Voces del sistema: Testimonios de vida y exclusión en el Sename

La crisis del Servicio Nacional de Menores (Sename) en Chile ha dejado al descubierto nuestra ceguera como sociedad frente a los derechos vulnerados de los niños, niñas y adolescentes institucionalizados. A través de crudos relatos de quienes crecieron en este sistema, se evidencia cómo el Estado ha fallado en su promesa de protección, tratando a menudo a los menores como objetos en lugar de sujetos de derecho.

Infografía: Línea de tiempo que muestra la evolución de la institucionalización en Chile desde 1979 hasta la actualidad.

La vida al interior de los centros: Entre el abandono y el abuso

Para muchos niños, la estancia en un hogar del Sename se traduce en la pérdida de la paz del hogar, el acceso a la salud y, fundamentalmente, de la infancia. Las historias coinciden en factores comunes: hambre, castigos físicos, abuso sexual y un sentimiento de invisibilidad ante una sociedad indiferente. El sistema, al ser masivo y carecer de figuras afectivas estables, perpetúa ciclos de vulnerabilidad.

Una exresidente relata: “Los abusos duraron toda mi vida, hasta que me arranqué. Porque era arrancarme o salir embarazada. Traté de matarme a los 12 años”. Este tipo de testimonios refleja el impacto emocional devastador de la institucionalización prolongada, donde la falta de una red de apoyo obliga a los menores a sobrevivir en condiciones extremas, exponiéndolos incluso a la delincuencia como una respuesta desesperada a la precariedad.

Un niño que consume drogas, consume su infancia

El egreso: Un salto al vacío a los 18 años

El cumplimiento de la mayoría de edad no representa una celebración para muchos jóvenes en el Sename, sino un momento crítico de incertidumbre. La asistente social de una fundación recuerda el momento de la partida: “Como saben, el hogar solo los puede mantener hasta la mayoría de edad”. A partir de ese día, el joven debe abandonar la institución, a menudo sin recursos, sin redes de contención emocional y con la obligación impuesta de trabajar y estudiar de manera autónoma.

La falta de preparación para la vida independiente

Especialistas coinciden en que el egreso forzoso es desproporcionado. Los jóvenes salen a un entorno social del que nunca fueron parte, sin las habilidades necesarias. Según datos del Sename, cientos de jóvenes egresan anualmente sin que existan registros sobre su destino. Esto se traduce en que, en muchos casos, la calle sea la única opción viable, aumentando la probabilidad de que los jóvenes caigan en el consumo de drogas o la delincuencia.

Factor de riesgo Consecuencia en el egresado
Falta de escolarización Dificultad para acceder a empleos formales
Desarraigo afectivo Vulnerabilidad ante entornos delictivos
Indiferencia institucional Desprotección total al cumplir los 18 años

Hacia una necesaria reforma estructural

El "Informe Jeldres" marcó un antes y un después al documentar las graves fallas del sistema, confirmando que Chile no ha actuado con la responsabilidad política ni moral necesaria para con sus niños más vulnerables. La realidad es que, para muchos, el Chile de hoy no es mejor que el de décadas atrás. La reinserción efectiva requiere mucho más que medidas temporales; demanda un enfoque en la educación, la salud mental y, sobre todo, el reconocimiento de que estos niños no eligieron su realidad.

La creación de organizaciones como la Fundación de Egresados de Casas de Menores (ECAM) representa un esfuerzo por llenar los vacíos dejados por el Estado, buscando acompañar a quienes, tras salir de los centros, se enfrentan al desafío de construir una identidad fuera del estigma. “Yo no sé si soy feliz, pero me siento libre”, expresa una sobreviviente del sistema al reflexionar sobre su lucha por la justicia y la sanación.

Gráfico: Comparativa entre el gasto estatal por menor y los resultados educativos obtenidos en el sistema.

La voz de los jóvenes es clara: el sistema debe dejar de lado el enfoque en las cifras para centrarse en los derechos humanos. Como señala la experta Claudine Litvak, la institucionalización prolongada, especialmente antes de los 12 años, genera daños profundos que requieren una intervención estatal integral y humanizada, no solo un abandono al cumplir la mayoría de edad.

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