Biografía de Manuel Contreras Sepúlveda

La figura de Manuel Contreras Sepúlveda, general (R) y ex jefe de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) durante la dictadura militar chilena de Augusto Pinochet, es central para comprender uno de los períodos más oscuros de la historia contemporánea de Chile.

Orígenes e Inicios en la Carrera Militar

Manuel Contreras Sepúlveda, hijo del coronel de Ejército Manuel Contreras Morales, nació en 1929. Experimentó una tragedia temprana con la repentina muerte de su madre, Aida Sepúlveda, en 1935, debido a una negligencia médica, lo que contribuyó a forjar su temperamento. A la edad de 14 años, Contreras se enroló en la Escuela Militar en Santiago, independizándose y descubriendo su vocación por las armas y la inteligencia militar.

Durante 25 años, desde su ingreso en 1944 hasta 1969, se especializó en armas, guerrillas, técnicas de inteligencia y combate antisubversivo. Acumuló cientos de certificados, condecoraciones y diplomas, nacionales y extranjeros, que guardaba celosamente. En 1967, viajó a Estados Unidos para recibir instrucción sobre guerra irregular en Fort Benning, una época que su hijo menor, Manuel Contreras Valdebenito, recuerda como la más feliz para su familia.

Período en Tejas Verdes (1972-1974)

Imagen de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes

En diciembre de 1972, el entonces coronel Manuel Contreras asumió la dirección de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, una unidad militar ubicada junto a la desembocadura del río Maipo. Rápidamente, Contreras estableció vínculos con opositores al gobierno de Salvador Allende en la zona de San Antonio y el litoral central.

Entre sus amigos cercanos se encontraban el empresario de transportes Cristián ‘‘Toty’’ Rodríguez, el locutor Roberto Araya Silva, el dueño del hotel “La Bahía” Benito Tricio, Juan Basagoytía, Rafael Letelier, Manuel José Moreno y Enrique Manzur. Su confidente más cercano era ‘‘El negro’’ Jara, un ex oficial de Caballería con fuertes lazos con el Frente Nacionalista Patria y Libertad y el Comando Rolando Matus.

Jara proporcionó a Contreras información detallada sobre el funcionamiento del gobierno provincial de la Unidad Popular en San Antonio, incluyendo la identificación de dirigentes comunistas y socialistas, sindicalistas activos, la presencia del MIR y la organización de las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP). Contreras ya había servido en Tejas Verdes en los años 50, y sargentos que lo conocieron joven agregaban a la "leyenda" que se formaba en torno a su figura.

Un oficial de la Armada que se hospedó en el casino de oficiales de Tejas Verdes fue testigo de la extensa red de informantes extraoficiales que Contreras mantenía, permitiéndole conocer las actividades de sus oficiales en todo momento. En aquella época, la Escuela de Tejas Verdes contaba con el teniente coronel Alejandro Rodríguez Faine como subdirector, el mayor Jorge Núñez Magallanes como secretario de estudios, y el mayor apodado ‘‘El topo’’ López al mando del batallón de instrucción.

Según la versión del ex agente Juan René Muñoz Alarcón a la Vicaría de la Solidaridad, en Tejas Verdes se acondicionaron lugares para detenidos el 9 de septiembre de 1973, dos días antes del golpe militar. El día del golpe, Contreras logró controlar en pocas horas toda su jurisdicción. En los días siguientes, en los subterráneos de Tejas Verdes, se practicaron crueles torturas a varios detenidos, utilizando incluso sopletes de acetileno.

Numerosos testimonios de las atrocidades en el campo de prisioneros de Tejas Verdes, conocido como ‘‘El Sheraton’’, fueron recogidos por la Comisión de Verdad y Reconciliación. Este campo se ubicaba al pie de un cerro, junto al río Maipo, y recibía prisioneros de ‘‘La Silla’’ (Londres 38). En el recinto, bajo el mando de un teniente, había 14 cabañas, dos patios y cuatro torres de vigilancia. Los prisioneros eran sometidos a diversos métodos de tortura durante los interrogatorios, incluyendo un "fusilamiento simulado" detallado por Muñoz Alarcón, que se practicó entre septiembre y noviembre de 1973.

Los momentos más brutales se vivieron entre septiembre de 1973 y marzo de 1974, coincidiendo con la partida del coronel Contreras. En los primeros días de marzo de 1974, abandonó Tejas Verdes y entregó el mando de la unidad al coronel Manuel de la Fuente.

Creación y Consolidación de la DINA (1973-1976)

Infografía sobre la estructura de la DINA

Desde las primeras semanas posteriores al golpe militar del 11 de septiembre de 1973, Contreras comenzó a aplicar sus conocimientos y habilidades en inteligencia. Era profesor de Academia en la materia y había demostrado destacadas dotes en Chile y en el extranjero.

A fines de septiembre de 1973, Contreras expuso sus ideas sobre la necesidad de una lucha antisubversiva y de recursos de inteligencia política ante la Comunidad de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional. Contaba con el respaldo personal del general Pinochet, lo que auguraba la transformación de sus propuestas en una nueva entidad de inteligencia, más poderosa y temible: la DINA.

En los días siguientes, Contreras se puso al frente de una dependencia secreta encargada de organizar la información sobre los miles de prisioneros en el Estadio Nacional, Estadio Chile y otros centros de detención. La tarea era urgente: clasificar la información sobre el MIR, el GAP, el PS, el PC, extranjeros y marxistas. Contreras reclutó a los mejores hombres del Ejército, Armada, FACh, Carabineros y civiles, seleccionando a aquellos con preparación en inteligencia y a los oficiales que le eran más leales.

La Contraloría General de la República autorizó el traslado de oficiales y suboficiales para cumplir "actividades especiales" en la nueva y secreta instancia. Contreras concentró a los primeros cuadros de la DINA en la zona de las Rocas de Santo Domingo, donde él residía. En las últimas seis semanas de 1973, los primeros hombres elegidos se pusieron bajo su mando; se ordenó transferir a los civiles que colaboraban en inteligencia; y la Junta de Gobierno creó la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos (Sendet), que regulaba el trato a los detenidos y que sirvió como origen legal para la DINA.

Varios de los primeros funcionarios de la DINA comenzaron a operar desde el segundo piso del cerrado Congreso Nacional. El 8 de diciembre de 1973, el coronel Manuel Contreras se trasladó a Marcoleta 90, en Santiago, que se convertiría en el cuartel central de la DINA. En la ex sede del Poder Legislativo se ubicó la Brigada de Inteligencia Ciudadana (BIC), conocida como Brigada Miraflores, encargada de recabar datos de diversas fuentes.

En enero de 1974, la capitán de Carabineros Ingrid Olderock inició el adiestramiento del primer curso de mujeres DINA en Santo Domingo. Simultáneamente, decenas de hombres con formación básica en inteligencia viajaron a Santiago y otras ciudades para establecer las nuevas brigadas de arrestos, interrogatorios y la persecución de militantes de izquierda.

Los oficiales fundadores de la DINA fueron seleccionados personalmente por Contreras, mientras que el personal de suboficiales estaba compuesto por individuos "conflictivos" en sus unidades de origen. Inicialmente, los servicios de inteligencia operaron bajo el mando unificado de Contreras sin mayores problemas hasta 1975, año en que se institucionalizó la Escuela de Inteligencia del Ejército. Esta situación generó descontento en Contreras, quien era celoso de la doctrina impartida en la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) de la DINA.

El primer problema que Manuel Contreras tuvo al crear la DINA fue la vestimenta. Siempre prefirió los uniformes militares, llegando a usar colleras y prendedores de oro con el logo de la DINA en eventos importantes. Su liderazgo era cerebral, centrado en el diseño de operaciones y técnicas de tortura, lo que lo convirtió en el hombre más preparado para dirigir un organismo que, según la Comisión de Verdad y Reconciliación, fue responsable de la mayoría de los tres mil muertos y 40 mil torturados de la dictadura.

Durante este período, Contreras priorizó acabar con la resistencia interna y perseguir a los exiliados. Se convirtió en un hombre informado, poderoso y con amplias redes internacionales, que utilizó para implementar el Plan Cóndor, coordinando servicios secretos de dictaduras latinoamericanas para eliminar "enemigos comunes". Para esto, requirió fondos significativos, realizando viajes para intercambiar información y obtener recursos.

En abril de 1976, viajó a Irán, invitado por el Sha Reza Pahlevi, buscando financiación para asesinar a "Carlos, El Chacal". En España, en el funeral de Franco, había conocido a Gerhard Mertins, un exoficial nazi traficante de armas. De sus viajes, Contreras atesoró obsequios de jefes de inteligencia internacional, como una copa de Vernon Walters (CIA), una invitación de Ronald Reagan y una corona de oro y jade del reino de Corea del Sur.

Su relación con Nélida Gutiérrez, quien se convertiría en su secretaria, amante, esposa y viuda, comenzó durante un viaje a Asia, cuando Contreras trajo instructores de taekwondo de Corea del Sur para entrenar a agentes de la DINA. Contreras, con una vida personal compleja, solía cortejar a mujeres del escuadrón femenino de la DINA en fiestas de celebración por operaciones exitosas. En otoño de 1976, le habría dicho a Luz Arce, exmilitante socialista y colaboradora de la DINA: "Eres la más hermosa de las detenidas que pasó por la DINA, y también muy inteligente. Y de verdad eres, no sé si bella, pero sí muy atractiva, y puedes tener todo cuanto quieras. Sólo pídelo".

La vida de Contreras combinaba sangre, festejos, amor y odio en el mismo día. La muerte de Miguel Enríquez, secretario general del MIR, el 5 de octubre de 1974, coincidió con la boda de su hija María Teresa, mostrando su priorización de las operaciones sobre su vida familiar. La crisis se agudizó con la muerte de Orlando Letelier en Estados Unidos el 21 de septiembre de 1976, cuando Contreras ordenó detonar una bomba en el auto del excanciller en Washington, un acto que fue demasiado lejos para los estadounidenses.

Conflicto y Salida de la DINA (1976-1978)

Mapa de ubicación de Peldehue, Regimiento Tacna y la Casa Presidencial de Tomás Moro

La muerte de Letelier marcó una etapa difícil para Contreras, quien temía la traición. Elaboró un plan de escape, que incluyó el envío de documentos a Suiza que vinculaban a Pinochet con el crimen. Su estrategia funcionó, pero eventualmente fue llamado a retiro, lo que puso fin al reinado de la DINA. Antes, fue ascendido a general. En la ceremonia, Pinochet le obsequió un reloj de oro, un Seiko 5, el mismo que él usaba. Esta es una de las dos imágenes en que su hijo lo recuerda feliz.

A comienzos de enero de 1978, con las tensiones fronterizas con Argentina aumentando, Pinochet confió a Contreras la misión de viajar a Argentina y convencer al general Jorge Rafael Videla de reunirse con él. Contreras tuvo éxito, y el 19 de enero, ambos jefes de Estado se encontraron en el aeropuerto de Mendoza, dando origen a la idea de crear comisiones para analizar el conflicto.

En Santiago, las presiones por el crimen de Letelier eran cada vez más evidentes. El entusiasmo de Contreras se desvaneció al enterarse de que Pinochet había nombrado director de la CNI (Central Nacional de Informaciones) a uno de sus grandes adversarios, el general (R) Odlanier Mena, a quien Contreras creía haber derrotado. Esta designación lo llevó a pensar que estaba siendo marginado del círculo de influencias de Pinochet y que algunos de sus hombres podrían ser entregados a la justicia estadounidense.

Consideraba que algunos asesores de Pinochet eran demasiado dóciles a los intereses norteamericanos. El 2 de marzo, Contreras habló con Michael Townley, quien temía ser traicionado. Tres días después, se reunió con Fernández Larios en su casa en las Rocas de Santo Domingo, dándoles instrucciones perentorias de negar los viajes al extranjero. Contreras intentaba anticipar todos los escenarios, confiando en sus hombres leales y contactos en la CNI, pero desconfiaba de los civiles.

Fue convocado al despacho del vicecomandante del Ejército, el general Carlos Forestier, donde recibió la noticia de su baja inmediata del Ejército el 20 de marzo. Esa noche, en su residencia, recibió el apoyo de oficiales de la DINA, mandos de la FACh y Carabineros, e incluso del ministro de Defensa, general Herman Brady. La esposa de Pinochet, Lucía Hiriart, también asistió.

Los generales Sergio Covarrubias, René Vidal y René Escauriaza fueron señalados como aliados de los ministros civiles y de Jaime Guzmán. En las dos semanas siguientes, Townley se puso a disposición de Odlanier Mena, mientras emisarios de Pinochet en Estados Unidos acordaban los términos para su entrega. Una de las exigencias chilenas era que las confesiones de Townley no se usaran para investigar otros episodios que involucraran a la policía política de Contreras.

El 7 de abril, Townley fue llevado a Investigaciones, creyendo que sería enviado a Concepción. A la madrugada siguiente, al ver a dos agentes del FBI junto a un avión de Ecuatoriana de Aviación en el aeropuerto, "El gringo" percibió la traición y decidió hablar. En medio de estos turbulentos días, Contreras llevó a su hija al altar para casarse con el subteniente Carlos Moller.

Sintiéndose en peligro, Contreras decidió ser precavido y se refugió en el litoral central con algunos de sus hombres más cercanos. Reapareció el 20 de abril para viajar a Punta Arenas y embarcar 23 maletas en el carguero alemán Badenstein rumbo a Hamburgo. También envió bultos misteriosos por Lufthansa a Nueva York-Frankfurt, los cuales, según versiones posteriores, fueron interceptados por el FBI en Nueva York.

A fines de julio, la justicia chilena ordenó el arresto de Contreras, Pedro Espinoza, Armando Fernández Larios y Vianel Valdivieso. El 2 de agosto, los cuatro se instalaron en el Hospital Militar. Contreras comenzó a escribir lo sucedido en unas páginas que llamó ‘‘Ayudamemoria’’, causando nerviosismo entre amigos y enemigos.

Conflictos con Carabineros

Durante 1977, Contreras se enfrentó en ásperas disputas con el prefecto de Carabineros de Santiago, el general Germán Campos, quien recibía informes diarios sobre actividades sospechosas y explosiones en la capital. Campos concluyó que los atentados eran realizados por agentes de la DINA. El ministro del Interior, general Herman Brady, confrontó a ambos en presencia del jefe de la Guarnición y el intendente de Santiago.

Uno de los episodios más oscuros ocurrió cuando una patrulla de carabineros detuvo a tres sujetos por el robo de un vehículo, descubriendo que eran el cabo de Carabineros Emilio Troncoso, el cabo de Ejército Manuel Leyton Robles y el sargento de Carabineros Heriberto Acevedo, todos adscritos a la DINA, quienes actuaban bajo órdenes del capitán Germán Jorge Barriga Muñoz, "Don Jaime", encargado de ubicar dirigentes socialistas.

Cerca de la medianoche del 24 de marzo de 1977, Campos recibió una llamada de Contreras, quien pedía ayuda por una patrulla desaparecida. Campos ofreció poner 400 hombres a buscarlos. Minutos después, Contreras se enteró de que sus hombres estaban en poder de Carabineros y llamó a Campos, quien le informó que serían puestos a disposición de la justicia militar. Contreras, armado con una metralleta y acompañado de su guardia, se dirigió a la comisaría y liberó a los tres agentes de la DINA por la fuerza.

La investigación militar continuó. El 30 de marzo, la DINA informó que Leyton había muerto de un infarto. Años después, Michael Townley reveló que el cabo había sido asesinado con gas Sarín por sus propios compañeros al comprobarse que había declarado en contra del capitán Barriga. Leyton había sido contactado años antes por el capitán Miguel Krassnoff para que Osvaldo Romo colaborara con la DINA.

Poco antes de que Contreras fuera internado en el Hospital Militar, el general Enrique Morel, jefe de la Guarnición Militar de Santiago, recibió una visita del prefecto Campos, quien le advirtió que Contreras corría peligro de muerte, no por extremistas, sino por un complot en su propia casa. Campos, con información firme, aseguró que impediría el asesinato de Contreras y procedió a rodear su casa con cien carabineros de fuerzas especiales, relevando a los comandos del Ejército.

Dos unidades de fuerzas especiales de Carabineros, de 50 hombres cada una, se apostaron alrededor de la casa de Contreras, y los comandos del Ejército se retiraron. El mayor a cargo de la fuerza policial comunicó a María Teresa Valdebenito, esposa de Contreras, que se encargarían de la seguridad de su hogar. Los carabineros permanecieron allí por más de dos meses. En el Hospital Militar, Contreras agradeció al prefecto Campos por haber salvado su vida y la tranquilidad de su esposa.

Retiro y Vida Posterior (1978-2015)

Manuel Contreras: "Los detenidos desaparecidos están en el Cementerio General"

En la primavera de 1978, Contreras seguía escribiendo y leyendo, principalmente novelas de espionaje y material sobre servicios de inteligencia. En noviembre, comenzaron a formarse los Comités de Ayuda para la Defensa de Manuel Contreras, el primero en Osorno. Ese mismo mes, se descubrieron los hornos de Lonquén, con 15 cuerpos atados y cubiertos con cal, muchos de ellos campesinos detenidos y sepultados vivos después del golpe militar.

En el verano de 1979, Santiago volvió a sufrir bombazos. Los peritajes de Investigaciones señalaron que los artefactos eran fabricados con trotil, y la CNI afirmó que solo las Fuerzas Armadas usaban trotil, sugiriendo que los autores eran exmiembros de la DINA. Aparecieron grafitis de comandos como el ‘‘Lautaro’’ y el ‘‘Carevic’’, reclamando venganza por la muerte del teniente Luis Carevic, exmiembro de la DINA que había seguido en la CNI.

El 14 de mayo de 1979, el presidente de la Corte Suprema, ministro Israel Bórquez, rechazó las extradiciones de Contreras y Espinoza solicitadas por Estados Unidos. Ambos ex jefes de la DINA iniciaron un contraataque y el 31 de mayo acusaron constitucionalmente a varios ministros.

Ya en el retiro, Contreras comenzó a prepararse para la "etapa de la venganza", como llamaría a la búsqueda de justicia. Decidió formalizar su relación con Nélida Gutiérrez, ayudándola a abrir una tienda de ropa llamada "Mane". Su primera relación se había deteriorado, y en 1984 vendió la casa de Príncipe de Gales, comprando un departamento para la madre de sus hijos y decenas de hectáreas de campo en "Viejo Roble", cerca de Fresia, en la décima región, que aspiraba a ser su nuevo hogar.

Nélida Gutiérrez no se adaptó al sur, odiaba el barro, el frío y la lejanía. Vendió su tienda en Santiago y compró una casa en Puerto Varas, la ciudad más cercana a Contreras. Él, en cambio, apreciaba la soledad, el aire limpio y el difícil acceso del lugar, comprando el terreno con las colinas más altas para dominar el valle del Lago Llanquihue y anticipar posibles venganzas.

A comienzos de 1989, su hijo, Manuel Contreras Valdebenito, llegó derrotado a "Viejo Roble" tras cometer un crimen de honor meses antes. En una fiesta, en medio de una discusión por celos, disparó a un hombre, matándolo. El juez militar lo dejó en libertad, argumentando defensa propia, pero este incidente truncó sus aspiraciones militares y rompió una tradición familiar de más de un siglo. Su hijo recuerda que la muerte y su padre siempre estuvieron vinculados: a los 11 años vio su primer muerto en Tejas Verdes, y en una ocasión escuchó a su padre gritar por teléfono "mátenlos".

Los objetos personales de Manuel Contreras, atesorados a lo largo de su carrera militar y parte de un inventario elaborado mientras estaba recluido en el Penal Cordillera, revelan las obsesiones del segundo hombre más temido de la dictadura. Este "testamento" de tres páginas, escrito cuando supo que no saldría de la cárcel, incluía desde frazadas y casetes con grabaciones del golpe, hasta pistolas, cuchillos, uniformes militares y regalos de policías secretas del mundo, reflejando su historia de violencia. Este inventario es hoy una prueba fundamental en la disputa entre su secretaria Nélida Gutiérrez (con quien se casó en prisión) y su exmujer e hijos por los bienes.

tags: #juan #contreras #militar #jubilado