Gatos y Ancianos en Japón: Desafíos y Soluciones de Convivencia

La relación entre los ancianos y sus mascotas en Japón es un tema de creciente importancia social. Las mascotas envejecen junto a sus dueños, y a menudo surge la preocupación sobre qué será de ellas si sus cuidadores fallecen o se trasladan a una residencia geriátrica. Poder compartir la vida hasta que uno de los dos abandone este mundo es una gran suerte. En Japón, la esperanza de vida de los perros en 2021 era de 14,2 años y la de los gatos de 14,7 (datos del Libro blanco de los animales domésticos de 2023 de la aseguradora Anicom), una cifra que se ha alargado casi un año en cuestión de un decenio, acentuando este desafío.

Foto de una persona mayor acariciando un gato o perro

Residencias Geriátricas Amigas de las Mascotas

El bienestar social de los animales de compañía, un concepto del que todavía no se habla demasiado, gira en torno a proteger la vida de perros y gatos que conviven con personas, así como el estilo de vida conjunto que ambos mantienen. Afortunadamente, cada vez existen más opciones para que ancianos y sus compañeros peludos permanezcan juntos.

Sakura no Sato Yamashina: Un Modelo de Convivencia

La residencia Sakura no Sato Yamashina se halla en un rincón de un barrio residencial edificado en los terrenos de una antigua granja. Construida en 2012, es un edificio de cuatro plantas con capacidad para cien residentes en habitaciones totalmente privadas. Se estructura en unidades (casas) de diez habitaciones y solo está permitido convivir con perros y gatos en las cuatro unidades de la primera planta. Los residentes de las unidades que admiten animales deben tener ya mascotas propias con las que desean seguir conviviendo o bien haberlas tenido en el pasado y querer volver a vivir en un entorno con animales.

  • La señora Nozawa, una residente de 97 años, convive con su perrito Mikku.
  • La señora Sawada, de 79 años, perdió al felino con el que ingresó en la residencia hace tres años y ahora la gatita en acogida Yurikko viene a descansar con ella.

La Visión del Director Wakayama

El director Wakayama, tras un episodio personal donde la hija de una alumna suya sufrió un grave accidente, decidió cambiar su carrera en la enseñanza por el sector social. Esta decisión fue impulsada por la historia de un hombre que vivía solo y se vio obligado a dejar a su perro en un refugio para ingresar en una residencia geriátrica. "Aunque seguro que la vida le ofrecía muchas cosas positivas, murió culpándose a sí mismo. Hizo que me cuestionara un sistema de bienestar social para la tercera edad que obligaba a un anciano a terminar su vida de aquella manera", recuerda Wakayama.

En aquella época, el Ayuntamiento de Yokosuka no hallaba respuesta para un caso concreto de asistencia social de un residente mayor. El señor tenía un perro y vivía de la ayuda pública a la subsistencia. Sufría una demencia cada vez más grave y se negaba obstinadamente a trasladarse a un centro sin su compañero animal. Wakayama los admitió a ambos en el Sakura no Sato Yamashina, que justo acababa de inaugurarse.

Director Wakayama cargando un gato azul ruso

Animales Terapéuticos y su Impacto

En Sakura no Sato Yamashina, la presencia de animales va más allá de la mera compañía. Bunpuku, un shiba mestizo que ronda los 15 años de edad, es la estrella de la residencia. Tiene una habilidad especial, posiblemente debida a su sentido del olfato perruno: dos o tres días antes de que fallezca un residente, se tumba apoyado en la puerta de su habitación y, cuando se acerca el fin, se sube a la cama y le lame la cara con cariño. Tristemente, Bunpuku iba a ser sacrificado en un refugio cuando fue rescatado por Chibawan, una asociación protectora de animales de la prefectura de Chiba.

Daiki era otro shiba mestizo rescatado de un refugio. Le encantaba salir a la calle a tomar el aire y fue cuidado por Ideta, una cuidadora geriátrica conocida cariñosamente como Āmī-san. Daiki falleció en paz, como narrado en el blog de Sakura no Sato Yamashina, usando la expresión "ha cruzado el puente del arcoíris", comúnmente utilizada para referirse al fallecimiento de una mascota.

Es cierto que, al pensar en la convivencia con perros y gatos en el lugar de residencia, es inevitable identificar ciertos problemas potenciales como ladridos, mordeduras, malos olores e higiene, heces y orina, alimentación, paseos y chequeos veterinarios periódicos. Sin embargo, al final, convivir con mascotas, con los pequeños cambios y estímulos diarios que supone, alegra la vida. Aquellos que desean vivir con animales hasta el fin de su vida seguramente querrían que existieran más residencias geriátricas como Sakura no Sato Yamashina.

Perro shiba Bunpuku en una residencia geriátrica interactuando con un anciano

Hogares y Centros de Cuidado para Mascotas Envejecidas

Más allá de las residencias que permiten la convivencia, han surgido iniciativas para el cuidado de mascotas cuyos dueños ya no pueden atenderlos adecuadamente, especialmente si estos son ancianos.

Tokyo Pet Home

Tokyo Pet Home lleva operando cinco años y actualmente tiene diez empleados, incluyendo a Watanabe y su esposa Maiko, quienes cuidan de nueve perros y 20 gatos. Un ejemplo es Koro, que cumplirá 19 años. Su dueña, una mujer de 81 años, optó por ir a una residencia que admitiera animales cuando comenzó a sufrir demencia. Su hija tomó la decisión de separarlos, aunque al principio fue duro, y no quiso entregarlo a otra familia por miedo a perder el contacto.

Los dueños pueden visitar a sus mascotas con la frecuencia que deseen, siendo lo habitual una vez al mes. "A la mayoría de ellos los cuidamos en el momento de su muerte", dice Watanabe, destacando el profundo vínculo que se forma. Maiko es la responsable de la atención de los gatos, como Bii, un gato atigrado de 15 años, o Luna, una de las más jóvenes con 8 años, que reside allí porque su dueño tuvo que irse a trabajar al extranjero. Watanabe advierte sobre la problemática que genera el vacío legal existente: "Algunos centros que no tienen espacio para hacer ejercicio ni prestan servicios de enfermería también se autodenominan hogares para perros mayores".

El Centro Top de Ogata en Kumamoto

Ogata fue pionero en el sector con su centro Top, situado en Kumamoto (sudoeste de Japón), el primero de su tipo en el país. En cuanto a la financiación, Ogata explica que las donaciones no son una opción viable a largo plazo en Japón, ya que es "muy difícil obtener donaciones de forma continuada como en Occidente y administrarlas también". Por ello, el centro establece una tarifa a cambio de los cuidados, buscando prevenir además que "más propietarios abandonen a sus mascotas por su propia conveniencia".

Varias mascotas de edad avanzada en un centro de cuidado

Las "Islas de los Gatos" de Japón

En Japón, la fascinación por los gatos se extiende a fenómenos únicos, como las conocidas "Islas de los Gatos", donde la población felina supera con creces a la humana, a menudo compuesta por residentes de edad avanzada.

Aoshima: La Isla Más Famosa

Aoshima (青島), también conocida como la Isla de los Gatos (Neko No Shima, 猫の島), es la más famosa de las once islas de los gatos que hay en Japón. Situada en la prefectura de Ehime, en el mar interior de Seto, es una isla pequeñita de apenas 0,5 km². Fue poblada en 1639 por familias de pescadores. Como la población de ratas atentaba contra la salubridad de los habitantes, los vecinos adoptaron gatos para mantener a raya a los roedores.

La isla registró su pico de población tras la Segunda Guerra Mundial, con 900 habitantes. Sin embargo, la crisis de la pesca y la industrialización llevaron a un éxodo de jóvenes. En 2013, solo quedaban 50 personas, y en 2019, apenas seis residentes, todos ancianos. En cambio, el número de gatos empezó a crecer de forma exponencial en torno al año 2000, alcanzando aproximadamente 200 felinos en 2019. Se estima que en 2018 había hasta 36 gatos por cada habitante. Un detalle que llama la atención a los visitantes es que casi todos los gatos son de color naranja, marrón y carey.

En septiembre de 2013, fotos de la vida de los gatos de Aoshima en blogs y medios de comunicación atrajeron mucha atención, convirtiendo la isla en una atracción turística. Todos los días llega un ferri con visitantes que juegan y se hacen fotos con los gatos. Sin embargo, Aoshima no está preparada para recibir turismo, careciendo de bares, hoteles, tiendas o restaurantes, y los visitantes deben dormir en la antigua escuela, reconvertida en un albergue improvisado. La mayoría de los turistas llegan y regresan en el mismo día.

Con la escasez de personas, se hizo difícil para los isleños cuidar del gran número de gatos, lo que acarreaba problemas como la endogamia y nacimientos de gatitos con defectos congénitos. Por esto, los isleños llegaron a un acuerdo con Fundación Animal y, desde octubre de 2018, se implementó un plan de esterilización masiva para controlar la superpoblación y asegurar alimento para todos. Gracias a estos esfuerzos, en 2023 el número de gatos callejeros se estimaba alrededor de 60, sin contar los domésticos. Actualmente, solo tres personas continúan viviendo en la isla.

Si se visita Aoshima, es importante cumplir algunas normas: alimentar a los gatos solo en la zona designada con comida específica para ellos y con moderación; llevarse la propia basura y no perturbar la vida de los isleños. Sin embargo, se pueden dar muchos mimos a los gatos que lo permitan.

Aoshima: La ISLA de los GATOS

Tashirojima: La Isla Santuario

Otra isla de gatos destacable es Tashirojima, donde se encuentra el santuario de Neko-jinja, dedicado a un gato venerado por los pescadores. La población de gatos ferales en esta isla explotó después de que los pescadores los llevaran como mascotas para controlar la población de ratas. Tras un terremoto, la gente y los gatos de Tashirojima sufrieron escasez de alimentos, y organizaciones como Apoyo y Rescate de Animales de Terremoto de Japón solicitaron donativos de comida para los felinos supervivientes.

Mapa de la isla de Tashirojima con santuario de gatos

La Relación Cultural de Japón con los Gatos

Los japoneses adoran a los gatos. Forman parte de su cultura y de su mitología desde hace siglos. Estos felinos aparecen a menudo en el anime y el manga en forma de espíritus, dioses, animales parlanchines e incluso razas mitad humana y mitad gato. Curiosamente, en la cultura japonesa, los perros y los lobos tienen siempre voz de hombre, sin importar el sexo.

Un ejemplo icónico es el templo de Gotokuji, donde, según la leyenda, nació la curiosa figura del maneki-neko, el gato erguido que saluda con la pata delantera y atrae la buena suerte. El 22 de febrero se celebra en Japón el Día de los Gatos (Neko No Hi, 猫の日), debido a que el número dos repetido tres veces ("ni ni ni") suena similar a la onomatopeya japonesa para los maullidos del gato ("nyan nyan nyan").

Ilustración de varios maneki-neko o gatos de la suerte

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