La educación es un derecho fundamental que debe ser accesible para todos, sin importar sus condiciones. Sin embargo, factores como la pobreza, la discapacidad, la migración o el origen étnico pueden colocar a niños, niñas y adolescentes en situaciones de vulnerabilidad que aumentan el riesgo de abandono escolar y limitan su desarrollo pleno. Para asegurar que todos los estudiantes accedan y culminen su educación, los sistemas educativos implementan normativas que eliminan barreras y promueven la inclusión.
Definiendo la Exclusión y la Inclusión Educativa
Los conceptos de exclusión e inclusión son cruciales para comprender las dinámicas que afectan a los colectivos vulnerables en el ámbito educativo. La exclusión abarca diversos aspectos del desarrollo vital, de modo que una situación económica desfavorable a menudo se asocia con la exclusión laboral, de salud, educativa y habitacional, entre otras. Por ello, superar la exclusión requiere una acción coordinada en múltiples niveles.
Es fundamental reconocer que la exclusión afecta a ciertos grupos sociales en contextos específicos a lo largo del tiempo, lo que ha permitido ampliar la discusión sobre sus alcances y efectos, y, consecuentemente, identificar a estos grupos. En contraste, la inclusión se define por la interacción de diversos elementos: acoge a todos los niños, niñas y jóvenes, con especial atención a aquellos en situación de vulnerabilidad, para garantizar el acceso a una educación de calidad con igualdad de oportunidades (Echeita y Duk, 2008).
La inclusión, tal como la entiende Parrilla (2002), se refiere a "participar en la comunidad de todos en términos de que garanticen y respeten el derecho, no sólo a estar o pertenecer, sino a participar de forma activa política y civilmente en la sociedad, en el aprendizaje en la escuela, etc.". Esta perspectiva resalta la importancia de promover una participación activa, comprometida, crítica y colaborativa en la educación, donde la diversidad es valorada como una oportunidad.
Exclusión e inclusión no son opuestos binarios, sino un continuo. En este espectro, se reconocen situaciones intermedias donde diferentes colectivos pueden encontrarse en riesgo de exclusión o en proceso de inclusión, aunque no plena. La referencia a la justicia social es inevitable, ya que implica considerar a los excluidos como seres humanos con derechos y a la sociedad como una institución con obligaciones de justicia hacia ellos (Parrilla, 2002). Este concepto, debatido por autores como Rawls (1995), Sen (2010), Bolívar (2005) y Dubet (2012), trasciende lo político-normativo para abarcar planos culturales, económicos y, especialmente, educativos, permitiendo múltiples enfoques (Cuenca, 2012).
Identificación de Colectivos en Situación de Vulnerabilidad
Referir a la exclusión como un proceso que afecta a determinados colectivos en situación de vulnerabilidad requiere especificar a quiénes se incluye y por qué motivos. Se considera a estos grupos como un efecto de procesos sucesivos de marginación, desigualdad y discriminación en diferentes ámbitos de desarrollo, tales como salud, educación y economía. Estos colectivos se encuentran en una situación resultante de condicionamientos histórico-sociales, pero no portan esta condición como parte intrínseca de su identidad.
Es importante reconocer que, en el marco de enfoques segregacionistas e incluso integracionistas en la educación, esta caracterización ha funcionado en ocasiones como un eje de discriminación. Aunque toda clasificación intenta sintetizar una realidad compleja y multidimensional con fines analíticos o de intervención, puede resultar reduccionista.

A pesar de la disminución de las desigualdades de género en el acceso a la educación y una tendencia a la feminización de la matrícula en educación superior en ciertas carreras (Rama, 2009), persiste una distribución desigual de oportunidades educativas para niñas de familias pobres, de zonas rurales, o de origen indígena o afrodescendiente (Winkler y Cueto, 2004). El reconocimiento del impacto negativo de condiciones contextuales actuales, como guerras, conflictos territoriales y violencia de género, subraya la necesidad de identificar nuevos colectivos en situación de vulnerabilidad. González y Blandón (2014) mencionan, por ejemplo, a los desplazados, los reinsertados y las víctimas de conflictos.
La Educación Superior como Motor de Inclusión
La educación superior es un bien y un recurso que contribuye a la formación en contenidos y competencias, y, sobre todo, al ejercicio pleno de la ciudadanía al promover el pensamiento crítico y el compromiso social. Actualmente, las tendencias mundiales influyen en su desarrollo, demandando nuevas y complejas funciones. Para la agenda de la educación superior iberoamericana, la inclusión es un tema prioritario que genera numerosas iniciativas gubernamentales e institucionales.
Aunque se ha avanzado en la universalización de la educación y en el alcance de los estudiantes en situación de vulnerabilidad (la tasa neta de matriculación en primaria llegó al 93% en 2015, según la UNESCO), la educación superior aún enfrenta desafíos. La masificación de la matrícula, con un crecimiento del 62% entre 2000 y 2008, no siempre ha conllevado un cambio en el modelo educativo necesario para responder a las demandas de los colectivos vulnerables (Rama, 2009).
La igualdad de oportunidades en la educación superior requiere una política universitaria que garantice a todos los estudiantes, sin importar sus condiciones de origen, la posibilidad de emprender un estudio universitario (Renaut, 2008). Como afirma Blanco (2007), "la inclusión es, antes que nada, un asunto de derechos y una cuestión de justicia y de igualdad".
Barreras y Limitaciones en la Educación Superior
Una sólida tradición de investigación ha analizado los condicionamientos que afectan la trayectoria de los estudiantes en situación de vulnerabilidad en la educación superior. Estos modelos explicativos pueden ser:
- Psicológicos: basados en el análisis de las características personales e individuales de los estudiantes.
- Económicos: haciendo referencia a variables económicas desde el análisis costo-beneficio.
- Sociológicos: que focalizan el análisis del contexto social y factores externos a los sujetos.
- Organizacionales: donde la institución, sus límites y posibilidades son la variable fundamental.
Coincidiendo con el enfoque organizacional, los fenómenos que dificultan la trayectoria universitaria de los estudiantes vulnerables, como el abandono, requieren abordajes multidimensionales (Canales y De los Ríos, 2009). Himmel (2002) subraya como indicadores relevantes la calidad de la docencia, las experiencias estudiantiles en el aula, los servicios institucionales (culturales, deportivos, de salud) y los recursos bibliográficos y laboratorios.
Además de estas barreras, existen tres limitaciones principales para los estudiantes en situación de vulnerabilidad en la universidad:
- Transición entre niveles secundario y superior: La trayectoria escolar previa de estos estudiantes a menudo se caracteriza por una baja calidad educativa y una menor dotación de capital social inicial (Díaz-Romero, 2010).
- Desempeño académico: Las limitaciones para desempeñarse según los estándares universitarios requieren la implementación continua y sostenida de acciones tutoriales y de orientación con la implicación del profesorado.
- Estereotipos, prejuicios y prácticas discriminatorias: Esta problemática global afecta de manera más directa, por ejemplo, a estudiantes de pueblos indígenas o afrodescendientes, transversalizando su experiencia universitaria.
Neurodiversidad: retos para la inclusión educativa
El Rol de las Universidades como Organizaciones Inclusivas
Repensar el rol de las universidades como organizaciones inclusivas implica afirmar que una organización educativa inclusiva es "aquella que afronta la inclusión como proyecto global, que afecta a la institución en su conjunto" (Parrilla, 2002). Esto requiere profundizar el diseño, implementación y evaluación de acciones destinadas a los estudiantes, y, de manera coordinada, abordar el análisis y la mejora de las posibles resistencias institucionales y de sus actores (autoridades, profesorado, estudiantes, personal administrativo).
Para ello, es fundamental un mayor conocimiento del cuerpo estudiantil en la institución, y también de los demás actores, para visibilizar a los colectivos vulnerables y contar con información precisa para el diseño de políticas adecuadas. La implicación de todos los actores es crucial.
Los sistemas de educación superior en Iberoamérica deben:
- Promover la cohesión e integración sociales.
- Contribuir al crecimiento y la competitividad.
- Ayudar al fortalecimiento de las instituciones para la gobernabilidad democrática.
- Ofrecer condiciones reales de oportunidad para los estudios universitarios.
- Promover la investigación, creación y difusión de conocimiento para la inclusión y equidad.
- Favorecer la responsabilidad social mediante proyectos y políticas a largo plazo que fomenten el desarrollo del país y el bienestar de la población.
Dichos mecanismos deben contener acciones en diferentes planos: organizativas, curriculares, formativas, de infraestructura (espacios físicos), servicios y apoyos tecnológicos, actividades de socialización y participación en áreas institucionales. En el ámbito de la formación, se trata de fortalecer la creación y transferencia de conocimientos socialmente relevantes, enmarcados en una perspectiva de derechos y valores democráticos.
Vulnerabilidad y Discriminación en Contextos Específicos
Pobreza y Exclusión Social
En España, uno de cada tres niños y niñas está en riesgo de pobreza o exclusión social. Antes de la pandemia de COVID-19, la pobreza infantil afectaba a 2,2 millones de niños, niñas y adolescentes, cerca del 30%, según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de 2019. Una nueva Ley Educativa podría haber sido una oportunidad para avanzar en un currículum que abordara estos elementos y causas de la vulnerabilidad y segregación infantil, más allá de la Declaración de los Derechos de la Infancia.
El currículum propuesto por el Ministerio, si bien exige el reconocimiento de los derechos de la infancia en toda su extensión, haciendo referencia a la Convención de los Derechos del Niño, la Agenda 2030, la igualdad de género y la lucha contra la violencia de género, no siempre aporta soluciones a cómo construir un currículum que responda a las necesidades de equidad e inclusión de la infancia empobrecida, excluida y discriminada.
Aunque se presenta más flexible, sin estándares de aprendizaje, y se mencionan ámbitos de aprendizaje y la necesidad de aumentar la autonomía pedagógica, el cambio puede ser nominal si no se centra en la equidad y la inclusión. Es crucial poner en el centro del sistema educativo un currículum que trabaje por la inclusión a través de la flexibilidad y la equidad, buscando estrategias metodológicas y pedagógicas para que todos los niños y las niñas logren, al menos, la titulación básica de la ESO. Se debe dejar de centrarse tanto en los contenidos y plantearse el "para qué" de la educación.
Otro aspecto que no se aborda es la supresión definitiva de la religión confesional en el sistema educativo, ya que la materia y los contenidos de religión pueden ser un factor de discriminación y de educación en la desigualdad entre hombres y mujeres.
Refugiados, Minorías y Pueblos Indígenas
Con más de 20,7 millones de personas refugiadas, son numerosos los desafíos relacionados con el acceso, la calidad y la equidad educativa. Sin embargo, la educación es fundamental para que puedan desarrollarse plenamente, encontrar trabajo y contribuir a la sociedad. La UNESCO ha elaborado documentos que analizan cómo proteger y hacer valer este derecho.
Las minorías y los pueblos indígenas necesitan un sistema educativo que respete sus necesidades culturales, lingüísticas y religiosas. Esto implica garantías legales, adaptación de contenidos y prácticas de enseñanza a sus especificidades culturales, una educación bilingüe e intercultural, y la asignación de un presupuesto específico. La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el periodo 2022-2032 como el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas para concienciar sobre su importancia para el desarrollo sostenible y la construcción de la paz.
Contextos de Emergencia
La educación es un derecho humano en todo momento. No obstante, en situaciones de conflicto y emergencia, los Estados suelen tener dificultades para garantizar y proteger este derecho, especialmente para los grupos vulnerables. La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la falta de resistencia de los sistemas educativos, acentuando desigualdades, pérdidas de aprendizaje y la deserción escolar.
Aunque la educación no se considera generalmente una acción que salva vidas en emergencias, padres y alumnos insisten en su valor vital para la estabilidad, la protección emocional y física, y la continuidad. También ayuda a los afectados a reintegrarse en la sociedad y, en contextos de conflicto, puede prevenir eventos similares. La UNESCO trabaja para que la comunidad internacional minimice los efectos nocivos de estas situaciones, ya que la normativa de derechos humanos se aplica en todos los contextos. El derecho a la educación es inderogable, lo que significa que los Estados no pueden limitar temporalmente su realización durante un estado de emergencia, a menos que se justifique invocando la cláusula de limitación del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966).
Violencia Escolar y Vulnerabilidad
La violencia escolar debe entenderse en relación con las personas, organizaciones y culturas que la enmarcan. Es crucial conocer la perspectiva de los niños y niñas de enseñanza primaria, especialmente en segmentos sociales marginados y vulnerados por condiciones de injusticia y pobreza, cuyas voces a menudo están menos representadas en la cultura escolar.
Una investigación cualitativa en una escuela básica, donde el 100% de los estudiantes acreditaban condiciones de vulnerabilidad social y educativa y donde solían ocurrir hechos de violencia, tuvo como objetivo conocer los significados construidos respecto de la violencia y su gestión. Los resultados refieren a una experiencia diaria de aburrimiento en el aula, a la que algunos estudiantes se resignaban, mientras otros buscaban escapar de las clases o interrumpirlas mediante peleas o destrucción de mobiliario.
Los estudiantes que protagonizaban estas acciones eran atendidos por profesores y profesionales de apoyo, a diferencia de aquellos que observaban o recibían agresiones. Los participantes manifestaron propuestas para mejorar la convivencia en la escuela y el aula, lo cual es discutido en relación con las necesidades de reconocimiento identitario y cultural de los estudiantes.