La vulnerabilidad social es un concepto crucial para comprender las desventajas que enfrentan personas y comunidades, afectando su bienestar y su integración plena en la sociedad. Para abordar este desafío, es fundamental contar con herramientas que permitan identificar, medir y responder a estas situaciones de manera efectiva. Recientemente, se han desarrollado e implementado nuevas estrategias para fortalecer el enfoque en el diseño, la asignación, el monitoreo y la evaluación de programas sociales, buscando un análisis más exhaustivo y territorial.
Introducción a la Vulnerabilidad Social y su Medición
El Ministerio de Desarrollo Social y Familia, a través de la Subsecretaría de Evaluación Social, ha presentado una nueva herramienta que fortalecerá el enfoque en el diseño, asignación, monitoreo y evaluación de programas sociales implementados por los distintos servicios y organismos del Estado. La ministra de Desarrollo Social y Familia, Javiera Toro, ha subrayado que “esta nueva herramienta representa un cambio de paradigma al pasar de un foco centrado exclusivamente en el hogar como unidad de análisis a uno que contemple un enfoque multidimensional y perspectiva territorial en el Sistema de Apoyo a la Selección de Usuarios de Prestaciones Sociales”.
Por su parte, la subsecretaria de Evaluación Social, Paula Poblete, ha destacado que “uno de los compromisos cotidianos del gobierno del Presidente Boric es contribuir a la cohesión social. Muchas veces, cuando se individualiza a los hogares, cuando se hacen distinciones entre vecinos, esa cohesión se rompe”. El Sistema de Indicadores de Vulnerabilidad Social y Territorial (SIVUST) permite identificar desigualdades, barreras estructurales y oportunidades de desarrollo para promover la movilidad y la integración social.
Hasta ahora, la asignación de beneficios sociales se basaba principalmente en la Calificación Socioeconómica (CSE) del Registro Social de Hogares, con una lógica centrada en los hogares y en sus características socioeconómicas. El Índice de Gestión de Vulnerabilidad Social y Territorial (IGVUST) complementa esa mirada al clasificar a los territorios según siete dimensiones clave: Ingresos, Trabajo y Pensiones, Salud y Dependencia, Educación, Vivienda, Accesibilidad y Seguridad.
Este sistema de indicadores sociales se ha diseñado e implementado a partir de información contenida en diversos registros administrativos disponibles en el Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Estos registros permiten monitorear la situación socioeconómica de la población en aspectos como el acceso a empleo formal y sus ingresos, escolaridad o adscripción a un sistema de salud. Dicho sistema permitirá contar con cifras con mayor periodicidad y desagregación territorial que las elaboradas por medio de encuestas, facilitando la caracterización de poblaciones o territorios que no son adecuadamente identificados en estas, como la población institucionalizada o territorios pequeños.
¿Qué es la Vulnerabilidad?
El concepto de vulnerabilidad hace referencia a “múltiples factores de riesgo que impiden que una persona o grupo de personas mantenga o mejore su bienestar”, tal y como lo define Acción Contra el Hambre. Así, la vulnerabilidad social se refiere a la situación social de aquellas personas, grupos o familias que han visto deteriorada su condición de vida social y personal, y donde las redes sociales son débiles y hay un acceso irregular a los servicios públicos. Este concepto está relacionado no solo con la situación social, sino también con la cultural, política y económica.
Mediante el índice de vulnerabilidad social se conoce la situación de diferentes colectivos y personas, dando pie a aplicar soluciones para evitar casos de pobreza o exclusión social.
Identificación de Personas y Familias Vulnerables
El deterioro que recoge la vulnerabilidad social está relacionado con la disminución o pérdida de recursos económicos, la dificultad para acceder a una vivienda, a los servicios de salud, a un empleo o a la participación social. Una persona o familia se considera vulnerable cuando se encuentra en un ambiente personal o familiar debilitado y tiene un riesgo alto de perder sus bienes, propiedades o su sistema de sustento o el de su familia. En este contexto, se considera persona vulnerable a quien, por razones estructurales, económicas o sociales, se encuentra en una situación de desventaja que compromete su bienestar y su integración plena en la sociedad.
Los niños, las mujeres y los ancianos están considerados como los colectivos más vulnerables. Otro colectivo considerado vulnerable son los migrantes, dado que no se encuentran en su país de origen y esto puede provocarles dificultades con el idioma, la incorporación al ámbito laboral o la carencia de una red de apoyo.
El trabajador social desempeña su labor en diferentes ámbitos, siendo los colectivos vulnerables uno de los principales. Por lo tanto, la intervención social ejerce un papel fundamental en este tipo de realidades y debe llevarse a cabo por un profesional con la formación adecuada. Esta condición de vulnerabilidad ha de trabajarse desde la discreción y el respeto por parte del trabajador social, el cual debe mantener la confidencialidad de la información sensible a la que accede. Esta obligación se integra en el conjunto de principios éticos del trabajador social, que siempre han de estar presentes, independientemente del colectivo, entidad o institución para la que estos profesionales trabajen.
Medición de la Vulnerabilidad Social: Indicadores y Sistemas
La vulnerabilidad social se mide analizando y basándose en los denominados indicadores de vulnerabilidad. Cada variable establece los criterios por los que se mide el índice de vulnerabilidad de las personas o familias que están siendo evaluadas. Existen, por ejemplo:
- El índice de vulnerabilidad de paro, por el cual se mide la situación laboral.
- El índice de vulnerabilidad de estudios, evalúa el nivel educativo.
- El índice de vulnerabilidad de vivienda, analiza el tipo de hogar en el que viven.
- El indicador de pobreza, a través del cual se miden los ingresos per cápita y la situación económica.
- El indicador de salud, el cual pone el foco en los accesos a los servicios de salud.
- Los indicadores de identificación, que reflejan los rasgos personales tales como la edad, el género, la nacionalidad, etc.

Algunas de las variables que se destacan en los índices de vulnerabilidad son el acceso a servicios básicos, como el acceso a agua potable (si las personas acceden a este recurso a través de la red pública o de pozos o norias) y el acceso a alcantarillado. Según las y los expertos, los altos niveles de vulnerabilidad frente al riesgo de desastres se encuentran asociados al estatus socioeconómico, al aumento de población en condición de discapacidad y al aumento de población adulta mayor. La exposición a amenazas naturales de las personas en riesgo social es un factor medible y que se puede identificar a través de diversas variables.
Según los datos recogidos en 2022, el informe de vulnerabilidad social de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN, por sus siglas en inglés) refleja que España ocupa el cuarto puesto en países de la UE con mayor tasa de población en riesgo de pobreza, con un 26 %. Rumanía encabeza la lista con un 34,4 %, seguido de Bulgaria (32,2 %) y Grecia (26,3 %). En un estudio reciente realizado a escala distrital, se determinó que los distritos ubicados en la macrozona del Norte Grande presentan los mayores niveles de vulnerabilidad. Estos indicadores son parte de la Plataforma de datos para resiliencia elaborada por el Instituto para la Resiliencia ante Desastres (ITREND).
Aspectos Legales y Ayudas contra la Vulnerabilidad
El Estado español ofrece un plan de ayudas destinadas a solucionar la situación de las personas vulnerables. Para acceder a ellas es necesario solicitar un certificado de vulnerabilidad, un documento mediante el cual los ciudadanos ratifican su situación económica precaria.
Por otra parte, el Real Decreto-ley 16/2021 recoge una serie de medidas en materia de vivienda, pobreza y salud, entre otras, para hacer frente a situaciones de vulnerabilidad social y económica. Este Real Decreto ha ido incorporando medidas y cambios adoptados por circunstancias excepcionales, como la crisis sanitaria del COVID-19 o la crisis económica derivada de la pandemia. El bono social y la garantización de suministros de agua, luz y gas natural para consumidores vulnerables son algunos ejemplos recientes de estas medidas.
Causas y Consecuencias de la Vulnerabilidad Social
Una de las causas principales de la vulnerabilidad social es el desempleo o la desigualdad de oportunidades. Una persona o colectivo también puede verse en esta situación por otros motivos, tales como desastres naturales, enfermedades, el cambio climático, accidentes graves o hambrunas. Estas casuísticas pueden llevar a la cronificación de esta vulnerabilidad y conducir a la pobreza o la exclusión social.
Vulnerabilidad vs. Exclusión Social
La diferencia entre vulnerabilidad y exclusión social radica en la definición de cada término, principalmente porque son dos fenómenos distintos. La exclusión social es cuando una persona, grupo o colectivo presenta múltiples vulnerabilidades. Más concretamente, es la situación que “afecta a individuos o grupos, impidiéndoles acceder a un nivel de calidad de vida decente, y/o de participar plenamente, según sus propias capacidades, en los procesos de desarrollo”, según la definición de la OMS.
Así pues, la exclusión social es una consecuencia del agravamiento de la vulnerabilidad social. Por ejemplo, cuando una persona desempleada de larga duración, es decir, una persona vulnerable, agota todos los recursos económicos y las prestaciones y no puede hacer frente a gastos básicos como la alimentación, puede estar en una situación de exclusión social, representando un aislamiento completo del sistema social.
BOLETÍN DE VULNERABILIDAD SOCIAL Y EXCLUSIÓN DIGITAL. Nº15
Importancia del Análisis de la Vulnerabilidad Social
En resumen, podemos concluir que la vulnerabilidad social incluye múltiples factores de riesgo que pueden llevar a las personas a situaciones de exclusión social. Los datos indican que perfiles laborales como el del trabajador social siguen siendo necesarios para contribuir a la reducción de estas cifras y a la mejora de la situación de bienestar de este colectivo, especialmente cuando atraviesa una situación de vulnerabilidad que compromete su integración social y calidad de vida.
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