Atención y Residencia para Adultos Mayores en Arica

En la singular Casa Esmeralda, ubicada en Arica, residen aproximadamente 15 adultos mayores, quienes pagan entre 80 mil y 100 mil pesos mensuales por una habitación con baño compartido. La mayoría de ellos son autovalentes y autónomos, aunque frecuentemente experimentan soledad. Muchos viven con la Pensión Básica Universal, algunos complementan sus ingresos trabajando, y en general, gozan de una salud relativamente buena.

Fachada de una casa residencial o similar en Arica.

La Casa Esmeralda y el Centro de Encuentro de Adultos Mayores (CEAM)

Es importante destacar que la Casa Esmeralda no es un establecimiento de larga estadía gestionado por una institución, sino un negocio particular. Dentro de la Casa Esmeralda, nueve de sus habitantes son participantes activos del Centro de Encuentro de Adultos Mayores (CEAM) que Hogar de Cristo tiene adyacente al Hospital Regional Juan Noé de Arica. Este centro cumple un rol fundamental en la vida de muchos de ellos, ofreciendo no solo servicios esenciales sino también un espacio de interacción social.

Servicios y Actividades en el CEAM

Diariamente, el CEAM prepara más de 50 almuerzos: 25 para los adultos mayores que acuden al mediodía, 15 para el personal, y el resto se destina al Hogar Protegido Pedro Claver, que atiende a personas con discapacidad mental. Además de la alimentación, el Centro recibe a numerosos adultos mayores en talleres de autoestima, estimulación cognitiva, gimnasia y terapia kinésica. Cuentan también con atención psicológica individual.

El equipo del CEAM y voluntarios organizan diversas actividades, como:

  • Talleres de autoestima y estimulación cognitiva.
  • Sesiones de gimnasia y terapia kinésica.
  • Atención psicológica individual.
  • Servicios de peluquería (cortes de pelo, barbas, tintura) una vez al mes, proporcionados por una voluntaria.
  • Paseos, convivencias y celebraciones varias, que fomentan la integración social.
Estas iniciativas buscan que los participantes se mantengan integrados a redes y se sientan menos solos, a pesar de que cada uno presenta sus propias particularidades y manías.

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La Dinámica de la Casa Esmeralda

Grace Ámbar Silva, técnico social con 16 años de experiencia en Hogar de Cristo, describe la dinámica de la Casa Esmeralda como "bien solitaria", sin un lugar de convivencia común. Cada residente maneja su llave y lleva una vida independiente. Desde el programa del Hogar de Cristo, se busca que todos los participantes se revinculen con sus familias y tejan nuevas redes para combatir la soledad. Una vez logrado esto, se les da de alta del programa.

Sin embargo, hay participantes que llevan siete u ocho años en el programa. Anteriormente, el Hogar de Cristo funcionaba más como una guardería con talleres grupales. Actualmente, se enfocan en elaborar planes de trabajo personalizados con metas específicas. Grace Ámbar Silva menciona casos muy complejos, como una adulta mayor víctima de graves atropellos durante la dictadura, cuyo esposo fue asesinado y ella fue violada frente a sus hijos. Otro caso es el de una participante cuyo hijo, con problemas de consumo de drogas, intentó abusar de ella recientemente. Se destaca la dificultad de abordar casos donde la edad se suma a problemas de consumo o discapacidad intelectual/psiquiátrica, y donde las mujeres a veces son más esquivas.

Una particularidad de una de las residentes de la Casa Esmeralda es su rechazo al uso de agua potable para su higiene personal. "Ella va día por medio a bañarse al mar, en la playa Chinchorro, sea invierno o verano. Parte con shorts, polera y toalla, y se asea en el mar", explica Grace Ámbar.

La Vejez en Arica: Resiliencia y Desafíos

Leslie Rojas, jefa del CEAM, observa que, a pesar de todo, las mujeres suelen sobrellevar mejor la vejez, incluso en situaciones de pobreza y vulnerabilidad. "Atendemos a más hombres, porque ellas cuentan con más redes. Son capaces de pedir ayuda. Siento que están más preparadas para las adversidades de la vida", comenta. Añade que en el centro se aprende mucho de los mayores, especialmente sobre "el valor de la vida, de la familia; la empatía con el dolor ajeno".

Historias de Vida: Héctor Concha y Silverio Correa

Héctor Concha Lineros, de 79 años, reside en la Casa Esmeralda y almuerza diariamente en el CEAM. Expresa con contundencia: "Si tuviera que pagar almuerzo, tendría que estar mendigando. Si no fuera por el Hogar de Cristo, nos morimos de hambre". Él manda lavar su ropa y, aunque llegó a Arica en 1966, se estableció definitivamente hace 5 años. Nacido en Linares, solo estudió hasta octavo básico. Se casó en Iquique, tuvo un hijo del que no tiene noticias hace 52 años, y enviudó tras separarse. Relata cómo fue excluido de herencias familiares, a pesar de haber sido quien sostuvo a sus hermanos mayores tras el derrame cerebral de su padre.

Héctor no oculta su descontento: "Cómo voy a estarlo, si trabajé toda mi vida para morirme de hambre. Uno acá está sobreviviendo. Claro que la culpa fue mía, por no preocuparme. Si hubiera exigido en todas las partes que trabajé que me pagaran mis imposiciones, no estaría en esta situación". Muestra un resumen de sus imposiciones, evidenciando que trabajó en diversos rubros (aseo, paisajismo, construcción) y que, aunque sabía sus derechos, nunca reclamó, lo que lo llevó a tener una pensión básica solidaria. Usa bastón debido a la artrosis de rodillas y caderas.

Su amigo y vecino de pieza, Silverio Correa, de 74 años, es un contraste. Silverio recibe una pensión de 250 mil pesos mensuales, lo que Héctor considera una fortuna. Silverio, nacido en Santiago, llegó a Arica en 1975 en busca de nuevas experiencias. Se muestra conforme con su vida actual: "Estoy muy bien, tengo amistades, vivo tranquilo, no hay problemas y todo me va bien. Estoy lo que se dice conforme". Se casó en Arica, pero se separó en 1996 porque no aceptó que su mujer trabajara, creyendo que "la mujer debe estar en la casa, a cargo de los hijos". Tiene un hijo que, tras un período difícil, es ahora "un hombre de bien", y una hija en Alto Hospicio. No piensa en volver a emparejarse por falta de recursos económicos y porque "lo paso bien como estoy".

Silverio fue futbolista en la división infantil del Green Cross y es técnico agrícola de profesión. Le cuesta adaptarse a la tecnología, como los celulares, y no se interesa por la religión, a pesar de los intentos de su hijo evangélico. No le teme a la muerte y considera que "Arica es un buen lugar para envejecer" debido a su clima favorable, la no necesidad de ropa de invierno costosa, la abundancia de frutas y verduras, y la ausencia de gastos en calefacción.

Fotografía de dos adultos mayores conversando y caminando por una calle de Arica.

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