El Fenómeno de la Prostitución en la Tercera Edad: Casos de Corea del Sur y Brasil

Hace algunos años, muchas sociedades pensaban que sus hijos cuidarían de ellos cuando se retiraran del trabajo. Sin embargo, en el siglo XXI, numerosos hombres y mujeres que trabajaron duro para transformar las economías de sus países se encuentran con que sus hijos tienen otros tipos de prioridades en sus gastos.

Por este motivo, algunas mujeres en el umbral de la tercera edad se han visto obligadas a dedicarse a la prostitución para sobrevivir. Este fenómeno, si bien estigmatizado, es una realidad compleja impulsada por la pobreza, la falta de apoyo social y los cambios en las estructuras familiares.

Corea del Sur: Las "Chicas Bacchu" de Seúl

La Vulnerabilidad de los Mayores y la Prostitución

En la capital de Corea del Sur, Seúl, se observa una cruda realidad social. Kim Eun-ja, una mujer de 71 años con un abrigo rojo que contrasta con su piel blanca, está sentada cerca de la estación Jongno del metro, observando la escena que ocurre frente a ella. Mientras camina, se puede escuchar el tintineo de las botellas que carga en una maleta.

Kim Eun-ja es una de las mujeres surcoreanas conocidas como las "Chicas Bacchu": mujeres adultas que viven de vender pequeñas botellas de una popular bebida energética conocida como Bacchu. Sin embargo, la mayoría no solo están vendiendo estas botellitas. En una edad en que las abuelas surcoreanas deberían ser veneradas como matriarcas, algunas de ellas están vendiendo sexo.

"¿Ve a esas 'Chicas Bacchu' paradas allí?", pregunta Kim Eun-ja. "Esas mujeres venden más que Bacchu. Algunas veces ellas se van con algunos ancianos y se ganan algo de dinero". Ella añade que "los hombres me proponen cosas cuando camino por la calle con mi bolso. Pero siempre respondo que no". Kim Eun-ja afirma que gana 5.000 wons (unos US$5) al día vendiendo botellitas, advirtiendo: "Beba rápido. La policía siempre está detrás de mí. No hace diferencias".

Dos mujeres conocidas como

El Parque Jongmyo: Un Epicentro de Encuentro

El centro de este mercado sexual es el parque Jongmyo, ubicado en el corazón de Seúl. Es un lugar de encuentro de jubilados, donde algunos juegan ajedrez y otros comentan sobre los vecinos. El parque está ubicado, además, alrededor del templo dedicado a Confucio, quien predicaba la veneración a las personas mayores y que ha sido la orientación en la cultura surcoreana sobre el tema.

Pero también allí está la realidad de la sociedad coreana del siglo XXI: las torpes y secretas relaciones entre hombres y mujeres adultas. Mujeres en sus 50, 60, inclusive en sus 70, se ubican en los límites del parque, ofreciendo las botellitas a los hombres. Comprar una sola puede significar el primer paso de un viaje solitario que terminará en un hotel barato al cruzar la esquina.

Mientras las mujeres callan, los hombres son los únicos que parecen querer conversar sobre el tema. Reunidos alrededor de un juego de ajedrez, un grupo de abuelos observa el lento avance de la partida. La mitad de los que están allí, dicen, han utilizado los servicios de las Chicas Bacchu. "Somos hombres y sentimos curiosidad de estar con una mujer", dice un hombre de 60 años que se apellida Kim.

La generación responsable del milagro económico coreano ahora ve cómo no tiene suficientes ahorros ni una pensión digna para sobrevivir

"Tomamos un trago, después deslizamos un poco de dinero en sus manos y las cosas pasan", continúa Kim, explicando: "a los hombres nos gusta tener mujeres a nuestro lado, sean viejas o no, sexualmente activas o no. Es simple sicología masculina". Otro hombre, de 81 años, muestra animado una botellita de Bacchu. "Esto es para tomar con mis amigos", explica. "También podemos encontrar alguna compañía de aquellas mujeres que están paradas allí. Ellas nos piden que las dejemos jugar, pero también nos dicen 'pero, yo no tengo nada de dinero’. El sexo con ellas cuesta US$18, pero en algunas ocasiones te pueden hacer algunas rebajas si te conocen".

Víctimas del Éxito Económico y Prostitutas Primerizas

Estas frases reflejan una realidad del país asiático: los abuelos surcoreanos son víctimas de su propio éxito económico. Mientras ellos trabajaban en crear el milagro coreano, invirtieron sus ahorros en la siguiente generación. En una sociedad alentada por el espíritu de Confucio, los hijos exitosos eran la mejor forma de pensionarse.

Pero los tiempos cambiaron rápidamente. Ahora, la mayoría de los jóvenes afirman que no pueden sostener sus vidas y a sus padres en medio de una sociedad tan competitiva. Por su parte, el gobierno, que no tuvo en cuenta el cambio, intenta crear un sistema de bienestar adecuado a las necesidades actuales. Mientras tanto, los hombres y mujeres que deambulan por el parque Jongmyo no tienen ahorros, una pensión acorde a sus necesidades, ni familiares que se hagan cargo de ellos. Se han convertido en extranjeros, invisibles, en su propio país.

"Aquellos que esperan ayuda de sus hijos, son un poco estúpidos", explica Kim. "Nuestra generación era más sumisa respecto a sus padres. Las generaciones actuales son más educadas y experimentadas, por lo que no nos escuchan". Y añade: "tengo 60 años y no tengo dinero. No puedo confiar que mis hijos me ayuden. Ellos tienen que prepararse para enfrentar su propia vejez. Y todos aquí tenemos la misma situación".

La mayoría de las "Chicas Bacchu" empezaron a vender sus cuerpos cuando ya eran más adultas, como resultado de una nueva clase de pobreza de la tercera edad. Así lo define la doctora Lee Ho-Sun, quien es tal vez la única persona que ha estudiado el tema en detalle. Una de las personas que entrevistó para su investigación fue una mujer que comenzó a prostituirse a los 68 años. Son cerca de 400 las mujeres que trabajan en el parque, a las que desde pequeñas les enseñaron que el respeto y el honor son lo más importante del mundo. "Una 'Chica Bacchu' me dijo 'tengo hambre, no necesito el respeto ni el honor. Sólo quiero comer tres veces al día'", señala Lee.

Riesgos para la Salud Pública y la Respuesta de las Autoridades

La policía, que patrulla con regularidad la zona, no realiza muchos arrestos. Privadamente dicen que el problema nunca se solucionará con represiones, mientras los ciudadanos de la tercera edad necesiten un lugar para desahogar sus necesidades sexuales. Para que eso deje de ocurrir, debe darse un cambio en la política del país.

Pero ese no es el único problema de esta actividad clandestina. En los maletines que cargan estas mujeres, además de las botellitas, también llevan una inyección que supuestamente ayuda a mejorar el desempeño de los hombres -la mayoría con más de 60 años- en la cama. El tema es que las agujas para aplicar las inyecciones son utilizadas 10 o 20 veces, lo que representa un claro foco de infecciones.

Una encuesta local encontró que al menos el 40% de los hombres tienen alguna enfermedad de transmisión sexual, con el agravante de que las enfermedades más comunes no estaban dentro de la encuesta. Por esa razón, algunos gobiernos locales han empezado a ofrecer educación sexual a los adultos mayores. El lugar donde termina este viaje solitario está ubicado al lado de una autopista. Allí, por un corredor, se llega a un cuarto gris, que se abre cuando llega la pareja. Adentro, una cama enorme ocupa la mayoría del espacio. Un colchón delgado y una almohada pequeña invitan a que la estadía sea breve. En la cabecera de la cama hay un cartelito que dice: "Para servicio al cuarto, presione cero. Para pornografía, presione tres. Para una manta eléctrica, solo conecte el cable". Aquí hay comida, sexo y un poco de calidez con sólo tocar un botón.

La mayoría de los hombres afirma que no se siente mal por tener una pareja ocasional de su misma edad

Brasil: El Jardín de la Luz de São Paulo

Un Espacio Público con un Submundo Oculto

Si visitas el Jardín de la Luz, el parque más antiguo de Sao Paulo, podría parecerte que es solo un espacio de ocio. Esta zona arbolada de 113.000 metros cuadrados, que está al lado de la Estación Luz del metro y de la Pinacoteca del Estado, alberga 67 especies de aves, animales exóticos, hermosos árboles, un acuario y una antigua casa de té. En una mañana típica, se ve a niños y adultos corriendo, señoras mayores sentadas en los bancos y hombres caminando por las alamedas. Pero hay algo más debajo de la superficie: un submundo.

Parece un juego a escondidas. Un hombre se sienta en uno de los bancos, conversa con una mujer entre risas y rechazos. ¿Flirteo o negociación? Los dos se levantan, salen del parque y van a uno de los pequeños hoteles que están en las cercanías. Este área verde ha sido históricamente una zona de prostitución, principalmente de mujeres mayores (pocas tienen menos de 40 años).

Las prostitutas del Jardín de la Luz reunidas para ver cómo encarar el posible cierre o privatización del espacio

Impacto de la Crisis y la Vulnerabilidad de las Trabajadoras Sexuales

"El mismo hombre que te hace puta, en otro barrio es un marido y un padre", afirma una de las mujeres. Hoy muchas de ellas están preocupadas. En julio pasado, el alcalde de la ciudad suspendió temporalmente varios de los contratos de los trabajadores del parque, desde conserjes hasta guardias y personal de limpieza. Son profesionales tercerizados que, en cierto modo, garantizan la seguridad del espacio. Muchos de ellos dijeron a BBC Brasil que no saben si continuarán trabajando después de agosto, debido a los problemas presupuestarios.

"¿Cómo voy a hacer si no puedo usar el parque? Aquí dentro la gente está escondida, segura. Mi familia me va a descubrir", lamenta Amelia, de 45 años, con 20 de ellos dedicados a la prostitución en el parque. El parque se encuentra en una zona complicada: a pocos metros está la llamada "crackolandia", un lugar de consumo y tráfico de drogas a cielo abierto en pleno centro de la capital paulista. Muchos temen que, sin dinero para pagar la limpieza y la seguridad privada, el ayuntamiento opte por cerrar el Jardín de la Luz.

Tras haber sido uno de los parques más elegantes de la ciudad, Jardín de la Luz atrae a un público marginal y de bajos recursos

Hace unos días, las mujeres que trabajan en la prostitución se reunieron en las oficinas de la ONG Mujeres de la Luz, que les brinda asistencia de todo tipo, para discutir el futuro del parque. Temen que el lugar se torne inseguro, o que sea privatizado y que tengan que irse. "Lo que da seguridad al parque son los vigilantes, si ellos salen va a entrar todo tipo de gente aquí. No tengo nada contra el personal de crackolandia, pero van a saquear todo", dice una mujer. "Propongo que juntemos firmas para una petición y lo llevemos por el barrio, a los comerciantes, a los clientes de ustedes, ponerlo en internet", sugiere Cleone Santos, una exprostituta de 60 años que trabajó durante 18 en el parque y ahora dirige la ONG que asiste a unas 140 trabajadoras sexuales del Jardín de la Luz.

Las Historias Detrás de la Prostitución y el Secreto Familiar

El miedo que sufren estas mujeres no es solo por su seguridad. El parque es también el que las protege de la exposición a su propia familia. La mayoría de ellas, madres y hasta abuelas, nunca le contó a sus hijos y nietos sobre el trabajo que hacen, en algunos casos desde hace décadas. Es un servicio secreto y hacerlo público puede causar un terremoto familiar.

La privacidad que ofrecen estos bancos de plaza, escondidos entre árboles, permite que la mayoría de las prostitutas de Jardín de la Luz esconda su verdadera profesión de su familia

Para ellas, las puertas del parque y la sombra de los árboles crean cierta privacidad: en apariencia, ellas son sólo señoras descansando en un banco. En cambio, en la calle tendrían que encarar el llamado "paredón": quedarse paradas en un punto, esperando clientes, con el riesgo de ser vistas por un conocido, además de sufrir el acoso de personas indeseadas. Helena, de 48 años, madre de seis hijos, frecuenta el parque desde hace 14 años y dice que nunca tuvo necesidad de hablarlo con sus hijos. En algunos casos, son realmente madres de familia, pero complementan la renta prostituyéndose algunos días a la semana.

Cleone, por ejemplo, cuenta que sus hijos sólo supieron de su vida secreta después de que la abandonó. Fue por error, cuando su hijo leyó una entrevista que ella había concedido, hablando de su exprofesión. María, de 55 años, también teme el desastre, pero dice que si su hijo se enterara de algo, no lo creería. "Lo hago por necesidad, no por malicia", dice María. "Cuando consigo un empleo dejo de venir aquí. Cuando se termina el empleo, vuelvo".

La mayoría de las trabajadoras sexuales del Jardín de la Luz empezaron a ejercer la prostitución para poder alimentar a su familia

Andrea, de 54 años, llegó a la Luz por problemas de dinero. "Mi vida empezó a hundirse después de que compré un auto, perdí mi empleo y no pude seguir pagando las cuotas. No conseguí más trabajo, la prostitución fue lo que encontré", cuenta. Comenzó en los años 80. "Un día yo estaba sentada aquí en el banco, un hombre me preguntó si quería tener sexo con él, me negué pero él insistió mucho y acabé aceptando. No es fácil ir a la cama con un hombre que nunca viste en tu vida", confiesa.

Cleone tiene una historia parecida. "Yo fui sindicalista en una fábrica, pero me quedé soltera, con tres hijos. Me gustaba leer el periódico. Un día vino un hombre y me preguntó si me acostaba con él. Lo rechacé pero cada vez que volvía me insistía. Un día acepté. Lo hice una, dos, cinco veces. Vi que ganaba cinco veces más que en mi trabajo. Fue la transición de una militante sindical a una prostituta". Una de las más jóvenes en el parque, Joana, de 38 años, cuenta que fue su madre quien la llevó a la prostitución. "Yo tenía 17 años y una hija, no teníamos casi qué comer, mi madre se prostituía aquí, me trajo y estoy desde hace 21 años". "Ella también continúa trabajando aquí, tiene 62 años, pero no nos hablamos más", agrega. "Espero que ella me pida disculpas un día".

El Perfil de los Clientes y los Riesgos Involucrados

Quienes contratan a estas mujeres tienen un perfil en común: son hombres mayores o ancianos, pobres, muchos de ellos casados o viudos. En promedio, contratar a una prostituta cuesta unos US$10 y alquilar una habitación de hotel en la zona unos US$15.

Muchos de los hombres que contratan prostitutas en el parque quieren hacer cosas

Según Andrea, "son hombres que no tienen buenas relaciones en la casa o que no logran hacer ciertas cosas con las esposas". "Entonces vienen aquí y quieren desahogarse". María lo dice de manera más explícita: "Ellos quieren sexo anal y oral, y quieren todo sin condón", afirma. Muchas aseguran que se rehúsan a tener relaciones sin protección pero dicen que "hay algunas que lo aceptan".

Hay otros peligros, como la violencia y los abusos. "Muchas veces el hombre paga y cree que compró una mercancía y puede hacer lo que quiera porque él es quien manda, es el dueño", dice Cleone.

Historia y Contexto del Jardín de la Luz

La transformación del Jardín de la Luz en un lugar de prostitución fue un proceso largo. El parque, inaugurado en 1800, es el más antiguo de Sao Paulo. Por más de un siglo fue una de las áreas más importantes y elegantes de la ciudad. Inicialmente, fue creado como un jardín botánico. Luego se transformó en paseo público. La idea era traer la naturaleza a la ciudad. Por eso se construyeron un pequeño zoológico, un acuario y hasta una cueva con una caída de agua.

A finales del siglo XIX y principios del XX se realizaron en el parque eventos culturales de prestigio. La decadencia empezó en la década de 1930, cuando la gente empezó a utilizar otros espacios nuevos. El zoológico fue llevado a otro parque. En 1954, para conmemorar los 400 años de la ciudad, se inauguró el parque del Ibirapuera, que pasaría a ser el área de ocio más importante de los paulistas.

El Jardín de la Luz fue construido en 1800 para traer la naturaleza a la ciudad

Esta decadencia coincidió con el aumento de la prostitución. En los años 50 el ayuntamiento decidió confinar los prostíbulos a una sola área: una calle a pocos metros del parque. No hay una explicación clara sobre por qué muchas de las prostitutas del Jardín de la Luz son mujeres mayores, pero algunos lo atribuyen al hecho de que en la cercana estación Luz hay trenes que conectan las periferias de la Gran Sao Paulo y, como consecuencia, pasa por allí un público de hombres más pobres. "Una mujer joven suele quedarse en un barrio más acaudalado. Después de los 35 va descendiendo y llega a la calle Augusta o Santo Amaro. Con 40, va a las plazas de la República y Sé. Y con 50 llega al Parque Don Pedro y aquí a la Luz", explica Cleone. "Algunas mujeres trabajaron aquí hasta los 80 años", asegura.

El Peso de la Culpa y el Apoyo Social

Tras el encuentro en la ONG, las mujeres acuerdan crear una petición pidiendo mejoras en el parque y exigiendo que no se cierre. "La gente necesita entender que es un problema social, ustedes trabajan aquí porque lo necesitan, porque no tienen escolaridad, porque las empresas creen que ustedes son viejas para cualquier empleo o porque ustedes tienen hijos pequeños o nietos", les dice Cleone.

Célia Coradin, una monja de 74 años que maneja la ONG junto con Cleone, afirma que muchas de estas mujeres viven con el cuerpo dividido en dos: "La parte de arriba no quiere saber qué pasa con la parte inferior. Se siente muy culpable de perjudicar a la familia, culpable por los hijos, por el marido". "Es una culpa que yo llamaría católica, hasta moralista, algunas son religiosas y enloquecen con esa culpa. Es como si ellas tomaran lo mejor de sí y lo guardaran en una cajita mientras viven en ese mundo", afirma.

La monja Célia Coradin (izq.) y Cleone Santos dirigen la ONG Mujeres de la Luz, que ayuda a unas 140 prostitutas que trabajan en el parque

Sentada en el banco del parque, Andrea es un ejemplo de lo que dice la religiosa. "Me siento muy culpable, sí, duele mucho en la conciencia. Cuando llego a casa todos los días me arrodillo y hablo con Dios, siempre se me cae una lágrima", confiesa. Pero no todas lo viven así. Helena, por ejemplo, tiene otra concepción: "La vida podría haber sido otra, pero creo que hice una elección. Estoy dando lo que es mío y nunca he dado nada que es de los demás".

tags: #la #puta #y #los #ancianos #calientes