Mujeres Maestras Ancianas en Japón: Legado, Vitalidad y Resiliencia

En una sociedad en constante evolución, las mujeres mayores de Japón demuestran una vitalidad y un compromiso extraordinarios, muchas de ellas continuando su labor como educadoras o buscando nuevas formas de aprendizaje y contribución. Sus historias son un testimonio de persistencia, adaptabilidad y la búsqueda de una vida con propósito, incluso frente a los desafíos que presenta el envejecimiento. Este artículo explora la vida y el legado de varias de estas inspiradoras figuras, así como el contexto social que las rodea.

Un Reencuentro Emotivo: La Historia de Takagi Sensei

La gratitud de los antiguos alumnos es una de las mayores recompensas para un maestro, y pocas cosas son más lindas que recibirla después de tanto tiempo. Tal fue el caso de la sensei Takagi, cuya historia de reencuentro conmueve por su carácter casi cinematográfico.

La familia de la sensei Takagi se mudó a Taiwán un siglo atrás, cuando su padre, un policía, fue trasladado a la isla. Takagi se licenció como profesora en 1927, y enseñó en primer y segundo grado en una escuela taiwanesa hasta 1939. Taiwán dejó un buen recuerdo en la centenaria japonesa. Una de esas cartas recordaba que Takagi le regaló un vestido a una estudiante cuya familia era pobre.

La carta llegó a una oficina de correos en Taiwán en febrero, pero la dirección ya no existía. Quizá el feliz reencuentro nunca se hubiera materializado de no haber sido por la persistencia de un joven cartero que decidió buscar la dirección actual del exalumno de Takagi. La carta alcanzó notoriedad pública en Taiwán gracias a los medios, que describieron el hecho como una «emotiva historia casi cinematográfica». Por motivos de salud, la exprofesora, que tiene dificultades para caminar, no pudo viajar, así que el reencuentro fue posible gracias a una videoconferencia.

«Me recuerdo de ustedes todos los días, chicos», les dijo Takagi durante la videoconferencia. «Por favor, visite Taiwán con sus nietos», le dijo uno de ellos. Cuando terminó la videoconferencia, la sensei dijo: «No me esperaba este final feliz. Soy una profesora muy feliz».

Foto de Takagi sensei sonriendo en una videollamada, con su familia a la izquierda

Setsuko Takamizawa: El Desafío de Aprender Inglés a los 90

La edad no es un impedimento para seguir soñando ni para adquirir nuevas habilidades. Setsuko Takamizawa, una enérgica mujer de 90 años, es un claro ejemplo de ello.

«¿Hablamos en inglés? “Vale, pero déjame hacer trampa”», bromea Setsuko Takamizawa, apresurándose a consultar sus apuntes. Su libreta llena de anotaciones demuestra que esta anciana se tomó el reto de aprender inglés muy en serio. «Me gustaría dar la bienvenida a muchos extranjeros que vendrán durante los Juegos Olímpicos y, por ejemplo, poder indicarles las direcciones en el tren», cuenta Takamizawa, que comenzó a estudiar el idioma en enero de 2018.

Desde entonces, cada día, su nieta Natsuko le envía a través de la aplicación de mensajería Line una palabra o frase que Takamizawa debe memorizar. La abuela transcribe la palabra en cuestión al silabario nipón katakana, que los japoneses utilizan para las palabras extranjeras, y escribe una frase que su nieta corrige posteriormente. «Es muy estricta», asegura la anciana, que utiliza un término de máximo respeto, “shisho” o “maestra”, para referirse a su profesora particular, Natsuko. «Las frases que aprende son cada día más largas», explica orgullosa su nieta. Desde el mes pasado también ha comenzado a escribir con el alfabeto occidental. «Cada día nos sorprende más su progreso», explica Natsuko a Efe.

A pesar de los asombrosos avances que relatan sus familiares, la nonagenaria afirma que es «muy difícil» progresar debido a su avanzada edad: «Como tengo 90 años, cuando aprendo una cosa olvido otra. Luego aprendo dos, y olvido otras dos». Por eso, «cuando hay gente cerca mío, intento hacer trampa», confiesa Takamizawa, que en su último cumpleaños recibió un libro de aprendizaje que también consulta de vez en cuando. «Los Juegos Olímpicos son un gran evento en el mundo y un símbolo de paz, por esto siento tanta pasión», cuenta la anciana, que aspira a poder comunicarse con personas de todo el mundo. Esto no se limita a Japón. Aficionada a viajar, le gustaría visitar África, China y Sudamérica, además de volver a España, donde ha estado ya dos veces. «Quiero explorar las culturas locales y hablar con la gente de estos países», explica la anciana. También se pregunta: «¿Tienes algún hobby?» y contesta: «Me gusta pintar cuadros. En lienzos muy grandes. Lo disfruto».

A poco más de un año del mayor evento deportivo mundial, Japón se prepara para recibir con el mejor “omotenashi” - término con el que se denomina a la característica hospitalidad japonesa - a los miles de turistas que aterrizarán en el país. «Hablaré los extranjeros que estén perdidos o que tengan algún problema. Les ayudaré en inglés», promete esta abuela nipona, dispuesta a poner su grano de arena para que los futuros visitantes se sientan cómodos en la inmensidad de Tokio.

Setsuko Takamizawa escribiendo en su cuaderno, con su nieta Natsuko

Kikuchi Kazuko: La Maestra de la Gimnasia Consciente a los 90

La fuerza del espíritu y la sabiduría del cuerpo se fusionan en la figura de Kikuchi Kazuko, una maestra de 90 años que ha desarrollado un método de gimnasia único.

Kikuchi Kazuko estudió la anatomía del cuerpo humano de forma autodidacta y creó un método de gimnasia propio para mantenerse sano y joven que parte de dos premisas: “sin ponerse fuerte” (kitaenai) y “sin esfuerzo” (gambaranai). De pie, muestra un porte extraordinario. Un eje que se extiende desde la planta de los pies hasta la coronilla la mantiene perfectamente erguida y estable. La postura es la forma de los elementos que componen a la persona, el reflejo de su energía vital, por lo que no engaña. «Hay que contraer la pelvis con los glúteos y estirar bien la columna, que está en medio. Así nos desplazamos sosteniendo y levantando todo el cuerpo».

Infografía o esquema del cuerpo humano mostrando la postura erguida según el método Kikuchi

Kikuchi nació en 1934 en el distrito de Senboku (actual ciudad de Daisen) de la prefectura de Akita. A los 2 años sufrió quemaduras graves en la mano derecha cuando intentó recuperar un trapo que se le había caído al fuego. Le separaron los dedos que se le habían quedado pegados, uno a uno, pero sufrió mucho con las secuelas. El año después de que terminara la Segunda Guerra Mundial, ingresó en un instituto de bachillerato femenino que tenía un club de pingpong muy potente. Se unió al club con toda la ilusión, pero vio que no podía sostener bien la pala. Pasó horas y horas practicando con una pelota colgada del dintel de la puerta de casa. Años después, se graduó en la Universidad Femenina de Educación Física de Japón y se hizo profesora de secundaria. Sin embargo, vio que no se sentía cómoda con aquel enfoque de la educación física que priorizaba la habilidad deportiva o la estética en lugar de la verdadera finalidad del ejercicio, que es cultivar el cuerpo.

Las vecinas del complejo de vivienda pública donde habitaba le pidieron que les enseñara a hacer gimnasia y empezó a dar clase en la sala de reunión del barrio. Kikuchi cuenta que, en aquella época, cuando explicaba por qué era necesario cada movimiento de su gimnasia haciendo referencia a un atlas de anatomía humana, todas las alumnas decían que les daba asco o miedo. Con todo, su gimnasia adquirió buena reputación por lo efectiva que resultaba para mantener la salud y el Comité Educativo Municipal de Yokohama la invitó a impartir clases para los residentes.

El método de gimnasia Kikuchi otorga importancia a la unión de los dedos de las manos y de los pies, a los que no solemos prestar atención en el día a día: «¿Os descuidáis los dedos de los pies? Los dedos, tanto de las manos como de los pies, están repletos hasta las puntas de venas muy delgadas. Hay que fortalecerlos moviéndolos, conectándolos con el cerebro y asegurándonos de no dejar ninguno desatendido. El ejercicio consiste en meter los dedos de la mano entre los del pie del lado contrario y estrujarlos bien entre ellos. Luego hay que rotar los tobillos dibujando círculos bien grandes para que las articulaciones se despierten. En el estudio resuenan siempre las instrucciones de estos giros de las articulaciones con una entonación especial: “Uu-noo, doo-os, tree-es, cuaa-troo, ciin-coo…”».

Diagrama de capilares de la mano y del pie, con un énfasis en los dedos. Ilustración de una persona entrelazando los dedos de la mano izquierda con los del pie derecho.

«Si nos remontamos a los orígenes, no somos más que un óvulo fertilizado», afirma Kikuchi. «A partir de ese óvulo, se crea un organismo muy complejo. Somos un milagro. Nuestro cuerpo es único en el universo. Por eso debemos amarlo hasta el final de la vida y, cuando se encalla en algún punto, moverlo conscientemente y con cuidado. No es solo estirar el cuerpo o reforzar los músculos. Se trata de entender cómo funciona el organismo, mover los huesos y músculos que queremos utilizar conscientemente con el cerebro y reparar los puntos del cuerpo debilitados sirviéndonos de nuestra propia fuerza. El método Kikuchi plantea el organismo como un microcosmos y pretende extender la conciencia hasta cada uno de sus rincones». La foto de abajo a la izquierda muestra una persona de nuestra época sentada en la silla, sumida en el trabajo, sorprendiendo cómo la columna se curva hacia delante y los órganos quedan incómodamente apretujados.

Foto o ilustración de una persona sentada incorrectamente en una silla de oficina, con la columna curvada hacia adelante.

Kikuchi sigue impartiendo clases de hora y cuarto en su estudio de Kawasaki, donde cada semana acuden cerca de 50 personas; la mayoría, mujeres de edad mediana y avanzada. El ambiente se tensa en el instante en que aparece en la sala, vestida con mallas negras y camiseta cruzada roja. La instructora se mueve y habla desde ese momento en que entra por la puerta hasta que se acaba la clase, sin descansar.

«Cuando empecé, no podía ni acabar de cruzar los pasos de peatones antes de que cambiara el semáforo. Iba siempre con la nitroglicerina a cuestas porque tengo una angina de pecho. Pero, con dos o tres clases por semana, he adquirido tanta vitalidad que me parece mentira lo débil que estaba antes. He llegado a estas edades porque sé cómo curarme yo misma cuando tengo algún problema de salud», relata Sadotomo Yoriko, una de sus alumnas. Kikuchi va dando instrucciones a los alumnos y se mueve durante toda la clase. Observando la clase en directo, el impacto de tener delante el imponente ejemplo de una persona tan vigorosa como Kikuchi es innegable; nada ejerce un mayor poder de persuasión sobre los alumnos.

Uno de los pocos hombres que participan en la clase, Kawamoto Ki’ichi, ingeniero de telecomunicaciones jubilado de 83 años, explica: «Nos tiene perfectamente calados a cada uno. Su ki es impresionante. La verdad es que da miedo. Todas las semanas me machaca y yo me quejo». Kawamoto explica que primero se lesionó la rodilla jugando al tenis y luego sufrió una hernia que se le agravó y lo obligó a operarse de la cadera. El método de gimnasia Kikuchi le ha ayudado a recuperarse de la rodilla, fortalecer las piernas y paliar el problema de micción frecuente, por lo que se siente afortunado de poder compartir el tiempo y el espacio con la profesora.

Foto de Kikuchi Kazuko interactuando con sus alumnos durante una clase de gimnasia.

Kikuchi enseñó un ejercicio en cadena que hace “de vez en cuando” y que consistía en entrelazar manos y pies con otras personas. Se empezaba en parejas, entrecruzando los dedos de los pies para sentir al compañero. Con ello captaban qué tipo de pies tenía la otra persona y notaban cómo intercambiaban energía entre ella. Luego entrecruzaban los dedos de las manos. Les nacía una sonrisa de forma natural. Luego probaron el ejercicio en grupos de cuatro personas. Entrelazaron los dedos de las manos y los pies, y empezaron a formar bonitos círculos. Presenciando cómo las cuatro personas que tenía delante fundían su yo, empezaban a formar un círculo e iban creando un único organismo vivo, se invadía una emoción que estimulaba inconscientemente, y el propio cuerpo vibraba con el círculo. Un instante de felicidad en que el individuo es uno mismo y a la vez no lo es, en que no sabe dónde acaba él y dónde empieza el otro. Darse cuenta de que todos estamos conectados. La explosión del espíritu infantil que yace latente en lo más profundo de nuestro interior. Lo que el método de gimnasia Kikuchi viene cultivando durante medio siglo debe de ser esa sensación que hemos perdido en mayor medida que ninguna.

El Contexto Social del Envejecimiento en Japón: Desafíos y Nuevas Oportunidades

Las historias de Takagi, Takamizawa y Kikuchi se enmarcan en un Japón que enfrenta un rápido envejecimiento de su población. La cultura tradicional japonesa subraya la ética confucionista de respeto por la vejez, pero la sociedad moderna, volcada a lo juvenil, no siempre está preparada para acoger a una creciente población de jubilados. El crecimiento de la esperanza de vida -en 1991 fue de 76 años para los hombres y 82 para las mujeres- hace que aumente cada vez más el número de ancianos. A la vez, la proporción de menores de 15 años seguirá bajando, y se calcula que ya en 1997 serían sólo el 16% de la población, un total inferior al de mayores de 65 años. El cuidado de los padres ancianos por los hijos es cada vez más difícil, y la práctica japonesa de asistencia social para los ancianos se basa, como en muchos otros países, en la premisa de que los hijos cuidan de los padres enfermos. Además, debido a la extraordinaria longevidad, las personas que han de cuidar de los parientes enfermos, generalmente la hija o la nuera, ya no son jóvenes ellas mismas, no siendo raro que superen los 60 años de edad. A esto se suma el cambio de actitud ante la vejez. Como comentó el famoso novelista Shusako Endo en el diario Asahi Shimbun: “Cuando yo era pequeño mirábamos a los ancianos que estaban en cama incluso con temor reverencial. En aquel tiempo creíamos en la vida eterna (…). Los viejos eran venerados por tener un pie en el otro mundo. Hoy en día son pocos los que creen en la vida después de la muerte. La vejez es considerada como una aflicción en lugar de un honor.”

Adaptación y Nuevas Industrias para la Tercera Edad

A pesar de estos desafíos, el rápido envejecimiento de sus ciudadanos y la insuficiencia del actual sistema médico y de asistencia social presentan oportunidades para el futuro de Japón. Así lo creen un buen número de empresas privadas que en los últimos años han empezado a proveer servicios destinados a mejorar las condiciones de vida de este sector de la población. Gran parte de esta nueva industria va dirigida a llenar el abundante tiempo libre de los jubilados, y muchas industrias se están desarrollando alrededor de este colosal “mercado plateado”. Entre otras, viviendas especiales con asistencia cotidiana de servicios varios, reparto a domicilio de alimentos con bajo contenido de sal y pocas calorías, limpieza de la casa y de ropa; así como ambulatorios, centros médicos y balnearios.

  • Universidades de la Tercera Edad: Desde 1989, el Ministerio de Bienestar y Salud Pública ha venido promoviendo el establecimiento de universidades de la Tercera Edad por todo el país. En marzo pasado eran ya 33 las prefecturas que contaban con varias instituciones de este tipo, en las que se ofrecen cursos de una gran variedad de materias: alfarería, cerámica, horticultura, salud, asistencia médica, beneficencia, cultura, etc. Han tenido un éxito arrollador, con el número de solicitudes suele ser tres veces mayor que el de las plazas disponibles, y los alumnos son con frecuencia seleccionados por sorteo. Algunas de estas escuelas tienen extensos campus. Sachiro Tajima, del Jukunen Kaigai Ryooko (viajes al extranjero para personas de edad madura) está sorprendido con el entusiasmo de los ancianos por aprender.
  • Voluntariado y Trabajo Post-Jubilación: La Agencia de Cooperación Internacional de Japón, que antes sólo reclutaba personas de 20 a 39 años, empezó en febrero de 1991 a enviar especialistas de hasta 69 años a varios países. “La Agencia considera un desperdicio no aprovechar la riqueza de saber y la experiencia de personas de edad avanzada que gozan de buena salud”, dice un portavoz. Japan Silver Volunteers, una organización privada, envía ingenieros y profesores de japonés a China y otros países. La razón principal de desear seguir trabajando después de la jubilación es mantenerse en forma y vivir una vida con sentido. Atsuko Kasa, una enérgica mujer de 68 años, ex-empleada del departamento de contabilidad de una empresa de cosméticos, es uno de los ciudadanos japoneses mayores que optaron por renunciar a los tradicionales pasatiempos de la jubilación. Para algunos, el ingreso adicional que obtienen a través de la organización Silver Jinzai es ciertamente una consideración, pero el dinero no es la motivación principal. "A medida que comencé a envejecer, sentí que mi mundo se hacía más pequeño", dijo Kasa a DW. "Para poder tener una vida significativa, decidí comenzar un trabajo en el que pudiera ayudar a otras personas." Kasa trabaja en un grupo de apoyo para personas con discapacidad en Yokohama. "Me gusta este trabajo", dijo. "La gente es honesta, brillante y amable. En realidad, los quiero." Hay unas 10.000 personas registradas para trabajar con el Centro Silver Jinzai y ese número ha aumentado en los últimos años, señaló Takao Okada, presidente de la organización. "Hay un número creciente de personas saludables y muy motivadas para trabajar", expresó Okada. "Hay una amplia gama de razones por las que nuestros miembros quieren trabajar." Okada dijo que los trabajadores de Silver Jinzai por lo general trabajaban un máximo de 20 horas a la semana, repartidas en dos o tres días, y por lo general están empleados en supermercados, como limpiadores, jardineros, recepcionistas, carpinteros o asistentes de cuidado infantil. Otros emplean conocimientos técnicos en diseño computarizado o ayudan a recoger basura en las calles de la ciudad. Uno de cada cuatro japoneses tiene más de 65 años y muchas de estas personas de la tercera edad prefiere seguir trabajando.
Foto de grupo de personas mayores japonesas participando en actividades en una universidad de la tercera edad o como voluntarios.

Frente a la Soledad: Las Familias de Alquiler

El aumento de las familias nucleares y el creciente envejecimiento de la sociedad japonesa ha facilitado el surgimiento de negocios como el de las "familias de alquiler", absolutamente único en su género. La mayoría de los clientes son personas de más de 60 años cuyos hijos de verdad están demasiado ocupados -o viven lejos- para poder visitar a sus padres. Cerca del 40% de los que solicitan este servicio a la agencia Nihon Kokasei Honbu, de Tokio, viven solos. Los actores que desempeñan el papel de la familia artificial de alquiler reciben entrenamiento riguroso en una escuela de la agencia, que ofrece hasta siete niveles de cursos, incluyendo arte dramático, relaciones públicas, métodos de expresión, entretenimiento, fisiología y psicología. Satsuki Oiwa, presidente de Nihon Kokasei Honbu, dice exultante: “No podíamos ni soñar que este negocio se extendiera tan rápidamente. En este momento, hay más de 80 matrimonios de ancianos en lista de espera. Estoy seguro de que hay una tremenda demanda para este tipo de servicios. Desde hace años los japoneses hemos vivido pensando sólo en el bienestar material sin preocuparnos del espíritu. Pero está llegando la hora de encontrar la paz interior. Espero que llegue el día en que no haga falta que los ancianos tengan que acudir a familias de alquiler para huir de la soledad”. Mientras tanto, a la agencia de Oiwa le va muy bien. La historia de una niña de pocos años enseñando a su abuela un nuevo libro de dibujos a color, mientras la nuera le hace masajes en los hombros y habla animadamente con su marido, sentados los cuatro en el cuarto del tatami, ilustra esta realidad. Es una familia de alquiler, un reflejo de los cambios en las dinámicas familiares.

Foto de una familia japonesa simulada sentada en un tatami, riendo y conversando.

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