Introducción al Trabajo con Adultos Mayores
Trabajar con adultos mayores es un desafío constante, ya que ellos tienen un sistema de vida muy distinto al nuestro. Uno tiene que conocer sus carencias, sus alegrías, y conectarse con sus historias para poder lograr ayudarlos de la mejor forma. El equipo del programa de apoyo a adultos mayores en Pichilemu destaca que es una labor que, especialmente en pandemia, ha sido muy demandante, pero la alegría y la conexión que transmiten los beneficiarios es fantástica.
Es todo un desafío para esta dupla de trabajo, conectarlos con las redes, con el servicio social y mejorar su calidad de vida con las herramientas disponibles: voluntarios, colegios y empresas que en algún minuto han conectado con la historia del Padam de Pichilemu.

Historia y Estructura del Programa PADAM en Pichilemu
María José, una de las coordinadoras del programa, reconoce que nunca pensó trabajar durante tantos años en esta área. Su labor partió en 2007, cuando existía la oficina de atención social y estaba solo ella junto a un grupo de voluntarios. Posteriormente, Jessica Díaz se sumó hace cinco años al Padam de Pichilemu, aportando un apoyo fundamental, sobre todo en lo que tiene que ver con los servicios sociales, ya sea en pandemia o no.

Apoyo Esencial en Zonas Rurales y la Red de Voluntarios
Para los adultos mayores que viven en localidades rurales más apartadas de Pichilemu, el trabajo que realiza esta dupla es más que indispensable. Los visitan al menos una vez al mes y les llevan una caja con mercadería y pañales para adultos.
Estas labores son posibles gracias al apoyo de voluntarios dedicados, como Ariel, quien las traslada a menudo en su camioneta 4×4. También contribuyen el matrimonio formado por Jaime y Rosita, quienes eran recaudadores de socios en la fundación incluso antes de que María José llegara a vivir a Pichilemu. Adicionalmente, las profesoras jubiladas Elena y Clemencia, e incluso Elba, la mamá de Jessica y técnico paramédico jubilada del hospital de Pichilemu, brindan apoyo como voluntarias.
Barreras y Desafíos en la Inclusión Social
El programa se centra en atender a personas mucho más excluidas de lo normal. A diferencia de quienes participan en un club de adulto mayor, que por lo general son más activas y tienen otras herramientas sociales y estudios, los beneficiarios del PADAM a menudo se sienten menoscabados al no saber leer ni escribir, y se preguntan 'qué voy a opinar yo si me preguntan'.
A pesar de los esfuerzos de María José y Jessica por motivarlos a participar, se encuentran con diversas barreras, incluida la lamentable discriminación entre ellos mismos, entre sus grupos de pares.
Por ejemplo, existe un grupo que se forma con puros pichileminos nacidos y criados, y así lo declara; y otro integrado por afuerinos, es decir, personas que se han venido a vivir su vejez en Pichilemu, un fenómeno que se acentuó mucho a causa de la pandemia.
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Enriquecimiento Personal y Lecciones de Vida
La conexión con los adultos mayores es profunda; ellos se acostumbraron a que los llamáramos por teléfono y son súper demandantes porque nos ven como un miembro más de su familia. Esta cercanía, según Jessica, "me enriquece como persona".
Los trabajadores del programa resaltan el aprendizaje constante: "Una tiene una vida tan distinta; ellos han pasado por tantas cosas y, a pesar de las dificultades que han tenido, le han puesto una fuerza y una garra a luchar por sobrevivir. Ellos me enseñan que cada día se aprende algo nuevo."
De los 30 adultos mayores a cargo, de cada uno, el equipo aprende y aspira a ser como ellos cuando tengan su edad: alegres, optimistas, batalladores. "Para mí esta tarea es enriquecedora", afirman. Con una vida de mejor calidad que la que ellos tuvieron, existe el deseo de no ser una persona complicada en el futuro, sino de ser abierta de mente y no quedarse atrás, consciente de que a veces el avance tecnológico genera brechas en los mayores.