El impacto del sistema previsional en la desigualdad de género y la vejez

El sistema de pensiones actual enfrenta críticas estructurales debido a su diseño, que ignora sistemáticamente las condiciones de vida de las mujeres adultas mayores y perpetúa brechas de desigualdad. A continuación, se detallan los mecanismos que operan en este modelo y cómo afectan la calidad de vida de las personas al llegar a la edad de retiro.

Esquema explicativo sobre cómo la diferencia de edad de jubilación y la expectativa de vida afectan el monto de la pensión autofinanciada en mujeres frente a hombres.

El funcionamiento del sistema de capitalización individual

Para pensionarse, la afiliada o el afiliado debe presentar en la Administradora de Fondos de Pensiones (AFP) su cédula nacional de identidad y realizar la solicitud de pensión, junto a la declaración de beneficiarios. La AFP deberá calcular el saldo efectivo de la cuenta de capitalización individual y emitir el certificado de saldo dentro de los 10 días hábiles siguientes. Es importante destacar que no es obligatorio pensionarse al cumplir la edad legal; los ahorros pueden mantenerse en una Cuenta de Ahorro Voluntario (Cuenta 2), una cuenta de ahorro previsional voluntario (APV) o mediante Depósitos Convenidos.

Cuando una persona se jubila, sus ahorros se dividen según los años que, en promedio, se espera que viva. Este cálculo se basa en las tablas de mortalidad, que estiman la probabilidad de supervivencia de un individuo. Existe la confusión de que el hecho de que las tablas lleguen hasta los 110 años significa que el ahorro se distribuye por 50 años; esto es falso. El ahorro se distribuye asumiendo que la persona vivirá hasta la expectativa de vida estimada para su edad y sexo.

La brecha de género: el "elefante en la habitación"

Existe una gran desigualdad entre los montos de pensiones de hombres y mujeres. Una mujer que logra cotizar la misma cantidad de años y por el mismo sueldo que un hombre tendrá una pensión significativamente menor. Esto ocurre por dos factores clave:

  • Diferencia en la edad de jubilación: Las mujeres se jubilan a los 60 años y los hombres a los 65.
  • Expectativa de vida: Las mujeres son más longevas, por lo que deben repartir su ahorro previsional por diez años más que los hombres.

Aunque históricamente se justificó la edad de jubilación diferenciada como una compensación por la doble carga (empleo y cuidados del hogar), esta medida termina perjudicándolas. El análisis académico -basado en datos de la encuesta CASEN 2022- demuestra que, aunque la brecha salarial disminuye ligeramente tras la jubilación, la discriminación aumenta con la edad. Las mujeres adultas mayores, a pesar de tener, en promedio, un mayor nivel educativo que los hombres, no ven reflejada esta ventaja en sus ingresos, lo que evidencia una falla estructural en el mercado laboral y previsional.

5 años midiendo las brechas de género en mercado laboral y la participación de mujeres en empresas

Reformas y medidas compensatorias

El Estado ha intentado mitigar estas disparidades con diversas iniciativas, aunque la percepción de abandono por parte de los beneficiarios persiste:

Beneficio Descripción
Compensación por expectativa de vida Monto adicional mensual para mujeres pensionadas, financiado por el nuevo Seguro Social, que busca equilibrar las pensiones.
Exención/Rebaja de cotización de salud Beneficio para adultos mayores que reciben el Pilar Solidario o cumplen requisitos de vulnerabilidad y edad.
Cuota Mortuoria Ampliación del beneficio a todos los beneficiarios de la Pensión Básica Solidaria e invalidez.

Es importante señalar que la compensación por diferencia de expectativa de vida no requiere postulación y se paga automáticamente. Sin embargo, existen restricciones: no tendrán derecho a ella las mujeres que se pensionen por vejez antes de cumplir 60 años, y el beneficio puede extinguirse o interrumpirse si la beneficiaria permanece fuera del país por más de 180 días.

La realidad de los adultos mayores: entre el trabajo forzado y la precariedad

La crítica social al modelo es contundente. Muchos adultos mayores se ven obligados a seguir trabajando debido a que las pensiones no alcanzan para cubrir necesidades básicas. La exigencia de continuar en el mercado laboral tras la jubilación es vista como una "doble explotación", donde se utiliza la necesidad del adulto mayor para ofrecer salarios inferiores a los de la población joven.

La falta de un salario social digno y la desprotección ante enfermedades propias de la edad generan una sensación de abandono. Como señalan los testimonios de trabajadores activos en la tercera edad, el sistema actual no solo es insuficiente, sino que se percibe como una estructura que prioriza el lucro de las administradoras por sobre la dignidad de quienes han trabajado durante décadas.

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