Jóvenes adultas y adultos con discapacidad: información y acceso a apoyos integrales

El programa promueve el mejoramiento de la calidad de vida, ejercicio de autonomía e inclusión social de las personas adultas con discapacidad de entre 18 y 59 años que se encuentran en residencias a través de la implementación de cuatro componentes: residencialidad, desarrollo personal, adaptaciones del entorno y capacitación. Para ingresar al programa, debes cumplir con los siguientes requisitos: Tener entre 18 y 59 años y discapacidad mental intelectual, física, y/o sensorial, y que además te encuentres en una situación de dependencia moderada o severa, es decir, que requieras diversos tipos de apoyos y cuidados, de acuerdo con tu nivel de dependencia, para el desarrollo de tu vida cotidiana.

Expresar tu voluntad de ingresar a un dispositivo residencial de larga estadía, por medio del documento denominado Consentimiento Informado. Si no firmas, deberá indicarse en el documento lo que esté consignado en tu cédula de identidad y, en caso de ser posible, estampar tu huella dactilar, o firmar un tercero a requerimiento de la persona con discapacidad. En caso que la persona se encuentre interdicta, es el/la curador/a quien debe firmar el consentimiento informado. Las vías de ingreso al programa son: Personas con discapacidad que cumplen la mayoría de edad, y se encuentran institucionalizadas en dispositivos residenciales del Servicio de Protección Especializada para niños, niñas y adolescentes. Casos judicializados. Casos sociales alta vulnerabilidad de personas adultas con discapacidad de entre 18-59 años, que no tengan otra solución que la institucionalización, siendo esta considerada como la menos deseable, y lo óptimo la mantención de las personas en su espacio habitual de residencia, o bien en el caso de jóvenes institucionalizados, la reinserción en su grupo familiar.

Necesitas presentar los siguientes documentos: Informe de salud. Informe social y de redes de apoyo. Cédula de identidad. Registro nacional de discapacidad. Consentimiento informado. ¿Cómo describirías un día cualquiera en tu vida? Te levantas por la mañana, te preparas y coges el autobús para ir a trabajar... Sales de trabajar y disfrutas de tus ratos libres en redes sociales... Llega el viernes por la noche y pides comida a domicilio, o sales a cenar a tu restaurante favorito... Son actividades tan cotidianas que las realizas de manera automática. La inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad es esencial por una cuestión de derechos fundamentales. Y más allá de los derechos humanos, la inclusión de personas con discapacidad fomenta la diversidad, la empatía y el respeto, y es el camino para construir una sociedad más justa.

Accesibilidad urbana: al pensar en los desafíos, lo primero que nos viene a todos a la mente seguramente sean aquellos entornos que no están adaptados para personas con movilidad reducida, con discapacidad visual o auditiva, y que dificultan su acceso a servicios tan básicos como el transporte, la educación o la sanidad. Acceso a la educación: a menudo, las personas con discapacidad encuentran dificultades para acceder a un derecho fundamental y básico como es la educación. Acceso al empleo: según los últimos datos del INE, la tasa de paro entre las personas con discapacidad en edad de trabajar es del 21,4%. Muchas empresas no cuentan con las medidas necesarias para garantizar el empleo como infraestructuras o tecnologías adaptadas.

Brecha digital: vivimos en la era digital, la tecnología se ha vuelto vital en nuestras vidas, y la falta de accesibilidad en las plataformas digitales es un obstáculo importante para las personas con discapacidad. Lo cierto es que de nada sirve adaptar los entornos si los estigmas sociales y los prejuicios persisten. Esos estigmas a menudo son fruto del desconocimiento, y por ello es muy importante promover el respeto, la empatía y la comprensión en torno a la discapacidad. Estamos avanzando como sociedad hacia un modelo de sociedades inclusivas, con infraestructuras y sistemas de transporte público adaptados y con políticas que fomentan la inclusión en la educación y en el empleo. Así, muchos teatros, museos, salas de cine y festivales están adoptando medidas para garantizar que las personas con discapacidad tengan las mismas oportunidades para disfrutar de la oferta cultural.

Educación superior e iniciativas de apoyo

Una educación universitaria es posible para estudiantes con discapacidades. Para tener la mejor experiencia universitaria al buscar la universidad perfecta para llamar hogar, habrá muchas cosas que considerar dependiendo de la discapacidad y las acomodaciones necesarias. Center for Parent Information and Resources o el Centro de Información y Recursos para Padres ofrece Mejores Prácticas en la Creación de Habilidades de Autodefensa. DREAM (Derechos de la Discapacidad, Activismo Educativo y Asesoramiento) es una organización nacional para y por estudiantes universitarios con discapacidades. Ellos abogan fuertemente por la cultura de la discapacidad, la comunidad y el orgullo, y esperan servir como un centro cultural virtual de la discapacidad en línea para los estudiantes que desean conectarse con otros estudiantes. DREAM: Los Clubes y Organizaciones para Estudiantes tiene una lista de grupos basados en los campus universitarios relacionados con la discapacidad, la cultura sorda, el ASL y temas relacionados. Exceptional Children’s Assistance Center (ECAC) ofrece información confidencial, imparcial y precisa y apoyo oportuno a las familias. Todos los servicios son sin costo para las familias. SAT Accommodations están disponibles y pueden tomar hasta 7 semanas para que las acomodaciones sean aprobadas. The Arc of North Carolina está comprometido a asegurar para todas las personas con discapacidades intelectuales y de desarrollo la oportunidad de elegir y realizar sus metas de dónde y cómo aprenden, viven, trabajan y juegan. Think College es una organización nacional dedicada al desarrollo, expansión y mejora de opciones inclusivas de educación superior para personas con discapacidad intelectual. Think College tiene un directorio de 308 programas universitarios para estudiantes con discapacidad intelectual.

En la actualidad, numerosos niños con discapacidades alcanzan la edad adulta. La transición de la adolescencia a la adultez temprana se define como un proceso durante el cual se desarrollan actitudes, comportamientos y habilidades para desempeñarse con éxito en esa etapa. Dentro de las pautas culturales estadounidenses, al alcanzar la etapa adulta se espera que los jóvenes hayan finalizado la escuela, tengan un trabajo satisfactorio, estén sanos, mantengan vínculos sociales, contribuyan al mantenimiento y apoyo de sus familias, y participen como ciudadanos en las comunidades a las que pertenecen. El aprendizaje para la adultez es complejo para todos los jóvenes. Ellos mismos suelen manifestar que hechos como aceptar la responsabilidad por la propia persona, decidir en forma independiente y ser autónomos financieramente, indican que ya son adultos. Los jóvenes con discapacidades y enfermedades crónicas pueden tener mayores dificultades en el proceso de transición a la adultez. El tiempo que les insume completar la educación formal y prepararse para el mundo laboral con frecuencia se prolonga. El propósito de este estudio fue investigar la transición de los jóvenes adultos con discapacidades hacia los logros esperados en la adultez. Se compararon los resultados de 2 encuestas enfocadas en las temáticas de la transición a la edad adulta y de la asistencia de la salud, realizadas con 2 años de diferencia.

Los hallazgos también fueron comparados con los resultados censales de EE.UU. Se envió por correo una encuesta de 4 páginas a 650 participantes que habían respondido 2 años antes un amplio cuestionario de 10 páginas, con preguntas relacionadas con los siguientes temas: acceso y utilización de los servicios de salud, si tenían o no seguro de salud, percepción del estado de salud, educación, trabajo y evaluación de determinados indicadores de vida independiente. La muestra del estudio quedó conformada por los 300 jóvenes que completaron ambos cuestionarios. Los participantes tenían entre 20 y 25 años de edad, la mayoría era de raza blanca (95%) y más de la mitad era de sexo femenino (64%). Al realizar la comparación con la encuesta inicial, los autores encontraron que 2 años más tarde había disminuido el número de jóvenes que vivía con sus padres y también el de aquellos que necesitaban ayuda en las AVD. Las percepciones de la salud se mantuvieron estables, con el doble del porcentaje de encuestados que declararon salud regular o mala, en comparación con los adultos jóvenes típicos. El porcentaje de los encuestados que manifestaron no tener un lugar de atención habitual fue del 17%, un nivel menor que entre la población de Kentucky de 18 a 24 años (27%). Sin embargo, la utilización de los servicios de emergencias continuó siendo mayor entre los jóvenes con discapacidad que en el grupo de adultos jóvenes típicos. En la segunda encuesta aumentó el número de jóvenes discapacitados que había finalizado la escolaridad secundaria, y el 32% había asistido a la universidad. En relación con la experiencia laboral, inicialmente se había encontrado que trabajaba el 45% de los jóvenes evaluados, mientras que 2 años más tarde, trabajaba el 51%.

Imagen: Diagrama de cuatro componentes del programa: residencialidad, desarrollo personal, adaptaciones del entorno y capacitación

La autora destaca el dato preocupante de los jóvenes que no estudiaban, ni trabajaban, ni permanecían en el hogar cuidando a sus hijos. Fueron identificados seis primeros pasos críticos para asegurar una transición adecuada. El paso crítico 3 se definió como la preparación de una historia clínica resumida, actualizada, accesible, ya que la información provista será imprescindible para la atención adecuada del paciente por parte de los diferentes médicos que lo asistan. Las enfermeras podrían ayudar a los jóvenes a elaborar sus resúmenes médicos, proceso durante el cual aprenderían a describir su enfermedad y priorizar los temas necesarios para su asistencia. En cuarto lugar se destacó la necesidad de crear un plan de transición de la asistencia médica por escrito, junto con el joven y la familia, cuando el adolescente alcanzara los 14 años. En el plan deberían figurar, como mínimo, los servicios asistenciales necesarios, quién estaría a cargo de las prestaciones y cómo sería su financiación. Se consideró necesario implementar las mismas recomendaciones de cuidados preventivos y primarios para todos los adolescentes, entre los que estuvieran incluidos aquellos con necesidades especiales de cuidado, reconociendo que, en el caso de estos últimos, se requerirá un mayor nivel de recursos y servicios. Las enfermeras podrían ayudar a los jóvenes en temas de promoción de la salud como la alimentación, el ejercicio, la salud sexual, la seguridad y la moderación de las conductas de riesgo, y los problemas del uso de sustancias ilegales. Finalmente, se identificó como el paso crítico 6 que la cobertura del seguro de salud continuara hasta la adultez, sin interrupciones, y que fuera accesible para todos los jóvenes con necesidades especiales de cuidado de la salud.

Los resultados del estudio mostraron que los jóvenes con discapacidades presentaron avances en los indicadores relacionados con la progresión hacia la edad adulta. Un aspecto que destacó la autora, a partir de otras investigaciones, fue que los jóvenes estarían más interesados en su independencia financiera y social que en que la transición organizada en torno a las necesidades médicas. El programa promueve el mejoramiento de la calidad de vida, ejercicio de autonomía e inclusión social de las personas adultas con discapacidad de entre 18 y 59 años que se encuentran en residencias a través de la implementación de cuatro componentes: residencialidad, desarrollo personal, adaptaciones del entorno y capacitación. Para ingresar al programa, debes cumplir con los siguientes requisitos: Tener entre 18 y 59 años y discapacidad mental intelectual, física, y/o sensorial, y que además te encuentres en una situación de dependencia moderada o severa, es decir, que requieras diversos tipos de apoyos y cuidados, de acuerdo con tu nivel de dependencia, para el desarrollo de tu vida cotidiana.

¿Cómo describirías un día cualquiera en tu vida? Te levantas por la mañana, te preparas y coges el autobús para ir a trabajar... Sales de trabajar y disfrutas de tus ratos libres en redes sociales... Llega el viernes por la noche y pides comida a domicilio, o sales a cenar a tu restaurante favorito... Son actividades tan cotidianas que las realizas de manera automática. La inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad es esencial por una cuestión de derechos fundamentales. Y más allá de los derechos humanos, la inclusión de personas con discapacidad fomenta la diversidad, la empatía y el respeto, y es el camino para construir una sociedad más justa.

Vídeo de Empleo con motivo del Día internacional de las personas con discapacidad intelectual

Accesibilidad urbana: al pensar en los desafíos, lo primero que nos viene a la mente seguramente sean entornos no adaptados para movilidad reducida, discapacidad visual o auditiva. Empleo inclusivo: en Grupo Social ONCE buscamos talento y ganas, nos fijamos en la cualificación de las personas sin importar su edad, género, nacionalidad o discapacidad. Ocio inclusivo: Ga11y, una herramienta de videojuegos accesibles que conecta a gamers sin que la discapacidad sea un obstáculo. IGUALES, las personas con y sin discapacidad, con las mismas oportunidades en la escuela, en el trabajo, en el ocio, en el deporte, en la cultura. Estamos avanzando hacia sociedades inclusivas con infraestructuras y políticas que fomentan la inclusión en educación y empleo.

tags: #jovenesadultos #con #discapacidad