Es posible que si miras una foto de tu abuela cuando tenía tu misma edad te parezca muchísimo mayor de lo que tú te ves ahora. Incluso si piensas en ti cuando tenías 10 años, te recuerdas mayor de lo que ves ahora a los niños de esa edad saliendo del colegio. ¿Qué está pasando? Hay muchas respuestas a esta pregunta, unas más obvias que otras.
Para empezar, no es lo mismo compararte con tu abuela, que tuvo tu edad hace quizás 60 años, que con un niño cuya edad tuviste hace 20. Si nos fijamos en las generaciones más antiguas, está claro que su vida era más complicada. Trabajaban muchas horas, a veces a la intemperie sin ningún tipo de protección, tenían sistemas sanitarios mucho menos desarrollados… Es lógico que se viesen mayores aunque, cronológicamente, fuesen jóvenes.
Sin embargo, en 2018 se publicó un estudio en el que, al comparar a personas con la misma edad en 1988 y 2010, los marcadores de envejecimiento eran mucho mayores en los primeros. Las generaciones actuales se ven más jóvenes que las de sus abuelos por múltiples razones, aunque hay dos muy importantes.
Factores clave: tabaco y exposición solar
En primer lugar nos encontramos con el consumo de tabaco. No solo puede provocar el desarrollo de multitud de enfermedades, como el cáncer de pulmón o la enfermedad obstructiva crónica. El tabaco también se relaciona con el envejecimiento prematuro. Su consumo libera unos compuestos llamados radicales libres que promueven la oxidación de las células y, con ello, su envejecimiento.
Provoca un envejecimiento celular que quizás no sea tan visible, pero también un envejecimiento más evidente. Y es que, por ejemplo, entre las células que se dañan se encuentran las encargadas de la síntesis de colágeno. Fumar potencia el envejecimiento a muchos niveles. Uno de los motivos por los que el tabaco puede estar entre las razones principales por las que hoy nos vemos más jóvenes está relacionado con las brechas de género en su consumo. En el pasado, había muchos más hombres fumadores, mientras que con el tiempo empezó a estar menos mal visto en mujeres. Durante mucho tiempo, la esperanza de vida masculina fue mucho menor que la de las mujeres, por múltiples razones. Sin embargo, cuando ellas se añadieron al tabaquismo, esta brecha se redujo ligeramente.
Del mismo modo, las campañas de concienciación que han llevado a que haya menos fumadores también han mantenido esa brecha más reducida. La esperanza de vida de las mujeres sigue siendo mayor, pero no hay una diferencia tan amplia. Ocurre algo parecido con la protección solar. En el pasado había algunas opciones, pero es cierto que no existía el hábito que hay hoy en día al respecto. Muchas personas se exponían al sol sin protección, a veces de forma totalmente deliberada, porque buscaban un deseado bronceado. Otras veces lo hacían por trabajo, pero igualmente no se protegían, ya fuese por desconocimiento o porque no tenían dinero para invertir en protectores solares.
Las radiaciones ultravioleta solares dañan el ADN de nuestras células y aceleran el envejecimiento. Los efectos son bastante parecidos a los del tabaco, por lo que también se ven tanto por dentro como por fuera. Además, la exposición al sol puede provocar manchas solares, que normalmente se asocian con una piel envejecida. El uso de protección solar nos ayuda a vernos más jóvenes. Hoy en día también estamos mucho más familiarizados con el skincare. No solo nos protegemos la piel del Sol. También utilizamos productos cosméticos que nos ayudan a cuidar el aspecto de la piel, de modo que parezca más joven.
Hábitos de cuidado y riesgos del exceso
El problema es que esto se ha convertido en una fiebre descontrolada que está llevando a que algunas personas usen productos que no deben. Pasa por ejemplo con las niñas que utilizan retinoides, a pesar de que son productos recomendados para pieles que empiezan a perder colágeno, normalmente a partir de unos 30 años. Estos productos pueden irritar sus pieles sensibles y, a la larga, dar un aspecto más envejecido. Podríamos caer en el efecto contrario. De hecho, ya hay quien dice que los generación Z parecen mayores que los millenials cuando tenían su misma edad.
La«edad subjetiva» y sesgos perceptivos
Aunque hay motivos biológicos de sobra para que hoy en día nos veamos más jóvenes, es innegable que también tenemos ciertos sesgos. Es algo que los expertos califican como envejecimiento retrospectivo. Por ejemplo, hay cierta ropa que, hoy en día, relacionamos con tiempos pasados. Si vemos fotos de una persona joven con esa ropa, sentimos que tiene más edad, aunque puede que sea incluso más joven que nosotros. Ocurre lo mismo con la forma de vida. Para las generaciones actuales, ser abuelo se relaciona con ser viejo. En el pasado había personas que eran abuelas con 50 años. Incluso antes. Nos daban la imagen de estar envejecidas. Actualmente vemos a Shakira con 48 años y dos hijos preadolescentes y nos parece una persona muy joven. Nada que ver con una abuela de las de antes. Y a ver quién se atreve a decir que Jennifer López se ve mayor.
Los constructos sociales sesgan nuestra percepción de juventud. En definitiva, sí, en general hoy en día las personas parecen más jóvenes que quienes tenían la misma edad en el pasado. Hay muchas explicaciones biológicas, pero también estamos sesgados. “Guau, ¿qué les pasó?”, te preguntas,
Gen MC1R y genética: una pieza del rompecabezas
Durante el estudio se analizaron imágenes de 2.693 personas sin maquillar para ver qué edad pensaba la gente que tenían. El resultado se comparó con su verdadera edad. La siguiente etapa de la investigación fue buscar en su ADN diferencias o mutaciones comunes en los que parecían más jóvenes de lo que realmente eran. Toda la evidencia apuntaba al gen MC1R - fundamental para la fabricación de melanina, que afecta a la pigmentación de la piel y protege contra la radiación UV del sol. Pero el gen viene en muchas formas diferentes, o variantes, muchas de las cuales causan el pelo rojo. De ahí el apodo que tiene en inglés de "el gen de jengibre" (ginger gen).
El estudio sugiere que algunas variantes del gen hacen que las personas parezcan, en promedio, dos años más jóvenes que otras que tienen otras formas de MC1R. Manfred Kayser, de la universidad Erasmus, dijo a la BBC: “La parte interesante es que encontramos el gen. Es emocionante porque este es un fenómeno bien conocido que hasta el momento no se puede explicar. La mayor parte de las investigaciones sobre la edad subjetiva está basada en asociaciones entre la edad que las personas consideran tener y su estado de salud, así que no es posible determinar una causa y efecto”.
La mayoría de las personas no se creen más bajas o más altas de lo que realmente son. No se consideran con orejas más pequeñas, narices más largas o cabello más rizado. Y salvo que padezcan algún trastorno de la alimentación tampoco ven distorsionada su imagen corporal. Sin embargo, es extraño, pero existe un concepto denominado “edad subjetiva” por el que la mayoría de las personas mayores de 40 años se autopercibe con una edad menor a la que en realidad tiene.
Esa brecha entre la edad cronológica de una persona y la edad autopercibida fue motivo de distintos estudios científicos en el último tiempo. Una de las investigaciones, realizadas por expertos de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, preguntó acerca de esto a sus 1.470 participantes y lo que los autores descubrieron es que los adultos mayores de 40 se perciben a sí mismos como, en promedio, un 20% más jóvenes que su edad real. Los adultos menores de 25 años, en tanto, con mayor frecuencia dijeron que se consideraban mayores que su edad cronológica.
Beneficios y límites de sentirse más jóvenes
Sentirse más joven parece tener beneficios tanto físicos como psicológicos. Según The Wall Street Journal, investigaciones recientes vincularon las actitudes positivas hacia el envejecimiento y sentirse más joven con una vida más larga. Los resultados del estudio encontraron que los participantes que esperaban continuar creciendo y desarrollándose hasta la vejez vivieron un promedio de 13 años más que aquellos que no esperaban tal crecimiento.
Por el contrario, el estrés nocivo para la salud también lo pueden generar aquellas personas que superan su edad cronológica. Según estudios recientes realizados en hombres mayores de 50 años, los hombres que se sienten mayores de su edad real tienen niveles elevados de la hormona del estrés cortisol y la proteína C reactiva, que son marcadores inflamatorios asociados con enfermedades del corazón. Otra investigación sobre el tema, realizada por científicos israelíes de la Universidad Bar-Ilan, determinó que, incluso en la vejez, tener una mentalidad juvenil podría mejorar las posibilidades de recuperarse con éxito de las condiciones médicas.
Tener una mentalidad jovial disminuye la edad subjetiva de las personas y se traduce en un mejor estado clínico general. En el trabajo, que fue publicado en la revista Gerontology, los expertos evaluaron a 194 pacientes adultos, de 73 a 84 años, que estaban siendo tratados por fracturas osteoporóticas o accidentes cerebrovasculares en varios centros de rehabilitación de Israel. Según se desprende de la investigación, “una edad subjetiva más joven al ingreso predijo puntuaciones de Medida de Independencia Funcional (FIM) más altas al alta”.
El estudio también indica que “el optimismo durante la hospitalización mediaba el efecto de la edad subjetiva en las puntuaciones FIM posteriores, mientras que la autoestima y la satisfacción con la vida no lo hicieron”. Un segundo estudio de la Asociación Estadounidense de Psicología sugiere una posible razón para el vínculo entre la edad subjetiva y la salud: sentirse más joven podría ayudar a proteger a los adultos mayores contra los efectos dañinos del estrés. La edad subjetiva fue el predictor más fuerte de los resultados de la rehabilitación en otro análisis.
Conclusiones sin conclusión única
En el conjunto, la investigación sugiere que la edad subjetiva puede actuar como un amortiguador protector ante el estrés y el deterioro de la salud funcional, y que la forma en que nos percibimos a nosotros mismos influye en nuestro bienestar físico y mental. Pero las causas son complejas y multifactoriales: genética, epigenética, hábitos de vida y sesgos culturales se entrelazan para modelar nuestra apariencia y nuestra percepción de juventud.
