La hipertensión arterial se define como una elevación continuada de la presión en las arterias. En términos médicos, la hipertensión se refiere a la presión arterial elevada de forma permanente, independientemente de la causa. Esta condición es un problema frecuente que puede ser grave si no se trata.
La hipertensión arterial afecta a casi la mitad de los adultos en Estados Unidos, y muchas personas no son conscientes de que la padecen. Es más frecuente en los adultos mayores, afectando aproximadamente a dos tercios de las personas mayores de 65 años. Las personas con presión arterial normal a los 55 años de edad tienen un riesgo del 90% de desarrollar hipertensión en algún momento de su vida.
Se estima que en 2024, había 1.400 millones de adultos de 30 a 79 años con hipertensión en todo el mundo, lo que representa el 33% de la población en esta franja etaria. Dos tercios de ellos viven en países de ingresos bajos y medianos. Sorprendentemente, se estima que 600 millones de adultos con hipertensión (44%) desconocen que la padecen.
¿Qué es la Presión Arterial?
La presión arterial es una medición de la fuerza ejercida contra las paredes de las arterias a medida que el corazón bombea sangre al cuerpo. Cuando se toma la presión arterial, se registran dos valores:
- El valor más alto refleja la mayor presión en las arterias, que se alcanza cuando el corazón se contrae (sístole). Este se denomina presión arterial sistólica.
- El valor más bajo refleja la menor presión en las arterias, que se alcanza justo antes de que el corazón comience a contraerse de nuevo (diástole). Este se denomina presión arterial diastólica.
La tensión arterial se expresa como presión sistólica/presión diastólica, por ejemplo, 120/80 mm Hg (milímetros de mercurio), que se leería como "120 y 80".
Clasificación de la Presión Arterial en Adultos
La presión arterial en adultos se clasifica como:
- Normal: Menor a 120/80 mm Hg la mayoría de las veces.
- Presión Arterial Elevada: Si el valor sistólico es de 120 a 129 mm Hg y el diastólico es menor a 80 mm Hg.
- Hipertensión en Etapa 1 (leve): Cuando uno o ambos números de la presión arterial son de 130/80 mm Hg o mayores la mayoría de las veces, pero menores de 140/90 mm Hg.
- Hipertensión en Etapa 2: Si la presión arterial es mayor de 140/90 mm Hg.
Es importante destacar que estas clasificaciones son algo arbitrarias, ya que cuanto más alta es la presión arterial, mayor es el riesgo de complicaciones, incluso dentro del rango de presión arterial normal.
Urgencias Hipertensivas
- Una urgencia hipertensiva leve es una presión arterial sistólica superior a 180 mm Hg y/o una presión arterial diastólica superior a 120 mm Hg que no ha causado todavía ningún daño orgánico evidente. No suele dar síntomas.
- Una urgencia hipertensiva grave o maligna es una forma de hipertensión especialmente peligrosa. La presión arterial sistólica es superior a 180 mm Hg y/o la presión arterial diastólica es superior a 120 mm Hg, y existen signos de daño progresivo en uno o más órganos vitales (normalmente cerebro, corazón y riñones). A menudo va acompañado por diversos síntomas como dolor de cabeza fuerte, náuseas o vómitos, confusión, cambios en la visión, y sangrado nasal. Si no se trata, una urgencia hipertensiva grave puede ser mortal.
Síntomas de la Hipertensión Arterial
En la mayoría de los afectados, la hipertensión arterial no causa síntomas durante muchos años, hasta que un órgano vital resulta dañado, por lo que se conoce como «el asesino silencioso». La única forma de detectarla es tomarse la tensión arterial. La mayoría de las personas con hipertensión no tienen síntomas y se detecta cuando visitan a su proveedor de atención médica.
Sin embargo, la tensión muy alta (de 180/120 mm Hg o más) puede causar síntomas como:
- Dolor intenso de cabeza
- Dolor en el pecho
- Mareos
- Dificultad para respirar
- Náuseas y vómitos
- Visión borrosa o cambios en la visión
- Ansiedad y confusión
- Pitidos en los oídos
- Hemorragia nasal
- Cambios en el ritmo cardiaco
Si se tiene alguno de estos síntomas y la tensión arterial muy alta, debe acudirse de inmediato a un profesional de la salud.
Causas y Factores de Riesgo
A menudo no es posible identificar la causa de la hipertensión, pero algunas veces se produce a consecuencia de una enfermedad renal subyacente o de un trastorno hormonal. La presión arterial alta puede ser primaria o secundaria.
Hipertensión Primaria (Esencial)
La hipertensión arterial de causa desconocida se denomina hipertensión primaria, o esencial. Alrededor del 85% de las personas con hipertensión sufren hipertensión primaria. Probablemente, la elevación de la presión arterial se debe a una combinación de diversas alteraciones producidas en el corazón y en los vasos sanguíneos, implicando una anomalía hereditaria que afecta la constricción de las arteriolas. Otros cambios, como la acumulación excesiva de sodio en el interior de las células y un descenso en la producción de sustancias que dilatan las arteriolas, pueden contribuir a aumentar la presión arterial.
Hipertensión Secundaria
Cuando existe una causa conocida, la afección se denomina hipertensión secundaria. Alrededor del 15% de las personas con hipertensión arterial tienen hipertensión secundaria. En muchos de estos casos, la hipertensión es consecuencia de:
- Trastornos renales: Muchos trastornos renales, como la estenosis de la arteria renal, la infección renal (pielonefritis), la glomerulonefritis, los tumores renales, la enfermedad renal poliquística, la lesión en un riñón y la radioterapia que afecta un riñón, pueden provocar hipertensión arterial. Una lesión renal puede alterar la capacidad de los riñones para eliminar suficiente sodio y agua, aumentando el volumen sanguíneo y la presión arterial.
- Trastornos hormonales: Incluyen el hiperaldosteronismo, el síndrome de Cushing, el hipertiroidismo y, en raras ocasiones, un feocromocitoma.
- Uso de ciertos medicamentos u otras sustancias: El alcohol (consumo excesivo), estimulantes (anfetaminas, cocaína), corticosteroides, medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), anticonceptivos orales, simpaticomiméticos (descongestivos como pseudoefedrina y fenilefrina), y el regaliz, pueden causar o empeorar la presión arterial elevada.
- Arterioesclerosis: Las arterias se vuelven rígidas, impidiendo su dilatación y aumentando el riesgo de hipertensión.
- Otros trastornos: Coartación de la aorta, preeclampsia, porfiria intermitente aguda y envenenamiento por plomo agudo.
Factores Contribuyentes y de Riesgo Modificables
Factores que pueden desempeñar un papel activo en el desarrollo de la hipertensión en personas con tendencia hereditaria incluyen:
- La obesidad y el sobrepeso (es dos veces más frecuente en personas obesas).
- Un estilo de vida sedentario.
- Fumar o consumir tabaco.
- El abuso del alcohol (más de 1 trago al día para mujeres y más de 2 para hombres).
- El exceso de sodio (sal) en la dieta.
- Estrés o ansiedad frecuente.
- Dietas malsanas (ricas en grasas saturadas y trans, insuficiente ingesta de frutas y hortalizas).
- La apnea del sueño.
- Factores ambientales como la contaminación atmosférica.
El estrés suele provocar un aumento temporal de la presión arterial, pero por lo general, esta vuelve a la normalidad cuando el estrés desaparece. Un ejemplo es la "hipertensión de bata blanca", donde el estrés de ir al consultorio médico hace que la presión arterial aumente.
Factores de Riesgo No Modificables
- Antecedentes familiares de hipertensión arterial.
- Edad superior a los 65 años.
- Ser afroamericano (58% de los adultos de ascendencia africana no hispana).
- Diabetes.
- Concurrencia de otras enfermedades, como nefropatías.
Control de la Presión Arterial por parte del Organismo
El organismo posee muchos mecanismos para controlar la presión arterial, ajustando la cantidad de sangre bombeada por el corazón, el diámetro de las arterias y el volumen de sangre en el torrente sanguíneo. El corazón puede bombear mayor cantidad de sangre al hacerlo de forma más enérgica o más rápida para aumentar la presión arterial. Las arteriolas pueden estrecharse (constricción), forzando a la sangre a pasar por un espacio más reducido, lo que aumenta la presión. Las venas pueden contraerse para reducir su capacidad de retener sangre, forzando más sangre hacia las arterias. También se puede agregar líquido al torrente sanguíneo para incrementar el volumen de sangre y, por ende, la presión arterial.
Para disminuir la presión arterial, el corazón puede bombear más lentamente o con menos potencia, las arteriolas y las venas pueden ensancharse (dilatarse) y se puede eliminar líquido del torrente sanguíneo.
Estos mecanismos están regidos por la rama simpática del sistema nervioso autónomo y por los riñones.
- Sistema nervioso autónomo (rama simpática): Aumenta temporalmente la presión arterial durante la respuesta de lucha o huida. Estimula las glándulas suprarrenales para que liberen epinefrina (adrenalina) y norepinefrina (noradrenalina), que aceleran y fortalecen el latido cardíaco y causan constricción de la mayoría de las arteriolas. También estimula a los riñones para que disminuyan la excreción de sodio y agua, aumentando el volumen sanguíneo.
- Riñones: Responden directamente a los cambios en la presión arterial. Si la presión arterial aumenta, los riñones incrementan la eliminación de sodio y agua; si disminuye, reducen esta eliminación. También pueden incrementar la presión arterial mediante la secreción de renina, que estimula la producción de angiotensina II.
Sistema Renina-Angiotensina-Aldosterona
Este sistema consiste en una secuencia de reacciones diseñada para regular la presión arterial. Cuando la presión arterial disminuye, los riñones liberan la enzima renina. La renina escinde el angiotensinógeno en angiotensina I, que luego es dividida por la enzima convertidora de la angiotensina (ECA) en angiotensina II. Esta hormona activa provoca la constricción de las arteriolas, aumenta la presión arterial y desencadena la liberación de aldosterona y vasopresina (hormona antidiurética), que aumentan la retención de sodio y agua por los riñones, incrementando el volumen sanguíneo y la presión arterial.
Los riñones también producen sustancias que provocan la dilatación de las arteriolas en su interior, equilibrando los efectos de las hormonas constrictoras. La presión arterial varía de modo natural a lo largo de la vida de una persona y a lo largo del día, siendo más alta por la mañana y más baja por la noche. Cuando una alteración provoca una elevación transitoria de la presión arterial, el organismo activa mecanismos de compensación para mantenerla en niveles normales.
Diagnóstico
La única manera de detectar la hipertensión es recurrir a un profesional de la salud para que mida la tensión arterial. Los médicos establecen el diagnóstico después de medir la presión arterial dos o más veces, en días distintos. Es un proceso rápido e indoloro que también se puede hacer con un aparato automático en casa.
Medición de la Presión Arterial

Para un diagnóstico preciso, el proveedor de atención médica medirá la presión arterial varias veces. Es normal que la presión arterial varíe a lo largo del día. Se recomienda que todos los adultos mayores de 18 años se controlen la presión arterial periódicamente. Para personas mayores de 40 años, se recomienda hacerlo una vez al año. Las personas con antecedentes de presión arterial alta o con factores de riesgo de hipertensión podrían necesitar mediciones más frecuentes.
Las lecturas de la presión arterial tomadas en casa pueden ser una mejor medida que las del consultorio. Es fundamental conseguir un tensiómetro casero de buena calidad y tamaño adecuado, con un lector digital. Se debe estar relajado y sentado por cinco minutos o más antes de tomar la lectura. Es importante llevar el tensiómetro casero a las citas médicas para que el proveedor pueda verificar su funcionamiento correcto.
Exámenes Adicionales
El proveedor de atención médica realizará un examen físico para buscar signos de enfermedad cardíaca, daño en los ojos y otros cambios en el cuerpo. También se pueden solicitar exámenes para buscar:
- Niveles altos de colesterol.
- Enfermedad cardíaca (cardiopatía), mediante ecocardiografía o electrocardiografía.
- Diabetes y enfermedad renal (nefropatía), mediante un análisis de sangre del panel metabólico básico, análisis de orina o ultrasonido de los riñones.
Tratamiento y Prevención
El objetivo del tratamiento es reducir la presión arterial para disminuir el riesgo de problemas de salud causados por la presión arterial elevada. Usted y su proveedor deben establecer una meta de presión arterial, que será individualizada según la edad y cualquier problema de salud existente. La hipertensión arterial no controlada aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares, aneurismas, insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio y enfermedad renal crónica.
Cambios del Estilo de Vida
Muchas medidas pueden ayudar a controlar la presión arterial y prevenirla, incluso en adultos mayores, donde la prevalencia de hipertensión sistólica aislada es una característica común:
- Consumir una alimentación cardiosaludable: Incluya potasio y fibra, reduzca el consumo de sal (menos de 1.500 mg de sodio por día) y evite alimentos con muchas grasas trans o saturadas. Esto es aún más importante en las cifras de presión arterial de los adultos mayores.
- Mantener un peso corporal saludable: Perder peso si se tiene obesidad o sobrepeso. La hipertensión es dos veces más frecuente entre las personas obesas que entre las que no lo son.
- Practicar actividad física: Al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico de moderado a vigoroso por semana, y ejercicios para ganar fuerza dos días o más cada semana.
- Dejar de fumar o consumir tabaco.
- Reducir el consumo de alcohol: Máximo una bebida al día para mujeres y dos para hombres. Considere dejar de tomar totalmente.
- Reducir el estrés: Evitar factores que causen estrés y probar con meditación o yoga. Las relaciones sociales y el apoyo mutuo son un factor importante para el estrés psicosocial.
- Tomar mucha agua.
Estos cambios pueden prevenir y reducir la tensión arterial elevada. Su proveedor puede ayudarle a encontrar programas para bajar de peso, dejar de fumar y hacer ejercicio, o remitirle a un nutricionista para planear una dieta saludable.
Tratamiento Farmacológico

Si la presión arterial se mantiene en niveles elevados (130/80 mm Hg o más), es probable que el proveedor de atención médica recomiende un tratamiento con medicamentos. En adultos mayores, se considera una estrategia de tratamiento progresiva con dosis más bajas de medicamentos para minimizar el riesgo de efectos secundarios e interacciones medicamentosas debido a la polifarmacia. Es fundamental conocer las características precisas de los fármacos a elegir.
Los objetivos de presión arterial que se usan más a menudo para personas con diabetes, problemas cardíacos o antecedentes de accidente cerebrovascular son de menos de 120 a 130/80 mm Hg. Para la mayoría de las personas, el objetivo es una tensión arterial inferior a 140/90 mm Hg.
Hay muchos diferentes medicamentos para tratar la hipertensión arterial, y su elección dependerá de las otras enfermedades que se padezcan. Algunos de los más comunes incluyen:
- Inhibidores de la ECA (IECA): Relajan los vasos sanguíneos y previenen el daño renal (ej., enalapril, lisinopril).
- Bloqueantes de los receptores de angiotensina II (ARA): Relajan los vasos sanguíneos y previenen el daño renal (ej., losartán, telmisartán).
- Antagonistas del calcio: Relajan los vasos sanguíneos (ej., amlodipino, felodipino).
- Diuréticos: Eliminan el exceso de agua del cuerpo y reducen la tensión arterial (ej., hidroclorotiazida, clortalidona). Los diuréticos tiazídicos son la primera línea de tratamiento en el adulto mayor debido a su neutralidad metabólica y su perfil bajo respecto a los efectos secundarios.
En el adulto mayor, se debe tener especial cuidado con los efectos adversos y las interacciones medicamentosas. Por ejemplo, los betabloqueantes pueden causar disminución de la libido, disfunción eréctil y dificultades para la eyaculación, y deben evitarse en esta población, especialmente como primera línea. Los alfa-bloqueantes también deben usarse con cautela debido al riesgo de hipotensión ortostática y síncope. Los diuréticos tiazídicos pueden causar desequilibrio hidroelectrolítico y el efecto secundario de hipercalemia es infrecuente en el adulto mayor. Los ARA II, por su parte, tienen un efecto de protección renal.
El manejo de la hipertensión en adultos mayores frágiles requiere una evaluación cuidadosa para preservar su calidad de vida y autonomía, evitando un detrimento de la función renal.
Complicaciones de la Hipertensión no Controlada
La hipertensión arterial no controlada aumenta significativamente el riesgo de múltiples problemas de salud graves, incluyendo:
- Enfermedades cardíacas: Dolor torácico (angina de pecho), infarto de miocardio (cuando se obstruye el flujo sanguíneo al corazón), insuficiencia cardíaca (el corazón no puede bombear suficiente sangre y oxígeno), y ritmo cardíaco irregular, que puede llevar a la muerte súbita. El exceso de tensión puede endurecer las arterias, reduciendo el flujo de sangre y oxígeno al corazón.
- Accidentes cerebrovasculares (ictus): La hipertensión puede causar la obstrucción o la rotura de las arterias que llevan la sangre y el oxígeno al cerebro.
- Enfermedad renal crónica e insuficiencia renal: Puede causar daños renales que generen una insuficiencia renal.
- Problemas de visión.
- Aneurismas.
- Muerte prematura.
El diagnóstico y tratamiento temprano de la presión arterial alta puede ayudar a prevenir estas complicaciones y mejorar la salud cardiovascular.
Prevalencia de la Hipertensión en Adultos Mayores
La prevalencia de la hipertensión es distinta en función de la región y el nivel de ingreso del país. El número de adultos con hipertensión pasó de 650 millones en 1990 a 1400 millones en 2024, un incremento que se observó especialmente en los países de ingresos bajos y medianos, atribuible principalmente al aumento en el número de adultos mayores en esas regiones. Se estima que 600 millones de adultos con hipertensión (44%) desconocen su afección, y solo aproximadamente 320 millones (23%) tienen la afección controlada.
La hipertensión es una de las causas principales de muerte prematura en el mundo. La prevalencia de hipertensión arterial en adultos mayores es de 42.9%, de los que 46.8% ya tenían un diagnóstico previo. La pérdida de la funcionalidad y el bienestar en el adulto mayor es un problema de salud pública.
Respuesta de la OMS
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ayuda a los países a reducir la hipertensión como problema de salud pública. En 2021, la OMS publicó una nueva directriz para el tratamiento farmacológico de la hipertensión en adultos. Esta guía formula recomendaciones basadas en la evidencia sobre el comienzo del tratamiento y los plazos de revisión, además de indicar hasta qué valores debe reducirse la tensión arterial y cuáles profesionales del sistema de salud pueden iniciar el tratamiento.
En septiembre de 2016, la OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos lanzaron la Iniciativa Mundial HEARTS, que incluye el paquete técnico HEARTS. Sus seis módulos (asesoramiento sobre estilos de vida saludables, protocolos de tratamiento basados en la evidencia, acceso a tecnologías y medicamentos esenciales, gestión basada en los riesgos, atención en equipo y sistemas de monitoreo) constituyen un enfoque estratégico para mejorar la salud cardiovascular. Desde 2017, en más de 40 países de ingresos bajos y medianos, aproximadamente 13,5 millones de personas han recibido tratamientos antihipertensivos basados en un protocolo mediante modelos de atención centrados en la persona.