El insomnio es un trastorno común del sueño que dificulta quedarse o mantenerse dormido, o que provoca despertarse demasiado temprano sin poder volver a dormir. Esta incapacidad repetida y continua de dormir lo suficiente cada noche (menos de seis horas) se conoce como insuficiencia crónica de sueño. Es probable que, al despertar, la persona se sienta cansada, lo que puede agotar su nivel de energía y afectar su estado de ánimo.
En algún momento, muchos adultos pueden experimentar insomnio por un período breve, que puede durar días o semanas, generalmente debido al estrés o a un evento inquietante. Sin embargo, algunas personas desarrollan insomnio crónico, que persiste por un período prolongado, es decir, tres meses o más.
Definición y Tipos de Insomnio
El insomnio puede describirse como la dificultad persistente para conciliar el sueño a la hora de acostarse, despertarse varias veces o durante mucho tiempo en la noche, y/o despertarse demasiado pronto con incapacidad para volver a dormirse. También se manifiesta como una sensación persistente de sueño no reparador.
Varias organizaciones han propuesto distintas definiciones del insomnio, compartiendo elementos clave como un sueño insatisfactorio (en términos de inicio, mantenimiento o despertar precoz) y el deterioro del bienestar diurno, las capacidades y el funcionamiento subjetivo.
Clasificaciones del Insomnio
Anteriormente, el insomnio se clasificaba de diversas maneras, incluyendo:
- Primario: sin una afección comórbida.
- Secundario: asociado a comorbilidades físicas o psiquiátricas, fármacos o abuso de sustancias.
También se dividía según su duración:
- Crónico: presencia de síntomas durante al menos tres días a la semana (no necesariamente todas las noches) durante al menos 3 meses. Es frecuente la excitación previa al sueño (sentirse somnoliento antes de acostarse, pero luego más alerta e incapaz de dormir una vez en la cama).
- Aguda: síntomas presentes durante menos de 3 meses. La mayoría de las personas lo experimentan en algún momento del año y suelen estar provocados por estrés o cambios en el patrón de sueño. Una vez eliminado el factor desencadenante, el sueño suele volver a la normalidad.
La tercera edición de la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño (ICSD-3-TR) establece que el insomnio debe clasificarse como:
- Trastorno de insomnio crónico: Las alteraciones del sueño se producen al menos tres veces por semana y han estado presentes durante los últimos 3 meses.
- Trastorno de insomnio de corta duración: Las alteraciones del sueño han estado presentes durante menos de 3 meses.
- Otros trastornos del insomnio: Dificultad para iniciar o mantener el sueño que no cumple los criterios de insomnio crónico o trastorno de insomnio de corta duración.
Las Directrices de la Asociación Británica de Psicofarmacología (2019) recomiendan que el trastorno de insomnio crónico se considere como un trastorno por derecho propio, diagnosticándose siempre que se cumplan los criterios, independientemente de cualquier otro trastorno físico, mental o del sueño concurrente.
Tipos específicos de Insomnio
- Insomnio de inicio: Dificultad para conciliar el sueño.
- Insomnio de mantenimiento: Dificultad para mantener el sueño de forma continua a lo largo de toda la noche, despertándose varias veces o durante mucho tiempo.
- Insomnio psicofisiológico: Insomnio que presenta un nivel de activación psicofisiológica elevada al inicio del sueño. Estos pacientes muestran una alta preocupación por su problema de sueño y requieren de un alto esfuerzo para conseguir conciliarlo.
Causas y Factores de Riesgo del Insomnio Crónico
El insomnio crónico suele manifestarse inicialmente como insomnio situacional, precipitado por una situación personal o un estresor. Sin embargo, una vez resuelta la situación, el insomnio puede mantenerse. El modo de afrontar el problema de sueño inicial es decisivo en la cronicidad de este trastorno.

Factores Psicológicos y Emocionales
- Estrés: Las preocupaciones por el trabajo, los estudios, la salud, el dinero o la familia pueden mantener la mente activa durante la noche, dificultando el sueño. El estrés puede causar insomnio por un breve período.
- Trastornos de salud mental: Los trastornos de ansiedad, como el trastorno por estrés postraumático, pueden alterar el sueño. Despertarse mucho antes de tiempo puede ser un signo de depresión. Otros problemas emocionales y psicológicos comunes incluyen la ira, la preocupación, el duelo, el trastorno bipolar y el trauma. El insomnio está asociado de forma fiable con trastornos de salud mental, incluido el riesgo de depresión y suicidio.
- Insomnio aprendido: Quienes duermen mal cuando están estresados pueden predisponerse a no funcionar bien durante el día, poniéndose como desafío el aprovechar la noche con un sueño reparador.
Hábitos y Estilo de Vida
- Malos hábitos de sueño: Irse a dormir y despertarse a diferentes horarios cada día, dormir siestas, estar demasiado activo antes de ir a dormir y no tener un área de descanso cómoda. Otros hábitos perjudiciales son trabajar, comer o mirar televisión en la cama. No tener un horario regular de sueño.
- Viaje u horario de trabajo: La alteración de los ritmos circadianos (el reloj interno del cuerpo que guía el ciclo de sueño y vigilia) puede derivar en insomnio.
- Comer demasiado y tarde en la noche: Comer demasiado puede generar malestar al acostarse, y muchas personas experimentan acidez estomacal, donde el ácido gástrico sube por el esófago.
- Cafeína, nicotina y alcohol: La cafeína y la nicotina son estimulantes que pueden impedir conciliar el sueño si se consumen a última hora de la tarde o por la noche. El alcohol, aunque inicialmente puede parecer que ayuda a dormir, altera la calidad del sueño a largo plazo. La Academia Americana de Medicina del Sueño recomienda dejar de tomar bebidas con cafeína al menos seis horas antes de acostarse.
- Vida sedentaria: La inactividad física puede favorecer el insomnio.
Problemas Médicos y Enfermedades
- Medicamentos: Muchos medicamentos con receta médica pueden interferir en el sueño, como algunos antidepresivos, medicamentos para el asma o la presión arterial, estimulantes para el TDAH, corticosteroides, hormona tiroidea y algunos anticonceptivos.
- Enfermedades: Afecciones como el asma, las alergias, la enfermedad de Parkinson, el hipertiroidismo, el reflujo ácido, la enfermedad renal, el cáncer, la artritis, los problemas de espalda, o condiciones que aumentan la necesidad de orinar durante la noche (problemas de próstata o vejiga) pueden alterar el sueño.
- Trastornos relacionados con el sueño:
- Apnea del sueño: Provoca pausas respiratorias transitorias a lo largo de la noche, lo que interrumpe el sueño. Estas pausas pueden ser cortas (aproximadamente 10 segundos) y no recordarse al día siguiente. Se hacen más comunes con la edad. Afecta principalmente a personas con obesidad y, aunque menos frecuente, también a niños (1% al 5%). Los casos severos pueden tratarse con Presión Positiva Continua de Flujo Aéreo (CPAP).
- Síndrome de las piernas inquietas: Causa un fuerte e incómodo impulso de mover las piernas al intentar dormirse.
- Movimiento periódico de las piernas: Contracciones musculares breves que causan brincos de las piernas, que duran uno o dos segundos y ocurren cada 30 segundos (o por tiempos más prolongados), varias veces por noche. Se hace más frecuente y severo con la edad.
- Hipersomnia (somnolencia diurna excesiva): Dificultad para permanecer despierto y sensación de cansancio y ganas de dormir todo el día.
- Narcolepsia: Somnolencia diurna excesiva (ataques de sueño sin previo aviso), parálisis del sueño y alucinaciones del sueño (auditivas y visuales).
- Parasomnias (conductas anormales durante el sueño): Como el sonambulismo, más frecuente en niños y con predisposición hereditaria.
- Painsomnia: Incapacidad crónica para dormir cuando el dolor interrumpe el descanso, muy frecuente en la esclerosis múltiple.
Edad y Género
- Envejecimiento: El insomnio se vuelve más común con la edad.
- Cambios en los patrones de sueño: El sueño suele ser menos reparador, y es más probable que el ruido u otros cambios despierten a la persona. El reloj interno suele adelantarse, causando cansancio más temprano y despertar más temprano.
- Cambio en el nivel de actividad: La falta de actividad física o social puede interferir en un buen descanso y aumentar la probabilidad de dormir siestas.
- Cambios en la salud: El dolor constante, la depresión, la ansiedad o problemas de próstata/vejiga que aumentan la necesidad de orinar durante la noche pueden alterar el sueño.
- Toma de más medicamentos: A medida que se envejece, es común tomar más medicamentos, que pueden interferir con el sueño.
- Género (mujer): Los cambios hormonales durante el ciclo menstrual y la menopausia (sudoraciones nocturnas y sofocos) pueden influir. La prevalencia de insomnio es entre 1,5 y 2 veces mayor en las mujeres que en los hombres.
Falta de sueño y el envejecimiento ,otro factor del exposoma
Cuándo Consultar a un Médico
Si el insomnio afecta negativamente las actividades durante el día, es fundamental consultar a un médico u otro profesional de atención primaria. El médico buscará la causa del problema para dormir y ayudará a tratarlo. El primer paso en la intervención del insomnio es identificar la causa.
Complicaciones del Insomnio Crónico
Dormir es tan importante para la salud como una alimentación saludable y la actividad física regular. La insuficiencia crónica de sueño tiene consecuencias negativas tanto a corto como a largo plazo:
- Síntomas a corto plazo: Dificultad para concentrarse, fatiga, irritabilidad y disminución del estado de alerta.
- Efectos en la mente y el cuerpo: Deterioro de la concentración, atención y memoria.
- Riesgos físicos: Mayor tendencia a aumentar de peso, mayor riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes, presión alta y enfermedades cardíacas.
- Salud mental: Aumenta el riesgo de desarrollar depresión y trastornos de ansiedad, y puede empeorar los síntomas de ansiedad, estrés y depresión preexistentes.
- Calidad de vida: Aumento de la fatiga, deterioro de la productividad laboral, reducción de la calidad de vida y la insatisfacción en las relaciones.
Diagnóstico del Insomnio
Para diagnosticar y conocer de qué trastorno del sueño se trata, se pueden realizar las siguientes evaluaciones:
- Diario de sueño: En un centro especializado en desórdenes del sueño, la persona debe anotar sus hábitos de sueño y vigilia por una o dos semanas.
- Estudio del sueño MSLT (Multiple Sleep Latency Test): Es una prueba para medir la rapidez con la que se duerme en varios intervalos a lo largo del día.
- Polisomnografía: Consiste en monitorear al paciente durante la noche para obtener información de múltiples parámetros corporales como actividad eléctrica cerebral, respiratorios, cardíacos y de movimientos que logren valorar la calidad del sueño y sus trastornos.
- Información de terceros: El cónyuge y otros miembros de la familia pueden proporcionar información valiosa al médico sobre el dormir de la persona, por ejemplo, si ronca muy fuerte o tiene un sueño muy inquieto.
Tratamiento y Manejo del Insomnio Crónico
La buena noticia es que la mayoría de los casos de insomnio se pueden curar con cambios que se pueden hacer por cuenta propia, sin depender de especialistas del sueño ni recurrir a píldoras para dormir recetadas o de venta libre. Sin embargo, para tratar y curar adecuadamente el insomnio, es necesario identificar todas las posibles causas. Si la causa de la insuficiencia crónica de sueño es una enfermedad subyacente, el tratamiento de dicha enfermedad debería ayudar a solucionar los problemas de sueño.
Cambio de Hábitos y Factores Contribuyentes
Es fundamental corregir aquellos hábitos o factores que contribuyen a mantener el insomnio, que inicialmente se adoptan para paliar los efectos de la deuda de sueño (aumentar las horas de cama, dormir siestas, acostarse antes, etc.). A largo plazo, estas medidas solo empeorarán el problema de insomnio.
- Establecer un horario regular para dormir: Ayudar al reloj biológico al dormirse y despertarse a la misma hora todos los días, incluidos los fines de semana. Levantarse a la misma hora por la mañana, incluso si se está cansado.
- Rutina previa al sueño: Establecer un ritual que relaje antes de dormir.
- Entorno adecuado: Asegurarse de que el dormitorio esté tranquilo, oscuro y fresco. El ruido, la luz, una habitación demasiado calurosa o fría, o un colchón o una almohada incómodos pueden interferir en el sueño. Usar aparatos de sonido, tapones para los oídos, cortinas opacas o un antifaz si es necesario. Si se tiene reflujo, levantar la cabecera de la cama unos centímetros o dormir semi-reclinado con almohadas.
- Evitar pantallas: Apagar todas las pantallas (electrónicas) por lo menos una hora antes de dormir, ya que emiten una luz azul que altera la producción de melatonina.
- Evitar actividades estimulantes: No realizar ejercicios físicos o actividad intelectual vigorosa, ni participar en situaciones estresantes (revisar redes sociales, discusiones, trabajar) antes de acostarse.
- Dieta y líquidos: Evitar la ingesta de cafeína seis horas antes de irse a la cama. Evitar cenas abundantes dos horas antes de acostarse. Evitar el alcohol, ya que, aunque inicialmente puede ayudar a conciliar el sueño, a la larga lo altera. Evitar beber demasiados líquidos antes de dormir para reducir las interrupciones por necesidad de orinar.
- Ejercicio regular: Realizar actividad física de forma regular, pero no vigorosa unas cuatro horas antes de acostarse. La inactividad física puede favorecer el insomnio.
- Siestas: Evitar las siestas durante el día, ya que pueden dificultar el sueño por la noche. Si se debe tomar una siesta, limitarla a 30 minutos y antes de las 3 p.m.
- Uso del dormitorio: Utilizar el dormitorio únicamente para dormir y tener relaciones sexuales. Evitar trabajar, usar la computadora o ver la televisión en el dormitorio.
- Relojes: Alejar de la vista los relojes del dormitorio para evitar la ansiedad de ver pasar los minutos.
- Salir de la cama: Si al cabo de 10-15 minutos tratando de conciliar el sueño no se logra, salir de la cama, tratar de relajarse con técnicas aprendidas en terapia y volver a intentarlo solo cuando se sienta sueño nuevamente.
Estrategias Cognitivo-Conductuales
Para poder acabar con el círculo de insomnio-ansiedad-preocupación, es fundamental corregir aquellos hábitos o factores que contribuyen a mantener el insomnio. La actitud del paciente ante su problema de sueño es fundamental, no solo en la cronicidad del trastorno sino también en el éxito de la terapia.
- Desafiar pensamientos negativos: Los pensamientos influyen en los sentimientos y acciones. Es crucial identificar y combatir las actitudes negativas sobre el sueño y el problema de insomnio.
- Expectativas poco realistas: En lugar de pensar "Debería poder dormir bien todas las noches", aceptar que "Mucha gente tiene problemas de sueño de vez en cuando".
- Exageración: En lugar de "Es lo mismo cada noche, otra noche miserable", recordar "No todas las noches son iguales. Algunas noches duermo mejor que otras".
- Catastrofizar: En lugar de "Si no duermo, arruinaré mi presentación", recordar "Puedo hacer la presentación incluso si estoy cansado".
- Desesperanza: En lugar de "Nunca podré dormir bien", afirmar "El insomnio se puede curar".
- Adivinar el futuro: En lugar de "Tardaré al menos una hora en dormirme", aceptar "No sé qué pasará esta noche".
- Mantener la mente tranquila: Intentar no estresarse por no poder dormir, enfocarse en las sensaciones del cuerpo y hacer ejercicios de respiración. Hacer que el objetivo sea relajarse, no dormir.
- Pospone preocupaciones: Si se despierta sintiéndose ansioso, anotarlo y posponer la preocupación hasta el día siguiente.
Técnicas de Relajación
Si resulta difícil volver a dormir, se pueden probar técnicas de relajación:
- Respiración abdominal: Respirar lento y profundo, involucrando el vientre, la espalda baja y la caja torácica.
- Relajación muscular progresiva: Tensar y luego relajar grupos musculares, comenzando por los pies.
- Meditación de conciencia plena: Sentarse o recostarse en silencio, concentrándose en la respiración natural y las sensaciones corporales.
Consideraciones Farmacológicas y Terapéuticas
En el tratamiento del insomnio, el paciente tiene un papel activo, mientras el terapeuta le guía y apoya. El éxito de la terapia dependerá de la implicación del paciente y del cumplimiento de las pautas indicadas.
- Evitar la automedicación: No tomar nada sin prescripción médica. Cada caso debe ser evaluado individualmente para valorar los beneficios y efectos secundarios de cualquier tratamiento.
- Píldoras para dormir: Aunque pueden brindar alivio temporal, no son una cura y pueden empeorar el insomnio a largo plazo si no se usan con cuidado. Su empleo promueve el sueño profundo y puede mejorar el alerta al día siguiente, pero este alivio es temporal. Gran cantidad de médicos evitan prescribirlas por largos períodos (más de tres semanas). Son más eficaces con moderación en situaciones a corto plazo (viajes, recuperación médica).
- Suplementos y remedios herbales: La melatonina (hormona natural) y la valeriana (hierba con efectos sedantes leves) pueden ayudar a regular el ciclo sueño-vigilia o promover el sueño. Sin embargo, pueden tener efectos secundarios e interferir con otros medicamentos.
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): La TCC es una forma de psicoterapia que trata los problemas modificando los pensamientos, emociones y patrones de comportamiento negativos. Puede ser más eficaz para abordar el insomnio que las píldoras, ya que muchas personas se quejan de que los pensamientos negativos les impiden dormir. Se puede realizar de forma individual, en grupo o en línea.
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