La Soledad y la Viudedad: Un Análisis de sus Diferencias e Impacto

La pérdida de un cónyuge es una de las experiencias más estresantes y traumáticas que una persona puede vivir, llevando consigo no solo la ausencia del compañero de vida y principal apoyo, sino también la disrupción de una forma de vivir que proporcionaba bienestar y estabilidad. Este proceso, conocido como viudedad, es un desafío sociodemográfico creciente, especialmente en contextos de envejecimiento poblacional como España y América Latina. En este marco, el sentimiento de soledad emerge como una de sus consecuencias más profundas y complejas.

Esquema de las interacciones sociales y emocionales de una persona en la vejez

El Matrimonio y su Rol Protector frente a la Soledad

Investigaciones han demostrado el impacto significativo de la vida en pareja en la salud y el bienestar. Un estudio de Sveln Wilson (Universidad Brigham Young, Utah, EE. UU.) basado en 4.700 matrimonios, reveló que las mujeres y los hombres que viven en pareja gozan de mejor salud. Además, la salud de un cónyuge es un firme indicador de la salud del otro. Estos hallazgos fueron confirmados por un estudio en España, realizado por docentes de la Universidad de Granada (López y Díaz, 2018), que observó el contraste cuando el matrimonio se pierde por el fallecimiento de uno de los cónyuges.

La unión marital constituye un factor protector ampliamente fundamentado frente al sentimiento de soledad (Dykstra y de Jong Gierveld, 2004; Victor y Yang, 2012). No obstante, es posible experimentar soledad aún durante el matrimonio, lo cual está determinado por la historia y la calidad del vínculo conyugal (de Jong Gierveld, Keating y Fast, 2015).

Definiendo la Soledad: Diferencias Clave

Es preciso diferenciar el aislamiento del sentimiento de soledad o soledad emocional. Mientras que el aislamiento responde a características objetivas, que implican una cantidad reducida de relaciones sociales, la soledad remite a un sentimiento individual (Havens et ál., 2004). El sentimiento de soledad, siguiendo a Perlman y Peplau, es una experiencia desagradable que ocurre cuando la red de relaciones sociales de las personas es deficiente en algún aspecto importante, cuantitativa o cualitativamente. Según De Jong Gierveld, los individuos sufren la soledad al percibir déficits en determinadas relaciones, por ejemplo, cuando su número resulta más escaso del que consideran deseable o cuando no aportan la intimidad que necesitan. Ambas definiciones recalcan el carácter subjetivo y negativo de este sentimiento, resultado de una evaluación cognitiva que hacen las personas con discrepancias entre las relaciones sociales que quisieran tener y las que realmente poseen.

La soledad supone un «dolor social» que nos protege frente a la posibilidad de aislamiento, funcionando como una alerta equivalente al dolor físico en otros padecimientos (Cacioppo y Patrick, 2008).

El Impacto de la Viudedad en la Vejez

Enviudar en la vejez, tras un período de relación matrimonial de varias décadas, genera grandes consecuencias en todos los órdenes de la vida. Junto al dolor que provoca la muerte del cónyuge, se deben afrontar cambios sustanciales en las esferas básicas de su existencia. Algunos van sucediendo poco a poco; y, para asimilarlos, cuentan con la ayuda de familiares, amigos o vecinos. Pero otros sobrevienen de inmediato y exigen de las personas mayores una tremenda fortaleza interior. El reto más importante es enfrentarse a la soledad, probablemente por primera vez en sus vidas.

La muerte de la pareja genera un vacío emocional imposible de llenar, que se experimenta especialmente en la noche, vivido como un sentimiento de soledad intenso. Testimonios de personas viudas reflejan esta realidad:

  • Un viudo preguntó: «¿Qué es lo peor de quedar solo?» Y respondió: «Lo peor que tiene es que has perdido a tu mujer. Es lo peor. Lo peor es la soledad, exactamente».
  • Una viuda decía: «Yo entro a mi casa, abro la puerta y lo primero que hago es […] miro su sitio».
  • Otra viuda comentaba: «Yo me asomaba a la ventana cuando él venía del trabajo todas las tardes, para ver si lo veía asomar en el coche. Y cuando abren la puerta de la calle, digo: "Ay, esa es la forma que mi marido tiene de abrir la puerta". A mí eso no se me quita nunca».

La transformación en las redes de apoyo social durante la vejez muestra que, en general, existe una disminución en los contactos (Yanguas et ál., 2018). Aunque no siempre tener una red pequeña equivale a un apoyo de baja calidad, como han comprobado las investigaciones basadas en la teoría de la selectividad socioemocional (Carstensen et ál., 2003).

Dimensiones Temporal y Espacial de la Soledad

El análisis sobre el sentimiento de soledad subjetivo se realizó codificando los momentos y espacios en los que se experimenta. Con respecto a la dimensión temporal, la soledad se siente, sobre todo, durante los «primeros años» tras la pérdida. Muchos relatos se refieren al primer año como muy difícil. Por otra parte, las rutinas cotidianas, como la alimentación, fueron consignadas como instantes de soledad. Los fines de semana son, sin dudas, los días en los que el sentimiento de soledad acecha con mayor intensidad.

Cuando se focaliza en la dimensión espacial, indudablemente, es en el espacio hogareño donde más se siente la soledad. La pérdida del cónyuge, hecho que se incrementa en la vejez, puede desencadenar el sentimiento de soledad, lo que también se asocia al tránsito hacia un hogar unipersonal. En Argentina, el sentimiento de soledad percibida por mayores de 60 años que habitan en hogares unipersonales alcanza el 21.8%, mientras que en aquellas personas que comparten sus hogares con otros este índice es del 13.4% (Amadasi y Tinoboras, 2016).

Foto de una persona mayor sentada sola en una habitación

Impacto de la Soledad en la Salud Física y Mental

La salud se resiente al constatarse una sensación de indefensión, pues se teme sufrir un accidente o una enfermedad repentina estando solo en casa, así como una de incertidumbre hacia el futuro. Los investigadores concluyen que la relación entre la salud y el sentimiento de soledad es muy importante. Los testimonios personales ejemplifican que la depresión es frecuente en la viudez reciente. La soledad prolongada está relacionada con un 30% más de riesgo de patologías cardiovasculares. La depresión puede ser un desencadenante del sentimiento de soledad y, a la inversa, mayores niveles de soledad generan más síntomas depresivos entre las personas mayores.

Un informe de la Fundación Salud Mental y Bienestar Social señala que más del 40% de los viudos y viudas desarrollan síntomas depresivos en los primeros seis meses tras la pérdida de su pareja, un porcentaje que se mantiene elevado tras el primer año de duelo. Por eso, lo determinante es proteger a las personas mayores evitando que ocupen hogares unipersonales, residiendo separados de la familia, a fin de que no padezcan problemas de salud graves.

Soledad y aislamiento en personas mayores

Viudedad y Género: Una Mirada Detallada

El género juega un papel decisivo en la experiencia de la viudedad. Las mujeres no solo viven más tiempo, sino que también representan un porcentaje significativamente mayor de la población viuda. Esta desigualdad se explica por la combinación de mayor longevidad femenina y diferencias en la estructura familiar, donde las supervivientes a menudo quedan con rentas de pensión y recursos más bajos, ya que suelen depender del cónyuge.

Dahlberg et ál. (2015) destacan que, debido al desbalance de género en la expectativa de vida, las mujeres mayores son quienes están más expuestas a la soledad. Sobre la relación género y soledad no existen resultados sólidos que permitan afirmar una tendencia marcada (Céspedes, 2019; López y Díaz, 2018a). Mientras que algunos estudios indican que son las mujeres quienes más sienten la soledad (Aartsen y Jylhä, 2011; Dykstra et ál., 2005), otros destacan que son los varones quienes más la sufren (López y Díaz, 2018a).

Dahlberg y McKee (2014) señalan que las mujeres son más proclives a sufrir soledad emocional, mientras que los varones se ven afectados por la soledad social. Esto puede deberse a que los varones son menos propensos a admitir que se sienten solos (Ratcliffe, Wigfield y Alden, 2019).

En Argentina, la proporción de varones y mujeres viudas, mayores de 60 años, muestra que la viudez es fundamentalmente femenina (38.6% son mujeres y 10.6% varones). En el grupo de 75 y más, las viudas pasan a ser seis de cada diez y los viudos solo dos (Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores, 2012).

Sensaciones Positivas y Transformación de Roles

Las sensaciones positivas asociadas a la viudedad fueron enunciadas por las mujeres y estuvieron vinculadas a transformar la pérdida en oportunidad de autoconocimiento, fortaleza individual y libertad. En este último caso, la sensación de libertad estuvo ligada a diferencias en los roles de género. Las viudas afirmaron que eran sus esposos quienes aportaban mayor ingreso económico, y las más jóvenes, debido a su situación de trabajo informal, se vieron «obligadas» a asumir la jefatura de hogar con una consecuente disminución de ingresos.

Un testimonio ilustra este punto: «Veo que soy una mujer fuerte dentro de todo lo que pasé, soy fuerte. […] para mí fue una sorpresa darme cuenta de que soy más fuerte de lo que imaginaba de mí misma, me hacía como una persona muy sensible, pero más bien tirando a frágil, emocionalmente frágil. Y la verdad que me sorprendí. Te digo realmente, inclusive ahora con el dolor que tengo encima, hay ciertas cosas que son de libertad.»

Algunas actividades vinculadas a la división de roles por género se transformaron. Los viudos de entre 80 y 90 años, por ejemplo, debieron asumir la resolución de tareas domésticas como la limpieza y la alimentación.

Estrategias y Respuestas ante la Soledad en la Viudedad

La soledad no deseada de las personas viudas no es únicamente un sentimiento emocional; constituye un determinante de salud y bienestar. Es crucial implementar estrategias que aborden esta problemática desde diversas perspectivas.

Apoyo y Redes Sociales

Es fundamental que las personas viudas se permitan vivir otras experiencias sociales, culturales y familiares. Volver a viajar, disfrutar de espectáculos o charlas, y abrirse a nuevas relaciones sociales que sumen a la vida son pasos importantes. Si una de estas nuevas relaciones es de nuevo el amor, es importante darse la oportunidad de integrarlo como una experiencia más que ofrece la vida.

Los testimonios de viudos y viudas a menudo reflejan una «fidelidad» a la pareja fallecida que puede prolongar la soledad. Sin embargo, «la soledad autoimpuesta no va a hacer ese amor más grande o eterno, porque desde la tristeza y la soledad eternas, su recuerdo será sufrimiento».

Intervención y Políticas Públicas

El Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027, aprobado en España, aborda este reto promoviendo la prescripción social, la derivación a grupos de apoyo y actividades comunitarias en lugar de una excesiva medicalización. Varias comunidades autónomas han puesto en marcha programas de acompañamiento grupal en centros de día y ayuntamientos, ofreciendo actividades culturales, voluntariado vecinal y redes de apoyo personalizadas.

La mediación familiar se ha consolidado como otra estrategia clave, buscando reforzar la comunicación entre los miembros de la familia extensa y los propios viudos, facilitando la planificación de cuidados y la redistribución de roles en el hogar.

Desafíos Económicos y Digitales

El reto económico es igualmente relevante. Aunque la pensión de viudedad compensa parcialmente la pérdida de ingresos, su cuantía media apenas cubre las necesidades básicas de los jubilados con dependencia física y social. La escasa cobertura de servicios de ayuda a domicilio y la falta de complementos autonómicos refuerzan la precariedad. La brecha digital también acentúa la soledad, con un alto porcentaje de mayores de 75 años con dificultades para usar internet y dispositivos móviles.

Educación y Formación

Frente a este panorama, la educación comunitaria emerge como una herramienta preventiva. Escuelas de adultos, aulas universitarias de mayores y programas universitarios de extensión social facilitan que las personas viudas participen en actividades formativas que potencian su autonomía y autoestima.

El Decálogo para Afrontar la Viudedad

El escritor italiano Arnaldo Pangrazzi propone en su libro «La pérdida de un ser querido» un decálogo para que los viudos y las viudas puedan ser felices de nuevo:

  1. Aquel a quien has perdido sigue viviendo dentro de ti. Descúbrelo, descúbrela.
  2. El viudo y la viuda deben comunicarse, desahogarse, abrirse a la amistad y a la familia.
  3. El pasado no se puede cambiar. El viudo y la viuda deben tomar decisiones, asumir la nueva vida que les queda por delante. La toma de decisiones es un estímulo para mirar al futuro y no sentirse presos del ya inevitable ayer.
  4. El viudo y la viuda deben ser muy pacientes consigo mismos. Es preciso dar tiempo al tiempo.
  5. Aprende a perdonar y a perdonarte. No te tortures por los errores cometidos ni por las responsabilidades del pasado.
  6. Recurre a la fe. Es preciso desahogarse en Dios y confiar que no hay prueba que Él permita que no podamos superar. Esta fe y esta confianza se han de nutrir de la oración.
  7. Cree en ti mismo, en ti misma. Siéntete útil. El sufrimiento estimula la creatividad.
  8. Entabla nuevas relaciones. No está en juego tu fidelidad al ser querido que ya murió. Estas nuevas relaciones alegrarán tu corazón e incrementarán tu amor por el que marchó.
  9. Vuelve a sonreír. La sonrisa te ayudará a superar el dolor y a descubrir espacios de alegría, de esperanza y de optimismo cotidianos.
  10. Comienza a dar, a darte.

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