Historia y legado del Hogar Israelita de Burzaco

El Hogar Israelita de Burzaco, ubicado sobre la Avenida Monteverde (Ruta 4), fue una institución emblemática que marcó la historia de la comunidad judía en Argentina. Inaugurado en 1946, el establecimiento cumplió un rol fundamental como refugio para niños huérfanos y ancianos sin familia, muchos de los cuales eran sobrevivientes del Holocausto que buscaban un nuevo comienzo tras la Segunda Guerra Mundial.

Imagen de archivo que muestra la fachada principal y las instalaciones del Hogar Israelita de Burzaco en sus años de funcionamiento.

Orígenes y propósito de la institución

El predio de 18 hectáreas fue posible gracias a la donación de tierras realizada por el filántropo José Iturrat. La AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) fue la encargada de gestionar esta residencia, que llegó a albergar a unas 450 personas. El complejo era considerado una "institución modelo" y contaba con una infraestructura completa para sus residentes:

  • Cuatro pabellones residenciales.
  • Dos templos religiosos.
  • Una enfermería equipada con médicos especializados.
  • Una escuela propia para la enseñanza de hebreo e idish.
  • Amplios parques y áreas recreativas.

La vida cotidiana en el hogar

Para muchos, el hogar fue un lugar de bienvenida tras el horror. Hugo Lowi, quien residió allí entre los 10 y 16 años, recordó la experiencia con gratitud: “Había mucha camaradería y los empleados eran excelentes. A la mañana íbamos a la escuela pública, yo fui a la N°3 de Burzaco. A la tarde teníamos la escuela adentro del hogar para aprender hebreo e idish”.

Además de la formación académica, el hogar fomentaba la integración comunitaria. Las damas de comisión visitaban regularmente a los niños que no tenían familiares, compartiendo tardes de recreación. Asimismo, los familiares de los residentes contaban con espacios para alojarse durante sus visitas.

Historias personales: Jacobo Winograd

Entre las figuras conocidas que pasaron parte de su infancia en el hogar se encuentra el mediático Jacobo Winograd. Sus padres, sobrevivientes de Auschwitz, no pudieron hacerse cargo de sus hijos, por lo que recurrieron a la AMIA para su cuidado. Esta vivencia es uno de los testimonios más recordados que vinculan a la institución con la historia de los sobrevivientes del nazismo.

El declive y la situación actual

La crisis financiera de la institución comenzó años antes de su cierre definitivo. La merma en los aportes de las familias asociadas puso en jaque su viabilidad económica, derivando en la quiebra y el cierre de sus puertas en 2008, año en el que el último residente abandonó el lugar.

Del abandono al futuro proyecto

Tras el cese de actividades, el predio quedó a merced del vandalismo y el paso del tiempo. Durante años, la infraestructura fue utilizada como depósito de patrulleros de la Policía Bonaerense, lo que generó un profundo deterioro en los edificios. Recorridos de exploración urbana han documentado el estado de las ruinas, donde hoy solo quedan paredes vandalizadas y restos de lo que alguna vez fue un refugio para miles de personas.

Fotografía comparativa: a la izquierda, el esplendor de las instalaciones en los años 50; a la derecha, el estado actual de abandono y deterioro del predio.

A pesar del estado de abandono, existen planes oficiales para darle un nuevo destino al predio. Se han mantenido negociaciones con el Ministerio de Hábitat para transformar estas 18 hectáreas en un complejo de viviendas sociales, buscando recuperar el espacio para el beneficio de la comunidad local.

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