos sentados sobre tronos alrededor del trono de Jehová. Estos veinticuatro ancianos podrían representar al entero cuerpo de cristianos ungidos que, al ser fieles hasta la muerte, reciben la recompensa prometida de una resurrección celestial y tronos cerca del trono de Jehová.