La Inclusión Educativa: Un Imperativo de Derechos Humanos
Los niños, niñas y adolescentes con discapacidad son uno de los grupos más marginados y excluidos de la sociedad, cuyos derechos son vulnerados de manera generalizada. En comparación con sus pares sin discapacidad, tienen más probabilidades de experimentar las consecuencias de la inequidad social, económica y cultural. La pobreza y la discapacidad están estrechamente relacionadas, pues la primera es un factor determinante de la segunda y, a su vez, la discapacidad muchas veces atrapa a las personas en la pobreza. La exclusión social supone costos significativos no solo para el individuo, sino para la sociedad en su conjunto.
Es fundamental que los niños, niñas y adolescentes con discapacidad sean el centro de todos los esfuerzos por forjar sociedades inclusivas, puesto que tienen los mismos derechos que los demás y, más que beneficiarios de ayuda, son agentes de cambio y autodeterminación. La protección de sus derechos ha sido una parte integral de la agenda de UNICEF desde la entrada en vigor de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), cobrando mayor impulso con la aprobación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD). Los enfoques de derechos humanos y desarrollo inclusivo son los principios que orientan el trabajo en este campo, de acuerdo con el modelo social de la discapacidad.
Actualmente, las sociedades son más conscientes de la diversidad (física, cultural, económica, religiosa, etc.), generando acciones de inclusión, equidad y reconociendo el derecho natural y legal de cualquier ciudadano a integrarse en la sociedad desde temprana edad con igualdad de derechos. En México, el Artículo 3º de la Constitución Política garantiza a cada ciudadano el acceso igualitario y equitativo a la educación pública. A inicios del siglo XXI, a partir del Programa Nacional de Educación 2001-2006, se efectuó la adecuación del currículo de Educación Básica haciéndolo accesible a los alumnos que presentan las Necesidades Educativas Especiales (NEE). De esta manera, los servicios de educación especial en México adoptaron una nueva perspectiva, abriendo a los alumnos con NEE el acceso a la educación básica regular, cuyo currículo se adecuó poniendo énfasis en la inclusión.
Desafíos Actuales en la Integración Educativa
Sin embargo, la implementación real de la integración y la inclusión de los niños con necesidades educativas especiales en las aulas regulares de educación básica en países como México, enfrenta diversos retos. Según estudios, en la práctica existen múltiples limitaciones en aspectos de infraestructura, cobertura e inclusión. Se carece de una visión de política que articule los componentes del sistema educativo, se analizan las fallas administrativas y operativas por parte de las autoridades, y sobre todo, se exhibe la falta de seguimiento y evaluación en la implementación de esta política pública educativa en materia de discapacidad.
Respecto a la inadecuada formación de los profesores, estudios previos encuentran que las competencias del docente que atiende a los alumnos con NEE no están en sincronía con la conceptualización donde se considera que la discapacidad no está en el sujeto, sino que es generada por la existencia de contextos inadecuados, estereotipados y rígidos con respecto a sus concepciones del ser humano. Los planes de estudio de las licenciaturas reformadas, por ejemplo, en el marco del Programa para la Transformación y el Fortalecimiento Académicos de las Escuelas Normales desde 2004, no logran desarrollar esta idea en el maestro.
Aunque la nueva política educativa nacional respecto a la inclusión de los niños con NEE en las aulas regulares se ha implementado por varias décadas, estudios de campo revelaron que, si bien las acciones de esta integración se están llevando a cabo, la calidad de atención a los alumnos con barreras para el aprendizaje y la participación deja mucho que desear. Las observaciones directas, por ejemplo, mostraron que los docentes a menudo no promueven la conexión entre aprendizajes, no estimulan la búsqueda independiente del conocimiento, ni utilizan el diálogo para construirlo con una amplia participación de los alumnos. El profesor utiliza esencialmente un método explicativo caracterizado por su activa participación y una posición pasiva de la mayoría de los alumnos, sin adaptarse a las necesidades individuales.
Los datos de las observaciones directas distan mucho de la información proporcionada por los docentes en las encuestas. Por ejemplo, mientras un alto porcentaje de profesores afirmó siempre generar ambientes formativos para propiciar la autonomía (48%) o aplicar críticamente el currículo (52%), las observaciones y la realidad en el aula a menudo contradicen estas afirmaciones. Esto refleja serias discrepancias entre lo que los docentes sostienen o "cómo se ven a sí mismos" y su actitud y prácticas frente al grupo. En estas condiciones, es complicado implementar con calidad la política educativa de inclusión de los niños con NEE en las aulas regulares.
Además, falla no sólo el trabajo conjunto del docente con el especialista en educación especial, sino que también se ausenta la intervención colaborativa de los profesores con los padres de familia, las autoridades educativas y la comunidad escolar en general, en la toma de decisiones y desarrollo de alternativas que contribuyan al éxito de todos los alumnos.

Comprendiendo la Discapacidad Motora
La discapacidad motriz en el aula es uno de los grandes retos para los educadores. En el aula podemos encontrar alumnos con tipos muy distintos de discapacidad motora, cuyas necesidades serán muy diferentes de unos a otros. Todavía, en torno a la discapacidad motriz, sobreviven algunas falsas creencias. Si queremos la normalización y la inclusión en la escuela, tendremos que derribar barreras físicas, mitos y ofrecer una respuesta educativa ajustada a sus NEE.
La discapacidad motora hace referencia a las alteraciones del aparato motor y su funcionamiento. Pueden ser alteraciones del sistema óseo, articular, nervioso y/o muscular, impidiendo, en algunos casos, realizar actividades de la vida cotidiana.
Tipos Frecuentes de Discapacidad Motora en Niños
- Parálisis cerebral (PC): Se caracteriza por las alteraciones del tono muscular, la postura y la movilidad en el niño, debido a una lesión encefálica en la etapa prenatal o durante la infancia. La sintomatología puede ser muy diferente, desde dificultades motrices leves hasta síntomas asociados como movimientos involuntarios repetitivos, problemas auditivos o del lenguaje. Según la extensión y localización de la afectación podemos distinguir: monoplejía, hemiplejía, paraplejia o tetraplejia. Existe la falsa creencia de asociar la PC con bajo desarrollo intelectual. Sin embargo, hay casos de PC donde las facultades intelectuales del niño no están afectadas. Además, el hecho de que la lesión sea crónica tampoco significa que no pueda realizar progresos en sus funciones motoras.
- Espina bífida: Es una anomalía congénita de la columna vertebral que provoca una parálisis por debajo de la lesión, falta de sensibilidad y/o una malformación en algún miembro inferior. En algunos casos el niño padece hidrocefalia, que es un factor de riesgo para sufrir discapacidad intelectual. Si no es así o está controlada, no afectará en gran medida a su desarrollo cognitivo y aprendizaje.
- Miopatía o distrofia muscular progresiva: Esta discapacidad motora se caracteriza por la pérdida de fuerza debido a una degeneración muscular progresiva a lo largo de los primeros años de vida del niño.
- Ataxia: Este término engloba a las dificultades del niño para mantener el equilibrio, la postura y el control del movimiento voluntario por una disfunción, principalmente, en el cerebelo.
- Traumatismos craneoencefálicos: También pueden generar lesiones del encéfalo que derivan en problemas motores, emocionales o dificultades en el lenguaje y la memoria. A veces, las habilidades afectadas pueden recuperarse por completo; en otros casos, dada la gravedad del traumatismo, las secuelas son permanentes.

Estrategias Clave para una Integración Efectiva en el Aula
Como vemos, el alumnado con discapacidad motriz es muy heterogéneo. La respuesta educativa debe consonar con las dificultades específicas de cada niño. No obstante, estas son las NEE comunes a estos alumnos, que se deben atender en el aula y desde el centro:
- Autonomía y movilidad: El centro y el aula deben estar preparados para que el alumno pueda desplazarse sin problemas con la silla de ruedas o el andador. Esto supone contar con espacios amplios, rampas o ascensores, cuartos de baño y mobiliario adaptados. Es importante también que pueda acceder al material escolar y a los juguetes sin problema en el aula.
- Apoyos pedagógicos coordinados: Todo el equipo educativo y los profesionistas externos al centro (fisioterapeutas, logopedas, psicólogos…) necesitan trabajar en coordinación para la atención tanto del niño como con su familia.
- Desarrollo social e interacción: La dificultad para moverse e interactuar con el entorno va a afectar el desarrollo de estos alumnos en todos los niveles: sociales, cognitivos y emocionales. Muchos niños con discapacidad sufren baja autoestima, no se sienten competentes y esto afecta sus aprendizajes y su interacción con los demás. El profesor puede favorecer su inclusión en el aula a través de trabajos en equipo y potenciando la ayuda entre compañeros de manera bidireccional, es decir, pidiendo a veces a un alumno que ayude al niño con discapacidad motora, y otras, pidiendo a este que ayude a su compañero en alguna tarea. De esta manera, se sentirá válido y un miembro más de la clase.
- Uso de sistemas de comunicación alternativa o aumentativa (SAAC): Estos recursos tienen como objetivo compensar y favorecer la expresión oral para los alumnos con discapacidad del habla asociada. Pueden ser pictogramas, que representan objetos a través de fotos, dibujos e imágenes; tableros de comunicación tipo cuaderno de casillas organizado con letras, sílabas, pictogramas; o aplicaciones para móviles y tablets que funcionan como comunicadores.
Discapacidad motora en los niños
En conclusión, la discapacidad motora en niños no tiene por qué suponer una barrera insalvable para su integración plena y efectiva en escuelas regulares.
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