La situación de las personas en situación de calle en Chile ha experimentado cambios significativos en los últimos años. Según el Registro Social de Hogares de abril de 2020, se contabilizaron 15.500 personas en esta condición, más del doble que en 2005. De este grupo, cerca del 43% supera los 50 años y más de 5.400 individuos padecen enfermedades crónicas. La gran mayoría se concentra en la Región Metropolitana, lo que ha impulsado a instituciones como el Hogar de Cristo a transformar sus servicios tradicionales de hospedería en espacios de cuidado permanente para adultos mayores.

Transformación de las hospederías durante la crisis sanitaria
A partir de marzo de 2020, como consecuencia de la pandemia, las hospederías del Hogar de Cristo implementaron un funcionamiento 24x7 para proteger a los usuarios. Andrés Millar, director técnico de Inclusión de la fundación, explica que este proceso permitió visibilizar la necesidad de un refugio constante, evitando que muchos adultos mayores quedaran en situación de abandono e indefensión.
Los centros han transitado hacia un modelo de hogar abierto que permite la movilidad de quienes pueden salir a trabajar, manteniendo protocolos de trazabilidad. Este proceso ha requerido una adaptación constante de los equipos de trabajo, enfrentando desafíos como la rotación de personal y la dificultad de conseguir reemplazos ante posibles complicaciones de salud.
Atención integral y actividades recreativas
El enfoque actual trasciende el alojamiento básico. Los equipos profesionales, integrados por personal administrativo, técnico y de salud, han priorizado el bienestar emocional de los adultos mayores a través de diversas actividades planificadas:
- Juegos de mesa y bingos.
- Lectura y sopas de letras.
- Espacios de conversación para fortalecer la vinculación y el sentido de identidad de los residentes.

El modelo de hogares especializados: El caso de Puente Alto
La hospedería de Puente Alto, bajo la dirección de la psicóloga Carolina Mena, ha evolucionado para atender exclusivamente a adultos mayores de 50 años. Esta unidad, que cuenta con una capacidad máxima de 22 residentes, recibe a personas derivadas de otros centros como la residencia Josse Van Der Rest y el hogar Padre Hurtado.
Desafíos y seguridad en el entorno
La ubicación de estos centros en sectores urbanos complejos conlleva retos particulares. A pesar de los entornos con presencia de riesgos sociales, la vinculación con la comunidad local ha resultado fundamental. La labor de los vecinos en el cuidado y valoración de estos espacios actúa como una red de protección externa que garantiza la seguridad tanto de los usuarios como de los trabajadores.
| Aspecto | Detalle |
|---|---|
| Promedio de edad de los usuarios | 65 años |
| Capacidad máxima | 22 adultos mayores |
| Personal de planta | 6 personas |
| Principales servicios | Alimentación, salud, contención emocional y alojamiento |
Impacto en la salud y calidad de vida
Uno de los cambios más notables reportados por los equipos directivos es la mejora física y emocional de los usuarios. La estabilidad proporcionada por el hogar ha permitido, en muchos casos, que los residentes abandonen el consumo de alcohol y mejoren su estado de salud general. Este progreso es supervisado por equipos médicos externos, incluyendo el apoyo de la Corporación de Salud local y médicos voluntarios, quienes realizan labores de seguimiento constante.