La serie animada Los Simpson, un pilar de la cultura pop americana, ha sabido capturar y parodiar diversas facetas de la vida humana. En este análisis, nos centraremos en cómo la serie aborda la vejez, utilizando al personaje de Abraham Simpson como eje principal. A lo largo de las primeras diez temporadas, las consideradas "las mejores", observamos cómo se representa a una persona marcada por los años: sus deseos, sus placeres y sus sufrimientos, así como sus interacciones con familiares, amigos y extraños.
Aspectos como el amor, la amistad, los recuerdos, las manías, la tristeza y muchos otros toman un cariz particular en una etapa de la vida donde las costumbres y la libertad están más que nunca ligadas a las posibilidades del cuerpo. Este artículo explorará episodios específicos donde "el abuelo" es el protagonista, desentrañando las complejidades de la vejez según la visión de Los Simpson.
La Indiferencia y Deslegitimación del Anciano
Abuelo Abraham Simpson: ¡Todos ustedes son despreciables!, ¡Qué vergüenza! | Los Simpsons
En Los Simpson, el abuelo Abraham se enfrenta a dilemas recurrentes: la falta de atención o preocupación por él, la deslegitimación de sus palabras y la indiferencia con la que se le escucha. A su pesar, es común que todos aborrezcan pasar tiempo con él. La pregunta que surge es: ¿Por qué le sucede esto?
Los gerontólogos describen que uno de los duelos más severos de la vejez es la percepción de no ser objeto de deseo por parte de los demás. Poca gente quiere compartir tiempo con personas mayores, salvo sus semejantes, y pocos son los que realmente los escuchan o logran conversar con ellos. Bart lo expresa de manera irónica en una cena familiar, cuando Homero muestra angustia por no poder ser miembro de los Magios y Abe vocifera que él mismo lo es: "Te acuerdas las clases de autohipnosis que tomamos para ignorar al abuelo, tal vez ahora deberíamos oírlo". Esta frase, aunque absurda, ilustra el modo en que los entornos familiares a menudo se vinculan con los ancianos.
A diferencia de otros prejuicios donde victimarios y víctimas se reconocen claramente, el prejuicio hacia las personas mayores puede operar sin ser advertido. Nadie enseña a ignorar a los viejos, simplemente se hace. Este fenómeno se evidencia en un capítulo donde Abraham consigue trabajo en la industria de los dibujos animados (no por mérito propio, pero eso no importa) y se lo cuenta a Homero. Este último no hace otra cosa que imaginar que su padre "terminó de perder la chaveta", reflejando la creencia popular de que los ancianos siempre están algo locos.
Estereotipos y Deshumanización de la Vejez

Depositar a los viejos en roles estereotipados funciona como una gran traba. Cuando se habla de los adultos mayores, los adjetivos suelen referirse a unos pocos roles esperables: abuelos o jubilados, enfermos o limitados. Se les identifica por lo que son en relación a otros o por lo que han dejado de ser, invisibilizando aspectos valiosos como sus nuevas ocupaciones y preocupaciones, tan amplias como en otras edades.
En el episodio "El anciano y el estudiante con malas calificaciones", Bart es enviado al geriátrico de su abuelo como castigo. Al llegar, Bart se dice a sí mismo: "Bien, solo respira por la boca y no les preguntes cómo se sienten". Esta frase es una pizca deshumanizadora que, aunque pronunciada por Bart, lo trasciende y funciona como una representación social estigmatizante de la vejez.
Los Simpson muestran un concierto de imágenes que asocian la vejez con lo negativo, el padecer, la enfermedad o la molestia para otros. Por ejemplo, jugando al bingo, el premio al ganador es "¡una banana!", lo que Bart no puede entender la lógica de ese mundo. Estas personas reciben premios aburridos, se les dice cuándo dormir y las películas que ven son "editadas para ancianos".
Además, si los viejos llegan a manifestar los mismos deseos, sentimientos o reivindicaciones que los jóvenes, causan escándalo. En ellos, el amor puede parecer ridículo o innecesario, la sexualidad repugnante y la violencia irrisoria. Todas estas formas de identificación social influyen en la propia subjetividad de los ancianos, ejerciendo un poder simbólico que ajusta su personalidad a los comportamientos esperables.
Lisa: "Qué duro es ser niñx."
Abraham: "Qué duro es ser viejo."
Homero: "Soy hombre blanco, edad 18 a 49 (le faltó agregar heterosexual)."
La Nostalgia y la Reafirmación de la Masculinidad
En un mundo cambiante, donde los avances tecnológicos transforman la cultura y la construcción de significados, y las experiencias comunes entre generaciones se distancian, se torna difícil entablar un diálogo que identifique a un joven adolescente con alguien de la tercera edad. En sociedades gerontocráticas, generalmente patriarcales, los ancianos poseían una sabiduría que trascendía su existencia y era la herencia histórica de la comunidad.
La idealización del pasado aparece como inevitable en la vejez. Los ancianos a menudo romanticizan lo que les sucedió en sus propias vidas y las costumbres sociales de su juventud, sin importar si estas les perjudicaron o no. Un ejemplo común es escuchar a hombres que fueron obligados a hacer el servicio militar (la "colimba") abogar por su regreso, viéndolo como una solución a problemas sociales como la delincuencia o para la formación moral de los jóvenes.
Sin embargo, los relatos de dicha experiencia suelen estar lejos de ser idílicos, retratando una pedagogía de la crueldad con métodos de tortura de diferente intensidad: hambre, frío extremo, el uso de "premios" y castigos para desmoralizar, y la búsqueda de anular emociones que pudieran considerarse debilidades militares. Es comprensible que un hombre que pasó por estas experiencias no quiera asumirse como víctima, y a menudo, mediante la autocomplacencia masculina, transforman esa experiencia dolorosa en una forma de orgullo y superación personal: "mira por todo lo que pasé y cómo me la banqué. Un tipo recto", queriendo pintarla como una demostración de valía y virilidad, ingredientes machistas a los que todo varón debería aspirar según la mirada patriarcal.
En el episodio "Mi héroe, el abuelo", esta nostalgia de batallas opera como una necesidad para la reafirmación de la masculinidad de Abraham, ante la pérdida de prestigio, autoridad y un rol importante. Aunque al final Bart y su abuelo se abrazan amorosamente en reconciliación, la serie a menudo subraya la persistencia de prejuicios y actitudes arraigadas.
Amor, Sexualidad y Jubilación en la Vejez

A cierta edad, se produce el retiro productivo, la jubilación, una palabra derivada de "jubilo", tiempo destinado al goce y los placeres. Sin embargo, si se nos quita lo que hacemos, podemos perder la noción de quiénes somos. El tiempo libre, irónicamente, puede convertirse en un enemigo, ya que vivir a menudo se trata de llenar ese "envase hueco de resonantes tic-tac".
Los Simpson exploran esta faceta en dos episodios que muestran al abuelo Simpson viviendo una nueva experiencia amorosa. En uno de ellos, Abraham se enamora de Betty Simmons, una anciana que conoce en el asilo. Comienzan a salir y a compartir cosas, se quieren y se dan cariño. Un tercer domingo de cada mes, Homero lo pasa a buscar para pasar el día en familia, pero en esta ocasión, ese día tiene un significado particular para Homero: buscará tratar bien a su padre para dar un ejemplo a sus hijos sobre cómo vincularse con los ancianos. Sin embargo, el motivo real no es transmitir valores éticos y humanos, sino un fin egoísta: prevenir que así se lo trate a él cuando envejezca y así huir del destino de su padre.
Ese domingo es el cumpleaños de Betty. Homero entra a la habitación de su padre y se burla de él cuando le dice que no puede ir porque es el cumpleaños de su novia. Homero, pensando que ella es imaginaria, se lleva a su padre contra su voluntad, ignorando las aclaraciones de Abe y perpetuando la invisibilización de los deseos y afectos de los ancianos.
Otro terreno de reflexión es el de la sexualidad y las diferentes formas que asume en relación al género. Cuando rescatan a los ancianos en helicóptero después de un naufragio, el jefe Gorgory dispara ante la pasarela de ancianas: "¡Qué lástima, ni una sola belleza!". Esta frase no es casual; al comienzo de la aventura en alta mar, el Capitán presume una frase similar. La sexualización de las mujeres en nuestras sociedades está ligada al cuerpo, y en él se buscan objetivar ciertos atributos y reglas que funcionan como criterios para definir si es deseable o descartable.
El privilegio en esta edad, como siempre en el patriarcado, corre por el lado de los varones. El atractivo erótico masculino se sustenta en atributos de poder y autoridad, puntos de apoyo desde los cuales se ha desarrollado su personalidad. La pérdida de ese lugar de reconocimiento es la némesis de la vejez masculina. Este análisis, escrito con una mezcla de bronca y reproche, busca impulsar una reflexión sobre las implicaciones de pensar el lugar propio y el de los demás, la forma en que nos vinculamos y la importancia de ubicarnos en las diferencias para asumir las responsabilidades urgentes.