La influencia del género en la prestación de cuidados familiares es un tema de gran relevancia, donde se identifican desigualdades persistentes en la distribución de tareas relacionadas con el cuidado. Este fenómeno, arraigado en factores sociales y culturales, presenta características distintivas según la región y el país.
El Cuidado Familiar en España: Un Modelo con Sesgo de Género
En Europa, el modelo de apoyo al cuidado se inclina hacia un enfoque social con menores gastos y un fuerte desembolso en pensiones. Sin embargo, en España, el cuidado recae predominantemente en la familia, adoptando un modelo mediterráneo donde la mujer es el elemento principal de la red no profesional de cuidados.

Desde hace varias décadas, a la persona que presta cuidados no remunerados en el domicilio se le ha denominado "cuidador informal". Con la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, se inició un proceso de reconocimiento jurídico de esta figura, denominándola "cuidador no profesional" (art. 2.5) o "familiar" (art. 18.1). El cuidado familiar se realiza a personas con diferentes grados de dependencia, generalmente por miembros de la familia (hasta el tercer grado de parentesco) o personas cercanas por vecindad o amistad. Además, esta ley contempla beneficios económicos o ayudas para el cuidado.
Desigualdades de Género en el Cuidado
Diversos estudios revelan que las mujeres tienen más probabilidades de ser cuidadoras que los hombres en todos los contextos. A pesar de que las estructuras familiares y los roles tradicionales están cambiando, y los hombres asumen el cuidado cuando las mujeres de la familia no están presentes, el cuidado sigue siendo considerado un tema femenino, lo que refuerza los estereotipos de género asignados. Sin embargo, parece existir una tendencia hacia un aumento de hombres dedicados al cuidado familiar.

Impacto en la Salud y la Calidad de Vida
La prestación de cuidados familiares tiene consecuencias físicas y psicológicas. El nivel de dependencia y la intensidad del cuidado son factores que afectan negativamente a la salud de las personas cuidadoras, modulados por diferencias de sexo, edad avanzada, bajo nivel educativo, mala salud previa y falta de apoyo social. Las características asociadas a los roles de género determinan un mayor nivel de sobrecarga, morbilidad y depresión, así como una peor calidad de vida en las mujeres cuidadoras que en los hombres.
Contexto Demográfico en España y la Comunidad Valenciana
Si las tendencias demográficas actuales se mantienen, para 2035, las personas mayores de sesenta y cinco años supondrían el 26,5% de la población total en España, y el 18,1% tendrían más de ochenta años. En la Comunidad Valenciana, las proyecciones para el mismo año son de un 26,4% de personas con sesenta y cinco años o más y un 7,9% de mayores de ochenta años.
En los últimos años, se está produciendo un cambio de mentalidad relacionado con el papel de las personas mayores. Los adultos mayores desean envejecer y vivir en su hogar, pero la disgregación de la familia y las características limitadas de la vivienda, especialmente en las ciudades, complican este deseo, lo que lleva a que los mayores terminen sus últimos años viviendo solos o en pareja, asumiendo ellos mismos sus problemas de salud y cuidados, ya que sus familiares son cada vez menos capaces de atenderlos.

Un Problema Poco Estudiado: El Cuidado por Personas Mayores de Setenta Años
Asumir el rol de persona cuidadora tiene diferentes implicaciones relacionadas no solo con el género, sino también con las etapas de la vida. No es lo mismo cuidar siendo hombre o mujer, ni tampoco cuidar durante la etapa laboral o durante la jubilación y/o vejez. Un problema importante y poco estudiado es la provisión de atención y cuidados familiares por parte de personas mayores de setenta años desde la perspectiva de género.
Hallazgos de un Estudio Cualitativo en Valencia
Un estudio cualitativo realizado en Valencia entre enero y junio de 2018, con la participación de ocho mujeres y cinco hombres de setenta y más años que cuidaban en el domicilio a personas dependientes, reveló datos significativos:
- La edad media, el nivel de estudios y los años dedicados al cuidado fue mayor en los cuidadores (hombres).
- Las cuidadoras tenían una mayor carga relacionada con los cuidados.
- Se identificaron tres categorías influenciadas por la cultura androcéntrica: perspectiva vital, motivos que sustentan el cuidado y estrategias de afrontamiento.
- Un 90% de las cuidadoras lo hacían por obligación moral, compasión, reciprocidad y amor.
- Un 80% de los cuidadores lo hacían por responsabilidad y reciprocidad, obteniendo un logro y un aprendizaje satisfactorio.
- Ambos sexos desarrollaron habilidades de resiliencia, alcanzando mayores niveles de adaptación.
El estudio concluyó que el género determina el significado que se otorga a la experiencia de cuidar. La muestra del estudio estaba compuesta por trece personas (cinco hombres y ocho mujeres) con una edad media de 81,7 años, un nivel de estudios bajo (60% con estudios primarios y 15% sin estudios, todas mujeres). La media de años dedicados al cuidado fue mayor en hombres (quince años) que en mujeres (ocho años).
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Perspectiva Vital y Experiencias de Vida
Del análisis de la información se identificaron tres categorías con sus respectivas subcategorías. La influencia de la cultura androcéntrica marca todas las vivencias de las personas cuidadoras desde la perspectiva de género.
Experiencias de Cuidado de las Mujeres
Las cuidadoras mantenían en la memoria las experiencias vividas y replicaban comportamientos relacionados con la maternidad y crianza, la enfermedad y la muerte. Ejemplo de ello son los relatos de haber cuidado a sus madres o de haber asumido las tareas del hogar y la crianza de los hijos sin apoyo, como algo "normal".
Algunas mujeres narraron haber tenido que luchar intensamente por la supervivencia de sus familias, emigrando al extranjero o iniciando negocios improvisados por necesidad, como el cuidado de peluquería a domicilio, lo que demuestra su gran capacidad de adaptación y resiliencia frente a las adversidades.
Experiencias de Cuidado de los Hombres
Los hombres manifestaron su falta de preparación para el cuidado del hogar y de la familia, expresando la necesidad de "aprender a cocinar, a limpiar" después de que su esposa ya no pudiera hacerlo. Relataron su experiencia en trabajos físicos fuera del hogar, como la ebanistería o el trabajo en el campo. Los hombres participantes consideraron que cuidar a su esposa era un deber y una responsabilidad.
La Falta de Apoyo Social y la Resiliencia
Ambos sexos experimentaron la falta de apoyo familiar y de amistades en el cuidado. Sin embargo, los participantes mostraron una gran capacidad de resiliencia, adaptándose a la adversidad con paciencia y fuerza de voluntad. Los momentos de respiro y las relaciones sociales eran escasos para ambos sexos, siendo la salida de casa para compras o citas médicas una oportunidad para interactuar. Los hombres, en particular, buscaban más momentos de ocio fuera del hogar.
Los cuidadores (hombres) narraron estar motivados por el cuidado realizado, percibiéndolo como fuente de enriquecimiento personal, un logro y motivo de satisfacción, algo nuevo para ellos.
El Perfil del Cuidador no Profesional
Es muy probable que si eres cuidador no profesional de personas dependientes, encajes en el perfil predominante: mujer, casada, ama de casa, con un promedio de edad de 52 años, que posiblemente ha renunciado a una parte de su vida para entregarse al bienestar de su familiar. Estas mujeres ayudan en las actividades de la vida diaria (AVD) como alimentación, higiene, compra, cocina, limpieza de la casa, lavado de ropa y acompañamiento.
Estas características se han mantenido a lo largo del tiempo, asociadas a la jerarquía social patriarcal e históricamente establecida, a pesar de los avances en materia de igualdad de género. A corto plazo, no hay muchas perspectivas de cambio, incluso con la incorporación de la mujer al mundo laboral.
Hombres Cuidadores: Desafíos y Cambios
Por su parte, los hombres que adoptan el papel del cuidador a menudo tienen que luchar contra el estereotipo que define a las mujeres en el rol de cuidadora de manera "natural". Los hombres pueden sentirse poco cualificados o preparados para el cuidado y las tareas domésticas. Casi siempre se elige a un cuidador hombre cuando no hay una mujer disponible para hacerlo.
- De cada 10 cuidadores varones, 6 cuidan de su esposa o pareja.
- 9 cuidan de una mujer.
- 6 están jubilados.
- Su edad media se sitúa alrededor de los 67 años.
En las últimas décadas, la cifra de hombres cuidadores familiares ha aumentado significativamente, lo que indica una tendencia de cambio en los roles tradicionales.
Impacto en la Salud de Cuidadores Hombres y Mujeres
Cuidar de otra persona suele tener un impacto negativo en la salud física y psicológica, tanto para hombres como para mujeres.
- Las mujeres cuidadoras reconocen que su estado físico se resiente: experimentan cambios en su peso, mayor cansancio, falta de tiempo para hacer deporte e incluso para atender su propia higiene o acudir a citas médicas.
- Los hombres cuidadores, en comparación con los que conviven con esposas no dependientes, experimentan una disminución del apoyo social emocional, de la satisfacción marital, de la felicidad y del bienestar emocional.
Estereotipos de Género en el Cuidado: ¿Cuestión Cultural?
Cuando pensamos en una persona cuidadora para personas mayores, niños o enfermos, siempre imaginamos que el rol lo desempeñará una mujer. A menudo, se argumenta que un cuidador debe ser una mujer porque se cree que están más cualificadas y poseen mayor capacidad de sacrificio que los hombres. Sin embargo, surge la pregunta: ¿es realmente así o es una cuestión cultural?

Una persona que desempeña el oficio de cuidador debe ser cariñosa, empática, voluntariosa, paciente, altruista, apasionada por cuidar de los demás y detallista. Cada vez encontramos más hombres que ejercen la profesión de cuidadores con los mismos buenos resultados que las mujeres. Aun así, hoy en día, sigue habiendo más mujeres que hombres en el sector de los cuidados.
El relegar a la mujer el cuidado de los niños, mayores o enfermos imposibilita su acceso al mundo político y económico en distintos sectores. Hombres y mujeres están igual de preparados para ejercer tareas de cuidados. El primer paso para conseguir la igualdad en el sector de los cuidados es reconocer y cambiar estos errores provocados por los estereotipos.
De Hombre Proveedor a "Masculinidades Cuidadoras"
El Derecho del Trabajo, heredero de las circunstancias históricas, sociales y económicas de su nacimiento a principios del siglo XX, ha causado una progresiva marginación y exclusión laboral de la mujer, arraigando en ella la responsabilidad como cuidadora prácticamente exclusiva de la familia. Este modelo del "padre proveedor y la madre cuidadora" ha tenido profundas implicaciones.
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El Cuidado como Ejercicio de Poder en Masculinidades Tradicionales
Para muchos hombres de América Central, el cuidado ha servido históricamente como una vía para ejercer poder sobre los demás. Bajo esta idea, el hombre brinda cuidados como el "jefe de familia", el que siempre tiene la última palabra y toma las decisiones solo. Según los valores masculinos tradicionales, el cuidado también puede justificar el uso de la violencia ("Lo hago por tu propio bien. Un día, me lo agradecerás."). Esta visión tradicional del cuidado masculino otorga poder a los hombres, permitiéndoles ejercer dominio sobre los demás con el pretexto de cuidarlos.
El Cuidado Femenino: Sacrificio y Sobrecarga
Por otro lado, el cuidado femenino se ha visto durante mucho tiempo como un acto de amor o una "cualidad natural" que a menudo requiere sacrificio. Para las mujeres, asumir casi exclusivamente el trabajo de cuidado en el ámbito doméstico implica fatiga, sobrecarga y pérdida de oportunidades.
Hacia una Equidad en el Cuidado: Las "Masculinidades Cuidadoras"
Como respuesta a este modelo injusto, han surgido nuevas propuestas que abogan por la promoción de "masculinidades cuidadoras". Estas son una invitación a que los cuidados, tanto colectivos como personales, se distribuyan equitativamente y que los hombres adopten valores como la corresponsabilidad, el apoyo integral y la empatía. Es una invitación para que los hombres se conviertan en "cuidadores universales" y se involucren activamente en la lucha por la justicia de género.
Bajo la lógica de las masculinidades del cuidado, cuidar es un derecho humano. "Una masculinidad solidaria no es tarea fácil. Implica desaprender mucho de lo que nos han enseñado, romper ciclos de violencia, cuestionar las normas de género, saber pedir ayuda y asumir nuestra propia vulnerabilidad. Al cuidar, podemos enriquecer nuestros vínculos con el mundo, con nosotros mismos y con los demás."

El cuidado es político, porque es colectivo. Porque enciende la transformación social. Es revolucionario. Para promover formas saludables de cuidar, organizaciones como GFC han lanzado campañas mediáticas regionales como "Cuidar - nos hace bien", invitando a todos a ser parte de la campaña y convertirse en un cuidador universal.