La vejez, una etapa natural del ciclo vital, se caracteriza por una mayor experiencia y exposición a las pérdidas. A lo largo de los años, el ser humano acumula duelos significativos, desde el fallecimiento de padres y hermanos hasta la partida de amigos y contemporáneos. Estas pérdidas abarcan aspectos afectivos, sociolaborales (como la jubilación o la marcha de los hijos del hogar) y biológicos (deterioro de la salud física y funciones corporales).
A pesar de que en la vejez se sufren más pérdidas que en otros grupos de edad, no parece que los ancianos sean intrínsecamente más vulnerables a las mismas, ni que el proceso del duelo les suponga una mayor dificultad. De hecho, la intensidad del duelo en los ancianos puede ser incluso menor que en otras etapas de la vida. Diversos factores influyen en esta adaptación. El clásico modelo teórico del
Una característica inherente a la vejez es la inminencia de la propia muerte. La exposición sucesiva a pérdidas y fallecimientos puede recordar al anciano su propia vulnerabilidad o, paradójicamente, alegrarle por seguir vivo. Esta sensación de finitud personal lleva a muchos a pensar cada vez más en su propia muerte. Lejos de ser siempre sombríos, estos pensamientos pueden ser una oportunidad para hablar de un tema presente en su mente, ya que para muchos ancianos, la muerte es una cuestión familiar y la próxima experiencia que pueden esperar.
La Muerte en las Residencias de Ancianos: Actitudes y Opiniones
Contexto de las Residencias como Entorno de Fallecimiento
Las residencias de ancianos son un entorno particularmente propicio para enfrentar al mayor con la experiencia de la muerte y hacerle considerar su propia finitud. Gran parte de las personas que ingresan en estos centros lo hacen para estancias indefinidas, lo que implica que fallecerán allí. Este hecho cobra cada vez mayor importancia en la sociedad occidental, donde los cambios demográficos y asistenciales sugieren que una proporción creciente de la población pasará sus últimos días en residencias.
A pesar de la frecuencia de la muerte en estos centros, la literatura existente y la experiencia práctica señalan una tendencia del personal a ocultar los fallecimientos a los residentes, incluso si la persona fallecida era conocida por ellos. Aunque las normas de buena práctica aconsejan informar a los residentes sobre las muertes que se producen, a menudo existen reticencias a proporcionar esta información.
Estudio sobre la Muerte en Residencias de Vizcaya: Metodología
Con el objetivo de esclarecer la práctica habitual y la opinión de los interesados en este contexto, se realizó un estudio en la provincia de Vizcaya (España). Se utilizaron dos encuestas diseñadas para la ocasión:
- Una encuesta enviada a los directores-gerentes de las 80 residencias existentes en Vizcaya, solicitando datos demográficos del centro (tipo de residencia, titularidad, características de los residentes) y la política de información sobre fallecimientos.
- Una segunda encuesta, con preguntas abiertas, aplicada a 16 ancianos de una residencia privada asistida en Vizcaya, seleccionada por su disposición a participar y por la capacidad cognitiva de los residentes para comprender el estudio. Las entrevistas fueron realizadas por una sola persona.
Resultados de la Encuesta a Residencias
En total, 25 residencias respondieron a la encuesta, lo que representa un índice de respuesta del 31%. Las características demográficas de los centros participantes fueron las siguientes:
- Tipo de residencia: La mayoría (64%) eran mixtas, un 24% asistidas y un 12% de válidos.
- Titularidad: Un 48% eran residencias privadas, un 28% pertenecían a fundaciones benéficas y/o religiosas, y un 24% eran de titularidad pública.
- Tamaño y residentes: Había una gran variabilidad en el número de residentes, desde 8 hasta 281 plazas, con una media de 79 plazas por residencia. El 73% de las plazas estaban ocupadas por mujeres.
Respecto a la política de información sobre fallecimientos, los resultados fueron:
- Un 60% de las residencias que contestaron afirman que, por lo general, comunican los fallecimientos a los compañeros del residente fallecido.
- De estas, el 80% utiliza métodos directos para informar, mientras que solo un 20% emplea métodos indirectos (como esquelas o megafonía).
- Existe una marcada diferencia por titularidad: solo el 33% de las residencias privadas informan de los fallecimientos, frente al 83% de las públicas y el 86% de las pertenecientes a fundaciones.

En cuanto a la organización de actos religiosos:
- El 68% de las residencias organiza actos religiosos (oraciones, rosarios, misas y funerales), mientras que el 32% no celebra ningún tipo de ceremonia.
- Se observó una discordancia: algunas residencias que no comunican los fallecimientos sí organizan actos funerarios, lo que sugiere que no se invita a los residentes o no se les informa explícitamente del motivo del acto.
- Estos ritos son mayoritarios en centros religiosos y benéficos (71%) y en los públicos (83%), pero solo el 50% de las privadas los organizan.
Finalmente, sobre el criterio de los centros:
- Las residencias que informan de los fallecimientos lo justifican por la importancia de tomar la muerte con naturalidad (53%) y por la relevancia de la religión (13%).
- Los centros que no informan generalmente no expresan motivos, aunque algunos mencionan la atención a ancianos con discapacidad cognitiva (20%) o la conveniencia de mantener una actitud de ocultación (20%).
Resultados de la Entrevista con Residentes
Fueron entrevistados 16 residentes (11 mujeres y 5 hombres) con una edad media de 77,375 años y un tiempo medio de estancia de 28,9 meses. Más de la mitad de ellos eran solteros.
Las experiencias y opiniones recabadas incluyen:
- Solo dos ancianos, recientemente ingresados, no habían conocido ninguna muerte en la residencia.
- Las formas más frecuentes de enterarse de los fallecimientos fueron a través de comentarios o conversaciones con otros residentes (56%) y por indicios o pistas (como el cierre de puertas), que los ancianos interpretan (43%). En menor medida, la información provenía directamente de los trabajadores (19%) o por haber visto directamente al fallecido (12,5%).
- El 56% de los entrevistados comenta habitualmente los fallecimientos con otros residentes.
- Los sentimientos más frecuentemente provocados por las muertes fueron pena y tristeza (43%). Con menor frecuencia (19%), se mencionaron tranquilidad, consuelo o la reflexión sobre la propia muerte.
- El 75% de los ancianos entrevistados consideró conveniente que se informe a los residentes de los fallecimientos, justificando que es lo más natural compartir tanto las buenas como las malas noticias, especialmente si se trata de personas cercanas.
- Además, un 68% se mostró favorable a la celebración de ritos funerarios dentro de la residencia.
Diversidad en las Percepciones de los Mayores en Relación con la Muerte
La Vejez en la Sociedad Actual y el Temor a la Muerte
Uno de los cambios más significativos en las sociedades occidentales desde la segunda mitad del siglo XX ha sido el creciente peso de las personas mayores en la población. La vejez, si bien es un logro, conlleva riesgos como una mayor dependencia funcional y un posible aislamiento social, lo que puede disminuir la calidad de vida. La proximidad de la muerte y la necesidad de afrontarla, a menudo sin una red de apoyo sólida, genera temor en las personas mayores, lo cual puede afectar negativamente su bienestar.
La Muerte como Tema de Investigación Social
A pesar de su relevancia, el análisis de las percepciones sobre la muerte en el ámbito de las ciencias sociales ha sido infrecuente. Tradicionalmente, la muerte ha sido un tema tabú, lo que lleva a la gente a ser reacia a hablar de ella, dificultando su investigación.
Metodología de un Estudio sobre Percepciones en Galicia
Un estudio reciente se centró en analizar las percepciones de las personas mayores en relación con la muerte, así como la influencia de diversos factores. Se entrevistó a un total de 213 personas mayores de 65 años en dos localizaciones de Galicia (Vigo y Redondela), seleccionadas para evaluar la influencia del entorno rural-urbano. La metodología incluyó:
- Un cuestionario estructurado con cuestiones sobre el perfil socioeconómico (escala categórica) y 13 ítems sobre percepciones de la muerte (escala de Likert de 1 a 5).
- Un análisis de componentes principales (ACP) para identificar factores subyacentes a las percepciones.
- Un análisis de conglomerados jerárquico para identificar grupos homogéneos de mayores.
Resultados del Estudio: Perfil de la Muestra y Factores de Percepción
La muestra de 213 encuestados estaba equilibrada en sexo, con una edad media cercana a los 75 años. Casi la mitad estaban casados y un 26,3% eran viudos. Los entrevistados manifestaron problemas económicos moderados. Respecto a las percepciones de la muerte, el ítem "me asusta la muerte de seres queridos" alcanzó el mayor grado de consenso (puntuación media de 4,6), mientras que "me deprime pensar en la muerte" obtuvo la menor puntuación (2,8).
El análisis de componentes principales (ACP) identificó dos factores principales que explican el 60,4% de la varianza:
- Visión positiva de la muerte: Explica el 48,8% de la varianza e incorpora ítems como "puedo hablar de mi muerte", "la muerte debería verse de forma natural" o "es una pérdida de tiempo pensar en la muerte". Este factor recoge una percepción de afrontamiento y ausencia de temor.
- Preocupación, temor y ansiedad: Recoge el 11,5% de la variabilidad de los datos e incorpora ítems como "tengo miedo a morirme", "me asusta la muerte de seres queridos" o "me deprime pensar en la muerte", reflejando preocupación y ansiedad relacionadas con la propia muerte o la de personas cercanas.

Clústeres de Personas Mayores según Percepciones de la Muerte
A partir del análisis de conglomerados, se identificaron tres grupos homogéneos de personas mayores con diferentes percepciones sobre la muerte:
Clúster 1: "Los centrados en el presente"
Este grupo presenta la menor edad media, un mayor porcentaje de personas casadas y una mayor proporción de estudios universitarios. Más del 70% vive con hijos o familiares. Están preocupados por la muerte de personas cercanas, consideran que la muerte debería verse de forma natural y valoran más la calidad de vida actual. Sus preocupaciones se relacionan principalmente con la pérdida de su estatus presente.
Clúster 2: "Los ansiosos"
Integrado mayoritariamente por mujeres, viudas o solteras, con una edad elevada y una formación limitada (en muchos casos, sin estudios primarios). Estas personas mayores viven solas o en centros residenciales y poseen la menor capacidad adquisitiva, con un elevado peso de pensiones no contributivas y dificultades para llegar a fin de mes. Sienten mucho miedo a la muerte, la consideran dolorosa, piensan frecuentemente en ella y temen morir en soledad. Este grupo ha sufrido un mayor impacto tras la pérdida de un allegado, afectando su autonomía, economía y vida cotidiana.
Clúster 3: "Los despreocupados"
Compuesto principalmente por hombres casados que viven con familiares o amigos, o en centros residenciales en el ámbito urbano. Es el grupo con menor presencia de viudos o personas que viven solas. Presenta el mayor porcentaje de estudios intermedios (secundarios) y de pensiones contributivas, declarando menos dificultades económicas. Las personas de este grupo están más de acuerdo con la afirmación "puedo hablar de mi muerte" y reflejan una menor preocupación, ansiedad o miedo ante la muerte propia o ajena.

Factores Sociodemográficos y Económicos Influyentes
Los resultados evidenciaron que el tipo de municipio (rural o urbano) no implicó diferencias significativas en las percepciones de la muerte. Sin embargo, factores como el sexo, la edad, el estado civil, el nivel de estudios, el tipo de pensión y las dificultades económicas sí condicionan estas percepciones:
- La edad se relaciona positivamente con percepciones más negativas de la muerte, lo que contrasta con algunos estudios que sugieren una disminución del miedo a medida que se envejece, pero es coherente con la acumulación de pérdidas.
- Las personas casadas tienden a vivir más centradas en el presente, mientras que las viudas muestran una mayor preocupación ante la muerte.
- Menores niveles de estudios y peores condiciones económicas se asocian con una mayor preocupación y temor ante la muerte.
- El afrontamiento de la muerte es más positivo en los mayores que conviven con algún familiar, en comparación con quienes no disfrutan de esta compañía.
El Concepto de "Buen Morir": Evolución Histórica y Dimensiones Actuales
Una Visión Holística de la Muerte
La muerte es un fenómeno universal, inherente a todos los organismos vivos, y la relación del ser humano con ella se remonta a los inicios de nuestra especie. Esta relación es heterogénea, variando según el grupo cultural y social, lo que ha llevado a múltiples interpretaciones. Contemporáneamente, los aspectos priorizados para su conceptualización suelen relacionarse con procesos biológicos, especialmente en el final de la vida de la persona mayor. Sin embargo, una visión holística de la muerte debe considerarla como un evento tanto físico como social, enmarcado en un contexto histórico, religioso y cultural.
Desde el punto de vista lingüístico, es importante distinguir entre "morir" y "muerte", ya que son términos que aluden a aspectos temporales diferentes de un mismo evento.
Proceso de Transformación en la Interpretación de la Muerte
La literatura describe un proceso de transformación en la interpretación de la muerte a lo largo de la historia:
Épocas Premodernas y Edad Media
Estas épocas se caracterizaban por una noción comunitaria de la muerte, con una fuerte relación con los ritos fúnebres, considerados el resultado de una vida bien vivida. Los cambios en las artes contribuyeron a familiarizar y aumentar la sensibilidad colectiva sobre el tema.
Modernidad y la Medicalización de la Muerte
En la Modernidad, la tecnificación y regulación de la salud modificaron la experiencia de la muerte. Surgieron conceptos como la medicalización de la muerte, el fracaso médico, la institucionalización de la muerte y la marginalización del proceso de morir. La reacción contra la medicalización, entendida como el uso de intervenciones para prolongar la vida desde una visión curativa, motivó importantes contribuciones:
- En 1967, Cicely Saunders inició el movimiento de hospicios, creando un marco de atención al paciente en el final de la vida.
- En 1969, Elizabeth Kübler-Ross trabajó con pacientes terminales, describiendo teorías sobre los estados de la muerte y las emociones relacionadas, lo que impulsó la investigación en cuidados paliativos.
- En 1972, Weisman introdujo el concepto de buena muerte, definiéndola como "un estado transicional en el que todos los involucrados conocen y aceptan la proximidad de la muerte, y resuelven las preocupaciones sociales, emocionales y materiales de la persona en el proceso de muerte".
- En 1997, el Instituto de Medicina de Australia definió una buena muerte como "una que está libre de angustia y sufrimiento para el paciente, familia y cuidadores, generalmente de acuerdo con los deseos del paciente y sus familias y razonablemente consistente con estándares clínicos, culturales y éticos".
- Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha ampliado la definición de cuidado paliativo, criticando nociones centradas únicamente en aspectos físicos y considerando la buena muerte como el alivio del dolor para que el paciente pueda cumplir sus deseos antes del desenlace.
Hablemos de la muerte | Ignacio Torre | TEDxPaseoAlameda
Herramientas y Elementos Relevantes para un Buen Morir
A partir de la evolución del concepto de buena muerte, se han desarrollado diversas herramientas para indagar qué elementos son relevantes. Un ejemplo es el Good Death Inventory (GDI), que consta de 10 dominios centrales y universales (como "estar libre de dolor y sufrimiento físico" o "no ser tratado como objeto"), junto con dominios opcionales que pueden adaptarse al contexto cultural (por ejemplo, el GDI modificado para la población japonesa incluye omakase -dejar la decisión a un experto médico- y pokkuri -tener una muerte súbita-).
El Rol del Equipo Médico y de Enfermería
- El médico debe tener claridad y preparar al equipo médico y a la familia, reevaluando el manejo integral en relación con los objetivos de cuidado. Para un buen morir, es primordial tomar conciencia del límite de las acciones que no benefician al paciente, son molestas o prolongan la muerte.
- El personal de enfermería otorga un rol importante a la atención al final de la vida, dada su proximidad física y el tiempo que pasan con los pacientes. Su conocimiento sobre el buen morir se relaciona con la experiencia clínica, la educación recibida y el apoyo espiritual y psicosocial. Brindar cuidados al final de la vida es una obligación integral y ética de estos profesionales.
Autonomía del Paciente y Comunicación
Los pacientes han expresado la necesidad de tener respuestas sobre la selección del lugar de muerte, despedirse de familiares, realizar rituales, planificar eventos post-mortem y decidir anticipadamente los tratamientos médicos. El concepto actual de buena muerte está ligado a la autonomía, donde el individuo tiene control y comunica sus preferencias sobre la muerte esperada. La comunicación interpersonal, caracterizada por la confianza, intimidad, empatía y escucha, es crucial. La ausencia de empatía o de participación en la toma de decisiones se asocia con una experiencia negativa al final de la vida.
Impacto en Familiares y Cuidadores
La calidad de la muerte del paciente se relaciona directamente con la elaboración del duelo por parte de familiares y cuidadores. Un buen morir puede asociarse con efectos psicológicos positivos en el cuidador cuando su familiar experimenta control sintomático, una buena relación con el equipo médico y el ámbito de atención deseado. Los atributos para la preparación de la muerte incluyen la interacción entre paciente, familia y equipo tratante, la comunicación del pronóstico, la exploración de actitudes, la aceptación y la planificación.

Influencias Socioculturales y Religiosas en el Buen Morir
El morir es una experiencia individualizada, y el concepto de buena muerte se construye a partir de diversas creencias y tradiciones, relacionadas con el escenario ideal de muerte para cada persona. Sin embargo, la tecnología ha reemplazado muchos rituales y prácticas, dando paso al concepto de medicalización de la muerte. La pandemia por COVID-19 también transformó las configuraciones sociales sobre el buen morir, al cambiar la manera de experimentar hospitalizaciones, ritos funerarios y manejo de cadáveres.
- Desde la denominación judeocristiana, el ideal de una muerte cristiana implica la creencia en la existencia de un "más allá" y la esperanza de vida eterna, donde un buen morir garantiza la salvación del alma y la unión con Dios, lo que requiere una buena relación personal con Dios durante la vida.
- En religiones como el budismo, confucianismo y taoísmo (predominantes en Corea del Sur), la muerte se ve como un proceso natural, parte del ciclo de vida y desintegración (Samsara). Ser consciente de este ciclo ayuda a los creyentes a entender y aceptar la muerte.
- La importancia del acompañamiento de líderes religiosos, la lectura de escrituras y los rituales de oración es un factor clave para encontrar consuelo y aceptación de la muerte en diversas culturas.
Implicaciones y Perspectivas Futuras
El estudio sobre percepciones de la muerte en la vejez tiene importantes implicaciones tanto teóricas como prácticas. Evidencia la diversidad de estas percepciones y cómo factores como la soledad, la capacidad económica, el nivel educativo y el estado civil las condicionan. Las percepciones negativas sobre la muerte pueden reducir significativamente el bienestar de las personas mayores.
Este trabajo contribuye a la literatura sobre el tema, resaltando la necesidad de un enfoque más integral en las políticas de bienestar y en la atención gerontológica que considere estas diversidades. Futuras investigaciones podrían profundizar en los obstáculos para lograr una "buena muerte" en diversos contextos socioculturales y en las estrategias para mejorar el bienestar de los mayores frente a la finitud.