El uso del lenguaje no es un acto neutro; es una herramienta que refleja nuestra forma de pensar y de percibir al otro. En la sociedad actual, todavía persiste un uso extendido de términos peyorativos que, lejos de ser simples palabras, constituyen actos de discriminación directa contra las personas con discapacidad.

El origen y la carga discriminatoria del término "mogólico"
Un alto porcentaje de la población utiliza la palabra “mogólico” a modo de insulto sin darse cuenta de que, en realidad, el empleo de este término constituye un claro acto de discriminación. Esta palabra es una tergiversación de “mongólico”, concepto acuñado por el médico británico John Langdon Down en 1866 para describir el síndrome de Down, basándose en similitudes físicas que él encontró entre estas personas y los mongoles. Cuando utilizamos este término, a menudo sin saberlo, estamos invocando este origen.
La palabra "mogólico" suele emplearse para insultar, haciendo referencia a la falta de inteligencia de la persona a la cual se dirige. Es fundamental comprender que el síndrome de Down no es una enfermedad ni un padecimiento, sino una característica intrínseca de la persona, parte de su identidad al igual que su personalidad, estatura o gustos. Al insultar a alguien mediante este término, asumimos erróneamente que hay algo negativo en la condición de tener síndrome de Down. Las personas con esta condición y sus familiares han expresado en reiteradas ocasiones el daño y la agresión que sienten ante su uso.
Ante esta problemática, la campaña “Insultos”, realizada por ASDRA y diseñada por la Agencia Quintana Comunicación, busca resignificar la palabra “mogólico” y concientizar sobre su incorrecta utilización en la vida cotidiana.
Hacia un lenguaje inclusivo y respetuoso
La forma en la que hablamos determina cómo tratamos a las personas. Daniel-Aníbal García Diego, secretario de Finanzas de la Confederación, subraya que las personas pensamos como hablamos y que el lenguaje marca nuestra visión sobre la discapacidad. Por ello, es vital adoptar una terminología que reconozca la dignidad humana por encima de cualquier condición.
La importancia de la terminología correcta
Los manuales de lenguaje inclusivo, como el de COCEMFE, enfatizan los siguientes puntos clave:
- Persona con discapacidad: Es la forma correcta de dirigirse al colectivo. Se prioriza la palabra “persona” y se añade “con discapacidad” como un elemento relevante, sin obviar la etiqueta, pero reconociendo la identidad.
- Rechazo a términos peyorativos: Palabras como “minusválidos” o “disminuidos” vulneran la dignidad y deben ser erradicadas del vocabulario social.
- Evitar eufemismos: Términos como “capacidades diferentes” o “diversidad funcional” son considerados eufemismos que restan valor a la realidad de la discapacidad. Utilizarlos implica sugerir que la palabra “discapacidad” es algo negativo que debe ser dulcificado.
El objetivo no es ocultar la discapacidad ni dulcificarla, sino normalizarla. Como señalan los expertos, hay que llamar a las cosas por su nombre sin minimizar su impacto ni disfrazar la realidad.

El rol de la sociedad y los poderes públicos
Para que el cambio en la manera de dirigirnos a las personas con discapacidad sea efectivo, es imprescindible que cale en todos los sectores. Esto incluye:
- Los medios de comunicación.
- Los creadores de contenido (audiovisuales, videojuegos, diseños gráficos y artes).
- Los poderes públicos y las instituciones.
Existe una urgencia particular en la revisión de marcos legales, como la Constitución, para eliminar términos obsoletos como “disminuido”. Asimismo, es necesario transitar de una visión rehabilitadora o de prestación de servicios hacia un enfoque que priorice el reconocimiento pleno de derechos y la dignidad de las personas, integrando estas perspectivas en todas las políticas públicas.
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