La educación en la primera infancia es un pilar esencial para el desarrollo integral de los niños y niñas, especialmente en entornos de vulnerabilidad social. Diversas instituciones en Chile se han dedicado a ofrecer acceso a educación preescolar de calidad, reconociendo su impacto transformador en las vidas de miles de familias. Estos jardines infantiles y salas cuna no solo brindan cuidados y alimentación, sino que garantizan el derecho a una educación que permite a los niños desarrollar todas sus potencialidades, como señalaba la gran educadora Gabriela Mistral: “El futuro de los niños es siempre hoy.”

Contexto de la Vulnerabilidad Infantil en Chile
La pobreza infantil sigue siendo un desafío urgente en Chile. Según la Casen 2022, los niños son el grupo etario más pobre del país. Específicamente, los niños y niñas entre 0 y 3 años presentan la mayor pobreza por ingresos (12,2%), seguidos del grupo de 4 a 17 años (10,1%). Esta realidad subraya la necesidad de medidas inmediatas para abordar las pérdidas de desarrollo que experimentan estos niños, quienes son los que más se ven afectados al no asistir a jardines infantiles y salas cuna. Asistir a estos establecimientos es, de hecho, un pasaporte para tener mejores oportunidades de futuro.
Actores Clave en la Educación Preescolar para la Vulnerabilidad
En respuesta a esta necesidad, diversas organizaciones han establecido redes de jardines infantiles y salas cuna en los sectores más desfavorecidos del país, con un enfoque tanto en la educación como en el desarrollo comunitario.
Fundación Integra: Una Historia de Compromiso
La historia de Fundación Integra comienza en 1975 con la creación del “Comité Coordinador de Ayuda a la Comunidad”, transformándose en 1979 en la “Fundación Nacional de Ayuda a la Comunidad” (Funaco). En la década de los ’80, Funaco dio origen a los “Programas de Centros Abiertos”, cuya misión era atender a niños y niñas sin acceso a educación preescolar por falta de oferta, brindando atención integral y gratuita.
En septiembre de 1990 nace Fundación Integra, transformando Funaco en una entidad educativa que ofrece educación preescolar a niños y niñas de familias de menores ingresos. Desde su creación, más de un millón de niños y niñas han pasado por los más de 1.200 salas cuna, jardines infantiles y modalidades no convencionales gratuitos de Integra, ubicados en los sectores más vulnerables de comunas en todo Chile. Actualmente, más de 82.000 niños y niñas asisten diariamente a sus establecimientos, ofreciendo no solo alimentación y cuidados, sino también el derecho a una educación de calidad que les permita desarrollar todas sus potencialidades.
En octubre de 2022, el Consejo de Integra aprobó una reforma de sus estatutos en lo referido al nombramiento de su presidencia, definiendo que quien ejerza esta función será una persona nombrada por el/la ministro/a de Educación, y deberá contar con una trayectoria laboral destacada en educación inicial, formación profesional idónea y experiencia en cargos de liderazgo en el ámbito educativo.
Hogar de Cristo: Ampliando Oportunidades
El Hogar de Cristo también contribuye a esta labor, ofreciendo jardines infantiles y salas cuna de calidad a los sectores de mayor pobreza y vulnerabilidad del país. Los expertos insisten en que la verdadera educación superior comienza en esta etapa, en que los niños absorben conocimientos de manera natural. Su deber es ampliar las oportunidades de aprendizaje para igualar la cancha y terminar con la desigualdad en Chile.
Fundación Brazos Abiertos: Educación con Valores
La Fundación de Jardines Infantiles Parroquiales Brazos Abiertos, del Arzobispado de Santiago, entrega educación de calidad basada en principios y valores cristianos en sectores vulnerables de Santiago. Comenzaron en 2004 con cuatro jardines atendiendo a 300 niños, y hoy mantienen 12 centros, atendiendo a 1.001 niños de 0 a 5 años en poblaciones como La Pintana, Conchalí, Renca y La Granja. Actualmente, el 52% de los niños atendidos viven en condición de indigencia, el 37% en pobreza, y solo el 11% en no pobreza.
Marjorie Quijada, educadora de párvulos y directora del Jardín Infantil Parroquial Nuestra Señora de Los Parrales en La Cisterna, explica que el sentido de trabajar allí es “entregar valores a los niños, llevarlos hacia Jesús” y educarlos para la vida. Este recinto, que atiende desde 2005 a niños de familias que viven de allegadas, madres que estudian y trabajan o mujeres jefas de hogar, comenzó en un precario galpón. La Fundación Brazos Abiertos mejoró notablemente la infraestructura, construyendo un jardín modelo con todas las normas técnicas que exige el Estado para recibir subvención, complementado con el apoyo de socios y colaboraciones voluntarias de padres.
María Inés Vial, directora ejecutiva de la fundación, recalca la importancia de esta labor: “hasta los 6 años es fundamental la estimulación y la alimentación balanceada que puedan tener los niños, porque después es demasiado tarde.” Asimismo, enfatiza que “la única forma de superar la pobreza es con educación, entonces tenemos que trabajar en este segmento etario y en sectores vulnerables, porque los niños tienen que tener las mismas posibilidades, no importa donde vivan. Todos los niños tienen los mismos derechos.”
Proyectos como el de Nuestra Señora de Los Parrales cuentan con salas luminosas, espacios de aprendizaje, material didáctico de primer nivel, juegos adaptados a la edad y condiciones para integrar a niños con capacidades diferentes. Un equipo de 13 profesionales, entre educadoras y asistentes, preparadas en metodologías educativas, orienta el aprendizaje de niños y familias.
Otro ejemplo es el Jardín Infantil Parroquial San Gregorio, que nació hace 20 años gracias al empeño de mujeres que cuidaban a los hijos de sus vecinas en La Granja. Aunque sus instalaciones actuales presentan desafíos como amenazas de termitas y limitaciones de espacio (solo 40 niños), el cariño, empuje y dedicación del equipo son evidentes. Catherine Alquinta, directora del jardín, explica que se vive un ambiente muy crudo, donde la realidad de los niños es la droga y el tráfico. “Lo que hace el jardín es rescatarlos y orientar a las familias para que tengan otra visión de futuro. Trabajamos con ellas para que puedan criar de mejor manera a sus hijos.” Su sueño es tener mejores instalaciones para “ofrecer mayor bienestar a los niños, las familias y la comunidad, porque todos tienen derecho a estar más dignamente en un lugar.” El proyecto de la Fundación es aumentar la cobertura y crear una sala cuna.
Monseñor Fernando Ramos, Obispo Auxiliar de Santiago, ha expresado su admiración por el trabajo de la Fundación Brazos Abiertos, cuya misión es “acoger y rescatar a niños de familias en riesgo social, sembrando en ellos una educación de calidad, basada en principios y valores cristianos, que permitan su desarrollo como personas íntegras para nuestra sociedad.”

Coloquio "Niñez, Vulnerabilidad y Comunidad: Red de Jardines Comunitarios"
El Coloquio “Niñez, vulnerabilidad y comunidad: Red de Jardines Comunitarios”, pensado para que los alumnos del ramo de psicología comunitaria de la Universidad de Chile conocieran la experiencia de la Red de Jardines Comunitarios, contó con la participación de Soledad Apablaza (Directora del Jardín Hueñi Trai), Claudia Barros (educadora Sala Cuna Aitué) y Paulina Villarroel (Directora del Jardín Infantil Comunidad de niños y niñas Tricahue). Esta Red es una organización con dos décadas de trabajo comunitario en zonas vulnerables, que se ha mantenido gracias a acciones territoriales sostenidas.
Las expositoras destacaron que el trabajo comunitario y la participación de todos son esenciales en la labor de estos jardines. Presentaron ejemplos como el de los encargados del taller de bicicletas que explican su trabajo a los niños, o una vecina que invitó a los niños a ver nacer codornices. “Eso es hacer comunidad, cuando otro miembro del territorio da valor a la labor que un vecino realiza.” Además, presentaron un libro con la sistematización del trabajo realizado, incluyendo opiniones de personas que trabajan en los diferentes Jardines de la Red y la forma de trabajo con los niños y niñas, y cómo esperan que se relacionen con su entorno.
Red CEC: Resiliencia y Transformación en Entornos Hostiles
La Red CEC es una red de 16 instituciones educativas que operan en un entorno difícil de violencia y pobreza. Un ejemplo es la guardería “Nuestra Señora de La Victoria”, dirigida por Rosani Lagos, quien participa regularmente en manifestaciones por la no violencia y la justicia junto a niños y maestras, buscando no ceder el espacio público a las pandillas. Lagos afirma: “No nos dejaremos intimidar. Es importante alzar la voz y llamar a las cosas por su nombre.” Destaca que “los traficantes nos conocen y nos respetan”, y que a pesar del miedo y la violencia que campean en muchos barrios marginales de Santiago, la comunidad cree en el trabajo de los jardines.
En estos barrios, cárteles criminales internacionales están ganando influencia. Los niños a menudo se quedan solos en sus casas, son golpeados o presencian violencia. El Centro de Atención Infantil Rojo*, que forma parte de esta red, busca brindar a estos niños una sensación de seguridad y empoderarlos. Con el apoyo de Terre des Hommes, los cuidadores ofrecen mucho más que el cuidado infantil financiado por el estado; también brindan apoyo comunitario, consejería familiar, educación para la paz y prevención de la violencia. Rosani enfatiza que “Hacer trabajo social requiere mucha fuerza y perseverancia.”
Un Enfoque Integrado: Más Allá del Jardín
Valentina, otra colaboradora, comenta que “No somos solo un jardín de infancia. Trabajamos con las familias, con todo el vecindario. No queremos aislarnos. Otros jardines de infancia se quedan en interiores, en parte por seguridad. Pero nosotros queremos salir a la calle.” Rosani añade: “La gente cree en nosotros y seguimos adelante. No nos escondemos. Salimos con los niños a manifestarnos por la paz y la no violencia. Queremos ser visibles. Y creo que eso está dando resultado. Aquí gozamos de muy buena reputación.”
El monitoreo y apoyo familiar es constante. “Si vemos que un niño no está bien, visitamos a la familia. Preguntamos qué sucede si el niño no asiste a la escuela. También ayudamos a las familias si necesitan algo,” explica Rosani. Sobre la inmigración, la mayoría de la gente opina que “Los inmigrantes son tan pobres como nosotros. Trabajan igual de duro que nosotros. No hay diferencia. La mayoría se integra bien aquí.” Aunque reconocen que “también hay inmigrantes que se aprovechan de nuestra apertura, por ejemplo, los narcotraficantes que compran terrenos y alquilan casas muy pequeñas a otras familias inmigrantes por mucho dinero.”
El trabajo en red es fundamental para fortalecer la labor. Actualmente, los jardines de Red CEC están trabajando temas como la igualdad de género, la protección del medio ambiente y la educación para la paz, analizando la mejor manera de integrarlos en sus métodos de enseñanza. Existe un comité para cada uno de estos tres temas, al que cada uno de los doce jardines de infancia de Red CEC envía un representante. Por ejemplo, van a plazas públicas a recoger basura para que los niños aprendan a proteger los espacios públicos y dar ejemplo a los adultos, y se les enseña sobre el uso moderado del agua.
Desafíos y la Búsqueda de Soluciones
En el diálogo con los estudiantes que asistieron al Coloquio, las expositoras coincidieron en que hay que ser un soñador y un luchador, ya que “muchas veces las normas rígidas de un sistema poco integrador pone trabas al desarrollo de proyectos comunitarios, lo que repercute en la participación de las personas.” Ejemplificaron con hechos como el cierre de algunos Jardines Comunitarios o la falta de pago para la práctica de auxiliar de párvulo en los liceos. Ante esto, Soledad Apablaza puntualizó: “estas situaciones nos ponen frente a establecer nuevas estrategias para encantar a las personas, pero existen otros fundamentos, dinámicas y realidades que son las que permiten la permanencia de valiosas personas al servicio de los niños y niñas y su comunidad.”
Paulina Villarroel, educadora y guía Montessori, comentó que la relación con las instituciones a cargo de las políticas públicas no siempre ha sido fácil: “lo que pasa es que en muchos casos llegan a fiscalizar y lo hacen sobre cosas que no están en sintonía con la forma que hacemos nosotros la educación en sala.” Pese a esto, los jardines que forman parte de la Red reciben recursos de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), siendo instituciones VTF.
Cuando un niño llega al jardín mostrando signos de malestar (nerviosismo o tristeza), los cuidadores intentan distraerlo y, al mismo tiempo, averiguar qué ocurre en la familia. Sin embargo, su capacidad de intervención es limitada. “Las familias deben saber que solo queremos apoyarlas, no acusarlas. Pero somos cuidadoras de niños, no psicólogas. No podemos responsabilizarnos de todo,” explica Valentina. Rosani añade que es el Estado quien debe proteger a los niños y responder ante situaciones difíciles, y que deben cooperar con él. Separar al niño de la familia tampoco es una solución. “En muchos casos, solo podemos hacer de nuestro propio espacio un lugar de paz. Un lugar donde el niño se sienta cómodo. Donde pueda jugar y ser feliz.” Los niños permanecen en el jardín un tiempo considerable, de 8:30 a. m. a 4:30 p. m.
La realidad de la violencia es cruda. Algunos niños son maltratados o se quedan solos en casa mientras sus madres trabajan turnos nocturnos. Rosani lamenta que “la policía no está ayudando.” Recalca la importancia de alzar la voz: “El año pasado hubo un tiroteo cerca en el que murieron tres jóvenes. Entre ellos estaba una niña de 13 años a la que conocíamos bien. Participaba activamente en actividades con jóvenes. Pero no nos dejaremos intimidar. Seguiremos saliendo a las calles, con los niños. A pesar de todo el miedo. Tenemos que permanecer visibles; necesitamos que nos escuchen. Las familias nos apoyan. Gozamos de un gran respeto. No trabajamos a puerta cerrada. Somos parte de esta comunidad.”
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