«El anciano y los dos perros negros» es un cuento árabe que se basa en una historia del célebre libro de «Las mil y una noches». Se presenta como un relato profundo sobre la envidia, dirigido a un público amplio que incluye a niños, adolescentes y adultos, ofreciendo valiosas lecciones morales. La narración comienza con un anciano que paseaba por el desierto, acompañado por dos misteriosos perros negros, a quienes les iba a buscar a su mujer.

El Origen de la Ambición y la Desventura Fraternal
El anciano, compartiendo su historia con un hombre fascinado por su relato, reveló que hace mucho tiempo, cuando él era joven, vivía con su padre y dos hermanos. Su padre era un comerciante próspero y, al morir, les dejó todos sus bienes con la condición expresa de que continuaran dedicándose al mismo oficio que él. Y así hicieron. Sin embargo, uno de sus hermanos era bastante ambicioso y dijo un día que se iría al extranjero a comerciar. Pasó un año, y entonces regresó demacrado y totalmente arruinado, lo cual le dio tanta lástima al narrador.
Al cabo de un tiempo, su segundo hermano también decidió intentar la aventura comercial en el extranjero y emigró. Posteriormente, los dos hermanos convencieron al protagonista para que él también probara suerte con el comercio en tierras foráneas. Al principio no quería, pero insistieron tanto que partió todo su dinero en cuatro partes: una para cada hermano y otra para sí mismo. Así que viajaron, y de pronto el anciano comenzó a ganar dinero. Además, en uno de los exóticos países que conocieron, se encontró junto al mar a una mujer muy pobre de la que se enamoró profundamente y con la que decidió casarse.

El Secreto del Hada y la Traición Fraternal
El éxito y la felicidad del hermano generaron una profunda envidia en sus hermanos, quienes le cuestionaban: «¿Cómo puede ser que todo te salga bien?». En el viaje de regreso en barco, la envidia se transformó en una oscura trama: sus hermanos tramaron matarlos, arrojándolos a él y a su mujer al mar. Pero, de manera sorprendente, su mujer se transformó en hada y lo salvó.
Ella le confesó: «No te dije que era un hada porque quería probar la bondad de tu corazón. Ha quedado demostrado que eres muy bondadoso, y estoy realmente satisfecha». A pesar de la traición sufrida, el anciano, movido por su profunda bondad, suplicó a su esposa hada: «No, espera, no lo hagas… Quiero seguir obrando desde la bondad». Su mujer, conmovida, les perdonó a los hermanos por el momento.
El Castigo de la Envidia
Al volver a casa, un buen día, llamaron a la puerta. Al abrir, entró una mujer acompañada con dos perros negros. Resultó ser la hermana de su mujer, también hada, quien, al conocer la historia de la traición y la envidia, decidió que los hermanos debían ser castigados de alguna forma. Así, la hermana hada los transformó en perros. El anciano, al recordar esta historia, se quedó fascinado con ella. Miró con asombro a los dos perros que lo acompañaban en el desierto y pensó para sus adentros: «desde luego, la envidia no nos lleva por ningún camino bueno».
Reflexiones sobre la Envidia, los Celos y la Ambición
La historia del anciano y los dos perros negros subraya la destructividad de la envidia y la ambición desmedida. Existe una sutil diferencia entre envidia y celos, aunque es cierto que ambas palabras se usan a menudo como sinónimos del deseo de lo ajeno. Sin embargo, la envidia lleva a desear el mal a una persona que consideras más feliz. Lejos de intentar buscar la felicidad propia, la persona que envidia se centra en anular la felicidad del otro.
En este cuento, los dos hermanos no podían soportar que su otro hermano fuera feliz y que todo le saliera bien. Y en vez de buscar su propio camino, quisieron arrebatarle a él la felicidad. Los celos es algo que está presente en nosotros desde muy pequeños y se refiere al deseo de poseer lo que el otro tiene, sea bueno o malo. La envidia es algo distinto, que surge cuando se desea el mal al otro por celos, transformando el deseo de poseer en el deseo de destruir.
La historia también advierte sobre el error de la ambición. Ser ambicioso es bueno, pero ser avaricioso puede ser muy negativo. Se recuerda el refrán, que suele cumplirse: «La avaricia rompe el saco».
Otras Miradas: Perros y Ancianos en el Imaginario y la Realidad
La Abuela Tina: Compañía y Sabiduría
En otro contexto, se menciona a una abuelita, a la que todos conocían como Tina. A ella le gustaba compartir con los demás lo poco que tenía, y pasaba contando chistes, cuentos e historias de sus antepasados a los niños. La figura de la abuela Tina evoca la calidez y el valor de la compañía en la vejez, aunque los detalles específicos de su relación con un perro llamado Nieve no son completamente desarrollados en el relato.
El Compañero Fiel: Tlacuache y el Duelo
La profunda conexión entre ancianos y perros se manifiesta en la vida real con historias emotivas, como la de Tlacuache. Este perro era sano, inquieto y excesivamente cariñoso con su abuela. En octubre del año 2021, la abuela sufrió una caída que la postró en cama, y fue atendida y cuidada con la añoranza de que pronto se recuperara. En uno de aquellos días de espera, se notó que el perro estaba muy decaído. La salud de Tlacuache empeoró inexplicablemente en pocos días, tuvo un par de ataques convulsivos y, tristemente, la hermana enfrentó la decisión de dormirlo el 9 de diciembre de 2021. Para evitar que esa tristeza afectara la salud de la abuela, le dijeron que el perro estaba internado en la veterinaria, pero, luego de unas semanas, ya no creyó esta excusa. El dolor del duelo golpeó el corazón, generando melancolía y el deseo de un consuelo.

Perros y el Más Allá: Un Ritual Ancestral y una Parábola
La importancia de los perros se extiende incluso a las creencias sobre la muerte. En mayo de 2023, se visitó por primera vez el Museo Nacional de Antropología e Historia, en CDMX, donde entre el cúmulo de información se encontraba una placa con datos sobre los rituales y ceremonias de los aztecas ante la muerte. Cuando algún integrante de una familia moría, sus deudos iniciaban un riguroso ritual que duraba 40 días, y el ritual daba inicio con el sacrificio de un perro xoloizcuintli. Esta antigua práctica muestra cómo los perros han sido vistos como compañeros no solo en la vida, sino también como guías del alma en el tránsito hacia otra existencia.
Asimismo, existe una parábola que sugiere que, al morir, llegamos ante un río de aguas crecidas que debemos atravesar. En la orilla, esperan dos perros: uno de pelaje negro y otro blanco. Si se le pide al de color blanco que te ayude, te dirá que no porque su pelo se ensucia, implicando una elección moral o espiritual en el tránsito final hacia el más allá.