La sociedad actual a menudo presenta desafíos para las familias que cuidan de adultos con discapacidad mental, ya que las escuelas especiales no reciben personas mayores de cierta edad y el sistema de asistencia social cuenta con una oferta paupérrima en programas que puedan aliviar esta carga de cuidado.
El Centro Diurno de Hogar de Cristo en Quinta Normal: Un Espacio Vital
El Centro Diurno que tiene el Hogar de Cristo en Quinta Normal es uno de esos escasos espacios que brindan un soporte crucial. Con capacidad para 60 adultos, este centro es un lugar bullente de actividad, como un taller de actuación en la antigua y amplia casa de la calle Padre Tadeo.

Programas Complementarios de Apoyo
La trabajadora social María Eliana Urquizar (57) está a cargo de este y otros tres programas centrados en la discapacidad mental que funcionan en el mismo lugar:
- Hogar Protegido: Alberga a 7 residentes permanentes.
- Programa para la Vida Independiente: Atiende a 45 personas que, pese a su discapacidad, son capaces de vivir de forma autónoma e incluso de trabajar.
- PAFAM: Ofrece contención emocional y ayuda práctica a cuidadores de adultos con problemas intelectuales o psíquicos. Este dispositivo ambulatorio apoya a familias de las comunas de Maipú y Estación Central, visitándolas regularmente.
Todos estos programas son gratuitos y actualmente hay vacantes disponibles. Para más información, se puede llamar al número 9 92258842.
Impacto y Beneficios del Centro Diurno
María Eliana destaca la singularidad del Centro Diurno, haciendo notar que "en todo Santiago Poniente no hay ninguna otra opción equivalente para estas personas". Esta situación es lamentable, dada la importancia de estos espacios. La profesional enfatiza que "Esto les permite desarrollar habilidades sociales, que quienes los cuidan, puedan trabajar, e incluso conseguir trabajo ellos mismos".
Integración Social y Superación de Prejuicios
Un aspecto fundamental del Centro Diurno es la integración social. Al estar con otros, los participantes logran interiorizar el respeto por la diversidad. En una etapa inicial, se observó que quienes tenían discapacidad psiquiátrica discriminaban a los con discapacidad intelectual, incluso en el propio centro. Sin embargo, al empezar a relacionarse, se encuentran, se aceptan y se instala el respeto por el otro.
Muchas de las actividades se realizan en espacios públicos del barrio para fomentar esta integración. Visitan la Biblioteca de Quinta Normal, la Casona Dubois (un centro cultural), y el CORMUDEP (un gimnasio). Al principio, en el gimnasio, las vecinas que hacían aeróbica se alejaban por temor o desconfianza. Pero, gradualmente, las vecinas fueron descubriéndolos, dándose cuenta de que no eran personas de riesgo o peligrosas, ya que la discapacidad mental a menudo despierta muchos prejuicios, básicamente por desconocimiento. Ahora, los "chicos" del centro son parte del grupo; no hay distancia, son reconocidos y apreciados.
Historias de Vida en el Centro Diurno
Sergio Cubillos (51 años)
Sergio Cubillos, de 51 años, asiste al Centro Diurno desde hace cuatro años. Vive en la comuna de Santiago en un departamento pequeño que comparte con su hermano mayor, quien es artesano. Sergio cuenta que está medicado de por vida y que su enfermedad, esquizomorfia, se manifestó a los 17 años, provocándole alucinaciones. Asegura que los medicamentos y el centro le ayudan. Su peor etapa fue en el Hospital Psiquiátrico, que describe como horrible. Aquí, en el centro, logra normalizar sus pensamientos, centrarse y enfocarse en lo bueno de sí mismo. Ha trabajado como obrero, vendiendo cursos y como reponedor en supermercados, siendo esto último lo que más le gustó. Sergio se siente capaz de trabajar y sueña con hacerlo, y con "dormir tranquilo". Afirma que ha avanzado mucho en el centro y que todos son amigos.
Rossana
Rossana, de edad no especificada en este segmento, vive con su hija y su nieta en una casa con deuda hipotecaria en Cerro Navia. Su familia enfrenta una gran dificultad: una familia traficante de drogas se instaló en la casa vecina. "Son narcos. Tiran fuegos artificiales, disparan tiros al aire los fines de semana", lo que genera gran inseguridad, especialmente por la cercanía de la pandereta baja. Rossana asiste al Centro Diurno desde hace 3 años, y fue su hija quien la inscribió, encontrando mucho beneficio en él. Desafortunadamente, la inseguridad le impide asistir todos los días. A pesar de sus dificultades, su discapacidad psíquica y la medicación, Rossana se declara "orgullosa de mi hija y mi nieta", ambas profesionales o en vías de serlo, su nieta estudiando con beca y con muy buen rendimiento. Ella lamenta no haber podido estudiar más allá de séptimo básico por la situación económica, habiendo trabajado para llevar clientes a un estudio fotográfico. Ahora, cocina para las tres, destacando que lo que mejor le quedan son "los porotos", ya sean con riendas o granados con mazamorra.
Jaime Milla (37 años)
Jaime Milla, de 37 años y una estatura cercana a 1.90 metros, es descrito con la dulzura de un niño. Originario de Cerro Navia, llegó al Centro Diurno por recomendación de su terapeuta del Centro de Derivación de Salud Salvador Allende. El terapeuta le sugirió que le serviría "para distraerse, para despejar mi mente", y Jaime confirma que "ha sido así. Ahora estoy mejor". Jaime terminó cuarto medio y trabajó brevemente como "envasador de lentejas y de arroz en una distribuidora", pero fue despedido a los dos meses. Tiene una pensión que administran sus padres jubilados, con quienes convive en armonía, viendo teleseries y saliendo a comprar. Jaime se preocupa por la obesidad y realiza ejercicio tanto en el Centro Diurno como en su casa y un parque cercano. Recuerda haber "pololeado" una vez, pero "me fue mal, ella me traicionó, se fue con otro", aunque le quita drama al evento diciendo que "fue en el colegio, no me dolió, no fue importante".
María Aravena
María Aravena no puede precisar su edad, pero su historia permite deducirla. Fue madre a los 15 años y tiene un hijo de 14, quien, al igual que ella, presenta discapacidad intelectual. Con 29 años, vive de allegada con su madre en una pieza en casa de una tía en Pudahuel. El padre de su hijo, Juan, le deposita 40 mil pesos a su madre para el niño. María vive con su madre, quien se encarga del aseo y la cocina, mientras María hace su cama, se sirve el desayuno y ocasionalmente compra pan. Asegura saber manejar dinero, pero su madre administra el dinero de su jubilación. Su hijo Sebastián es "como yo, igual", y tampoco sabe leer ni escribir. María aprendió algo en la escuela especial, pero le costaba mucho. Al no saber leer, no puede desplazarse sola por la ciudad en locomoción colectiva, lo que dificulta su inserción laboral. Actualmente, repone bebidas, jugos y yogures en el almacén de una de sus hermanas. Al hablar del futuro, María se angustia y llora, expresando su preocupación: "Si mi mamá se enferma, quién me cuidará. Voy a estar en el aire. Nadie se va a encargar de mí; las chiquillas, mis hermanas, tienen sus propias familias". Su ánimo cambia cuando habla de Efraín, su "pololo", a quien conoció en el Centro Diurno. Él vive en la Residencia Protegida, que se encuentra al lado.
Visibilización y Apoyo a Adultos con Discapacidad
Con María Eliana Urquizar, se imagina una suerte de apadrinamiento o voluntariado cultural, donde alguien pudiera llevar a un adulto del Centro Diurno con sensibilidad artística a exposiciones, espectáculos o al cine. O que alguien invitara a otro a tomar café y recorrer barrios patrimoniales. La profesional sabe que es clave visibilizar a estos adultos, quienes a menudo han sido escondidos por sus propias familias debido al prejuicio, la vergüenza y el estigma que acarrea la discapacidad mental.