A casi cuatro meses del cambio de gestión en Argentina, muchas de las perspectivas de quienes eran sus principales detractores se cumplieron de forma acelerada y hasta sorpresiva. Los números estimativos manejaban cifras de entre 10.000 y 30.000 despedidos en todo el territorio nacional. A partir del mes de abril, se esperaba en el ámbito público una nueva tanda mucho más grande, dado que 25.000 contratos se pondrían en revisión. En un contexto económico inestable, muchos trabajadores perdieron rápidamente su empleo, ocultos detrás de denominaciones como "ñoquis", "vagos" o "grasa militante".
Los despidos se registraron tanto en el Estado como en el sector privado, sumando entre ambos ámbitos más de 100.000. Frente a estas olas de despidos y a las políticas económicas del gobierno, diversos sindicatos llevaron adelante paros nacionales.

El Discurso de Justificación y el Estigma del "Ñoqui"
Muchos de los criterios de los despidos se construyeron alrededor de un discurso que afirmaba que los trabajadores no tenían las cualificaciones necesarias para cumplir con sus tareas y que su permanencia en el puesto estaba estrechamente ligada a una cuestión partidaria. El término "ñoquis" se difundió como una forma de desprestigiar a los trabajadores y sus implicancias generaron consenso en algunos sectores para llevar adelante estas políticas laborales.
Si bien el discurso oficial afirmaba que en el Estado "sobran" trabajadores, la realidad era que, en la mayoría de los casos, los empleados se encontraban atiborrados de tareas. Cuando las políticas estatales se acrecentaban, lo mismo sucedía con la cantidad de personas encargadas de implementarlas, lo que planteaba la pregunta de si una gran cantidad de trabajadores realmente significaba un "exceso".
Voces Afectadas: Testimonios de Despedidos
Las historias de quienes perdieron su empleo revelan la crudeza de la situación y la inconsistencia de los argumentos oficiales.
Pablo Fracchia: Defensa de Derechos Humanos
Pablo Fracchia, de 33 años, trabajaba en la Dirección Nacional de Derechos Humanos, dependiente del Ministerio de Seguridad. Este era el único sector político del ministerio capacitado para iniciar sumarios administrativos al personal de la fuerza. Él afirma: "Allí, mi eje de trabajo era la diversidad de género, la violencia de género y la diversidad sexual". Su equipo se encargaba de la implementación de un protocolo para modificar el trato a la víctima de violencia sexual o de género al momento de la denuncia en comisarías. También trabajaban en la creación de centros integrales de género para víctimas dentro de las propias fuerzas y se centraban en el respeto a la no discriminación por orientación sexual o identidad de género dentro de las cuatro fuerzas federales.
Liliana Morinigo: Trabajadora de Limpieza
Liliana Morinigo, de 49 años, trabajaba desde octubre de 2015 en el área de limpieza de la Secretaría de Derechos Humanos, dependiente del Ministerio de Justicia. "Además de las oficinas de la Secretaría, también me mandaban al sitio de memoria ‘Club Atlético’", explica. Ella estaba en período de prueba para quedar fija, hasta que recibió el telegrama. Recuerda que la llamaron en octubre porque se empezaron a habilitar pabellones en la Ex Esma que necesitaban limpieza, por lo que otras áreas de la Secretaría, como las oficinas y el resto de los sitios de memoria de CABA, requerían más personal. Liliana entraba a trabajar a las 6 de la mañana, iba a las oficinas y después al sitio para seguir trabajando.
María Fernanda Viñas: Comunicación Estratégica
María Fernanda Viñas, de 24 años, estudiante de sociología, era ex trabajadora de la Dirección de Seguimiento y Estrategias de la Comunicación, dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros de Nación. "Trabajé desde enero de 2013 a enero de 2016", expresa. Ella refuta las acusaciones: "Lombardi dijo que éramos todos ñoquis y que no íbamos a continuar. Pero no vino nunca a decirnos personalmente las razones por las cuales no se nos iba a re contratar. Se puede fijar tranquilamente en una base de datos que todos mis compañeros y yo fuimos siempre a trabajar en horario".
Juan Carrá: Periodismo y Edición
En muchas situaciones, los argumentos otorgados para justificar los despidos fueron el exceso de personal, la efectivización de contratos en los meses previos al cambio de gestión y la falta de experiencia o de funciones en el puesto. Así sucedió con Juan Carrá, de 38 años, un periodista con más de ocho años de experiencia profesional. Trabajó como redactor en La Capital y en El Atlántico de Mar del Plata, donde fue también jefe de la sección de Policiales y subjefe de Redacción hasta el vaciamiento de la empresa. Una vez en Buenos Aires, comenzó a trabajar en InfoJus Noticias, desempeñándose como Redactor y editor durante dos años, y colaboró en más de veinte medios, entre ellos Perfil, Revista Anfibia y Caras y Caretas.
Julieta Palladino: Educación Cultural
En este mismo sentido, Julieta Palladino, de 21 años, estudiante del profesorado de Música, comenzó a trabajar en el Centro Cultural Kirchner a partir de julio de 2015, durante las vacaciones de invierno escolares, en la sala de personajes de Zamba, "una propuesta educativa con juegos didácticos, direccionada a los niños". El puesto requería una formación de la que Julieta no carecía. "Todos mis compañeros eran estudiantes o docentes", comenta. Había un maestro, una psicopedagoga, una profesora de Historia, una profesora de Música y una estudiante de Teorías de la Educación.
Mecanismos de Despido y Falta de Justificación
En muchos lugares, la forma a través de la cual se procedió a llevar adelante los despidos fue deshabilitar y desactivar usuarios en computadoras o en tarjetas magnéticas, sin ningún aviso previo, impidiendo directamente que los trabajadores ficharan y desarrollaran sus tareas normalmente. De acuerdo a los entrevistados, este indicio no fue seguido de demasiadas explicaciones.
Experiencias de Despido Inesperado
Pablo Fracchia, quien ya había empezado a sospechar de su futuro laboral al comprobar que él y varios compañeros del Ministerio de Seguridad no podían acceder a su correo de trabajo, comenta: "Un día, a mitad de enero, no pude ingresar el usuario que utilizaba en la compu, entonces llamo a una de las personas de sistemas y me dicen que estoy despedido. Nadie me vino a avisar nada y nunca me llegó el telegrama, aún al día de hoy. Me enteré por la gente de sistemas". Esta situación levantó la lupa sobre lo que estaba pasando en la dirección, porque particularmente habían echado a parte del equipo que, por ejemplo, había identificado el cuerpo de Luciano Arruga.
Una situación similar sucedió con Juan Carrá: "No hubo un proceso de despido. Llegué un jueves a la mañana a trabajar, a fines de enero, y cuando quise entrar a la computadora, el usuario estaba desactivado. Ese día comprobamos que éramos más o menos unos diez los que teníamos el mismo problema". Al mediodía, una de las nuevas directoras, por orden de la editora entrante de la gestión actual, Sabrina Santopinto, les leyó una lista de personas que debían hacerse presentes en una sede del Ministerio para notificarse de algo, sin especificar de qué. "Por supuesto nosotros ya a esa altura estábamos más que convencidos de que era nuestro despido", afirma. "En ningún momento nos dieron una justificación concreta".
Liliana Morinigo, por su parte, recuerda: "El 16 de enero se cumplían los tres meses del contrato a prueba, fue un sábado y el viernes 15 a mi compañera la piden de la Ex Esma, porque no tenían personal para cubrir todo. Yo voy al Atlético y ahí se empezó a correr la bola de que haber ido a la Ex ESMA era como haber sido salvada". Ese día, Liliana decidió irse directamente a casa para evitar que el telegrama llegara y lo recibieran sus hijos.
Incertidumbre y Promesas Incumplidas
En InfoJus Noticias, la producción y la cantidad de notas se ciñeron a la agenda del ministro, dejando de cubrir temas de lesa humanidad, violencia institucional, violencia de género y derechos. Juan Carrá señala: "Nosotros tratábamos de pedir explicaciones al respecto, porque además temíamos que terminará pasando lo que pasó".
María Fernanda Viñas comenta sobre la Jefatura de Gabinete: "Desde el cambio de gobierno, al no haberse presentado ninguna autoridad, nuestros coordinadores pidieron una reunión con el Subsecretario de Comunicación, quien los recibe bien y los felicita por nuestro trabajo". Este se mostró predispuesto a la continuidad de todos los trabajadores e incluso afirmó que debían dejar de lado los prejuicios ideológicos. Sin embargo, la tarde del 29 de diciembre de 2015, una de las trabajadoras de Recursos Humanos les acercó un listado de nombres y les comunicó que a todos los que estuvieran en esa lista no se les renovaría el contrato. El 30 de diciembre, UPCN, uno de los sindicatos de trabajadores estatales, "logró" una extensión de un mes del contrato mientras negociaban la continuidad.
En el Ministerio de Medios Públicos y el Centro Cultural Kirchner, la incertidumbre se vivía desde antes de la definición del nuevo gobierno. Julieta explica que sus superiores no sabían qué pasaría y que todo dependía del resultado electoral. Tuvieron asambleas para exigir estabilidad laboral y el reconocimiento del CCK como trabajadores del Estado, dado que el modo de contrato era "muy malo". A pesar de un acuerdo de Teresa Parodi con Hernán Lombardi para la continuidad por un año más, con los papeles listos, el arreglo no se concretó.
Julieta narra: "En enero nos convocaron a una entrevista sobre la que no nos dieron mucha información para considerar la continuidad de nuestros puestos". Les dijeron que era para recopilar datos para un informe y tener todo ordenado. Después, tenían que esperar una segunda entrevista con las nuevas autoridades. "Todavía la sigo esperando, nunca me llamaron", lamenta. María Fernanda, en sus últimos días en la Jefatura de Gabinete, asevera: "Jamás vinieron las nuevas autoridades a ver qué hacíamos, cuál era nuestro trabajo ni tampoco a asignarnos nuevas tareas. Nos transformaron directamente en ñoquis".
La Defensa de la Dignidad Laboral frente al Estigma
El término "ñoqui" se popularizó entre funcionarios y medios para designar a los trabajadores despedidos. Sin embargo, en muchas situaciones se desconocía la tarea real que los empleados llevaban adelante. Los cambios de conducción no trajeron consigo entrevistas que permitieran conocer al personal, ni indagaciones para el relevamiento de tareas. Incluso en algunos lugares se dejaron de asignar nuevas funciones en programas sólidos de trabajo y políticas estatales.
Las razones especificadas para los despidos no siempre disipaban la percepción de persecuciones políticas. María Fernanda comenta: "A pesar de que yo estaba en una lista de UPCN para continuar en mi puesto, me sacaron de la misma". Y añade: "Lombardi dijo que éramos todos ñoquis y que no íbamos a continuar. Pero no vino nunca a decirnos personalmente las razones por las cuales no se nos iba a re contratar. Decir que no hacíamos nada es una excusa para que la gente crea que esto está bien".
Frente a las promesas incumplidas de continuidad laboral en el CCK, Julieta perdió totalmente las esperanzas: "No podemos hacer nada más que esperar a que Lombardi cumpla con lo que dijo y entrevistarnos a todos. Porque la excusa es que somos ñoquis, que no hacemos nada y que somos todos militantes sin experiencia laboral".
Liliana, por su parte, es firme en su declaración: "Nosotros no somos ni ñoquis, ni militantes. Ñoqui es un sustantivo y yo no lo voy a tolerar como adjetivo hacía mi persona. Soy linda, buena o mala, pero no soy ñoqui. Y grasa militante, tampoco. Aparte, fuera del horario laboral hago de mi vida lo que se me antoje y dentro del trabajo lo único que milito es la lavandina y la escoba. No hago otro tipo de militancia".
Además, Liliana reflexiona: "¿Cuál es el problema si uno milita una política de estado porque cree en un país más inclusivo?". Los testimonios señalan realidades y mecanismos internos que no se mencionan a la hora de instaurar discursos respecto de lo que sucede en el Estado.
Pablo Fracchia menciona: "El discurso oficial es que sólo están echando militantes, pero hacen listados con nombres sin saber quienes son. Ellos dicen que echan militantes pero también contratan militantes del Pro y están metiendo gente de sus espacios políticos en el estado. Entonces, es un contrasentido decir que echan militantes cuando los están contratando".
Inestabilidad Laboral y Consecuencias
La inestabilidad en el ámbito laboral a partir del cambio de gestión forma parte de la realidad concreta y cotidiana del Estado nacional. En el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, a cargo de Germán Garavano, y, específicamente en la Secretaría de Derechos Humanos, los trabajadores sufrieron un alto grado de incertidumbre frente a las nuevas tandas de despidos. "Se van corriendo rumores y se va generando una situación que no está buena. Así van los compañeros volviéndose locos y pensando que les tocará a ellos", se describe.
En InfoJus Noticias, también a cargo del Ministerio de Justicia, hubo una primera ola de despidos que afectó principalmente a la conducción. De acuerdo con Juan Carrá, el Jefe de Redacción y la Subdirectora fueron echados con el argumento de que "no podían continuar en el nuevo proceso de la agencia". Aproximadamente veinte días después, desapareció una gran cantidad de notas del portal. Juan afirma: "Se bajó muchísimo la producción y la cantidad de notas que publicamos ese tiempo se ceñían básicamente a la agenda del ministro. Se dejaron de cubrir los temas de lesa humanidad, violencia institucional, violencia de género y aquellos sobre derechos, que eran las noticias básicas que llevaba adelante Infojus Noticias durante su funcionamiento".

El Origen Cultural y la Evolución del Término "Ñoqui"
El término "ñoqui" en Argentina no solo evoca la polémica política-laboral, sino que tiene profundas raíces culturales e históricas que se entrelazan con la inmigración italiana.
La Tradición del 29: San Pantaleón y la Abundancia
La tradición de comer ñoquis los días 29 de cada mes, especialmente en Argentina, Uruguay y Paraguay, proviene de una antigua leyenda. En el siglo III, un estudioso llamado Pantaleón llegó a la península itálica desde Nicomedia (hoy Turquía). La literatura cuenta que este filósofo y médico cristiano encontró refugio y comida en una familia de campesinos, a quienes, tras sus atenciones, prometió un año de buena pesca y cosecha. La profecía, dice la historia, se cumplió un día 29. Desde entonces, muchos italianos celebran ese día con un plato de comida austera pero llenadora, en busca de mejores "pescas y cosechas" para el mes siguiente. Es costumbre, incluso, colocar un billete de dinero debajo del plato, con la esperanza de un mes de más riqueza y menos pobreza.
Sin embargo, en el siglo III la papa, un producto originario de América, aún no había llegado a Europa. Fue más de un milenio después, hacia 1600, que una mala cosecha, una plaga y la subida del precio del trigo decretada por un señor feudal llevaron a los italianos a mezclar papa con harina en pequeñas bolitas que luego llamaron gnocchi (en italiano, "grumo"). Pasaron dos siglos más para que miles de italianos, en medio de guerras y pobreza, vinieran al sur de América, especialmente a Argentina, un país que entonces era considerado rico.
Una alternativa culinaria de ingredientes baratos como los ñoquis para fin de mes -sobre todo si tiene contenido supersticioso- ha resultado económica, social y, como se ha visto, políticamente apropiada en Argentina, que en los últimos 30 años ha sufrido todo tipo de problemas económicos.

El "Ñoqui" en el Lunfardo y su Uso Político
Además de la gesticulación o el amor por sus nonnas, los argentinos heredaron de los italianos el poder del verbo. En el lunfardo, desarrollado en el Río de la Plata a fines del siglo XIX, "ñoqui" se define en el diccionario del neo-lunfardo como "aquel que cobra un sueldo fijo por un trabajo que no realiza ya que es un 'acomodado'". Es casi un insulto, un sinónimo de "parásito" o "charlatán", usado mucho para los empleados públicos, y su uso es, según algunos, una forma de discriminación a los trabajadores.
Hace unos años, con la llegada de Mauricio Macri al poder, la palabra inundó los medios de comunicación. Los empleados "fantasma" fueron el argumento del mandatario para despedir, en medio de protestas (en las que incluso se regalaban ñoquis), a miles de empleados públicos. El sustantivo continuó en los titulares debido a la campaña para "depurar" a uno de los Estados más robustos de América Latina, generando elogios e insultos de lado y lado de "la grieta".
Pero "ñoqui" no solo es el empleado vividor. También es el charlatán, que vive de la labia y nada más. Como el plato: llenador pero poco nutritivo. En esa línea va El Ñoqui, un cuento del famoso humorista argentino Roberto Fontanarrosa, cuyo protagonista es un personaje que interrumpe todos los relatos de sus contertulianos con historias mejores sobre supuestos hermanos desconocidos de ídolos ya establecidos. Al final, uno de los presentes se enfurece, se para y le dice al Ñoqui: "¿Sabés lo que sos vos? Un charlatán. Un charlatán de feria, querido…" A lo que el Ñoqui responde: "Si vos decís que yo soy un charlatán (…) vos tendrías que conocer a mi hermano… ¡Ese sí que es un charlatán! Vos tendrías que conocerlo".

Una Perspectiva Comparativa: Chile y la Impunidad Estatal
En Argentina, el término "ñoquis" se ha popularizado para describir a aquellos empleados públicos que cobran un sueldo sin trabajar. Funcionarios "fantasma", instalados por clientelismo político, que aparecen el día de pago -el 29 de cada mes, como los ñoquis en la mesa- y luego se esfuman.
En Chile, esta figura no tiene un nombre tan pintoresco, pero la Contraloría General de la República ha revelado un fenómeno similar y no menos escandaloso: el masivo fraude en licencias médicas. Esta "hemorragia fiscal" es causada por funcionarios que, amparados en un sistema laxo y sin control, evaden sus responsabilidades laborales con el mismo desparpajo con que se exige al ciudadano común el cumplimiento de todas sus obligaciones.
El paralelo no es menor. Ambas prácticas -el ñoqui transandino y el fraude criollo de licencias- revelan una cultura de impunidad instalada en el aparato estatal, donde el empleo público no se concibe como un servicio a la comunidad, sino como un botín que se reparte entre aliados políticos, operadores o simples oportunistas. Se trata de una maquinaria anquilosada, desconectada del mérito y blindada por un Estatuto Administrativo que dificulta cualquier intento real de fiscalización o desvinculación por mal desempeño.
Peor aún, el caso no es aislado. Se suma a escándalos como el de la Fundación ProCultura, el fiasco del Ministerio de Salud con la vacunación de invierno -incluyendo miles de dosis inoculadas vencidas- y a una cadena de errores, fraudes y abusos que exhiben un Estado capturado, clientelista y desconectado del mérito y la eficiencia. Mientras se legisla con celo para perseguir al contribuyente -con facultades intrusivas, levantamiento del secreto bancario y fiscalización permanente-, se tolera la mediocridad y falta de control en el aparato público.
La Contralora Dorothy Pérez asestó un certero golpe dejando en evidencia no solo la magnitud del abuso, sino la orfandad institucional en la que este se ha gestado. Su informe revela cifras escandalosas, y desnuda un sistema de complicidades, opacidad y abandono. Antes de pedir más tributos, el Estado debe ordenar su propia casa. No se puede exigir sacrificio cuando quienes gobiernan no dan el ejemplo más básico: trabajar con decencia, eficacia y austeridad.
Es ineludible modernizar y reducir el Estado, reformar el rígido Estatuto Administrativo, terminar con el clientelismo y profesionalizar el servicio público. Como advirtió José Hernández en Martín Fierro: "Y colijo que no quieren / La baraúnda componer / Para eso no ha de tener / El jefe que esté de estable / Más que su poncho y su sable, / Su caballo y su deber".
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