Grupos vulnerables al consumo de droga: riesgos, contextos y prevención desde una perspectiva de salud pública

Uso indebido de medicamentos recetados, incluyendo opioides. Esto significa tomar el medicamento de una manera diferente al que el profesional de la salud indicó. Usar el medicamento de una manera diferente de la que debe hacerlo. El cerebro de los jóvenes sigue creciendo y desarrollándose hasta alrededor de los 25 años, incluyendo la corteza prefrontal, que cumple un rol importante para tomar decisiones. Consumir drogas durante la juventud puede interferir con los procesos de desarrollo del cerebro. También puede afectar la toma de decisiones. Mientras más temprano los jóvenes empiecen a consumir drogas, mayores serán las posibilidades de continuar consumiendo en el futuro. Las drogas más usadas por los jóvenes son el alcohol, el tabaco y la marihuana. Recientemente, más jóvenes han comenzado a vapear tabaco y marihuana. Aún hay mucho desconocimiento sobre los peligros de vapear. Algunas personas se han enfermado de repente o incluso murieron después de vapear.

Factores de vulnerabilidad y rutas de consumo

Para sentirse mejor: Algunos jóvenes sufren depresión, ansiedad, trastornos relacionados con el estrésy dolor físico. El consumo de drogas y la adicción se puede prevenir. Los programas de prevención que involucran a familias, escuelas, comunidades y medios de comunicación pueden prevenir o reducir el consumo de drogas y la adicción. Alentarlos para el desarrollo de confianza y un fuerte sentido de sí mismos. Mostrarse vulnerable en la sociedad actual no está bien visto y esto conlleva a que nuestro propio malestar aumente. Sentirse así, hace alusión a un estado psicológico en el que somos conscientes de una herida emocional que en determinamos momentos creemos no poder superar (no es cierto, pero en esos momentos lo sentimos así). El problema es que nos educan de forma que terminamos ocultando por miedo “al qué dirán”, a que nos rechacen o nos etiqueten de forma que no nos guste. Sentirnos vulnerables nos incomoda, nos inquieta y hacen que aparezcan en nosotros emociones negativas. De esta manera tenemos tendencia a construir máscaras de aparente fortaleza. En el colectivo drogodependiente a dichas máscaras les llamamos “máscaras de adictos”, pues con ellas actúan bajo la manipulación, mentira, agresividad etc.

Contexto epidemiológico y políticas públicas

ENSAYO Las drogas y la salud pública: ¿hacia dónde vamos? Drugs and public health: where are we heading to? María Elena Medina-Mora, Dra. en PsicI; Tania Real, M en CI; Jorge Villatoro, Lic. en PsicII; Guillermina Natera, M en PsicIII IInstituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente. México, DF. México IIUnidad de Encuestas, Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente. México, DF. México IIIInvestigaciones Epidemiológicas y Psicosociales, Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente. México, DF. México Autor de correspondencia RESUMEN El artículo presenta una propuesta para la atención del problema de las adicciones desde un enfoque de salud pública, define sus alcances y limitaciones frente a los retos del fenómeno, especialmente para la formulación de políticas; se suma a las propuestas que buscan integrar los temas sociales en la evaluación del resultado de las acciones y que proponen como meta última el bien de la persona y de las comunidades con una perspectiva de bienestar para la población. Describe el reto que enfrenta México en su papel como país productor, de tránsito y de consumo, analiza brevemente la evidencia sobre las políticas públicas y hace una serie de recomendaciones al respecto. Palabras clave: abuso de sustancias; prevención y control; tratamiento; salud pública; políticas públicas.

Las drogas en sus diferentes manifestaciones han invadido nuestro entorno. Se trata de un fenómeno de múltiples facetas que incluye las etapas de producción, tráfico, distribución, consumo y dependencia; afectan a todos los grupos de la población y tienen implicaciones importantes para la salud pública de la nación. El problema requiere de enfoques novedosos que permitan enfrentar un problema complejo y cambiante. El objetivo de este ensayo es presentar una propuesta para la atención del problema de las adicciones desde un enfoque de salud pública y definir sus alcances y limitaciones frente a los retos que el fenómeno presenta, especialmente para la formulación de políticas. Las drogas impactan en múltiples esferas, afectan el desarrollo económico y social, aumentan los costos de atención a la salud al asociarse con lesiones y con más de 60 enfermedades infecciosas y crónicas. Tienen una manifestación visible en diferentes formas de violencia que puede estar asociada con el crimen organizado, con actividades delictivas vinculadas con la adquisición de drogas en el mercado ilegal o inducidas por la intoxicación con sustancias psicoactivas.

De acuerdo con Babor, existen tipologías de problemas que definen la situación de los diferentes países en cuanto al tráfico de drogas, el consumo interno y las políticas públicas. México, que lo define como un problema de seguridad nacional, tiene tasas más bajas de consumo ocasional y problemático, muy altos niveles de tráfico y violencia, pero el crimen que puede atribuirse a los usuarios es aún bajo. Atender este complejo fenómeno implica incidir en la oferta y sus consecuencias, en la demanda y sus implicaciones y en el contexto, que incluye una cultura que valida violencia como mecanismo para resolver conflictos. El problema no puede entenderse si no se integran los componentes de oferta y demanda, tiene un carácter único, obliga a aprender de su historia y a buscar soluciones propias.

La perspectiva de la salud pública

Definir el fenómeno de las drogas desde una perspectiva de salud pública permite reconocer diferencias entre las drogas y sus riesgos; se aleja de conceptualizaciones que ven a las drogas como fin último, con el decomiso y la detención de personas como la meta, en cambio ve a las sustancias en su interacción con las personas que las usan o tienen potencial para hacerlo, que viven en contextos con mayor o menor riesgo y que son más o menos vulnerables a la experimentación y al paso del uso a la dependencia por una combinación de factores heredados y adquiridos. Se define el problema como una enfermedad y por tanto no se ve en el encarcelamiento de los enfermos la solución de los problemas. Esta visión permite, también, analizar el consumo de sustancias y sus variaciones en frecuencia y cantidad, tanto como factor de riesgo para sufrir lesiones o centrarse en el estudio de la dependencia como una enfermedad. La perspectiva de salud pública reconoce variaciones entre las sustancias y sus efectos, y asimismo favorece dictar políticas acordes; identifica diferencias entre hombres y mujeres en sus necesidades de atención, y facilita integrar el papel de la cultura y del contexto en la forma en que el problema se manifiesta.

A pesar de estos importantes alcances, los problemas sociales no pueden conceptualizarse solo sobre la base de los indicadores de salud; cada fenómeno social debe ser considerado con indicadores de calidad de vida y bienestar. Todas las políticas tienen consecuencias no deseadas que deben considerarse frente a los beneficios que representa cada acción. Ejemplos de consecuencias no deseadas son la violencia por la lucha de mercados o el aumento en la adicción a narcóticos como resultado de la política de ampliación de su disponibilidad para la atención de los enfermos, práctica que crea mercados y la oportunidad de la desviación. Conceptualizar el problema desde una perspectiva de salud pública, en la que el foco de atención sean la salud y el bienestar social, permite evaluar riesgos y ventajas de las diferentes medidas y por tanto orientar la acción minimizando costos.

Qué pasa en México

México cuenta con un sistema avanzado de recuperación de información útil para la toma de decisiones. Merced a estos estudios se ha podido conocer que, como en todo el mundo, el consumo de sustancias presenta periodos de crecimiento y disminución. A México lo distingue su situación geográfica, vecino del mercado de consumo más grande del mundo y vía de paso para la cocaína que se produce en la región andina con el objetivo principal de llegar a Estados Unidos y en medida decreciente hacia Europa. México produce opio y se ha convertido después de Afganistán en el segundo productor de opio en el mundo para el mercado ilegal con 5% de la producción mundial, que abastece principalmente el mercado norteamericano. Esta sustancia, cuyo consumo local se había mantenido en la frontera norte del país, se ha extendido a otras localidades. Estos antecedentes ponen el escenario para un incremento de hepatitis B, C y de VIH.

El cultivo de hoja de coca se concentra en la región andina; México se ha convertido en la principal ruta de salida con destino al mercado americano. Se estima que 90% de la cocaína decomisada en Estados Unidos pasó por la frontera con México. El uso de esta sustancia se incrementó considerablemente en nuestro país sobre todo desde finales de la década de los noventa; en diez años, de 1988 a 1998, aumenta 4.3 veces. En 2008 había 7.87 usuarios de cocaína por cada uno que la usaba en 1988; los grupos más vulnerables consumen crack. Las diferentes fuentes muestran, hasta 2011, un decremento en los índices de consumo de cocaína. México, después de 2005, se convierte en el principal abastecedor de metanfetaminas en el mercado de Estados Unidos cuando ese país controla los precursores. En lo que se refiere a la demanda, su uso empieza a documentarse en México a partir de 1994; entre 2002 y 2008 la incidencia acumulada aumentó seis veces, en población de 12 a 65 años.

En contraste, la marihuana es la droga de mayor consumo en la población en México (80% del total de consumo de drogas) y en el mundo (entre 76 y 83%); es también la droga cuyo uso presenta el mayor índice de crecimiento. En cuanto a inhalables, grupo heterogéneo que incluye solventes, aerosoles, gases y nitritos, su consumo ha mostrado periodos decrecientes y es la droga de inicio más temprano para menor de 15 años. Los inhalables siguen siendo las drogas de preferencia de niños y adolescentes en situación de calle. En mujeres, el consumo de cualquier droga es más reciente; la adolescencia es una etapa de especial riesgo, 65% de los usuarios inician antes de los 17 años y la media de inicio para dependencia alcohólica es a los 25 años. El alcohol representa el principal problema de salud pública del país, con un consumo per cápita considerable y alta carga de enfermedad por cirrosis y otros daños. La salud mental tiene inicio temprano y se asocia con mayor riesgo de dependencia, especialmente si hay ansiedad oDepresión previa.

Intervenciones y prevención

La prevención debe involucrar a familias, escuelas, comunidades y medios de comunicación para fortalecer la confianza y el sentido de sí mismos de los jóvenes. Entre las estrategias efectivas se encuentran la educación sobre riesgos, la promoción de estilos de vida saludables, y el fortalecimiento de redes de apoyo. Se destacan también estrategias para hablar con adolescentes sobre drogas, incluyendo escoger el momento adecuado, evitar sermones y centrarse en comprender su perspectiva, explicar razones para no consumir y reforzar respuestas a la presión de grupo.

Otras estrategias de prevención incluyen conocer las actividades de los hijos, supervisar su entorno, establecer reglas claras y consecuencias, y fomentar la participación en actividades supervisadas por adultos. Es fundamental llevar un registro de medicamentos recetados en casa y brindar apoyo emocional, estableciendo una relación de confianza que dificulte que el adolescente busque sustancias fuera de casa. Hablar sobre el consumo de drogas desde una postura honesta y sin juicios puede ayudar a tomar decisiones más saludables en el futuro.

Señales de advertencia y búsqueda de ayuda

Señales de alerta incluyen cambios drásticos en amistades, hábitos de sueño y alimentación, apariencia física, pedidos de dinero, rendimiento escolar y comportamiento irresponsable. Ante sospecha de consumo, se debe planificar la acción, hablar con el adolescente de manera calmada y verificar la información. Buscar ayuda profesional de inmediato cuando sea necesario es crucial para evitar escaladas hacia la adicción y problemas de salud.

Infografía: Ciclo de desarrollo del cerebro adolescente y efectos de sustancias

Qué hacer con un hijo adicto a las drogas

La discusión internacional sobre políticas públicas continúa, con debates sobre legalización, despenalización, descriminalización y regulación de mercados. Cada enfoque tiene implicaciones diferentes y requiere definiciones claras para orientar las políticas. Es necesario integrar los componentes de oferta y demanda, la cultura y el contexto para entender y abordar el problema de forma efectiva y equitativa, minimizando costos y maximizando el bienestar de las comunidades.

  1. Reconocer diferencias entre drogas y sus riesgos para adaptar políticas.
  2. Fortalecer programas de prevención que involucren a familias y comunidades.
  3. Promover la educación temprana y el desarrollo de habilidades de resiliencia en adolescentes.
  4. Proporcionar acceso a servicios de tratamiento y apoyo psicológico cuando sea necesario.

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