El Compromiso de la Iglesia Católica con los Adultos Mayores Abandonados

La situación de los adultos mayores en el mundo actual, marcada por un ritmo de vida acelerado y la búsqueda constante de recursos, a menudo deja en segundo plano a quienes más necesitan apoyo y compañía. Esta realidad es particularmente palpable en América Latina, donde la población de edad avanzada crecerá significativamente, pudiendo alcanzar los 198,2 millones de personas.

Infografía sobre el crecimiento de la población de adultos mayores en América Latina

La Importancia de los Adultos Mayores en la Doctrina Católica

En la Palabra de Dios, existen numerosas referencias acerca de la autoridad y las funciones de los ancianos. San Pedro, por ejemplo, exhorta a los jóvenes a "Sed sumisos a los ancianos" (1 Ped 5,1), mientras que el libro del Eclesiástico destaca su sabiduría. Para la Iglesia, los adultos mayores son un rostro vivo de la comunidad y es fundamental aprovechar sus años de experiencia de vida.

Algunos agentes de pastoral incluso distinguen entre “ancianos-jóvenes” y “ancianos-ancianos” para precisar el tipo de apoyo necesario y la colaboración que se puede esperar de ellos. Se considera “ancianos-jóvenes” a quienes, al cumplir 65 años, mantienen una salud estable que les permite seguir prestando servicios a la comunidad. Por otro lado, los “ancianos-ancianos” son quienes superan los 75 años y se encuentran más disminuidos física y mentalmente, requiriendo un acompañamiento más profundo en su vida física o espiritual. No obstante, muchos de ellos aún desean y pueden seguir trabajando en diversas actividades al servicio de la comunidad.

La Respuesta de la Iglesia: Hogares y Órdenes Religiosas

La Iglesia Católica, fiel a su misión de caridad, sostiene miles de centros y hogares alrededor del mundo que asisten a los adultos mayores, especialmente a aquellos que son abandonados y viven en la pobreza en las calles. Este servicio ininterrumpido ha sido un pilar fundamental en la vida de muchas personas.

Congregaciones al Servicio de los Ancianos Desamparados

El invaluable servicio de diversas órdenes religiosas ha sido crucial para el cuidado de los ancianos:

  • Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, fundadas hace 169 años, cuidan a enfermos (la mayoría ancianos) y atienden a más de 20 mil ancianos alrededor del planeta. Cuentan con alrededor de 2 mil hermanas distribuidas en 114 casas en al menos 20 países.
  • Las Misioneras de la Caridad, congregación fundada por Santa Teresa de Calcuta, está integrada por más de 4500 monjas y tiene presencia en 133 países. Poseen varios hogares de ancianos, uno de ellos en Tumbaco, Ecuador, que fue visitado por el Papa Francisco en 2015, donde viven 70 adultos mayores.
  • Las Hermanas de la Compañía de la Cruz, en España, destacaron durante la cuarentena por la pandemia del coronavirus por su servicio, visitando a ancianos y enfermos totalmente abandonados en sus casas, comprándoles alimentos, limpiándolos, ayudándoles con tareas del hogar, orando y dándoles compañía.
  • Las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, fundadas en 1903 en San Carlos, Ñuble, por el sacerdote José Agustín Gómez Díaz, han entregado cuidado y dignidad a los adultos mayores más necesitados por más de 60 años, dedicando su vida a los más frágiles.
Foto de Hermanas de una congregación religiosa cuidando a un adulto mayor

Hogares de Acogida: Refugio y Dignidad

La Iglesia católica sostiene en el mundo miles de centros y hogares que asisten en sus necesidades a los adultos mayores. A continuación, algunos ejemplos destacables:

Hogar San José en Rancagua, Chile

En la Diócesis de Rancagua, el Hogar San José, administrado por la hermana Cecilia Cuevas Velázquez, es un lugar donde la ternura y la fe se entrelazan. Comenzó en 1936 gracias a una sociedad de laicos y hoy acoge a 22 mujeres entre 75 y 100 años, que son cuidadas las 24 horas del día. Este hogar se mantiene gracias a las pensiones de las residentes y a la generosidad de la comunidad, ya que no recibe financiamiento del Estado. A pesar de las dificultades económicas, "aquí nadie se queda sin atención por falta de recursos", asegura la directora. Las hermanas ven a diario el dolor del desapego de los hijos, aunque han notado un cambio: mientras antes de la pandemia muchos residentes eran recogidos de la calle y no recibían visitas, hoy la mayoría proviene de sus familias y estas los visitan con regularidad. El hogar sufrió daños graves en el terremoto de 2010, siendo necesario demoler el 70% de su estructura. Es una obra de Dios que se sostiene por la generosidad de muchas personas.

El Hogar Español: Un Siglo de Solidaridad

El Hogar Español es una corporación de derecho privado sin fines de lucro, fundada en 1916 por un grupo de mujeres españolas para asistir y proteger a los adultos mayores. Su misión es clara: sembrar el bien. Conmemorando sus 100 años de vida, el cardenal Ricardo Ezzati visitó el lugar, destacando que el hogar es un "reflejo de un trabajo que solo busca el bien". Angelita García, voluntaria, enfatizó: "Aquí no hay distinción entre el que tiene mucho dinero o no tiene nada. Todos los abuelitos que están aquí tienen los mismos beneficios y las mismas comodidades."

Hogar San José en Calama: Atención Especializada

La Residencia para Personas Mayores Hogar San José en Calama es administrada por Fundación Cáritas y forma parte de la Pastoral Social de la Diócesis San Juan Bautista. Este establecimiento de larga estadía acoge a personas mayores de 65 años o más que, por motivos psicológicos, biológicos o sociales, requieren un ambiente protegido y cuidados específicos. Atiende a personas autovalentes, dependientes leves y moderadas. Desde 2012, el hogar atiende a adultos mayores y, a partir de 2020, bajo la gestión de Fundación Cáritas, cuenta con una capacidad para 24 personas mayores. Actualmente, el 80% de ellos se encuentra con dependencia severa, mientras que un 20% corresponde a personas con dependencia leve a moderada y solo el 10% son independientes. Para garantizar una atención adecuada, el hogar cuenta con 8 asistentes de adulto mayor y 4 técnicos en enfermería (TENS) que trabajan en turnos excepcionales.

"La esquina dorada" - Video Documental. La vida de adultos mayores en hogares geriátricos.

El Centro del Padre Jorge Arias en Las Cruces

En el sector de Las Cruces, cerca de los centros gubernamentales del país, funciona un centro dirigido por el P. Jorge Arias. Este "barrio muy olvidado, muy necesitado", como lo expresó el P. Arias, alberga un hogar que enfrenta gastos mensuales de unos diez millones de pesos entre alimentación, servicios y pago al personal. El hogar se mantiene, según el P. Arias, "con una señora que yo llamo Providencia", gracias a la generosidad de las personas que permiten pagar a los profesionales y proveer los alimentos. El centro ha acogido casos como el de "una abuelita abandonada en casa", buscando siempre que los residentes "tengan una cristiana sepultura y que se sientan siempre acompañadas", como se demostró en un funeral donde la familia del difunto eran los propios miembros del hogar.

Historias de Vida y Esperanza

Los hogares de acogida no solo proveen asistencia material, sino que también ofrecen un espacio de dignidad, compañía y esperanza a personas que han enfrentado grandes adversidades.

Testimonios de Resiliencia en Hogares

Doris Fels: Una Vida en el Hogar de Cristo

Doris Fels, de 78 años, es acogida en la Residencia de Adultos Mayores de Recoleta del Hogar de Cristo desde hace 15 años. Confinada a su silla de ruedas por dos décadas debido a la artritis reumatoide, agravada por la poliomielitis que padece desde la niñez, Doris ha vivido una vida de sacrificios, incluso desde los 5 años en hospitales. Tras la muerte de sus padres y sin haberse casado, una trabajadora social le habló del Hogar de Cristo. "Estoy feliz acá, tengo una pieza para mi sola. Me gusta tejer a crochet y a palillo, leer, ver tele. Tengo 10 amigas acá", relata Doris, encontrando en el hogar un nuevo sentido de comunidad y bienestar.

Luis Uribe: Del Éxito a la Calle, y Luego a la Acogida

Luis Uribe, de 80 años, es acogido en la residencia para adultos mayores Joss Van Der Rest del Hogar de Cristo, en Estación Central. Fue corredor de inversiones en Sao Paulo durante 40 años, pero profundos quiebres familiares en Brasil lo hicieron retornar a Chile, donde "nada le resultó" y terminó viviendo en la calle, enfermando gravemente. Así llegó a la casa de acogida, un testimonio de que la pobreza extrema puede afectar a cualquiera, independientemente de su pasado.

José García: La Voz de los "Descartables"

José García, de 73 años, vive en la Casa de Acogida Josse Van Der Rest. Es un hombre educado que recorrió el mundo, pero desde 2014 es acogido del Hogar de Cristo. Allí ha hecho amigos que han compensado el distanciamiento con su familia sanguínea. Después de vivir en Francia y recorrer Europa mostrando el arte chileno, regresó a Chile y, tras una fractura de pelvis y sin apoyo familiar, ingresó al hogar. Fue elegido para hablar ante el Papa Francisco, a quien diría: "Tengo claro que Francisco es solo un hombre, es Jorge Bergoglio... Él conoce nuestra realidad, en un momento habló de los ‘descartables’ y yo hablaré en nombre de los descartables de Chile."

Luis Andrade: Una Nueva Oportunidad

Luis Andrade, de 73 años, es usuario del Centro de Encuentro del Adulto Mayor de Renca. Desde los 5 años, vivió en la calle, bajo los puentes del río Mapocho, e incluso estuvo preso por no tener domicilio. A partir de los 20, entró y salió de la Hospedería Joss Van Der Rest. Hoy, gracias a las gestiones del actual Capellán del Hogar de Cristo, Pablo Walker, fue trasladado al Centro de Encuentro, donde recibe una pensión que le permite arrendar una habitación. "Me gusta este Papa, porque es bueno y comprensivo. Para mí su Santidad representa la paz, la alegría, la unión. Él reúne y bendice", afirma Luis, reflejando el impacto de la Iglesia en su vida.

María Inés Morales: Recuperando la Paz

María Inés Morales, de 64 años, es usuaria de la Casa de Acogida Padre Hurtado en Estación Central. Llegó derivada de un programa de protección de mujeres agredidas, tras denunciar a su marido por maltrato. Hoy, divorciada, ha retomado el contacto con su única hija y sus nietos, de quienes se había distanciado. María Inés es empeñosa y colaboradora, y ha encontrado un espacio de recuperación y apoyo en el hogar.

La Labor de Voluntarios y la Comunidad

La operación de estos hogares sería imposible sin la dedicación de voluntarios y el apoyo comunitario. Personas como Liliana López, voluntaria en el Jardín Infantil Alto Belén del Hogar de Cristo, quien, a pesar de sus propias dificultades, mantiene un comedor abierto cada domingo para dar almuerzo a gente de escasos recursos, buscando no solo alimentar sino también ofrecer compañía y cariño a los discriminados. De igual manera, Ximena Flores, voluntaria en el Jardín Infantil Raúl Silva Henríquez, ayuda a niños haitianos desvalidos, incluso con su propia familia en precariedad, afirmando: "Cuando ayudo a alguien siento que tengo corazón". Y Antonia Flores, coordinadora de la Capilla Ignacio Vergara, ha dedicado su vida a la catequesis y a los comedores solidarios, inspirada por cómo la Iglesia ayudaba a "hermanos torturados, desaparecidos y exiliados", encontrando en la Compañía de Jesús "un Dios que te acoge, te quiere".

Desafíos y el Sustento de la Solidaridad

Mantener los hogares para adultos mayores conlleva significativos desafíos económicos y operativos. La mayoría de estos centros dependen fuertemente de la generosidad de la comunidad y las donaciones, como en el caso del Hogar San José en Rancagua, que no recibe financiamiento estatal. Iniciativas como la "maratón" organizada por la Arquidiócesis de Bogotá, que se realiza anualmente, son vitales para recaudar fondos y asegurar la continuidad de estos servicios esenciales para los adultos mayores.

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